Buenasiembra

Contactar: en Cap. Fed.
(Bs. As.- Argentina)

Con La Sra. Martha  Magnin, herbolaria,

TEL (5411) 4922-8873 de 11 a 20 hs

o Celular :

11-59367728
11-31412844

Mail:buenasiembra@yahoo.com.ar


 

ESCUCHAR RADIO


Descubren un paraíso de nuevas especies

El equipo científico exploró una selva en la región montañosa de Papúa, a la que jamás había llegado el hombre. Aseguran que hallaron plantas, aves y batracios desconocidos.

Un equipo de once científicos anunció haber descubierto "un paraíso perdido" en una jungla de Indonesia. Se trata de un área de selva muy densa que jamás habría estado habitada por el hombre y en la que encontraron al menos 20 nuevas especies de animales y plantas.

"Es lo más cercano a un Jardín del Edén en la Tierra", declaró Bruce Beehler, que co-dirigió la investigación. El grupo de científicos, de Estados Unidos, Indonesia y Australia, informó haber descubierto nuevas especies de sapos, cuatro de mariposas y al menos cinco de palmeras hasta ahora desconocidas. El hallazgo ahora debe ser reconocido por el mundo científico internacional.

El descubrimiento se produjo en diciembre de 2005 en la región cercana a las montañas de Foja, en la provincia de Papua al este de Indonesia, que cubre una superficie de más de un millón de hectáreas. "No hallamos ninguna señal de civilización, de comunidades aborígenes o cualquier otro tipo de vida humana que existiera allí", indicó Beehler.

Dos echidnas de pico largo, un mamífero primitivo que pone huevos, no huyeron en presencia de los científicos, que los llevaron al campamento para estudiarlos, relató Beehler. También les llamó la atención, entre las especies descubiertas, un sapo que apenas mide 14 milímetros de longitud.

Entre los animales hallados, se destacan: un ave de cabeza naranja que se alimenta sólo a miel. Un canguro dorado, cuyos parientes más cercanos se creían extintos. Una especie de mamífero Echidnas y una rara ave del paraíso "Berlepsch", descripta por exploradores del siglo XIX pero nunca antes vista.

Para llegar al área de exploración, los científicos necesitaron seis diferentes permisos de las autoridades indonesias. Finalmente lograron arribar en helicóptero al cenagoso lecho de un lago rodeado por bosques, cerca de la cumbre occidental de las montañas Foja.

“No había una sola senda, un solo signo de civilización, ni señal alguna de que inclusive comunidades locales hubiesen estado allí'', dijo Beehler. Luego, añadió que dos caciques de las tribus kwerba y papasena acompañaron la expedición.

“Ellos quedaron tan asombrados como nosotros de lo aislado que era (el sitio)'' dijo Beehler a la agencia AP en una entrevista telefónica desde Washington D.C. ``Por lo que ellos sabían, ninguno de los miembros de sus clanes habían visitado previamente el área'', explicitó.

La expedición fue preparada por la organización estadounidense Conservación Internacional, un grupo de defensa del medio ambiente, y el Instituto de Ciencias de Indonesia.

Sus hallazgos, sin embargo, tendrán que ser difundidos en revistas especializadas y luego analizados por sus pares, antes de ser clasificados oficialmente como nuevas especies. El proceso puede demorar entre seis meses y varios años.

(Fuente: AP) ver Fotos serie en Clarin

Descubren un "paraíso perdido" con especies desconocidas

 

 

Es una región aislada de Papúa, que nunca fue habitada por el hombre. Son unas 300 mil hectáreas de selva tropical virgen. Allí encontraron hasta ahora unos veinte nuevos tipos de animales y plantas.

