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La tendencia de comer sano

La tendencia de comer sano: No cualquier verdura

Todos los sábados El Galpón, centro comunal en Chacarita, ofrece alimentos orgánicos y a un precio justo.

A veces leer las etiquetas de los productos no es garantía de alimentos naturales y orgánicos: que en su cadena de producción-cultivo no hayan intervenido pesticidas, hormonas y modificaciones genéticas antes de ponerse a la venta, cuando es difícil identificar su origen.

Para ahorrarse el trabajo y no pagar de más llega el Centro Comunal El Galpón, donde a partir de hoy a las 9 –todos los sábados– más de cien productores ofrecen alimentos orgánicos para la compra directa. Sin intermediarios ni aditivos, aunque alineados con las redes internacionales de precio justo y comercio responsable: “Detrás de cada una de las familias productoras no hay trabajo infantil ni explotación”, asegura Graciela Draguicevich, presidenta de la Mutual Sentimiento (Av. Federico Lacroze 4181), del barrio de Chacarita, donde funciona este mercado.

A un precio más conveniente que los supermercados y dietéticas, en el galpón que en otro tiempo almacenaba las encomiendas del Ferrocarril Urquiza, se puede conseguir verduras y frutas sin agroquímicos, carnes sin hormonas (ni siquiera engordados con alimento balanceado), escabeches, dulces y panificados elaborados todos sin conservantes, según enumera su principal promotora.

En su inauguración, el proyecto convocó a los productores más cercanos al punto de venta (los de Marcos Paz, el Parque Pereyra Iraola o la Panadería La Cacerola, de Parque Centenario), y algunos de las provincias que ya cuentan con red de distribución como el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero (Mocase). “No somos empresarios, lo que tenemos es capital social, no
económico”, completa Draguicevich, al tiempo que aclara que las reglas del cooperativismo regirán este emprendimiento que tiene planes de expansión.

Al galpón, que ya cuenta con habilitación para la venta de comestibles, se le sumará una edificación con habitaciones y baños para recibir a los productores que llegan desde lejos y una cámara frigorífica que agregará carnes, pollos y lácteos perecederos a la oferta. Que no termina ahí. Mientras se llena el changuito, los chicos pueden quedarse dentro de la lombriz inflable gigante donde se proyecta un documental sobre las bondades de la lombricultura.

Se suman los video-documentales –producidos por el departamento de prensa de la mutual– que narran el origen de los productos, más otros sobre la polémica alrededor de la soja transgénica, las peleas por las reservas de agua, que llegan de distintas cadenas de defensa del medio ambiente.

Porque atentos a asegurar el bienestar para familias productoras, de los consumidores gourmet que aprecian este tipo de productos por la calidad y sabor (“en Capital existe una mayor demanda y poder adquisitivo”), no pierden de vista las cadenas ecológicas y de salud.

Mediante afiches, volantes entregados en mano y el famoso camión altavoz estuvieron haciendo promoción en el barrio, como antaño. Con el mismo ímpetu que la vuelta de la bolsa de las compras (y evitan las de plástico a granel) con la venta a 3 pesos y 4,50 de unas de tela con el logo del galpón. Y sobre todo buscan recuperar la cultura de alimentación que lejos de la ciudad algunos atesoran.

¿Quién se acuerda del tomate corazón de buey, enorme, con gajos y color intenso? Nada que ver con el de insípido larga vida. Bueno, una familia guardó las semillas por generaciones y acá los trae, al precio de la verdulería de la esquina.

Por Marcela Mazzei

Fuente: www.ciudad.com.ar

Mas info: www.biodiversidadla.org/content/view/full/3082

Siembra transgénicos y cosecharás tempestades

La agricultura transgénica, no es necesaria para nuestros pueblos sino que es impuesta por intereses comerciales de las trasnacionales, existen alternativas que no representan riesgos, que han sido utilizadas y perfeccionadas durante cientos de años y son compatibles con la conservación de la biodiversidad. No necesitamos transgénicos en nuestras vida.

La modificación genética de organismos vivos y su aplicación en la agricultura generan nuevas problemáticas tanto en el ámbito ambiental, como en el social.

En nuestros países, la concentración de la propiedad de la tierra como inversión, con grandes extensiones improductivas, siempre fue causa de expulsión de la población rural. Esto se potencia con el actual modelo de transgénicos y siembra directa, es decir de una agricultura sin agricultores en las tierras que se dedican a la producción. Este es un grave efecto del que poco se habla y que sin embargo tiene nefastas consecuencias en nuestras sociedades, aumentando la población marginal de las grandes ciudades y disminuyendo la diversidad cultural y la vida misma de nuestro campo. Aumentando aun mas la concentración de la riqueza en unas pocas manos.

Sumado a los problemas sociales, tenemos infinidad de comprobados efectos ambientalmente negativos, como lo son la pérdida de diversidad biológica, disminución de control del Estado sobre los recursos genéticos y su apropiación y patentamiento por grupos económicos , incremento del uso de plaguicidas industriales, desaparición de insectos benéficos como los polinizadores y la disminución de la seguridad alimentaria, entre muchos otros no menos importantes.

Hasta el momento se han registrado mas de 90 casos de contaminación transgénica en alimentos, forrajes, semillas y plantas silvestres, lo que agrava aun mas la situación, agrega un efecto negativo cuyos límites son muy difíciles de anticipar. La ciencia no es capaz de predecir los riesgos y los impactos que puede producir la liberación al ambiente de los organismos modificados genéticamente, sobre la biodiversidad, la salud humana y animal y el medio ambiente.

La manipulación genética es una tecnología que viola la integridad de la vida humana, de las especies que han habitado sobre la tierra por millones de años y pone en riesgo la sostenibilidad de los ecosistemas.

Es por eso que urge la aplicación del principio precautorio como base de las legislaciones nacionales sobre bioseguridad, para detener ya mismo el avance de esta tecnología sobre nuestro campo si es que aun no es demasiado tarde.

Latinoamérica es la zona de mayor biodiversidad agrícola del planeta, pero debido a la falta de una política agraria de largo plazo que defienda los intereses del pueblo, actualmente es la segunda región del mundo en superficie de áreas cultivadas con organismos transgénicos.

Es por eso que debemos trabajar por conseguir políticas de agricultura y desarrollo rural sustentable, que incluyan la eliminación progresiva de la producción y uso de plaguicidas y el apoyo a la producción agroecológica, orgánica y biológica, orientando la producción hacia los mercados locales.

La agricultura transgénica, no es necesaria para nuestros pueblos sino que es impuesta por intereses comerciales de las trasnacionales, existen alternativas que no representan riesgos, que han sido utilizadas y perfeccionadas durante cientos de años y son compatibles con la conservación de la biodiversidad.

No necesitamos transgénicos en nuestras vidas, y los gobernantes, antes de tomar decisiones que afecten nuestro futuro, deberían consultarnos. Porque los transgénicos son, por todos estos motivos otros muchos, una de las causas del hambre y la miseria de nuestros pueblos . Y el hambre y la miseria producen revoluciones. Que sean pacificas o no dependerá, entre otras cosas, de que los gobernantes sepan consultar, interpretar y representar a los pueblos.

Muchas gracias y hasta la próxima publicación.

Ricardo Natalichio
rdnatali@ecoportal.net /

www.EcoPortal.net

Más Info: www.biodiversidadla.org/content/view/full/3082

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