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Los Secretos de los Andes

El continente americano encierra en las inexploradas regiones de su parte sur, misterios que aún no han sido develados, pero que con el correr del tiempo -como sucede actualmente con la civilización Incaica- se irán clarificando y alcanzarán sin duda una dimensión de singular importancia en el campo de la tradición esotérica.

Esta obra, cuyo contenido originará sin duda la más viva controversia, significa un interesante aporte al esclarecimiento de este apasionante aspecto del ocultismo.

Su contenido gira alrededor de la antiquísima Hermandad de los Siete Rayos, de origen Lemuriano, y de cómo se han mantenido hasta nuestros días sus enseñanzas y tradiciones a través del Monasterio del mismo nombre, ubicado en alturas ignotas de la Cordillera de los Andes en el lado norte peruano del lago Titicaca.

Esta Escuela de Misterios preserva el conocimiento secreto acumulado a través de los siglos, el cual será develado a los hijos de la Tierra cuando éstos hayan alcanzado el desarrollo espiritual necesario

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 Martha E. Magnin

PARTE VIII
LOS MUNDOS PERDIDOS Y LA LLEGADA DE LOS MAESTROS DEL ESPACIO

Hemos hablado ya del legado que espera al hombre y que está escondido en las selvas sudamericanas, y que está más allá de la imaginación más desaforada. En las antiguas cámaras de archivos se encontrará el conocimiento científico que se empleará en la Nueva Edad, los secretos de un pasado muy remoto serán el incentivo que permitirá un magnífico desarrollo en un mundo renovado.

Las ciudades del fabuloso Imperio Amazónico, que antecedían otras civilizaciones mundiales, pertenecen a otro Continente Perdido pero, a diferencia de Atlantis y Mu, ese Continente no está sepultado bajo el océano, sino tras kilómetros de Infierno Verde constituido por las selvas de la América del Sur.

Esas ciudades nunca estuvieron bajo las aguas; por lo tanto sus archivos están bien conservados en su último lugar de descanso en las vastas bibliotecas de la olvidada Paititi. Incontables tesoros fueron llevados a Paititi por los científicos-sacerdotes cuando supieron que tanto Lemuria como Atlantis estaban condenadas definitivamente al olvido. Esta es la herencia que se encontrará en zonas donde sólo se oye ahora la cháchara de los monos y el llamado de los pájaros -todo el conocimiento de los tres más grandes imperios que ha conocido el mundo.

A principios de junio de 1957, el Grupo Expedicionario de la Abadía, bajo el mando de la Orden de la Mano Roja, se abrió camino a través de difíciles pistas tanto a caballo, como a pie hasta la Meseta de Marcahuasi de los Andes, donde encontraron un Bosque Sagrado Perdido o Jardín de los Dioses en lo alto de las montañas peruanas. Este extraño lugar es conocido por los descendientes de los indios Huancas como la residencia de los hechiceros y de los Dioses Gigantes.

En la parte más alta de la gran altiplanicie había una enorme fortaleza de piedra en un extraordinario estado de conservación. Esta fortaleza fue usada por los soldados incas alrededor de 1350 D. de Cristo, época en que conquistaron a los huancas y establecieron la ocupación militar en toda la región. Hay muchas chulpas de piedras, tumbas funerarias en torno de la fortaleza, que fueron todas saqueadas.

Después de la muerte del Emperador Inca Atahualpa en Cajamarca, Perú, los españoles llegaron a Marcahuasi y destruyeron los antiguos bultos que contenían las momias para satisfacer su codicia del metal amarillo. Hoy, sólo quedan en cada tumba algunos huesos.

Una antigua cueva funeraria, a varios miles de metros por encima del valle, probó ser muy importante porque contenía una tumba que no había sido abierta y que, por algún milagro, no había sido aún violada. En su interior había gran número de momias, pero el descubrimiento es insignificante si se lo compara con las fantásticamente antiguas piedras esculpidas de la Meseta de Marcahuasi.

Esa meseta está situada a 4000 metros por encima del nivel del mar, y está cubierta por la bruma gran parte del año, pero entre los meses de mayo y setiembre el sol brilla en todo su esplendor y es un lugar deleitoso, aunque las noches son muy frías. Las numerosas y grandes piedras esculpidas constituyen una importante clave para el descubrimiento de los antiguos misterios del mundo.

Aves y mamíferos desde leones y elefantes hasta camellos y pingüinos que nunca existieron en la América del Sur están tallados en tamaño gigantesco. Todas las razas humanas fueron al parecer representadas y muchas grandes cabezas de piedras se asemejan a las que se encontraron en la Isla de Pascua en el Pacífico.