Imagine encontrar un nuevo mundo. Flores gigantes, animales hasta ahora desconocidos, nada de rastros de civilización. Una montaña perdida con paisajes y clima que ningún humano, hasta ahora, había podido disfrutar. Bruce Beehler, un conservacionista estadounidense con espíritu aventurero, lideró un equipo internacional de investigadores que tuvo ese privilegio. Descubrió una región aislada y rica en biodiversidad, en el este de la provincia de Papúa, en la isla de Nueva Guinea, Indonesia. Un auténtico paraíso perdido.

El grupo, formado por científicos de los Estados Unidos, Australia e Indonesia, llegó hasta allí en diciembre del año pasado pero reveló los detalles y resultados del viaje recién en estos días. Con el entusiasmo que caracteriza a este tipo de comunicados, sus integrantes se apresuraron en bautizar a su hallazgo como Jardín del Edén, tal vez por aquel mito que sugiere que allí estaría la región más bella y con más riqueza natural en el mundo (además de la cuna de la Humanidad, aunque se sabe que eso está en Africa).

Pese a la exageración, hay motivos para considerarlo un Edén: hasta el momento, aunque todavía faltan certificaciones oficiales (que podría demorar años), ya se identificaron una veintena de nuevas especies de sapos, mariposas, aves y plantas. Y hasta un canguro trepador dorado, que junto con un pájaro rarísimo con una mancha naranja alrededor de los ojos, es uno de los animales más llamativos (ver Los habitantes...).

El lugar, de árboles altísimos y ramas enmarañadas en junglas, tiene aproximadamente unas 300 mil hectáreas de bosque tropical virgen en medio de unas elevaciones que se conocen como montañas Foja. ¿Por qué no se había encontrado antes? Será porque apoyar los piés allí no es tan fácil. Ni los caciques de las poblaciones aborígenes de la zona, las tribus de los kwerba y papasena, habían caminado por esos parajes con sectores cenagosos a los que sólo es posible acceder en helicóptero, y en uno que sea comandado por un piloto experimentado e intrépido.

"Los aborígenes que nos acompañaron en la expedición se quedaron sorprendidos por el aislamiento del área estudiada: nunca hubo vida humana allí. Es lo más cercano a un Jardín del Edén en la Tierra", comentó Beehler a diferentes agencias internacionales de noticias. En sus comentarios a la prensa relató las penurias que debió sortear para explorar la espesa vegetación que siempre le llamó la atención por sus grandes porciones de terrenos aparentemente vírgenes.

Como vicepresidente del Centro Melanesia para la Conservación de la Biodiversidad, de la organización Conservation International, lo primero que hizo fue buscar el apoyo de instituciones vinculadas con el cuidado de la naturaleza. Así consiguió el patrocinio de su propia organización, la Conservation Internacional, y también de National Geographic, Swift Foundation, Gordon and Betty Moore Foundation, Global Environment Project Institute y el Instituto de Ciencias de Indonesia.

Con semejantes avales, no dudó en poner en marcha los planes. Allí encontró su primer escollo: la burocracia. Le costó reunir los permisos necesarios para recorrer la región elegida. Precisó de seis autorizaciones diferentes de las autoridades indonesias. Finalmente, en noviembre de 2005 arrancó el mes dedicado íntegramente a lo que más le interesaba a los exploradores: internarse de lleno en esa selva oscura y espesa.

"No había una sola senda, ni un solo signo de civilización, ni señal alguna de que las comunidades locales hubiesen estado allí", comentó Beehler. Las sorpresas no tardaron en aparecer. Mamíferos que nunca habían visto, algunos que se creían extintos. Y que, además, llamativamente, no manifestaban temor ante la presencia humana. Un dato que no es menor porque esa característica facilitó la observación del grupo de científicos.

Según Beehler, el equipo sólo raspó la superficie de la región. "Cualquiera que viaje hasta esa zona de Indonesia regresará con un misterio resuelto", advierte. Fue cerca de la cumbre occidental de las montañas Foja, en los alrededores del lecho cenagoso de un lago que se erige como ombligo de un bosque intacto. Allí aterrizó un helicóptero con un grupo de científicos audaces. Allí estaba el paraíso.

