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2012: Sofismas e Instruccion

Los sofismas intentaron, en la antigua Grecia –mediante fuertes artilugios dialécticos-, tornar válidos hasta los conceptos más materialistas, sembrando confusión e incertidumbres. Los sofistas se encargaban de defender lo equívoco con suposiciones estériles. Intentaban demostrar una falsedad -o sostenerla- con reglas de la argumentación lógica.
Los sofistas no conocían la fe, y por ello jugaban con la inadmisibilidad de los conceptos filosóficos ejerciendo un pernicioso influjo en el pensamiento de muchos individuos.

El lema de los sofistas era “convertir el argumento más débil en el más sólido”.

Pero como ocurrió en todos los tiempos –y sigue sucediendo hoy-, únicamente los incautos ofrecieron credulidad. Únicamente los ingenuos dispusieron su anuencia a meros verborrágicos, incapaces evolutivamente de contactar la Verdad e irradiarla.
   
Cuando los sofismas, en la antigua Grecia, se abrieron paso entre el pópulo, muchos estuvieron ante una prueba.
Hoy esta situación se repite. Hoy los sofismas son otros. Hoy las falacias tienen encubrimientos diferentes. Y encubridores diferentes.

Hoy los sofismas confunden lo relativo con lo absoluto, y allí, precisamente, es donde la disuasión inequívoca del mal, encuentra grandemente entornadas las puertas.
   
Hoy un séquito de supuestos iluminados, asegura cuándo el fin de los tiempos acontecerá. Como si aquello que, solo la Consciencia Única puede prever, fuese asequible a hombres inmaduros, ambiciosos del poder que algunas informaciones les pudiesen otorgar.
 
Al parecer, inspirados por seres extraterrestres o fundamentados en interpretaciones psicológicas de calendarios antiguos, algunos de estos voceros pronostican la fecha en la cual la Consciencia Planetaria dispondrá su hoz sobre ésta faz. A vivas voces exclaman cuando. Y atestan de pleonasmos caducos el psiquismo de la humanidad.
Ejerciendo una fuerte atracción psíquica, estas informaciones se sostienen únicamente por la impresionabilidad de quienes, distraídos en el conocimiento, en lugar de servir, están ocupados en deslumbrarse.

Hoy la Jerarquía, ya no habla en parábolas. Su mensaje es contundentemente simple, y liberador.
 “¿Quién les comunicó que debían estar en espera de acontecimientos futuros?

Los servidores no esperan el futuro, se dedican a vivirlo, en la actualización eterna del presente.
Nada los tomará por sorpresa; su vida está abierta al pulsar de lo inédito.” 

Y en esos impulsos, preciosísimas claves se entregan, ya sin hermetismos ni códigos: “¿Quién les comunicó que debían estar en espera de acontecimientos futuros? Allí no hay señalizaciones contradictorias. Allí no hay interpretaciones ni silogismos. Allí el Camino, -ya desbrozado por su Acción- es revelado.

Los sofismas confunden, siembran dudas; corroen el trabajo que la fe, laboriosamente, realiza en la consciencia.
Por ello es que son fácilmente perceptibles. Y por lo mismo, es que estos augurios –sofismas modernos- son falsos.
Pues son razonamientos erróneos. Y en ellos las fuerzas mágicas de la ilusión, los vuelven falacias argumentadas de legitimidad. Hoy este vaticinio es refutable, por tener bases mentales. Es una verdad a medias, por carecer de conductividad. Posee causticidad, porque induce a la dubitación y aunque inintencionadamente opere en algunos casos, delinea confusión entre los seres.

¿Es posible reconocer lo Real? ¿Pueden los engaños ser tan fácilmente aceptados? ¿No deberían sopesarse –a la luz del intelecto superior- argumentos que proviniesen desde la penumbra de la razón? Estas preguntas debieron formularse en la antigüedad los individuos que necesitaban ser probados en su discernimiento. Y también hoy, deberían poder ser hechas.
 
