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Energía eólica: Por los pueblos del viento

Aires de cambio en la Patagonia

Max Seitz
Parque eólico de Comodoro Rivadavia
Cada uno de los grandes molinos puede abastecer a 700 hogares.
Pequeñas y grandes turbinas eólicas aquí y allá en la Patagonia... En esta región, como en ninguna otra, queda claro que el viento es la fuente de energía alternativa más difundida en Argentina.

La energía no renovable convive con la renovable.

Según datos oficiales, provee actualmente unos 27 megawatts (MW) al sistema eléctrico argentino, lo que significa un 0,2% del total de la generación energética.

"Claro que aún se está muy lejos de Europa, líder en esta materia", comenta a BBC Mundo Héctor Mattio, director del Centro Regional de Energía Eólica en la provincia de Chubut, en el norte patagónico.

Es que en España y Dinamarca las turbinas eólicas suministran alrededor del 10% de la demanda total de electricidad, de acuerdo con la Asociación Europea de Energía Eólica.

En América Latina, Argentina figura en tercer lugar en cuanto al desarrollo de esta fuente energética renovable.

Según la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), la región tiene una capacidad instalada de unos 130 MW, encabezada por Costa Rica (66 MW) y Brasil (29 MW).

Los especialistas señalan que el desarrollo alcanzado en el subcontinente se debe a la caída de los costos de generación gracias a nuevas tecnologías y a recientes leyes de promoción.

Toma de conciencia

La Patagonia argentina es señalada por expertos de todo el mundo como un sitio ideal para el aprovechamiento de la energía eólica.

"Estamos dentro del cinturón de los vientos del oeste, que superan notoriamente la potencia promedio en Europa", dice Mattio.

"Nuestros molinos han batido récords mundiales de producción".

Fabián Villegas, técnico del parque eólico de Comodoro Rivadavia
Imágenes: en el parque eólico Gráfico: cómo funciona
Greenpeace, por su parte, cree que el potencial de Argentina en energía eólica supera al consumo total de este país de 37 millones de habitantes.

Sin embargo, sólo en los últimos años los gobiernos nacional y provinciales han tomado conciencia de este hecho y han dado un impulso decisivo a la energía "limpia".

La provincia de Chubut ha sido pionera en este campo. Allí, a fines de la década de los 90 se instaló lo que en su momento fue el mayor parque eólico de Sudamérica, uno de esos bosques metálicos con enormes turbinas blancas que antes sólo se veían en Europa.

Ahora hay proyectos más importantes en Brasil.

Chubut también fue precursora en Argentina al aprobar en 1998 una ley provincial que promueve el desarrollo de la energía eólica por medio de exenciones impositivas, además de remunerar la fabricación local de aerogeneradores. Un año después se sancionó una ley nacional para el fomento de fuentes energéticas renovables.

A partir de entonces se lanzó un plan nacional para crear, en la próxima década, más parques de generación eólica en la Patagonia con el fin de alcanzar una producción similar a la europea.

Bosque de metal

Sin embargo Comodoro Rivadavia, la ciudad más importante de Chubut, ya ha alcanzado -y superado- esa meta.

Paradójicamente, este polo originalmente petrolero se ha convertido también en sinónimo de energía renovable, donde las bombas de crudo conviven con aerogeneradores.

BBC Mundo visitó allí el parque eólico más grande de Argentina, que es operado por la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL) Comodoro Rivadavia.

Cuenta con 26 grandes aerogeneradores conectados directamente a la red eléctrica y que son capaces de abastecer a hasta 700 viviendas cada uno. La mayoría fueron fabricados en España y Dinamarca.

"Esta instalación produce el 15% de la electricidad que se distribuye a 45.000 usuarios de la ciudad", explica Pedro Ceragioli, gerente de operaciones del parque eólico.

El presidente de la SCPL, Manuel Martins, añade: "A la gente se le hacen descuentos en la cuenta eléctrica según la cantidad de energía eólica que se produce. Estas deducciones llegan a tres pesos (US$1)".

"No es mucho, pero de este modo los usuarios ven que una fuente energética limpia también tiene algún beneficio económico".

Un lugareño que hace fila para pagar su consumo eléctrico en el edificio central de la SCPL le muestra a BBC Mundo su cuenta. En una línea dice: "Rebaja energía eólica ....... $2,01".

Laura, otra clienta, comenta: "Uno ve la energía eólica todo el tiempo, en todos lados. El tema de las energías renovables está muy metido sobre todo en la gente joven. Hay otra conciencia sobre el cuidado del medio ambiente".

