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Agricultura natural

Métodos de la Naturaleza para manejar el suelo

En las selvas se encuentran todas las formas de vida animal, desde los mamíferos hasta los invertebrados más rudimentarios. El reino vegetal exhibe una diversidad similar: no hay ninguna tendencia a la monocultura; la regla general es: cosechas combinadas y agricultura mixta.

Mientras la ciencia se encuentra frenéticamente abocada a estudiar cuál es la mejor manera de utilizar el suelo con el objetivo de obtener mayores rendimientos, combatir con mayor efectividad plagas, malezas y demás yerbas -incorporando en el proceso organismos transgénicos y toda clase de venenos-, resulta útil frenar ese vértigo y detenerse a observar para aprender de alguien que viene cultivando hace ya millones de años sin utilizar ninguna de las supuestas "maravillas" surgidas del laboratorio.

¿Cuáles son los principios básicos que fundamentan la agricultura de la Naturaleza?. Ellos pueden ser observados con la mayor facilidad en acción en nuestros bosques y montañas.

La agricultura mixta o combinada es la regla general: las plantas se encuentran siempre juntas con animales; muchas especies de plantas y animales viven reunidos. En las selvas se encuentran todas las formas de vida animal, desde los mamíferos hasta los invertebrados más rudimentarios.

El reino vegetal exhibe una diversidad similar: no hay ninguna tendencia a la monocultura; la regla general es: cosechas combinadas y agricultura mixta.

El suelo se encuentra siempre protegido de la acción directa del sol, de la lluvia y el viento. La consigna para este cuidado del suelo es la estricta economía; nada se pierde. La totalidad de la energía solar es utilizada por el follaje del palio de la selva y de los matorrales.

Las hojas dispersan también la lluvia en fina pulverización a fin de que pueda ser utilizada más convenientemente por la capa de restos animales y vegetales que constituye la última línea de defensa del precioso suelo.

Estos métodos de protección, tan eficientes en sus relaciones con el sol y la lluvia, reducen también la fuerza de los más violentos huracanes a suaves corrientes de aire.

La provisión de agua de lluvia en particular es almacenada con cuidado. Una elevada proporción de ella es retenida en el suelo superficial; el exceso es transferido sin violencia al subsuelo y de allí a las vertientes y los ríos.

La fina pulverización formada por el follaje es transformada por la capa de residuos protectores del suelo en delgadas películas de agua que se mueven hacia abajo, primero en la capa de humus y enseguida en el suelo y en el subsuelo.

Estos últimos han adquirido porosidad por dos medios: por la creación de una estructura de migajón muy marcada y por una red de galerías de aireación y drenaje labradas por las lombrices y otros animales escarbadores.

El espacio de poros de la selva abarca al máximo, de tal modo que exista una gran superficie interna sobre la cual las delgadas películas de agua puedan arrastrarse. Hay también una amplia cantidad de humus para la absorción directa de la humedad. El exceso es drenado por medio del subsuelo.

El escurrimiento es muy reducido, aún en la selva de lluvias tropicales; y es prácticamente de agua clara, nada del suelo es arrastrado, no hay erosión del suelo.

Las vertientes y los ríos de la selva virgen son siempre perennes debido a la enorme cantidad de agua en tránsito lento entre el aguacero y el mar. En consecuencia, no hay casi nunca sequías en las regiones de bosques, debido a que la mayor parte de las lluvias es retenida exactamente donde se necesita. No hay pérdida en ninguna parte.

La selva se fertiliza a sí misma. Elabora su propio humus y se provee de elementos minerales. Si observamos una sección de bosque, encontramos que una constante y lenta acumulación de restos animales y vegetales se va formando en la superficie del suelo y que estos residuos son convertidos por hongos y bacterias en humus.

Los procesos en juego al principio de esta transformación dependen enteramente de la oxidación; después, prosiguen sin contacto con el aire. Son sanitarios. No hay molestias de ninguna clase, ni olores, ni moscas, ni carros de basura, ni hornos crematorios, ni una red artificial de desagües, ni enfermedades debidas a aguas sucias, ni municipios ni tampoco impuestos.

Muy por el contrario, el bosque proporciona sitios ideales para acampar en verano; sombra suficiente y abundancia de aire fresco y puro. Sin embargo, en toda la superficie de los bosques la transformación de residuos vegetales y animales en humus es más intensa y rápida durante estos meses de verano.

El suelo conserva siempre una amplia reserva de fertilidad. En la agricultura de la Naturaleza nunca se irá a sentir la estrechez. Las reservas son guardadas en capas superiores del suelo en forma de humus.

Sin embargo, toda acumulación innecesaria de humus se irá al mezclarlo automáticamente con el suelo superior mediante las actividades de los animales escarbadores, tales como lombrices y ciertos insectos. Solamente se puede apreciar la extensión de estas reservas cuando se corta el bosque y se utiliza el suelo virgen para agricultura.

Cuando se cultivan plantas como té, café, caucho y plátanos en terreno recién limpiado, pueden obtenerse buenas cosechas sin uso de fertilizantes durante diez o más años. La naturaleza, como todo buen administrador, dispone de fuertes reservas líquidas debidamente invertidas. Las reservas no se malgastan de ninguna forma.

Las siembras y el ganado se cuidan solos. La Naturaleza nunca estimó necesario inventar nada parecido a la bomba pulverizadora ni a la pulverización con venenos para controlar las pestes de insectos y hongos.

No existe en la Naturaleza nada similar a los sueros y vacunas para la protección del ganado. Es cierto que pueden encontrarse toda clase de enfermedades entre plantas y los animales de la selva, pero nunca alcanzan grandes proporciones. Tanto las plantas como los animales pueden perfectamente protegerse a sí mismos, aún cuando aparecen parásitos en su medio.

La norma de la Naturaleza es vivir y dejar vivir.

Por Albert Howard



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