Desafortunadamente hoy, ante aquellas mismas pruebas, incautamente, muchos seres se vuelven apólogos de lo que ni ellos mismos pueden comprender. Se tornan nuncios del autoengaño; creen saber, a expensas de los espejismos que inocentemente fortalecen. Buscan en las informaciones lo que únicamente en el silencio puede emerger. Intentan  validar –no sin sincretismo- lo que únicamente por las subjetivas vías de la revelación interior podría tocar la consciencia. Hoy nos encontramos con muchísimos seres que dicen ser conocedores de los plazos finales, pero con pocos dispuestos a procurar extinguir los comportamientos humanos que, por extensibilidad, los auspician.
 
Quienes pudieran en estos tiempos, permanecer impasibles ante los señalamientos que la Instrucción acercara encontrarían que, carecer de informaciones, nada impediría; del mismo modo que nada facilitaría el poseerlas. La información es un patrón de energía. Por ello el potencial de transformación que ostenta puede dinamizarse solo cuando quien lo acoge, ya recorrió el trecho que, para arribar hasta él, era necesario trazar.
   
En esta época de nuevos sofismas, es preciso discernir. Es imprescindible no embriagarse con la toxicidad de palabras rancias. Ni de símbolos, ya desarticulados por la acción de la Energía para este ciclo.

Diego de Landa, un obispo español, excelentísimo inquisidor, en una diócesis en Yucatán, en 1572, dispuso se quemaran más de trescientos códices Mayas, por los embrujos –según éste declarara- y ciencias extrañas que contuvieran. De todos aquellos manuscritos –caudal preciosísimo de informaciones en el decurso de aquella civilización- solo sobrevivieron tres. En uno de ellos es mencionado este hoy reputado calendario. Pero ¿Podrían ser representativos aquellos pocos trazos, de más de trescientos manuscritos incinerados? ¿No estaría todo el conocimiento de esa cultura, equilibradamente distribuido en la totalidad de su legado escrito?
   
Evidentemente en las piras del despojo americano, la humanidad fue preservada de tomar contacto con informaciones que se tornarían fuertes obstáculos evolutivos si fuesen utilizados arbitrariamente. Somos testigos del ofuscamiento que existe en muchos seres a partir de la información que uno de esos códices implicara. ¡Imaginemos si todos aquellos escritos estuviesen al alcance de la mente de los hombres en la actualidad! 

El calendario maya es un elemento anticuado. Utilizado incompatiblemente en una época donde las actualizaciones son permanentes. Está  rotundamente desfasado en una etapa donde la consciencia es llamada a entrar en sincronía con ciclos cósmicos. Y no a depender de observaciones arcaicas, ya estériles.
    
Cuando un elemento antiguo -habiendo perdido su valor conducente- es forzado a desenvolver una supuesta vigencia, en detrimento de la renovación constante que impulsa la Jerarquía, se vuelve subrepticiamente un sofisma. Aunque engañosamente sofisticado. El calendario maya era para los mayas; ello decían los otros trescientos códices incinerados. No busquéis en el pasado, lo que solo el presente señalará. ¿Tomaríamos los cuadernos de los primeros años escolares para conducirnos en los claustros de una universidad?

Hoy más que nunca, -como lo hiciera Sócrates en la antigua Grecia- debemos anteponer la esencia al conocimiento. No podríamos, si fuésemos genuinamente amantes de la verdad, pactar con la decadencia de la hueca superficialidad de los presagios vanos. Debiéramos vigilantemente resguardarnos de la falsía hartada en ropajes de saber, ni de tornarnos pregoneros de escrituras desvitalizadas. Sócrates debió, como una potente herramienta de luz, extinguir la oscuridad cancerosa que proliferaran los sofistas, que se empeñaban en ardides retóricos para atraer crédulos.

Hoy quienes despertásemos, no tendríamos labor más importante que discernir; mas no discernir mentalmente, como antaño, sino desde la sintonía interior. Y he allí la clave. El Sócrates de hoy es el mundo intuitivo. Y es en ese rellano donde las respuestas necesarias, están presentes para quienes pudiesen abarcarlas, sustancialmente como son. Y no en el sopor de las ilusiones, que es un ámbito fértil para la lasitud.

En un lapso del mundo donde previsión ninguna puede ser rígida,  es demagógico argüir como infalibles a las escrituras de un viejo ciclo.  En un proceso de actualización como el que hoy es ofrecido, es necesario prescindir de conceptos, -que inhiben el funcionamiento intuitivo-. Es preciso ejercer desidentificación del embrujo de informaciones que -aparentemente inocuas- son sumamente distractivas.