Muchas antiguas religiones, fueron simbolizadas por hermosas y finamente esculpidas esfinges, rostros y figuras de olvidados dioses y diosas. Las figuras son inmensas y de acuerdo con los cálculos científicos se cree que fueron talladas por una raza de hombres gigantes de al menos cuatro metros de alto. Aun no se conoce con certeza si pertenecieron a la Raza Ciclópea o no, pero la extraña cualidad dimensional de las tallas es una indicación de que tal vez sea así.

Son muchas las leyendas que existen entre los indígenas que viven actualmente en la América del Sur -Los incas hablaban de gigantes, también- que se refieren a gigantes rubios que otrora habitaron el continente. No son estatuas o figuras gigantescas comunes, porque cuando la luz del sol, o de la luna, cae sobre ellas desde cierto ángulo, se ven cosas que es imposible verlas en otro momento. Los rasgos se modifican al examinarlos en diferentes momentos, bajo diferentes condiciones y desde diferentes ángulos.

La mayoría de las figuras tienen tres o cuatro ojos pero no importa desde qué lugar se las observa, siempre parecen tener únicamente dos ojos. Si una persona no se sitúa en un punto de observación fijo, determinado, no se ven las estatuas tal como estaban destinadas a ser vistas. Por lo tanto, tuvimos que colocar las plataformas elevadas cerca de las figuras que aquellos que las habían erigido destinaron a propósitos observacionales.

Las figuras fueron talladas en granito, pero la erosión las ha estropeado mucho. Empero, aún hoy día son magníficas en su ejecución, y quita el aliento contemplarlas y pensar en sus creadores.

¿Quiénes fueron esos gigantes? ¿De dónde venía? ¿a dónde fueron? Hallaremos una respuesta a estos interrogantes gracias a nuestras investigaciones en la Abadía.

Las figuras cubren una superficie de varios kilómetros cuadrados, y los informes que se recibieron de otras partes de la América del Sur indican que se las puede encontrar en muchos otros lugares, si bien no en tal estado de aislamiento ni en tal profusión como en Marcahuasi.

Hay varios altares que fueron obviamente levantados para que los utilizaran criaturas gigantescas, pero es aún más sorprendente el hecho que algo de ese mundo parece cernirse sobre la meseta. Casi siempre se oye un sonido extraño, algo parecido a un zumbido, que parece provenir de las figuras, y ese sonido no se debe a causas naturales. Se siente que tiene que ver con algo que está más allá de la capacidad de comprensión del hombre actual, una mirada a otra dimensión del Tiempo y el Espacio.

Cuando se toma una fotografía de la figura tallada de un anciano y se observa el negativo, ya no parece más un anciano sino un hermoso y vigoroso joven. ¿Quién pudo tallar la piedra de tal modo que viendo una figura desde cierto ángulo las formas se modifican y arrojan sombras en el valle, donde, a medida que la luz cambia, extrañas criaturas se mueven como si estuvieran vivas?

Esa raza de seres gigantes empleaban objetos naturales que al parecer se asemejaban a animales conocidos, y luego, tallándolos, realzaban el medio circundante. Resulta de ello algo que parece haber brotado espontáneamente del suelo. Este era un Bosque Sagrado donde nadie vivía, cuyo uso estaba reservado exclusivamente a propósitos científicos-religiosos. La ciencia y la religión estaban entonces unidas en la Verdad como lo estarán otra vez en la Nueva Edad. Es quizás el último Bosque Sagrado que ha permanecido casi intacto y sin ser perturbado por el hombre moderno.

Es muy posible que Marcahuasi haya sido frecuentado por la raza que después se llegó a conocer con el nombre de los Eles. Los indios de la Huanca siguen venerando a Huari que en sus leyendas desempeña el papel de Hércules -un gigante. Al parecer el recuerdo de los gigantes sigue persistiendo en la mitología de los huancas y su Huari debe de haber sido originalmente un gran caudillo de la raza de los gigantes. Los huancas siguen celebrando extraños rituales en zonas escondidas cercanas a la meseta, rituales que ningún hombre blanco pudo ver nunca. Aún hace algunos años, los ritos se celebraban en Marcahuasi mismo.

El hecho más sorprendente de todos los que fueron descubiertos por las investigaciones de la Abadía es que cuando estudiaron la serie de fotografías aéreas de la meseta tomadas por el Gobierno Peruano, se vieron figuras definidas, gigantescas, que sólo son visibles desde el aire.