Impacto visual

Martins, el presidente de la SCPL, dice que el hecho de haber instalado algunos aerogeneradores cerca de donde vive la gente y circulan vehículos ha tenido un impacto positivo.

"Los molinos pueden observarse desde cualquier punto de Comodoro Rivadavia; pasaron a formar parte del paisaje de la ciudad. En Europa algunos consideran que el aerogenerador tiene un impacto visual negativo. Aquí no", asegura.

Sin embargo, Martins insiste en que las autoridades deben tomar más medidas para que, en el nivel comercial, la generación de energía eólica llegue a ser tan barata como la hidroeléctrica, que es la más difundida.

Sugiere que una forma de lograrlo es aumentar los subsidios estatales.

Entre tanto, para sorpresa de los lugareños, el parque eólico de Comodoro Rivadavia se ha transformado en una atracción turística.

Varios hoteles y comercios de la ciudad ya reciben a los visitantes con afiches que parecen querer sacar provecho de ello: "Bienvenidos a la capital nacional del petróleo y la energía eólica".

Algunos residentes confiesan que les gustaría ser más conocidos por la transparencia del viento que por la negrura del crudo.

Pero es innegable que Comodoro Rivadavia vive un auge económico gracias a los altos precios del petróleo.

Por eso, admiten los locales, el crudo y el viento probablemente seguirán compartiendo la "cartelera" por un tiempo más.

Max Seitz
Enviado especial de BBC Mundo a Chubut, Argentina

Por los pueblos del viento

Aterricé en el norte de la Patagonia argentina tras un vuelo turbulento y al bajar del avión comprendí enseguida el porqué de tantos sacudones.

Marcos Nahuelhual junto a un aerogenerador en la Patagonia. Marcos nos acompañó en la travesía por los "pueblos eólicos"

Una fuerte corriente de aire me impedía avanzar por la pista hacia la terminal aérea de la ciudad de Trelew, en la provincia de Chubut, a unos 1.400 kilómetros al sur de Buenos Aires. Allá lejos, grupos de árboles resistían encorvados ese empujón invisible.

Experimenté así, de primera mano, lo que me habían adelantado. Que el viento patagónico no es cosa menor, sino una robusta y constante presencia.

¿Cómo no va a mover, entonces, las aspas de una turbina eólica (o aerogenerador)?

Y mucho más: la electricidad que genera el viento está cambiando vidas en la región, alumbrando hogares y escuelas en sitios remotos, en medio de una apagada aridez.

"La Patagonia presenta condiciones ideales, casi únicas en el mundo, para el desarrollo de la energía eólica", me dijo Héctor Mattio, director del Centro Regional de Energía Eólica (CREE).

Esta institución depende del gobierno de Chubut y se encuentra en la ciudad de Rawson, la capital del distrito, muy cercana a Trelew.

"Tenemos vientos intensos, sostenidos, que llegan a 11 metros por segundo, mientras que en Europa suelen ser de hasta nueve. Hay un gran potencial, pero aún queda mucho por hacer para aprovecharlo bien a gran escala".

Salir del aislamiento

Por lo pronto, el CREE tiene en marcha numerosos proyectos de instalación de aerogeneradores en el nivel comunitario, no tanto pensando en el sistema energético provincial y nacional.

Testimonios: luz en la soledad

Hasta el momento más de 300 aldeas rurales y escolares aisladas de Chubut, varias de ellas habitadas por indígenas y sus descendientes, han recibido pequeñas turbinas eólicas que les proveen iluminación, la posibilidad de usar electrodomésticos y comunicación.

Para verlo con mis propios ojos viajé a los caseríos en torno de la pequeña población de Chacay Oeste. Me acompañó Marcos Nahuelhual, un joven técnico del CREE descendiente de indígenas tehuelches.

En automóvil viajamos durante horas y horas por rutas de ripio en medio de un paisaje árido y una soledad de la que cada tanto nos sustraía algún avestruz, algún guanaco o alguna oveja que se cruzaba en el camino. Ni una torre eléctrica se veía por allí.

Cuando el sendero se desdibujó y se tornó casi intransitable, encontramos vida en un grupo de viviendas extraviadas en un asentamiento sin nombre. Por suerte Marcos sabía adónde íbamos.

"Y cambió la vida"

A la puerta de su casa baja de piedra nos recibió el indígena araucano Julián Ibañez, de 66 años. Posee caballos y ovejas, pero su bien más preciado es un aerogenerador de 12 metros de altura con tres palas y 600 watts de potencia (equivalente a 10 bombillas).

