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La Bauhaus

La Bauhaus era una fiesta.

Abril de 1919 es la fecha en que abrió sus puertas en Alemania una de las escuelas de diseño más importantes del mundo, la Bauhaus. Asimismo, es también la fecha en que se institucionalizó una nueva forma de pensar, de ver el mundo y de atisbar el futuro de la floreciente industria del diseño. Como toda buena obra del diseño, su legado atravesó generaciones y sobrevivió a la censura de los nazis.

Caixaforum de Barcelona muestra el lado más lúdico de este grupo en un a curiosa exposición llamada "La Bauhaus se divierte" (hasta principios de septiembre), donde el centro de lo exhibido se concentra en las fiestas organizadas por la escuela. Observar la Bauhaus desde la celebración ofrece una visión más humana o, quizá, más sensiblera y kitsch, en contraparte con el discurso racionalista con que se califica la aportación de la Bauhaus al arte en general.

La Bauhaus no sólo fue el laboratorio por excelencia del diseño industrial y gráfico o del racionalismo arquitectónico, pudo y quiso ser identificada intencionadamente con el estilo del siglo XX. Su fundador y primer director, entre 1919 y 1928, fue Walter Gropius, quien quiso que ese estilo, cuyo logro arquitectónico más excepcional fue el edificio de la Bauhaus que construyera en Dessau en 1926, fuese identificado con él mismo, con su trabajo como arquitecto.

De esa forma, el estilo internacional del siglo XX, el comprometido con las nuevas condiciones técnicas, industriales, sociales y metropolitanas, y, a la vez, con las estrategias más radicales, productivas y constructivas de las vanguardias, habría encontrado su formalización en el estilo Bauhaus, es decir, en el estilo Gropius. Sin embargo, el movimiento era más cosas.

La actividad de Johannes Itten, lo demuestra a través de su seductora influencia sobre todos los aspectos de la vida interna de la escuela, desde el olor a ajo que desprendían los alumnos en Weimar, vestidos de manera ritual y también forzados por la crisis de la postguerra, hasta las numerosas fiestas.

En 1919 y a lo largo de los años las fiestas se multiplicaron con motivo de grandes acontecimientos: inauguraciones de exposiciones o pequeñas excusas cotidianas, incluidos cumpleaños, despedidas, homenajes o cualquier otro motivo. Las fiestas dieron origen a pequeñas obras en forma de regalos, fotografías, dibujos, grabados, extraordinarias caricaturas, invitaciones y un largo repertorio.

"A la fiesta se llegaba deslizándose por un tobogán chapado de hojalata, bajo la luz de los focos, reflejada en innumerables bolas plateadas". Así empieza el texto del diario de Oskar Schlemmer que puede leerse en la sala dedicada a la fiesta más espectacular que montó la Bauhaus, la Fiesta del Metal. Las tres sedes que albergaron la escuela --Weimar, Dessau y Berlín-- organizaron muchas otras: la Fiesta de los cometas, la Fiesta de los farolitos, la Fiesta del tubo...

La otra sala que alberga fotografías y adornos de una de estas celebraciones es la dedicada a la Fiesta blanca. "Cada fiesta tenía su lema", explica la comisaria de la exposición, Mercedes Valdivieso. Para ésta, la consigna fue: "2/3 de blanco, 1/3 de color, y éste a cuadros, a lunares o a rayas". Se diseñaban decorados, disfraces e invitaciones, por lo que su organización requería semanas de intensa actividad. Las fiestas formaban parte del programa de la escuela y tenían una doble finalidad: "Por un lado, se intentaba promover el contacto entre la escuela y la población", explica Valdivieso. "Pero también tenían un propósito pedagógico", en la fiesta de los metales, de 1929 toda la Bauhaus se disfrazó de metal, incluso una escalera, al bajar los peldaños, emitía sonidos musicales.

En la elaboración de disfraces de fiestas no existió nada parecido, ya que estos podían tener figura humana, ser monstruosos o parecer figuras mecánicas de colores. A Kandinsky le gustaba ir de antena. Itten iba de engendro amorfo, Feininger de dos triángulos rectángulos, Moholy-Nagy de segmento atravesado por una cruz, Gropius iba de Le Corbusier. Muche de apóstol desaseado y Klee de canto del árbol azul.

Casi 150 testimonios se presentan en esta exposición sobre los motivos y desarrollos de las fiestas. La Bauhaus fue no sólo el laboratorio del racionalismo, también lo fue de la vida, de la política y de las fiestas de aquellos años en que la modernidad irrumpía con fuerza de trueno en todos los ámbitos de la existencia.

Fuente: Cristina Civale.
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