Eliana Galarza.
egalarza@clarin.com

Misterios

Apenas 18.000 años atrás, en la isla de Flores, muy cerca del "paraíso perdido" que ahora hallaron los científicos, aún vivía un ancestro humano de menos de un metro de altura. Sus huesos fueron hallados por antropólogos en 2003. El descubrimiento demostró que falta mucha información sobre algunos eslabones de la especie humana. Lo mismo ocurre con la fauna y la flora. Por eso es importante el hallazgo de Papúa. Varios misterios podrán develarse, como los orígenes y la distribución de pájaros, reptiles y mamíferos en el sudeste asiático y Australia.

Oscar Angel Spinelli
ospinelli@clarin.com

Fuente: Clarin

¿En busca de un nuevo paraíso en Iguazú?

El científico que dirigió la expedición a Papúa Nueva Guinea visita la Argentina

Con un pie en el avión que lo trajo desde Washington hasta las Cataratas del Iguazú para asistir a una reunión científica, el líder de la expedición internacional que descubrió un paraíso perdido en Papúa Nueva Guinea no ocultó su entusiasmo por conocer un nuevo mundo silvestre en el nordeste argentino.

“Iguazú es un lugar hermoso y muy especial en cuanto a su flora y su fauna, donde quizá la naturaleza no sea tan salvaje como en las montañas Foja, pero es singular, sin duda, y la voy a fotografiar. Ya no quedan demasiados sitios en el planeta sin explorar por el hombre, y aunque no soy un experto en esto, sospecho que algunos de ellos pueden estar en Sudamérica y en Africa”, dijo a LA NACION el doctor Bruce Beehler, vicepresidente para Melanesia de Conservation International (CI), a cargo de la expedición a Indonesia.

Doctor en zoología por la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos, y ornitólogo por práctica, según confiesa, Beehler participa hasta pasado mañana de una reunión convocada por CI en la que científicos intentan construir una red de estaciones de trabajo en los bosques lluviosos tropicales para controlar su salud en los próximos 30 años. "Pensamos que es un proyecto muy importante para su conservación", añadió.

A veinticuatro horas de dar a conocer al mundo los resultados de sus hallazgos en Nueva Guinea, el investigador recordó que visitó por primera vez la isla hace más de treinta años. "Trabajé allí toda mi vida, desde mi primer viaje en 1975. Hice del estudio de la isla mi trabajo científico y ahora ella también es el objetivo de mi tarea conservacionista", reconoció.

En la actualidad, el doctor Beehler divide su tiempo entre la investigación y el diálogo con las autoridades y las poblaciones locales, en su mayoría indígenas, para promover la conservación en ciertos lugares de Nueva Guinea, a la que dedicó libros, como "Los pájaros de Nueva Guinea" (1986) y "Las aves del paraíso" (1998), además de gran cantidad de estudios publicados.

-¿Por qué la expedición a ese paraíso perdido tardó 25 años en concretarse?

-Porque la vida es complicada y durante esos 25 años tuve muchos otros trabajos que hacer. Es muy difícil organizar un viaje de este tipo, en parte porque se necesita una gran cantidad de permisos y visas, los fondos necesarios para la expedición, los científicos más adecuados y lograr una buena alianza con el gobierno de Indonesia.

-Y, todo esto, lleva tiempo...

-Claro. Además, en esos 25 años hubo períodos en los que dejé de lado el proyecto y cuando finalmente surgió la oportunidad lo volví a retomar.

-¿Cuál fue esa oportunidad?

-Fue la combinación de muchos factores. Uno, sin duda, es que CI se dedica a desarrollar esas evaluaciones rápidas en lugares muy interesantes y, por lo tanto, siempre estuvo interesada en realizar el viaje a Papúa Nueva Guinea y sólo necesitábamos reunir un buen equipo humano en los lugares adecuados, como en las oficinas de Jakarta y de Washington. Y dos, que todo, de repente, comenzó a encajar: obtuvimos los fondos, los permisos y el grupo de trabajo.

