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Agricultura Orgánica

NO al tráfico y al mayor valor de los alimentos sanos

  Después de las vacas locas y de la espectacularidad de la incineración de cuanto animal sospechoso se encontrara en el camino, el mundo occidental está en jaque y todavía no se recupera del duro golpe que sufrió la prepotencia sacerdotal de su mundo científico, mal llamado “desarrollado”, en el campo de la diversidad y equilibrio nutricional para humanos.

Los consumidores europeos y norteamericanos, cada vez están más concientes, que si no cambian rápidamente su conducta en la forma como se alimentan y si no cambian sus falsos alimentos y comidas chatarras centradas en sus hamburguesas y “hot dog”, por una nutrición equilibrada de forma más natural y enriquecida con minerales, a partir de la manera como se producen, procesan y conservan en el campo, continuarán incrementándose muy rápidamente las enfermedades relacionadas con el desequilibrio en el sistema inmunológico: el mal de Alzheimer, la obesidad y la desmineralización temprana, además de los males del corazón, de Parkinson; como también la disminución del coeficiente intelectual de los niños y adolescentes.

Los europeos y sobre todo los norteamericanos todavía no reconocen ni confiesan públicamente la gravedad por la que están pasando, porque sería una alerta universal para la humanidad cambiar de actitud en su modelo de consumo de alimentos, provocándoles una catástrofe económica en su sistema mercantil ya establecido, a partir de su industria farmacéutica, cadena de supermercados, tiendas de comidas rápidas y, por supuesto, una de las economías más afectadas sería la industria de los insumos agropecuarios que fabrican venenos (herbicidas, fungicidas, insecticidas, nematicidas y formicidas entre muchos otros “cidas”), fertilizantes altamente solubles, principalmente a base de Nitrógeno, Fósforo, Potasio y semillas manipuladas genéticamente.

Para el capitalista y el colonizador, no hay límites ni distancias, no existe la ética ni la moral, su denominador común es el mercado a cualquier costo, los consumidores son los objetos a ser alcanzados por su conquista.

Este modelo de sociedad fascista, en nombre de la fascinación tecnológica, no solamente compromete las generaciones futuras con el estupefaciente de sus ofertas, sino que también compromete la existencia de nuestro planeta Tierra como un ser vivo.

De otro lado, en contraste, en América Latina un grupo misceláneo de comerciantes, profesionales, principalmente de las ciencias agropecuarias y profesores universitarios de parcos conocimientos y huérfanos del saber, quieren transformar la propuesta de la agricultura orgánica en un paquete tecnológico comercial y de contenido académico para atender la nueva demanda colonial del mundo occidental, el cual tiene hambre de alimentos de la biodiversidad, para tratar de curar la erosión mineral que padece su mente y cuerpo. O sea, la revolución verde pide disculpas y actualiza su discurso industrial con la agricultura orgánica, transformándose en el nuevo mercado del colonizador industrial, que de manera muy hábil nos cambia seis, por media docena, haciéndonos creer que ellos han cambiado en sus relaciones con el tercer mundo. En otras palabras, en este nuevo orden de mercado “se cambia la carnada, para atrapar el mismo pez” o como dice el dicho popular en América Central “se cambia la mierda, pero las moscas son las mismas”.

Surge un nuevo mercado, surge una nueva ilusión: resucita la ley de la oferta y la demanda. Surgen nuevas relaciones de dependencia y de demonio. Surge una nueva élite consumidora de alimentos sanos pagados a altos costos. Surge una nueva sociedad de dominados y de hambrientos por los alimentos orgánicos que muchas veces ayudaron a producirlos y a procesarlos para enviarlos al norte. Surgen los explotados y los desposeídos del derecho universal de comer sanamente.

Surgen nuevas formas de actitudes mercenarias que venden la seguridad alimentaria de los pueblos, al mejor postor. Surgen los burócratas y con estos, una nueva especie de corrupción moral y ética: la de certificar la producción de alimentos sanos como arma de dominación, para fortalecer el colonizador.

La onda es el mercado, el biocomercio servil, la globalización y los globalizados, no hay fronteras, sálvese quien pueda, este es el idioma de quienes han pretendido convertir el planeta en una tienda y sus habitantes en meros objetos. Este es el idioma de quienes pretenden decir que la tierra es una fuente de prestación de servicios y los campesinos vendedores de fuerza de trabajo; este es el idioma de quienes quieren desconocer la capacidad de la resistencia cultural de nuestros pueblos, los cuales con valor civil y organización conservan su actuar por la conquista de la soberanía y libertad, donde en sus voces entonan el NO:

NO, a la destrucción de la tierra y sus habitantes.
NO, al tráfico y al mayor valor de los alimentos sanos.
NO, a la certificación de la confianza campesina para producir alimentos sanos.
NO, a la globalización de la explotación de los campesinos.

Finalmente, mostrar el sacrificio y la incineración de vacas, borregos, cerdos, gallinas y hasta cadáveres humanos, fue el motivo del espectáculo del circo europeo, cuando surgió la enfermedad de las vacas locas; el mundo manipulado y conmovido por el riesgo que el mundo occidental sufría por tal enfermedad, lloraba frente a las pantallas de sus televisores. Sin embargo, nunca presenciaron a través de los mismos medios de manipulación, qué hicieron los europeos con las miles de toneladas de carnes congeladas y productos enlatados, previos al reconocimiento público de la existencia de tal enfermedad. En este mundo, donde todo está en el mercado, donde el colonizador es cada vez más voraz y los profesionales cada vez más serviles, cabe preguntarnos, a dónde fueron o a dónde se destinarán estas miles de toneladas de carne congelada y productos derivados de la misma. A qué puerto apuntará el próximo desembarque de las donaciones de los países ricos a través de la FAO/ONU/PMA (Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas).

Lo más irónico de toda esta historia, es que el mercado de lo que representa el riesgo para el mundo occidental, se convierte en el socorro inmediato para un país del tercer mundo, con una sobre cuenta por pagar y una deuda externa que sumar.

Que esta pequeña presentación nos sirva de alerta para enfrentar el nuevo orden de la economía global, el cual sin duda no respeta fronteras, culturas ni organizaciones campesinas. Es una alerta para enfrentar el oportunismo de las élites académicas, científicas y profesionales que buscan en la agricultura orgánica el recicle de la corrupción burocrática, la comercialización de nuevos paquetes tecnológicos y el contenido de su bolsillo.

A los consumidores y campesinos que se organicen y exijan del mercado alimentos saludables, los cuales por la manera como son producidos localmente no comprometan la salud de sus familias.

“El arte y acto de alimentarnos debe representar la extensión de la salud mineral del suelo, las plantas y los animales, nunca este acto debe colocar en riesgo la integridad y la calidad de nuestras vidas”.

“La Agricultura Orgánica antes que un instrumento de transformación tecnológica, es un instrumento de Transformación Social”. 4 de junio de 2003.-

Fuente: EcoPortal.net

Jairo Restrepo Rivera
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