Aunque debemos esto a la caducidad que las religiones, y al contraste que los dogmas imponen -impulsando a los individuos a buscar salidas que aplaquen el desconcierto generalizado en la humanidad-, al encontrarse con estas informaciones, los seres en lugar de liberarse, se atan aun más, quedando cautivos de interpretaciones erróneas, sin salida evolutiva.

En esta época de tantos cambios anunciados

¿Por que aguardaríamos en la comodidad de un romanticismo, que se cumplan los hechos que nos competería revertir y que ningún acontecimiento milagroso se encargaría de impedir que intentásemos sostener, en el presente inclusive? ¿No nos empeñaríamos más lucidamente en la transformación de lo que signado a ésta Transición, está previsto pueda mudar y elevar su vibración? ¿Qué asistencia ofreceríamos cuando por una briosa esperanza humana esperásemos ingenuamente -bloqueados por la incompetencia- el vencimiento de estos vaticinios? ¿No estaríamos entonces, ante una inusitada oportunidad de ser labriegos de la evolución; prácticos en la espiritualidad; y activos en el servicio? 

Una prognosis infundada por la razón  -argüida por los exegetas ortodoxos de las escrituras evangélicas- fue lo suficientemente imperativa como para mantener en enfermizo vilo a millares de seres durante varios siglos. En la noche del año 999, muchos colegiatas buscaron refugio en las iglesias, temerosos de  los acontecimientos catastróficos que se los había impelido a esperar. Pero, ni las tierras tremolaron, ni los yermos desiertos fueron inundados por apocalípticas marejadas. Se vio como llegaba el año 1000, sin muchas penas y sin muchas glorias, verdaderamente. El mayor de los embaucamientos es el autoengaño, sobretodo cuando está cimentado en las esperanzas vanas de un mañana que aquellos que lo promulgan no son capaces de reflejar hoy, en sus actos mas simples.

 Cuando las energías son polarizadas en interpretaciones psíquicas, la parálisis se agudiza. Aquellas, debieran solícitamente colocarse en el sostenimiento armónico del presente, y no en un supuesto término de los días, que se define en la transformación de los individuos, y no en modificaciones temporales de coyunturas irrecuperables. El fin de los tiempos, es el agotamiento de las oportunidades que en este ciclo preponderaron. Es la caducidad de una ley: aquella que guía a los seres a asumir los efectos de sus acciones materiales. Es la disolución del libre arbitrio al cual actualmente pocos seres están dispuestos a renunciar. Es el fin de las postrimerías de la separatividad. El fin del autismo interior.

Cabria preguntarnos ¿Dónde están aquellos que presumían la extremaunción de la vida cuando los primeros albores del año 2000 tuvieron lugar? ¿Están hoy bajo mares de lava, aplastados por meteoritos errantes que cayeron sobre la superficie planetaria, o están avestruzados en su cotidianeidad? ¿Qué tienen para exponer hoy aquellos que profesaban colapsos mecánicos y tecnológicos cuando un mero bit se encargase de desencadenar el caos?

Idiotizados por la esperanza ingenua de un futuro promisorio que sencillamente habría que sentarse a ver materializarse, muchos seres están bloqueados. No pueden cooperar -eso es palpable- con la construcción de ese nuevo mundo que defienden ideológicamente. La pasividad nunca podría manifestar el Reino de los Cielos, en este plano. Eso, internamente pueden percibirlo, pero eligen dimitir.

Léase: esperanza no es fe. La esperanza está, mayoritariamente, teñida de expectativas.
La Fe, como confirmación interior silenciosa, no depende de credos.

Durante tres septenios fue ofrecido a la humanidad de superficie  impulsos revelatorios amplísimos. Como amplísimos procesos purificatorios. Y profundos procesos de contacto, donde por fuertes pruebas de receptividad y aceptación muchos recibieron auxilio para volverse conscientes externamente de la situación planetaria, y fueron llamados a asistirla.
En esos términos  -por fraguas y pulimentos potentes- se estructuraron los cimientos energéticos por intermedio de los cuales diferentes realizaciones grupales pudiesen emerger y sostenerse, en fases más o menos inmediatas. Consignándose las bases sutiles que posibilitasen a un porcentaje de la humanidad desenvolver patrones de comportamiento superiores, como prenuncio de un instancias futuras.