-¿Cuánto costó la expedición?

-Incluidos los pasajes, el alquiler de avionetas y de helicópteros, fue poco más de 75.000 dólares e incluyó a 12 investigadores, más el equipo de apoyo.

-Esta primera expedición a Papúa Nueva Guinea duró un mes...

-Sí y fue muy poco tiempo y nos hubiera gustado a todos quedarnos durante mucho más.

-¿Y volverán?

-Definitivamente. Si obtenemos nuevos permisos del gobierno local y reunimos los fondos necesarios, volveríamos hacia fin de año.

-Sobre las nuevas especies de animales y plantas que dicen haber hallado en Nueva Guinea, ¿cuál es el próximo paso para confirmar esa información?

-En algunos casos, es necesario realizar estudios museológicos. En otros, como ocurre con las especies que obviamente son nuevas, debemos preparar un informe científico que describa cada especie en detalle y explique por qué consideramos que es nueva con respecto a su "familiar" más cercano en la evolución. Luego, tenemos que enviarlo a una revista para que un comité de expertos evalúe los datos y decida si corresponde su publicación. Todo puede tardar uno o dos años...

-¿Es cierto que esa información estaba perdida para la ciencia?

-En parte, sí. Hubo dos especies de pájaros: el capulinero y el ave del paraíso, cada uno de los cuales se vieron por primeras vez en Europa a mediados de 1890 en colecciones, y las mujeres solían usar plumas de pájaros exóticos como adorno en sus sombreros. A menudo, nuevas especies llegaban para estas colecciones de plumas.

-¿Y de dónde provenían?

-Científicos que estudiaban esas plumas identificaron a esas dos especies, las describieron, pero nadie sabía de dónde provenían. El misterio para nosotros era encontrar ese origen.

-¿Y qué sintió cuando puso el primer pie en ese paraíso?

-Cuando salí del helicóptero y éste levantó vuelo y nos quedamos solos en medio de ese hermoso y enorme bosque, creo que compartimos la alegría de estar finalmente en ese lugar mágico en el que jamás nadie había estado antes. Para un naturalista, esto es lo mejor y lo más excitante que le puede pasar: llegar a un nuevo lugar que tiene especies nuevas.

-¿Y qué ocurrió después? ¿El equipo siguió una ruta preestablecida?

-Llegamos al medio del bosque en helicóptero, que es la mejor manera de hacerlo por su rapidez y facilidad, ya que caminar hasta ese lugar nos hubiera llevado dos o tres semanas. Así que nos ahorró tiempo. Una vez allí, tuvimos que abrirnos camino con un machete hacia donde quisiéramos ir.

-¿Qué distancia recorrieron?

-No mucha porque pasamos mucho tiempo abriendo camino en el bosque. En realidad, la vida silvestre vino hacia nosotros, lo que fue una gran suerte.

-¿Y cómo se comportaron los animales?

-Eran más amistosos de lo que pensábamos y eso nos sorprendió. En varias oportunidades, volvíamos al campamento y ellos estaban ahí, mostrándose y haciendo piruetas. Fue mágico...

-¿Por qué?

-Porque algunos de los mamíferos más grandes que vimos eran más desconfiados y eso era bueno porque es un comportamiento de defensa. Fue algo así como un país de las maravillas silvestre, en el que se pueden tener encuentros cercanos con especies nuevas. Las plantas frondosas y flores de todos los colores hacían del bosque algo verdaderamente verde.

-Y ahora, ¿en qué ocupa el día?

-Como la mayoría de las personas, me lo paso controlando correos electrónicos. Desafortunadamente, el correo electrónico nos roba la mayor parte del día... Es una herramienta útil, pero consume nuestro tiempo.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION


Buenasiembra | 2001-2009 | Quienes Somos | Contactenos

Valid XHTML 1.0 Transitional