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Katrina. Una ciudad abatida por el huracán

DESASTRE EN EE.UU. - EN MISSISSIPPI: UNA CIUDAD ABATIDA POR EL HURACAN

Ruinas, desolación y muerte a las orillas del río Mississippi

Con lo puesto. Residentes de Nueva Orleans caminan por las calles de la ciudad en busca de un refugio. El Gobierno dispuso un plan general de evacuación en toda la zona (Foto: EFE)

El Katrina sembró a su paso la destrucción total. Se ven casas desgajadas, tejados volados, autos aplastados por árboles caídos. No hay luz y escasean los alimentos.

Bob Mahoney mueve la cabeza de un lado al otro y dice que no piensa irse y que se va a quedar hasta que su casa vuelva a ser la misma. Aquí, sobre la costa de Biloxi que da al Golfo de México, un escenario de vida y ocio que en una tarde se convirtió en ruinas, probablemente nada vuelva a ser igual, a pesar del deseo de Bob.

El paso del huracán Katrina, el lunes, trajo muerte y destrucción a esta playa que supo ser el lugar de entretenimiento de legiones de turistas, con varios casinos y hoteles que procuraban darle un aire de desentendido placer a quienes se llegaban hasta este punto de Mississippi. Pero Bob vivía aquí con su familia y hoy está sentado en una silla desvencijada en el medio de la basura que se amontona, acostumbrándose sin quererlo a un olor nauseabundo y mirando incrédulo lo que quedó de su casa, una construcción tradicional de esta región con ocho departamentos, de los cuales él y su familia usaban tres para vivir.

Los Mahoney eran también los dueños del pub y el restaurante de la planta baja que lleva su apellido y sobre cuyo frente, ajena a la catástrofe, aún se lee orgullosa la leyenda "Abierto las 24 horas".

"Esto fue sin dudas peor que Camile", dice Bob, en referencia al huracán que en 1969 golpeó también con furia estas costas y que hasta ahora se consideraba el más dañino en la historia del país. Se lo ve aturdido y golpeado pero no vencido. Por ahora, en esto que supo ser una casa tienen agua y también comida porque están alimentándose con la mercadería que había en el negocio.

Con aerosol verde y de su puño y letra fue el mismo Bob quien rasguñó en una pared "we will be back" (volveremos), una expresión de resistencia que contrasta con su rostro apesadumbrado.

Josh, su sobrino, me acompaña a un macabro paseo por los escombros en los alrededores. Pelo oscuro, dientes superiores pronunciados, que se esfuerzan por no salirse de la boca, combina el saber de guía turístico con el pesar de un damnificado. ¡Ay! lo que muestra tritura el corazón: es la huella de lo que fue una empresa familiar y hoy es un montón tras otro de mugre que ya comienzan a recoger un grupo de topadoras. Hay cuervos que sobrevuelan la zona en busca de carroña.

"El gobierno está ayudando primero a los que están bajo el agua: aquí nos destruyó el viento", dice en un lamento el chico de unos 17 años. A un costado, lo que era el Medical Plaza Building es hoy un esqueleto de hierros retorcidos. En lo que fue su estacionamiento, entre montañas de bloques de cemento, ladrillos y azulejos de baños y cocina, se ven objetos diversos y cotidianos. Inodoros, lavabos, bañaderas, colchones, una caja fuerte que ya nada oculta; máquinas expendedoras de gaseosas, adornos navideños, un frasco con canela en rama. Ropa sin dueño, el títere de una bruja, cables, faroles, escaleras, espejos. Un casco blanco de operario reluce en medio de la basura. Adentro tiene dos credenciales que cuentan que hasta el lunes perteneció a Stan Wielgofz, operario de una empresa contratista que trabajaba para el Hard Rock Café Hotel y Casino que está sobre la playa. Sobre la explanada del Hard Rock, hoy vacío como alma en pena, una guitarra inmensa violeta y roja sigue invitando a pasar.

Khoa Tran tiene rasgos orientales y muestra en sus 14 años su fastidio. "Mis padres se han quedado sin trabajo", dice y cuenta que, aunque su casa —ubicada a unas 6 cuadras de la playa— no se vino abajo, es riesgoso para ellos estar adentro. "Ahora sí que nos quedamos sin nada", dice y se queda mirando el mar.