El Llamado fue emitido. La posibilidad de responder estuvo al alcance de muchos. Las proporciones fueron amplísimas. Mas las respuestas estuvieron lejanas a las previsiones. Por los apegos, las oportunidades, fueron inconcebiblemente desperdiciadas.

Cada septenio marcó fases específicas . Preparaciones específicas. Consumaciones específicas. Se exigió –al igual que hoy más que nunca- renuncia, disponibilidad para la cura, intención de transformación.

La  sustitución de la aplicación de técnicas desfasadas debería haber ocurrido, en función de que lo Inédito calara profundamente en la consciencia. Deberían, las doctrinas y sectarismos haber declinado, para holgar la instalación de un nuevo Conocimiento, actualizado por los pulsos cósmicos que la Jerarquía irradia indeteniblemente.

Los grupos debían conformarse externamente, vivir formación interior, y asistir el Plan sin miras de retribución. Mas, pocos osaron pionerismo. Y menudamente afirmaron sostenibilidad. Los genuinos servidores, quienes dijeron si, fueron auxiliados sobremanera para que reconociesen sus tareas en cumplimiento de la Ley, y se abocasen a concretarlas.
 
Ellas fueron las premisas básicas, mas no todos quienes podían responder respondieron, en los términos previsibles. Las informaciones actualizadas que comenzaron a emerger cristalinamente por medio de algunos seres años atrás, fueron denostadas, sino omitidas por un importante porcentaje de la humanidad al cual esas informaciones también estaban destinadas.

Los nuevos tiempos se prenunciaban, pero los nuevos pioneros ya no podrían pactar con el oscurantismo de la imageniría colectiva. Los impulsos de la Jerarquía auspiciaba puntualmente la disolución de conceptos estancos, como de informaciones imprecisas ante la Luz de la Intuición, en el umbral de un ciclo que se amplificaría en la acción de los servidores conscientes.

Los pioneros son reconocidos por expresar lo Nuevo . No por condecir lo antiguo e inconducente.
Por manifestar inicialmente ellos los cambios que la Energía trae para todo un conjunto de partículas. 

Hoy, una hipertrofia identifica a muchos seres en su imposibilidad de apertura a lo inédito: conceder a lo viejo garantías -en un periodo estrictamente transicional como este que vivimos donde determinados elementos que sirvieron efectivamente por eras, hoy son desvitalizados por la misma Fuente que los inspiró, e inspira para hoy, nuevos estímulos-. Lo inédito necesita reflectores, como la luz necesita de un espejo. Un pionero vive primero en si mismo lo que una determinada parcela de vida podrá ensayar en instancias futuras. Una utopía es intentar transformar al mundo. Reconocer, en cambio, que están dadas las condiciones para asumir la propia transformación, es científico como hecho.

Cuando el año 2012 llegue, ¿Ocurrirá lo mismo que tuvo lugar cuando algunos esperaron una aurora de paz sobre el año 2002? ¡Por lo que vimos, los animales continuaron siendo masacrados, las poblaciones exterminadas y esclavizadas por los imperios primermundistas, y el consumismo superfluo exacerbado exponencialmente!

Las profecías cumplen un papel que mayoritariamente no entendemos . No son mensajes vacíos meramente informativos; operan en la plenitud de la transformación, que oculta o incuestionablemente proponen al infundir en estos planos sus pulsos. Las genuinas profecías trazan líneas energéticas que, correctamente comprendidas, podrían servir como campos para la materialización de los mecanismos de reversión de las situaciones. En otras palabras, obrarían como motores del cambio, si la receptividad que estimulasen, fuese vivenciada en parte. Pero como son instrumentos cuando la ley del karma opera, las posibilidades son polares.
 
Cuando los mayas hablaban del tiempo del no-tiempo, seguramente -lo que pasó evidentemente desapercibido para sus actuales comentaristas-, perfilaban menciones diferentes. Puesto que, en su intemporalidad, los impulsos proféticos auténticos pueden certificar procesos amplios y concatenados o pequeños y aparentemente aislados, indivisiblemente de los señalamientos sinérgicos de ambos a los que también aluden. Las profecías pueden constituirse alertas, pero no es la base de su funcionalidad. Son determinantemente probatorias en los seres. En los grupos. Y en la humanidad. 

