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Xul Solar

El brillante sistema Xul Solar:

 La gran obra pictórica de este argentino múltiple que además frecuentó la astrología, el esoterismo, las religiones, inventó una lengua y cultivó la música y el diseño entre muchas otras disciplinas. Como a tantas otras cosas, se anticipó al multiculturalismo y compartió calles y curiosidades con su amigo Jorge Luis Borges.

Pintor, dibujante, astrólogo, inventor, metafísico, músico, lingüista, titiritero, arquitecto, diseñador, creador de un mundo plástico inclasificable, cruzado por enigmas cabalísticos y secretos esotéricos, Xul fue un personaje clave para la cultura de Buenos Aires. La gran exposición que se exhibe en el Malba, titulada "Xul Solar. Visiones y revelaciones", permite re-visitar (o ingresar) al planeta Xul.

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari (1887-1963) se re-bautizó a sí mismo, en el arte, como Xul Solar, por adaptación de sus dos apellidos: el Schulz se convirtió en Xul y el Solari en Solar. Pasó por la historia del arte argentino como un cometa. No tuvo antecesores ni dejó discípulos.

Pero limitar a Xul Solar al espacio del arte sería empobrecerlo. Xul "se sale" de la pintura por todos los costados.

Esa cualidad polifacética es el núcleo de la biografía que le he dedicado, Xul Solar. Pintor del misterio, en la que traté de explicar la diversidad en la formación, los saberes religiosos y profanos de Xul así como en las fuentes de su fabulosa creación artística. Múltiple fue también el ser humano Xul, un hombre a la vez carismático y reservado, universal pero inconfundiblemente argentino.

El Delta y la cárcel

Era hijo único de un ingeniero de Riga (Letonia), de quien heredó un precoz interés por la técnica, y de una madre ligur. Alejandro Schulz padre trabajó muchos años como ingeniero en la Penitenciaría Nacional de la avenida Las Heras.

Esa mole carcelaria se alzó durante casi un siglo en el corazón del Barrio Norte porteño, hasta su demolición en 1963, e inspiró obras artísticas y literarias. Don Isidro Parodi, personaje inventado por el escritor H. Bustos Domecq (seudónimo de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares) solucionaba enigmas desde una celda de la Penitenciaría.

En la obra literaria de Borges, tanto en sus poemas porteños como en algunos de sus cuentos, aparecen con frecuencia los muros amarillos de la cárcel. Xul Solar y Jorge Luis Borges, amigos, compañeros y casi hermanos, fueron vecinos e incansables caminadores de aquella zona de Palermo que algunos llamaban Tierra del Fuego por esa presencia carcelaria, que introducía en Buenos Aires el recuerdo del legendario penal de Ushuaia.

En las acuarelas de Xul (salvo algunas témperas, toda la obra de Xul es acuarelística) el perfil de esa fortaleza, toma la forma de enigmáticas torres, almenas y ventanas enrejadas. Son uno de los tantos símbolos, junto con las banderas, las serpientes, las cintas, o la enigmática X, que a veces era un signo, además de una firma.

Pero Buenos Aires, en los cuadros de Xul, no sólo era la Penitenciería, paradójico símbolo en uno de los artistas más libres que hayan existido. Otros paisajes, climas y visiones de la ciudad llenan su obra: el Tigre donde nació y donde volvió para morir como había vivido, con dulzura, creando hasta el último minuto.Y la ciudad moderna, la ciudad del futuro, quizás soñada y también identificable.

El Viajero

Tras cursar dos años de la carrera de arquitectura e iniciarse en el arte sin maestros, Xul, a sus 25 años, se embarcó rumbo a Londres. El viaje no fue, como dice la leyenda que el propio Xul a veces fomentó, una escala hacia el Oriente. Xul iba a Europa, como otros jóvenes pintores argentinos, a formarse.

Entre 1912 y 1924 deambuló por un continente convulsionado por revoluciones, estéticas, políticas y sociales, incluida una guerra sangrienta.

Se empapó de arte antiguo y nuevo, frecuentó la vanguardia parisina de Picasso, Apollinaire y Modigliani. Xul "paraba" en Zoagli, un pueblito de la Riviera Lígure, pero vivió largas temporadas en París, en Florencia, en Londres, en Munich, a veces en compañía de otro cachorro de argentino universal: Emilio Pettoruti. Amigos de hierro, unidos por el afecto y por la sed de lo nuevo, Pettoruti y Xul Solar eran muy distintos: el artista de La Plata, consagraba cada minuto de su vida a la faena pictórica, mientras que Xul, aun siendo riguroso en su disciplina, perseguía otros horizontes espirituales y hacía del arte un elemento central pero no único de su búsqueda.