¿Quiere decir que los gigantes disponían de naves aéreas? ¿Eran esas figuras, vistas desde el aire, una especie de señales o símbolos para las naves que llegaban del espacio interestelar o de los planetas cercanos? Marcahuasi llegará a ser una zona importante para las nuevas investigaciones que se relacionan con la Raza Ciclópea y con la llegada de los Maestros del Espacio.

Durante la primera parte de julio de 1957, el Grupo Expedicionario de la Abadía viajó hacia el este en dirección a la legendaria Paititi. Se penetró en la extensa zona desértica al este del Cuzco, la región del Río Alto Madre de Dios. La expedición tuvo que hacer frente a muchas dificultades, pero esta aventura fue coronada por un gran éxito. Los habitantes habituales de la selva se destacaban por su gran número.

Vampiros, jaguares, tapíres, hormigas gigantes, serpientes ponzoñosas eran bastante molestas, pero no obstaculizaron el progreso de la investigación en el territorio inexplorado que está cerca de las fuentes del Río Sinkibenia. Se practicó la amistad con todas las formas de vida y esto habrá tenido que ver con el hecho que la expedición tuvo escasas dificultades con los animales si se tiene en cuenta los peligros de la zona y el hecho que nadie estaba armado de un fusil.

Centenares de veces la expedición se vio obligada a cruzar los peligrosos rabiones en los ríos de rápida corriente, y con todo, se cubrieron más de 200 kilómetros a través de pantanos y espesos matorrales que formaban un muro casi impenetrable mientras nos abríamos paso con nuestros machetes.

Cuando no había huella alguna, teníamos que andar por el lecho de los ríos o por las orillas rocosas en el lugar donde las había. No había posibilidad alguna de cruzar esa tierra desconocida en la estación de las lluvias porque entonces los ríos son muy altos y una persona a pie sólo puede recorrer una corta distancia.

Nuestro lugar de destino era en los primeros días de julio de 1957 un grupo de montañas bajas que son en realidad las últimas estribaciones de los Andes hacia el oeste. A la distancia se asemejaba a un Mundo Perdido, un mundo que debía su fama a la ficción, grandes colinas verdes ocultas por la bruma y la niebla, un mundo que nos impresionaba por su majestad y misterio. Viajar a pie era difícil y lento.

Esta tierra sea tal vez desconocida para el hombre moderno, pero es una tierra que no fue olvidada por su Creador, porque es magníficamente bella. Hemos venido a esta zona a causa de las innúmeras leyendas que corren entre las tribus sudamericanas y que refieren que en algún lugar vecino a esa región hay una Ciudad Perdida de Piedra de los Antiguos.

El explorador español, Juan Álvarez Maldonado, estuvo al mando de una expedición que se dirigió a la zona del Alto Madre de Dios, en el siglo XVI, y buscó dicha ciudad. Empero nunca visitó la zona de nuestro destino, porque era aún desconocida.

Hace unos pocos años, un indio piro se encontraba en la misma zona buscando a su mujer de raza machiguenga que se había escapado. En la serranía de montañas bajas que estaban cerca de las fuentes de dos ríos desconocidos dio con un camino pavimentado con piedras. Lo siguió hasta llegar a una gran ciudad de magníficas casas, plazas y templos de piedra.

Ningún inca ni español había visitado esas ruinas. ¿Por qué? Porque la Ciudad Perdida es una de las muchas que pertenecieron al antiguo Imperio Amazónico de Paititi. En la vecindad del lugar donde el indio piro hizo su descubrimiento, las leyendas se referían a una extraña Puerta Perdida o Portal a un mundo antediluviano. (No es en realidad un portal, sino la cara de piedra de un enorme acantilado cubierto de escritos de los cuales las tribus decían que para ellos eran desconocidos, aunque habían vivido en la zona centenares y centenares de años.).

El 10 de julio de 1957 descubrimos el legendario Portal o Roca de los Escritos en un territorio desconocido sobre el Río Sinkibenia. Estábamos en las proximidades de una tribu desconocida y salvaje, que nunca había visto antes a hombres civilizados. No deseaban en modo alguno ponerse en contacto con el mundo exterior del cual había oído relatos de los indios que los habían visitado.

La Abadía proseguirá sus investigaciones en esta importante zona y cruzará el poblado de esta tribu con el fin de llegar a la Ciudad Perdida de Piedra. El pueblo de esa ciudad talló las figuras y jeroglíficos sobre la Roca de los Escritos.

Ese año, se hicieron muchos dibujos y se tomaron fotografía de los miles de petroglifos que no son toscas incisiones en la roca hechos por el hombre de piedra, sino genuinos jeroglíficos de una raza altamente adelantada y antigua. Los glifos tienen la forma de los Rollos Escritos de Atlantis y Mu, y son archivos del pueblo que moraba en la Ciudad Perdida de Piedra.