No teníamos electricidad antes, usábamos lamparita a keroseno, vivíamos así nomás, Julián Ibañez. Don Julián nos saludó cordialmente y nos invitó a pasar. Nos convidó con galletas y mate.

"El molino (aerogenerador) lo instalaron hace un tiempo y cambió la vida de uno. No teníamos electricidad antes, usábamos lamparita a keroseno, vivíamos así nomás; ahora podemos tener luz y escuchar la radio", me aseguró.

El dueño de casa me condujo a un dormitorio despojado, donde había un tablero y una batería de automóvil de 12 voltios (V). Él mismo me explicó cómo funcionaba todo.

Me dijo, palabras más palabras menos, que el viento hace girar el molino y la energía generada es transportada por un cable a un control dentro de la casa. Éste regula la tensión y la carga de la batería.

Marcos acotó que el suministro eléctrico es constante, ya sea directo desde el aerogenerador o, cuando no sopla viento, de lo que ha almacenado el acumulador.

En algunas viviendas se ha colocado un aparato llamado "inversor", que transforma la corriente de 12V a 220V, ideal para el uso de electrodomésticos.

"Ahora siento que me comunico más con el resto de la gente. Antes no, porque éramos muy ariscos", dijo don Julián tras contarme que suele escuchar radio para enterarse de lo que ocurre a su alrededor y que aprecia mucho las visitas de los técnicos del CREE.

En el CREE aseguran que en esto consiste, precisamente, el impacto social de la tecnología instalada en comunidades aisladas. Integra.

Autosuficientes

Otro poblador de la zona, el también araucano Adelino Cual (30), comentó: "Tenemos luz las 24 horas, no esa lamparita de antes; no tenemos gastos en keroseno, en gasoil. Nos resulta más barato".

Adelino me contó que los técnicos le enseñaron la operación y el mantenimiento básico del aerogenerador y el tablero: "Cómo cambiar los fusibles si se queman; los he cambiado varias veces".

Ana Maria Huenchulef
Los molinos han cambiado muchas cosas para los chicos.
Ahora tienen computación. El técnico Marcos agregó que la idea es que los beneficiados sean autosuficientes.

Después de visitar los caseríos que rodean a Chacay Oeste, fuimos al corazón de este pueblo, el cual se reduce a una docena de casas y una escuela-albergue que recibe a una treintena de alumnos de asentamientos aledaños.

El centro educativo cuenta con seis molinos eólicos instalados por el CREE en la parte más alta de la localidad.

Ana María Huenchulef, coordinadora de la Escuela Nº 63 Juan Gallo, se mostró agradecida por el aporte de los aerogeneradores.

"Los molinos proveen energía al establecimiento, al albergue y a las casas de los maestros. En época de vacaciones, cuando la escuela no funciona, se usan también para dar luz al resto de la aldea".

Hasta la colocación de las turbinas eólicas, el pueblo recibía electricidad de un gran generador a combustible, cuyo sonido se había vuelto acostumbrado para los lugareños.

"Los molinos han cambiado muchas cosas para los chicos. Ahora tienen computación y los docentes pueden enseñar usando programas de televisión".

Los pequeños no sólo han notado las mejoras en el aprendizaje, sino también en el tiempo libre. Algunos de ellos destacaron que ahora pueden entretenerse con la "tele" cuando permanecen en el albergue escolar por periodos prolongados.

"Acostumbrados"

Con Marcos dormimos en la escuela -era el único sitio donde pernoctar- para, al día siguiente, vernos con César Antillanco (41).

César, un descendiente de araucanos, vive en un campo en Arroyo Mirasol, a varias horas al oeste de Rawson. Allí, como en el resto de la provincia, son muchos los que carecen de electricidad.

"Nosotros todavía usamos los tradicionales candiles. Nos hemos acostumbrado a vivir así, pero claro que nos gustaría tener un molino eólico para la luz y para poder comunicarnos, sobre todo que mi madre es mayor".

Hay pocos médicos a mano y en casos de urgencia deben viajar grandes distancias para ver a sus pacientes.

Marcos, el técnico del CREE y mi compañero de travesía, tomó nota y prometió hacer algo al respecto.Y mientras le daba a César su número telefónico, el viento -como en el resto del viaje- seguía soplando y soplando, les aseguro. Esta fuerza vigorosa y persistente realmente está cambiando vidas.

Max Seitz
Enviado especial de BBC Mundo a Chubut, Argentina

Energía: un mundo sediento


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