Hoy vivimos esas coyunturas. Por la inmadurez del emocionalismo y las posiciones extremas unos se paralizan con la desidia de la espera indiferente, mientras otros, voluntariosamente, intentaran cambiar por todos los medios una situación planetaria que ya es irreversible externamente. Y ello había sido anticipado. El discernimiento faltaría. La incapacidad de reconocer la luz, estaría ausente. Los genuinos estímulos de servicio, serían desoídos; en tanto que el voluntarismo inmaduro, se masificaría considerablemente.
 
En estos tiempos, vemos ofrecidas posibilidades que las leyes materiales, inflexibles, no permitirían en otras instancias. Por ello las oportunidades se entienden milagrosas: porque la acción de leyes internas en los estratos materiales acontecen sin inequívocos. Aunque perceptiblemente cortos para los sentidos, estos ciclos materiales que aun restan vivirse antes de que la Evacuación y el Rescate se consumen, son permeados por impulsos cósmicos que los tornan plásticos de modos incomprensibles, como si los tramados etéricos que componen las estructuras de los niveles de consciencia psíquicos se amoldasen en alguna medida a los impulsos Logoicos como anteriormente no fuera posible.

Lo que devela otro de los “síntomas” del proceso de Transmutación Planetaria.

Este tan proclamado año, el 2012 , demarca un antes, donde las definiciones y confirmaciones pudieron ser desenvueltas en algún grado, y un después, donde las definiciones y confirmaciones deberán ser -en alguna medida- mucho más profundas de lo que fueron. En sus marcos, se inicia el epilogo de esta transición. Develándose como una intersección de energías, donde confluirán posibilidades nuevas.

El Instructor esenio dijo “al que tiene, se le dará y tendrá mas; pero al que no tiene, a ese, aun lo que tiene le será quitado”. Es en esos parámetros que lo que resta de esta transición se presenta a la humanidad. Es en esos términos que la humanidad de superficie contó hasta hoy y contará hasta que ese momento llegue, con posibilidades de definiciones especiales, caracterizada por impulsos de actualización claves, donde las situaciones representan fases de preparación intensas.

Quienes hubiesen permanecido dormidos en esta fase que se cierra, encontrarán impulsos para despertar en esta otra oportunidad que se les abre. Los que ya hubiesen despertado, deberán perder la adinamia que aun rezaguen, fortaleciendo su incondicional disponibilidad de servicio. Las situaciones demarcaran practicidad y espiritualidad activa. Sintonía interna estable. Entrega estable. Obediencia estable. La purificación será mas intensa. Por ello las definiciones exigirán mayor fidelidad.

Como humanidad, poco realizamos . Nos distrajimos más de lo que fuimos capaces de atender. Solicitamos más de lo que fuimos capaces de ofrecer. Inquirimos más de lo que entregamos. Y todo aquello, en aras de experiencias reiteradamente practicadas en encarnaciones anteriores. Hoy las oportunidades vigentes, permitirían revertir eso. Las confirmaciones tibias, no pueden interpelar en estos tiempos. Ni por estos tiempos. ¿Quién se replantearía cuanta disponibilidad ofrecer en momentos de urgencia como estos? Cuando una puerta se abre en un nivel superior, otra se cierra en un nivel inferior, eso es ley. Y acontecerá en esta nueva fase que llega.

Interesados por la espiritualidad, hoy, muchos seres son eclécticos:
adoptan entre opiniones diversas, las que mejor les parece. Y así nutren seudo-filosofías con un estrépito que generalmente nunca tuvieron las verdaderas inspiraciones. Estas, exhortaron siempre la entrega de la voluntad personal; por ello en sus filas pocos caminaron. Pensemos: poseemos en esto, contundentes símbolos. ¿A quienes vemos encabezar estas letanías de creyentes modernos? ¿A santones, o a genuinos devotos y reverentes? ¿A los atrincherados en posiciones del pasado, o a victoriosos actualizados, dispuestos a renunciar incluso, a sus más atesorados ideales y pensamientos, por el cumplimiento de lo que el Único demandare para hoy?