Están escritos en los lenguajes más antiguos del mundo y cubren una superficie, en la cara del acantilado de piedra, de unos treinta metros de longitud y tres metros de altura. Muchos parecen vincularse con los glifos mayas y aztecas, y hasta se trató de tallar un bajorrelieve con algunas de las figuras esculpidas.

La figura de un joven tocado con un gran casco señala hacia el oeste. Creemos que señala la dirección de la Ciudad Perdida, cuyos científicos-sacerdotes registraron importantes sucesos históricos en el gran acantilado de piedra. En los Templos de Egipto se hallan registros similares.

Otras tres rocas con escritos fueron ubicadas y éstas serán estudiadas en el futuro en el curso de otras expediciones. El Grupo Expedicionario regresó al Río Sinkibenia en una balsa que tuvieron que construir ellos mismos, y completaron el resto del viaje en canoas indias y a pie.

El hecho que los jeroglíficos son escritos auténticos es un descubrimiento de la mayor importancia en la América del Sur, porque según lo que se cree los incas y los preincas no conocían forma alguna de escritura. En la Abadía, los estudiantes proseguirán sus investigaciones de los glifos.

Además de este descubrimientos, se reunió buena cantidad de leyendas de la poco conocida tribu de los machiguiengas que vivían en esa zona. Esas leyendas se refieren detalladamente a las catástrofes que tuvieron lugar en el mundo durante la destrucción final de Lemuria y Atlantis. Esto ocurrió, claro está, en la época en que la antigua Tiahuanaco se levantó desde el nivel del mar hasta las desoladas altiplanicies, y los Andes surgieron.

Era la época en que Aramu-Muru sobrevolaba las furiosas aguas en su nave aérea en dirección hacia la América del Sur con los archivos y el Disco Solar de Oro de Mu. Grandes temblores se sucedieron a todo lo largo del Continente sudamericano. Las ciudades que estaban en la costa, como Tiahuanaco, fueron las que más sufrieron.

Esos centros de población costeros eran ciudades coloniales de Lemuria, mientras que las Ciudades Perdidas de Piedra situadas más al este eran mucho más antiguas, pues pertenecían al Imperio Amazónico, y no tenían nada que ver con los planes de colonización de Lemuria. Estaban situadas en una zona que sufrió menos daños y los edificios no se derrumbaron o lo hicieron sólo parcialmente.

Otras leyendas de la tribu de los Machiguencas se refieren a la época en que sus antepasados estaban en comunicación con loas gentes del cielo, y el idioma machiguenga no es una lengua de salvajes, y prueba que esa gente ha degenerado a su estado presente debido a la destrucción del Imperio Amazónico.

Sin embargo, si las ciudades no fueron totalmente destruidas durante la catástrofe ¿por qué degeneraron los indígenas? Se cree que los machiguengas y otras tribus no gobernaban las ciudades, y que aquellos que las gobernaban eran hombres blancos barbados.

De hecho, corren rumores entre las tribus de la selva que dichos hombres blancos ataviados con largas vestiduras siguen viviendo y prosiguen con sus investigaciones en la capital Paititi que es la Ciudad Perdida de las Treinta Ciudadelas, antigua más allá de toda creencia cuando los primeros Incas llegaron al Perú. Los gobernantes del Imperio del Sol de las incas buscaron esa ciudad pero nunca pudieron encontrarla.

Los conquistadores españoles posteriores a Pizarro se enfrentaron con la muerte en el desierto para saquear sus inmensos tesoros de oro, plata y piedras preciosas. Fue mantenida oculta a los ojos de los hombres codiciosos de oro, porque poseía un tesoro mucho más valioso que cualquier metal amarillo o gema que adorna el cuello o el brazo de una orgullosa y altiva hija del mundo.

En las torres de las Ciudades Perdidas hay un resplandeciente cristal de blanca luz que brilla eternamente. Este cristal, es indudablemente la Luz Maxin de los antiguos y está relacionada con el mismo poder que es utilizado hoy día por los visitantes del espacio en los ovnis.

Los misioneros que viven en el interior de la América del Sur han dicho que ven a menudo naves espaciales, y la Confederación del Espacio tiene una base gigantesca cerca de los restos de las Ciudades Perdidas que existieron en magnificencia en una época en que sus antepasados del espacio aterrizaron y establecieron comunicaciones con los científicos-sacerdotes de las ciudades.