"Es una verdadera pena todo esto ¿no?", comenta bajando de su bicicleta Phil, de 45 años, frente a la puerta del hotel Beau Rivages, una mole de varios pisos que se levanta en la costa y en donde trabajaban tres argentinos de los que no se tienen noticias.

El es de Tallahassee (Florida), pero tiene una casa de vacaciones aquí, que sufrió daños, pero "al menos está en pie". Cuando sabe que su palabra será leída en Argentina, se sorprende y cuenta que su hermano es dueño de viñedos en San Juan y que está abandonando este país para instalarse allí. "Seguiremos tomando buenos vinos", se despide.

Los helicópteros militares que llegan a la región trayendo ayuda sacuden a cada rato la falsa paz de los que quedaron sin habla.

En la ruta 10, viniendo desde Mobile, un convoy de la Guardia Nacional integrado por varios vehículos aguardaba para seguir viaje hasta la zona del desastre. Las estimaciones sostienen que el área total afectada es de 250.000 kilómetros cuadrados, casi las dimensiones de Gran Bretaña.

Caminar por este centro de Biloxi es adaptar a cada paso los ojos a la destrucción total. Casas desgajadas, tejados volados o hundidos; paredes de madera derribadas, pocas personas en la calle, salvo curiosos y periodistas de todo el mundo. Coches aplastados como ese Cadillac azul de techo vinílico blanco, hundido en un mar de árboles arrancados, latas y botellas.

El calor adormece los sentidos aunque no lo consigue con el olfato: mucha basura, mucha humedad , mucha muerte. Los ár boles que aún están en pie portan como souvenirs de la furia de Katrina bolsas de plástico de todos los colores, que les dan un siniestro espíritu navideño, una mezcla curiosa de película de Fellini con su mar de celofán para Casanova y el más negro de los filmes de Tim Burton.

Visten de verde y llevan un cartelito con su nombre que indica que son médicos. "Usted está frente a los dos únicos cirujanos de este condado", dice Gary, pelirrojo con ganas en lo que le queda de cabello y muy atento. El y su compañero se desplazan por la ciudad buscando heridos que por su condición no han podido salir a pedir ayuda. Cuentan que los evacuados están en albergues del norte de la ciudad que, como el resto de la región afectada por el huracán, padece por la falta de luz y petróleo.

Las colas para cargar nafta parecen larguísimos hormigueros de kilómetros y kilómetros. El racionamiento es dieta obligatoria. A los costados de las rutas comienzan a verse autos abandona dos por sus dueños porque la sed de nafta los venció.

Es otra paradoja de este episodio, pero la furia de la naturaleza —simple, implacable, arcaica—doblegó toda la parafernalia asociada con la más alta tecnología moderna: no hay Internet ni comunicaciones. Incluso el uso de celulares es algo imposible. Pero sus dueños no están desaparecidos: simplemente, los aparatos no funcionan.

Era blanco y bello este edificio desdentado por la furia de Katrina. "Hotel Magnolia", dice y por su espíritu y su decadencia es imposible no recordar enseguida a Tara, aquella residencia en ruinas durante la Guerra de Secesión de Scarlett O'Hara, la protagonista de "Lo que el viento se llevó". Vaya ironía ese título hoy, aquí, ahora.

Los casi 500.000 habitantes de Biloxi quedaron desamparados. A centímetros del frente de una casa, un barco verde y blanco tomó posición forzada en tierra, a unos 200 metros de su estacionamiento original de agua. Otra embarcación, un enorme casino flotante, terminó con su omnipotente figura parada en la ruta.

Sobre la playa, en cambio, un piano, copas, restos de alimentos envasados. Fragmentos de sillas, ventiladores, algún cubierto. Hay más de 40 grados y comienza a llover. Pero nadie imagina que el agua del cielo pueda apagar tanto desconsuelo.

Pozos arruinados en el Golfo

Al menos 20 pozos petroleros se hundieron en el Golfo de México y un gasoducto roto estaba ardiendo anoche en la zona a raíz del paso del huracán Katrina, según informó la Guardia Costera.

El ciclón redujo en un décimo la capacidad de refinanciación de EE.UU. y tendrá un efecto duradero sobre la distribución petrolera del país.