Pettoruti y Xul volvieron juntos en 1924. Pettoruti, a partir de la célebre exposición de ese año en la galería Witcomb, cuando sus cuadros cubistas provocaron un resonante escándalo, no dejó de polemizar y de intervenir en la vida cultural. Xul, en cambio, una vez disuelto el grupo de la revista Martín Fierro, en la cual colaboró intensamente, se refugió en el trabajo solitario, pero sin pausas.

Es imposible, por su dispersión, estimar cuántos cuadros pintó, pero quizás rondan el número de mil. Sin embargo, expuso poco en vida. Puso toda su energía en la obra y no en la difusión.

Xul fue un aventurero espiritual: viajó por el mundo, por las religiones, el ocultismo, los lenguajes, la música y la invención. Lo había iniciado en el esoterismo uno de los ocultistas más populares y controvertidos, el inglés Aleister Crowley (1875-1947) conocido como "la Bestia", cuya faz ilustró a comienzos de la década del 60, la tapa de un álbum de Los Beatles, lo que llevó a su redescubrimiento.

Crowley, que como escritor había interesado a Fernando Pessoa y a William Somerset Maugham, era para sus detractores —y los tenía en profusión— un charlatán y pervertido. Para sus partidarios, era un líder espiritual. Crowley, con quien Xul Solar se cruzó en Londres y en París, lo entrenó en la exploración de visiones interiores.

Xul Solar estudió la Cábala, el Corán, I Ching, el Tarot, las leyendas celtas y la Edda Mayor así como las fuentes del hinduismo y del budismo.

Leyó a los grandes autores de la literatura mundial cuya obra se relacionaba con las enseñanzas herméticas, desde Dante Alighieri, el autor de la Divina Comedia, jefe de la asociación templaria Fede Santa, a William Blake.

Pero también frecuentó a Swedenborg, Milton, Goethe, Narval, Poe, Baudelaire, Mallarmé. La oceánica curiosidad de Xul Solar ("cuanto más sé, más quiero saber", confesaba) lo llevó a interesarse en los cultos de la América precolombina. Ese trasfondo religioso es visible en acuarelas como Tlaloc, en sus lecturas pictóricas del Tarot y en versiones a veces irónicas y siempre luminosas del Zodíaco.

La astrología, la magia, la alquimia, esos mundos que han producido tanta cháchara, en Xul abren caminos donde transitan la poesía, el humor y la alegría de vivir. Xul Solar es un artista tónico: da energía y reconstituye el ánimo.

Pintor de Buenos Aires

A su regreso de Europa, Xul Solar se convirtió en uno de los animadores del gran momento cultural de la ciudad, cuando, alrededor de la revista Martín Fierro, y bajo el ímpetu de Jorge Luis Borges, se reunían escritores y artistas talentosos e irreverentes.

Se entrelazaban vanguardias artísticas y torrentes revolucionarios, doble vertiente a la que aportaban poetas como Raúl González Tuñón, novelistas como Roberto Arlt, y pintores como Antonio Berni, Emilio Pettoruti o Lino Enea Spilimbergo.

En la biblioteca de la pequeña casa de la calle Laprida 1214 —donde hoy funciona el museo dedicado a su memoria—, como en una nueva Alejandría, se acumulaba la sabiduría del Oriente y del Occidente. Xul Solar fue un americanista orgulloso. Inventó la bandera de América latina, con los colores del arcoiris.

Señales quedaron en sus obras y en una de sus grandes pasiones: la investigación e invención de lenguas. Xul creó la panlengua, una suerte de esperanto o idioma universal, que no tuvo tiempo de desarrollar, pero sobre todo el neocriollo, que es un portuñol avant-la-lettre, idioma en el cual llegó a escribir bastantes páginas y hasta lo dotó de una gramática. Lejos de ser el juego de un erudito, el neocriollo era un instrumento que Xul usó para integrar el lenguaje escrito a sus cuadros, en los que abundan las leyendas que dotan a la obra de sentidos, y a veces de enigmas.

El neocriollo, esa mezcla de español y portugués, con algunas gotas de guaraní —otra lengua en la que se interesó— fue una de las geniales anticipaciones de Xul Solar que en tantos campos supo avizorar el futuro. Las invenciones de Xul como el panajedrez, el sistema duodecimal, sus planos para una ciudad ideal, y sus títeres, así como el fútbol múltiple, jugado en diversas zonas de una cancha, el receptor radial o telefónico adosado al cráneo, y otras creaciones, han sido incorporados a la vida por los medios de comunicación, la televisión, el cine, la historieta, la publicidad, y diversas ciencias.