Los Maestros del espacio asistieron a los grandes cónclaves justo con los Maestros de la Tierra, pues ¿no eran acaso una época en que los hombres conversaban con los dioses? En nuestra generación los visitantes interplanetarios han vuelto a visitar las ciudades.

Los Maestros Instructores de los Retiros Interiores del Mundo, en cooperación con la Jerarquía de la Gran Hermandad Blanca, están ahora en comunicación con los Maestros que llegan del Espacio del mismo modo que lo estuvieron otrora en la época de gloria de Paititi. Debido a los rumores que corren sobre los maestros blancos que aún hoy aparecen ataviados con largas vestiduras en la selva, es muy probable que las Ciudades Perdidas sirvan de Centros de Sabiduría.

Querido estudiante de Luz ¿no captas la visión que la Jerarquía Celestial desea que conozcamos? ¿No alcanzas a ver el futuro cuando los Hombres del Espacio y los Maestros de la Tierra para guiar al Remanente que aún vive en este planeta?

Como las catástrofes fueron causa de que el Conocimiento Arcano permaneciese escondido, harán ahora que el mismo Conocimiento sea revelado otra vez a los hombres que padecen de hambre espiritual. Pero no temas esos cambios que se producirán en el mundo. Sigue las palabras del Maestro Kirpal Singh Ji Maharaj de Delhi, un santo viviente que aún lleva su vestidura física:

No hay necesidad alguna de preocuparse. Cada uno de los Iniciados debe aprender a elevarse por encima de la conciencia del cuerpo mediante prácticas regulares de meditación. No habrás de hacer nada sino tomar precauciones sensatas (en el caso de que sean necesarias) y dedicar tiempo a la meditación y dejar todo lo demás al Poder Maestro que está por encima de cada Iniciado y que extiende toda ayuda y protección posibles.

Se realizan esfuerzos para impedir la inminente catástrofe en los Círculos Superiores. El Poder Maestro está por encima de los Iniciados y éstos no tienen que tener temor alguno.

Hay ahora Estudiantes de Luz que están trabajando y sirviendo al Centro de Iluminación del Nuevo Mundo por donde el Aspecto Femenino del Rayo Permanente en la Tierra. Siguen las sendas de las montañas y valles, y andan a pie donde no hay sendas, conocen los ríos y los lagos, los ventisqueros y los desiertos, son incansables como los Sirvientes de antaño, empero tienen una misión moderna y es la de enseñar a un Nuevo Mundo.

Es preciso que presenten el verdadero mundo antiguo al actual de modo que el mundo futuro que ahora se asoma en el horizonte como un sol de oro pueda heredar el Divino Legado.

Estos son, pues, los Hermanos de los Siete Rayos - Los Esenios de los Andes.

PARTE IX
EL TRASUNTO DE LA JERARQUIA

Todos los mentores que se presentaron aquí han sido, y siguen siendo, encauzados y registrados en el Scriptoriun que tiene su sede en la Abadía, el Principal Retiro Exterior o Santuario de la Hermandad de los Siete Rayos (Iluminación) en los Andes Peruanos.

Algunos de los Mentores que hablan aquí son Santos Maestros Ascendidos, mientras que otros son Instructores que viven aún en forma física en la Tierra y sirven en las Escuelas de Misterio de la Gran Hermandad Blanca. Sus voces son transmitidas por medio de un sistema vocal de naturaleza telepática.

ÍNDICE

PARTE I
EL ORIGEN DE LA HERMANDAD DE LOS SIETE RAYOS

PARTE II
EL DISCO SOLAR DE ORO DE MU

PARTE III
LA RAZA DE LOS MAYORES

PARTE IV
EL FOCO DE ILUMINACIÓN DEL NUEVO MUNDO

PARTE V
LA ANTIGUA ORDEN DE AMATISTA

PARTE VI
LA ABADÍA: PRINCIPAL RETIRO EXTERIOR DEL SEÑOR MURU

PARTE VII
LA ORDEN DE LA MANO ROJA

PARTE VIII
LOS MUNDOS PERDIDOS Y LA LLEGADA DE LOS MAESTROS DEL ESPACIO

PARTE IX
EL TRASUNTO DE LA JERARQUIA

El continente americano encierra en las inexploradas regiones de su parte sur, misterios que aún no han sido develados, pero que con el correr del tiempo -como sucede actualmente con la civilización Incaica- se irán clarificando y alcanzarán sin duda una dimensión de singular importancia en el campo de la tradición esotérica.

Esta obra, cuyo contenido originará sin duda la más viva controversia, significa un interesante aporte al esclarecimiento de este apasionante aspecto del ocultismo.

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