En el mercado de Nueva York, el barril cerró en alza de 53 centavos, cotizando a US$ 69,47. El martes llegó al récord de US$ 70,85.

No es Africa con su miseria y desgobierno la que visitó estos días EE.UU. Lo que salió a la luz en esas imágenes es, en verdad, el Africa que oculta en sus entrañas la mayor potencia planetaria.

El desastre se ha agigantado por la ausencia total de previsión oficial para evitar tantas muertes y un plan de ayuda tan tardío como ineficaz. George Bush volvió a balbucear sorprendido por este caos en medio de sus vacaciones y sin los deberes hechos.

Las zonas afectadas son, además, una tierra que discute el perfil de riqueza de EE.UU. Hay allí una pobreza crónica con índices de desocupación en torno al 40%. Gente que no tenía ni el dinero ni la ayuda para salir del lugar antes de que llegara la muerte. Es un patio trasero que, como el otro, sufre los efectos de una economía que no los contiene. La furia de esos desamparados puede ser el otro golpe que aún reserva este drama.

Fuente: Hinde Pomeraniec. BILOXI, MISSISSIPPI .ENVIADA ESPECIAL
hpomeraniec@clarin.com

Fuente: www.clarin.com

EE.UU.: otra catástrofe varias veces anunciada

El desastre provocado por el huracán Katrina encuentra a la primera potencia mundial expuesta a sus propias fragilidades.

Es asombrosa la impiedad de la naturaleza a la hora de desnudar los fallos del hombre. Como en el caso del reciente tsunami en el Asia o de la aun inconclusa devastación del huracán Katrina, ese efecto sincerador de las fuerzas naturales cuando se vuelven incontenibles deja en evidencia mucho más que las vistas desoladoras de escombros y cadáveres.

Denuncia los agujeros negros de la conciencia de una determinada época; que vuelve absolutamente visible la inexplicable capacidad autodestructiva que solo la especie humana cultiva.

Katrina tuvo más que el poder de los vientos y de las aguas porque, ahora, cuando éstos se agotan puede aún desnudar el vacío de una era, la que hoy encarna mejor que nadie el presidente George W. Bush. El Estado nacional más poderoso del planeta que viene desertando sin pausa del proceso social desde los años 80, acaba de alcanzar bajo su liderazgo una cima de ausencia al mostrarse incapaz de hacer llegar abrigo, alimento y medicinas a pobladores rodeados por el agua, nada menos pero —convengamos— tampoco más que eso.

Es bueno observar algunos detalles. ¿Por qué no llegaron —no llegan aún— esos elementos a ciudades como Nueva Orleans y Biloxi? Sencillamente por la combinación de factores críticos, dicen los expertos: la desinversión de fondos federales que el gobierno de Bush realizó en obras de infraestructura y en el área de prevención y asistencia de desastres desde el 2000 y la distracción de elementos críticos —por ejemplo algunas lanchas con gran capacidad de maniobra y transporte en dotación de las Guardias estaduales y nacional—, comprometidos hoy en el marasmo iraquí.

Es poco consuelo para las víctimas de Katrina que algunos centenares de veteranos de la ocupación de Irak —recién regresados del frente— hayan sido sumados a la fuerza militarizada (las policías locales fueron superadas) que intenta mantener alguna semblanza de paz social en los escenarios post huracán.

Es el viejo pecado regresando para visitar a los pecadores: ¿quién puede considerar la acción de esas tropas que la sociedad envió al Golfo Pérsico como una protección, si su experiencia es la de disparar desaprensivamente sobre los civiles iraquíes? Y, para destacar ese riesgo el comandante en jefe, Bush, les ordenó disparar a matar a las víctimas de Katrina cuando lo crean necesario.

En esta circunstancia la hiperpotencia del planeta pierde gran cantidad del brillo que se le suele asignar. Es la repetición de "La Edad Dorada" que Mark Twain y Charles Dudley Warner describieron en su novela homónima de 1873, que le dio nombre a la época: la de una sociedad absorbida por la codicia, por el olvido pertinaz del menos favorecido, conducida por políticos corruptos, que parecía irradiar progreso y prosperidad.