La invención en Xul Solar era una forma de su fantasía creativa. Inventar era poetizar. Sus grafías, el uso de signos, letras, números combinadas con colores, son hoy moneda corriente en el arte gráfico y el diseño periodístico e industrial: todos somos discípulos de Xul, incluso quienes no lo conocen.

Lo alto y lo bajo

Xul sabía inglés, francés, alemán, italiano, portugués. hasta un total de ocho lenguas.

Pero, esa capacidad de expresión no era sólo fruto de su memoria prodigiosa: Xul Solar fue un hijo del multilinguismo de Buenos Aires a fines del siglo XIX. En el Tigre donde nació y en los barrios donde pasó su infancia, escuchaba la ensalada lingüística porteña.

Su padre hablaba el alemán de Riga, esa ciudad del Báltico que era la joya del Sacro Imperio Romano Germánico, aunque estuviera durante siglos bajo dominio ruso.

La madre hablaba el toscano, es decir el italiano, y el xeneize. Ya hombre maduro, Xul pasó dos semanas internado en el hospital Fernández, por una operación, y como su vecino de cama era ruso, comenzó a dialogar con él, luego le pidió a Micaela Cadenas, esposa de Xul, un diccionario castellano-ruso. Salió del hospital hablando un nuevo idioma.

En sus experiencias, Xul integraba lo alto y lo bajo, lo exquisito y lo popular, el conocimiento y la creación. Hombre de su tiempo, estaba a gusto con su prójimo y podía compartir sus saberes con personas sencillas: sabía mucho de antiguas religiones hindúes, egipcias o chinas pero también vendía horóscopos, enseñaba filosofía o historia del arte universal, pero difundía sus creaciones en revistas populares como "¡Coche a la vista!" "Mucho Gusto", lo que, de paso, le permitió preservar su libertad creativa de los mecanismos del mercado, al que toda su vida vivió ajeno.

Salvo algunos críticos que apreciaron su arte, en general, la Academia no le prestó gran atención en vida, considerándolo un excéntrico.

La popularidad adquirida en las últimas décadas por la obra pictórica de Xul y su aceptación en el mundo del galerismo y la museografía, no deben ocultar que, en vida, Xul fue negado mil veces. Claro que con "hinchas" como Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal o Macedonio Fernández, ¿qué más?

Xul Solar ¿fue cubista, expresionista, simbolista? Pero, ¿qué importa?

El mismo fue escéptico ante las etiquetas. Construyó una obra pictórica original que escapa a las clasificaciones, a la vez revolucionaria y arcaica, poblada de rascacielos, escaleras, torres, banderas, inscripciones y en la que se despliega una ciudad que es al mismo tiempo fortaleza gótica, casa de muñecas, cruce de laberintos pero también una Buenos Aires única, la ciudad de la fantasía y de la vida cotidiana, la ciudad de Xul.

 

Por: ALVARO ABOS

Un artista inclasificable que se anticipó al multiculturalismo

Borges definió la pintura de Xul Solar como "un mundo metafísico en el que los dioses toman las formas de la imaginación que los sueña". De este modo, Xul Solar era más que un médium, ya que él —el soñador— imaginaba las líneas de un universo que ligaba lo terrenal con la compleja trama de un orden superior.

Era, así, el Hacedor. Es precisamente sobre esta idea que trabaja la curadora Patricia Artundo: la de Xul como un esotérico "que propuso un modo de vida trascendente a través de una pintura cifrada en los más disímiles y herméticos saberes".

De ahí deduce un concepto fundamental sobre el que construirá el fértil recorrido a través de las "visiones y revelaciones" de Xul Solar: el de entender "su pintura como un texto narrativo en imágenes" ya que —insiste la curadora— "si existe un corpus coherente de ideas, hay que buscarlo en sus pinturas y en algunas de sus creaciones".

Este novedoso y por momentos polémico encuadre curatorial, aunque dividido en ocho núcleos temáticos bien diferenciados, no se aparta un ápice del orden cronológico de la producción del artista, enlazando de modo armónico 129 obras realizadas entre 1913 y 1958, además de cartas astrales, objetos, documentos y cuadernos de apuntes provenientes en su mayoría de la Fundación Pan Club, del Museo Xul Solar, de colecciones públicas y privadas en una coproducción del Malba con la Pinacoteca de San Pablo.

La pintura será siempre el hilo conductor, porque ése es el camino que Xul Solar eligió para volcar sus obsesiones esotéricas, su pasión por la astrología, el ocultismo y la cábala, la invención de nuevos lenguajes escritos como el neocriollo, las pensiformas, las grafías plastiútiles-, otros sistemas de notación musical e incluso los proyectos de una arquitectura acorde con el mundo del hombre que él imaginaba, integrado en una solidaria comunión espiritual.