Incomprensiblemente, muchos de aquellos que encarnaron  asumiendo servir, por libre albedrío, sirven -no se lo puede negar- a sus propios intereses egoístas. Las palabras que el Instructor Jesús ofreciera, pocos hoy, demuestran afrontar vivir: que sea Tu Voluntad Padre, y no la nuestra.

En una época donde todos se arguyen portavoces de la verdad, arrojadamente deberíamos descartar aquellas palabras que no nos aprovechasen. Incluso estas. Cuando las conjeturas ocupan el lugar de los impulsos genuinamente revelados, valerosamente debiéramos separar las cizañas del apreciado cereal.  Mientras que los sofismas reaparecen vivificados por los médiums contemporáneos, más que nunca nos correspondería repeler el engaño. El fin de los tiempos, llamémosle Evacuación y Rescate, acontecerá. Nadie niega esa realidad. Pero no como los intermediarios astrales que canalizan esas crónicas afirman.

El rescate de los seres es la elevación de la consciencia , asistida por Jerarquías y Entidades.
La evacuación representa la transferencia de las corrientes de vida a los ámbitos correspondientes mientras en la superficie de la tierra, la purificación de los planos físico, emocional, y mental se desarrolla.

Un Nuevo Ciclo existirá. Una Nueva Humanidad repoblará este orbe. Patrones de existencia superiores serán ensayados. Leyes más amplias que las retributivas impulsaran la vida en el planeta. Los planos de existencia se unificaran. La sustancia material se sutilizará, y así también los cuerpos de sus habitantes. Un nuevo código genético está siendo implantado en niveles sutiles. Un circuito de energías renovado remplaza paulatinamente al anterior. Todo esto está aconteciendo en el interior de los seres despiertos. Y acontecerá cuando la Voluntad Mayor lo dictamine. Y no cuando las especulaciones humanas lo determinen por análisis.

La energía masculina, extropectiva, propia de la Regencia de Shamballah, -Centro Planetario en recogimiento- aunque fue menguando lentamente desde que en 1988 se definieran los pormenores de la Evacuación y el Rescate en el planeta, ya clama en sus estertores. La energía femenina, introspectiva, propia de la Regencia de Miz Tli Tlan, -Centro Planetario que pulsa en actividad- aunque fue emergiendo gradualmente, resuena poderosamente en cada impulso, cada vez con mayor intensidad. Se vuelve cada vez más preponderante.

El 2012 es un punto de no-retorno. Es una fecha que traza las pruebas mayores del rescate.
“La calma que precede a la tempestad, servirá para poner a prueba tanto como la tempestad misma” expresa la Energía.
 La calma que precede a la tempestad es una prueba actualmente para todos nosotros y seguirá constituyéndose prueba para quienes aun restan despertar. La tempestad misma aun lo será, también, para quienes ya traspusieron el umbral del apabilamiento de la transición.

Como ocurre en algunos reptiles que para escapar de sus predadores se automutilan parte de su cuerpo, la autotomía de esta humanidad es grave. No solo cercena los impulsos internos con eficiencia, sino que además prescinde de la concepción de la realidad interior en su existencia, porque prefiere el aislamiento de la individualidad que prima ante todo sus “necesidades” a la unificación de la consciencia, donde ya no cabe el ego, y que es, en los seres que degustan tantos vaticinios sosos, el verdadero artífice de tamañas ilusiones. 
 
En el paladar de la mente izquierda, racional, el 2012 tiene un cautivante sabor.

Pero la Realidad, carece de la sazón que a los sentidos tanto atraen. En la simplicidad de su manifestación, la Verdad, para los ansiosos, es rotundamente insípida. Por ello la niegan. Mas, para los pacientes, es profundamente intensa. Y por ello la afirman. Para los que buscan el Espíritu genuinamente, el vacío –incluso de informaciones- es un elixir del cual beben.

Los que buscan, creyendo que buscar no implica transformarse, solo deambulan adentrados en el laberinto de la vida material.
 
Tal vez el ultimo sofisma , (tal vez, ya que posiblemente surjan otros) es, -debemos reconocerlo- el más recalcitrante de fenecer.

Pero nada resiste el poder de la verdadera Instrucción: “el día y la hora nadie lo sabe; ni los Ángeles del cielo; solo mi Padre”

Una colaboración especial de Janik  para Buenasiembra.

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