Nótese que los autores eligieron el término "dorada" como contraposición a la mención del metal precioso, el oro. La pátina reluciente actual de Estados Unidos y, sobre todo, del modelo que propone —quiere imponer, en verdad— al resto del mundo se muestra de espesor apenas epidérmico sobre una realidad social oscura. Y no hizo falta otra cosa que el agua y los vientos para llamar la atención de una zona de Estados Unidos en la cual, hace ya tiempo, las estadísticas dicen que tres de cada diez niños viven por debajo de la línea de pobreza.

Pero aún más asombroso es que hasta esa exposición pudo haber sido evitada en gran medida. Hace cuatro años un periodista estadounidense especializado en temas científicos, Eric Berger, aseguró que el escenario de desastre más temible para su país era el de un huracán poderoso y puso su gravedad posible por sobre el de un gran terremoto en California o un ataque terrorista con armas de destrucción masivas (nucleares, químicas o biológicas).

Berger tomó lo suyo de los modelos de predicción elaborados por científicos. "De cara a la proximidad de una tormenta" —escribió refiriéndose a Nueva Orleans— los científicos dicen que la rutas de evacuación menos que adecuadas de la ciudad deberían tolerar 250.000 refugiados o más y probablemente uno de cada diez de los dejados atrás en el éxodo moriría mientras la ciudad queda sepultada bajo seis o más metros de agua".

Ese texto fue, sabemos ahora, una suerte de recuerdo del futuro. Como sucedió en los días que siguieron a los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington en el 2001, las autoridades son renuentes a contar víctimas como si ello pudiera realmente limitar el impacto sobre la conciencia colectiva. Y, para peor, Bush no tiene ahora el comodín de la fantasmagórica figura de Osama bin Laden para desviar la atención de todos, tocando las cuerdas del temor masivo. Lo que hay para temer en esta hora es la impotencia en que su administración sumió al Estado.

Y quizá esto no sea lo único. La región, en la que por lo menos una docena de refinerías han sido fuertemente afectadas, produce una quinta parte del petróleo y un cuarto del gas natural que consume el voraz mercado estadounidense. Esto en un marco donde el valor del barril ya ha superado los 70 dólares, nivel del que hay pocas esperanzas de que regrese.

Hay en el daño de Katrina una suerte de acusación múltiple retroactiva. No hay, ahora, opinión científica sólida que no relacione fenómenos como el de este huracán —o el tsunami asiático— al recalentamiento climático, suerte de suicidio planetario que Washington está empeñado en mantener activo con su rechazo del Protocolo de Kyoto, a pesar de que este cuenta con amplio consenso mundial.

En la novela "Tiempo Tormentoso", escrita por Carl Hiaassen hace una década, uno de los personajes, gobernador de Florida en la trama, se ata a un puente en las horas previas a una gran tormenta en la esperanza de poder contemplar cómo la naturaleza destruye las embarcaciones de lujo, las grandes residencias y todos los símbolos de la codicia que olvida todo deber social. ¿Alguien ve a Bush emulándolo? No, por cierto; lo que da razón de más para preocuparse por la marcha de las cosas.

Oscar Raúl Cardoso.
ocardoso@clarin.com

Fuente: Clarín.com

Amigos

Tomense unos minutos para ver este video sobre el atentado al pentagono,

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¿Anuncia la Biblia el desastre que causará el huracán Katrina?
Enviado el Domingo, 28 agosto a las 19:04:13
Tópico: Código secreto

Hace poco, el temible huracán Katrina pasó a categoría 5, la peor de todas. Un versículo encontrado en uno de los libros que componen el Antiguo Testamento, específicamente en Jeremías, podría advertir de lo que se avecina en New Orleáns en las próximas horas. ¿O acaso se refiere a un hecho diferente que podría presentarse en cualquier momento?

En el libro de Jeremías, capítulo 23, versículo 19, dice textualmente: "He aquí que se levantará el torbellino de la indignación divina; y la tempestad, rompiendo la nube, descargará sobre la cabeza de los impío".

Si bien es cierto que a esta profecía bíblica (no extraída del código oculto en la Torá) podría ser interpretada de varias maneras, está muy claro que se refiere a la ira de Dios desatada contra un país o ciudad en específico, y no podemos obviar en este instante que el código bíblico destaca de manera muy enfática que Estados Unidos es la cuna de la maldad, y que el mismo Dios se encargará de partir en dos.