Como un taquígrafo de sus sueños, Xul hace de las formas, las líneas y el color los depositarios de esas profundas visiones utópicas.

La vanguardia en cuestión

Otro acierto conceptual de Patricia Artundo es poner entre paréntesis la pertenencia de Xul Solar a la vanguardia. Ciertamente, tuvo contacto con ella en Europa y ciertamente adhirió a ella incorporando en su obra acentos expresionistas —que Borges sobredimensiona desmesuradamente—, así como elementos provenientes del surrealismo y de la pintura metafísica.

Tan cierto que cuando regresa a la Argentina en 1924, junto con Emilio Petorutti, lo hace con el objetivo de "dar batalla" en un país autosatisfecho con su arte de impronta costumbrista más algunos tibios resplandores de un impresionismo mal digerido pero profundamente hostil a lo verdaderamente renovador.

En Europa Xul estuvo en el momento correcto y en contacto con las tendencias que le darían el alfabeto de una escritura que durante toda su vida sería el dócil instrumento a su fértil imaginería. La vanguardia será funcional a su discurso más que a sus búsquedas formales, lo que no implica que Xul Solar no sea uno de los pilares de la modernidad en el país.

Artundo lo explicita muy bien citando a Foucault cuando éste escribe que para que "el texto se dibuje y todos sus signos yuxtapuestos formen una paloma, una flor o un aguacero, es preciso que la mirada se mantenga por encima de cualquier desciframiento posible; es preciso que las letras sean todavía puntos, las frases líneas, los párrafos superficies o masas: alas, tallos o pétalos", porque "en torno a la palabra reconocida, a la frase comprendida, los otros grafismos se desvanecen, llevándose consigo la plenitud visible de la forma dejando tan solo el desarrollo lineal, sucesivo del sentido".

El riesgo, por parte del espectador, es jugar a los acertijos y perder de vista toda la esencialidad plástica que, salvo contadas excepciones, se derrama generosamente en una pintura siempre cargada de múltiples significados.

En 1951, poco antes de inaugurar su muestra individual en la Galería Guión, Xul expondrá su credo de buceador desde la negativa:

"Soy campeón del mundo en un juego que nadie conoce todavía: el panajedrez.

Soy maestro de una escritura que nadie lee todavía. Soy creador de una técnica, de una grafía musical que permitirá que el estudio del piano, por ejemplo, sea posible en la tercera parte del tiempo que lleva hoy estudiarlo. Soy director de un teatro que todavía no funciona. Soy el creador de un idioma universal, la "panlingua" sobre bases numéricas y astrológicas, que contribuiría a que los pueblos se conociesen mejor.

Soy creador de doce técnicas pictóricas, algunas de índole surrealistas y otras que llevan al lienzo el mundo sensorio, emocional, que produce en el que escucha una suite chopiniana, un preludio wagneriano o una estrofa cantada por Beniamino Gigli. Soy, y esto es lo que más me interesa momentáneamente —amén de la exposición de pintura que estoy preparando—, el creador de una lengua que reclama con insistencia el mundo de Latinoamérica".

Esa no concreción fáctica tenía, sin embargo, su correlato en una producción pictórica, además de algunos objetos basados en la numerología, como las cartas de tarot, un armonio, el tablero y las fichas de su panajedrez, donde su profusa imaginación visual-narrativa alcanzaba momentos de espléndida intensidad y una irradiación de la forma originada en lo más profundo de su utopía espiritual.

Ejemplo. En 1935, habla en tercera persona de alguien que tiene, sólo bocetada, "una ciudad, digámosle villa, que cualquier día podría presentarse sobre el horizonte, asomarse por entre las nubes, aparecer en cualquier lugar del aire donde no había nada el día antes, es decir una villa que flote, derive o navegue por los aires, una villa volante, una Vuelevilla que por brevedad llamemos VV. VV. no existe, claro, ni podría existir. Pero existe "Vuel Villa", 1936, una espléndida acuarela de 34 x 40 centímetros en donde una ciudad imposible, suspendida en globos, sobrevuela otra, cotidiana, de casas sólidamente afincadas en la tierra, conjugando el todo a través de ritmos tan volátiles como el tema del cuadro.

"Xul creía —escribió Borges— que la verdad era una, pero que cada uno de nosotros, según su horóscopo, estaba predestinado para una versión de la verdad". Es precisamente en este sentido que la muestra del Malba "Xul Solar. Visiones y revelaciones" propone un brillante recorrido por las certezas de un artista inclasificable, único, que quizás en estos tiempos de fundamentalismos renacidos, puede aparecer como un anticipado predicador del multiculturalismo y la vida de las diferencias.

Por: ALBERTO GIUDICE

Fuente: Clarin.com


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