Por lo pronto, el alcalde de New Orleáns, Ray Nagin, a ordenado abandonar la ciudad en forma obligatoria, y todo parece indicar que si las condiciones no cambian, Estados Unidos puede estar a las puertas del mayor desastre natural de su historia, donde el nivel del mar podría subir hasta los ocho metros, esto sin tomar en cuenta el tamaño de las olas que se generarían.

Según el Centro Nacional de Huracanes (CNH), un ciclón así deja sin techo a casi todas las residencias. Se derrumban pequeñas estructuras y hay enormes daños en edificios, además de destrucción total de casas móviles. Son arrancados de raíz la mayoría de los árboles y desaparecen todos los letreros, semáforos, pancartas de metal, vallas, etc. La mayor parte de las vías de escape son cerradas por inundaciones entre tres y cinco horas antes de la llegada del ojo del huracán. El daño es total en todas las estructuras ubicadas a menos de 4,5 metros sobre el nivel del mar y situadas a 457 metros de la costa.

Es importante destacar que los únicos huracanes categoría cinco registrados en Estados Unidos son el de 1935, el primer lunes de septiembre, Día del Trabajo, que afectó los Cayos de la Florida, el ciclón "Camille", de 1969, que azotó Mississippi, y "Andrew", que el 24 de agosto de 1992 devastó el sur de Miami.

¿Se tratará acaso de una seria advertencia de Dios para que el hombre de un giro a su estilo de vida?

Nota aclaratoria: Proyecto Orión tiene una función netamente informativa, y en ningún momento pretende causar pánico o zozobra en sus lectores, quienes siendo mayores de edad, en forma voluntaria acceden a nuestro website para leer las noticias aquí publicadas.

Fuente: Proyecto Orión

De: blanca linares [mailto:maestriasol@yahoo.com.ar]
Enviado el: Lunes, 29 de Agosto de 2005 11:00 a.m.
Asunto: Blanca - Para ayudar a todo el Planeta

 me parecio importante colaborar con nuestra ayuda a todo el planeta. Blanca

 NUESTRAS VIBRACIONES

Nuestro planeta pasa por una crisis sin precedentes. Jamás una época había tenido tantas pruebas que enfrentar. Muchas iniciativas se están tomando para mejorar la situación actual.

A pesar de esto, no todas las personas pueden hacer todo aquello que desearían, ya que cada vez más la vida nos exige serios compromisos, los que ocupan todo el tiempo de quienes quisieran contribuir a ayudar a la humanidad en esta época tan dramática por la que estamos pasando.

Para compensar la falta de tiempo en el cual todos estamos inmersos, algunos grupos espiritistas e espiritualistas como la Sociedad Ramatis y otras han tenido la gran idea de SINCRONIZAR SUS MEDITACIONES POR CINCO MINUTOS, en un horario común que permita a la mayoría de las personas unirse, formando una corriente mental.

¿Pero para qué un horario?

Para que todos puedan tener la oportunidad de ayudar de alguna forma, aun sin tener demasiado tiempo.

La iniciativa consiste en lo siguiente:

TODOS LOS DÍAS DE 23:00 A 23:05 horas millares de personas estarán enviando sus vibraciones positivas al planeta. No importa si se es católico, umbandista, candomblista, bautista, mesiánico, espírita, budista, hindú, agnóstico, ateo, judío, teosofista, gnóstico, confusionista, adventista, etc.

Enviar vibraciones positivas no es más que visualizar el planeta en armonía, paz y amor, vibrando positivamente; o visualizar el planeta envuelto por energías benéficas, con colores vibrantes como blanco o dorado o violeta, que son los más usados. También podemos mentalizar el planeta irradiando luz y paz, como si lo estuviésemos mirando desde fuera.

Nota: Si usted no cree que sea posible enviar vibraciones positivas al planeta y a los seres humanos, no es necesario que se abstraiga de este momento. Puede esperar el período de 23:00 a 23:05 para simplemente reflexionar sobre posibles soluciones para los problemas actuales. Simbólicamente, sabrá de millares de personas que están haciendo lo mismo en el mismo momento de una manera diferente.

Lo importante es la unión de pensamientos, sabiendo que estamos iniciando un primer esfuerzo en el sentido de tornarnos atentos y abiertos a los problemas y dificultades que asolan a nuestro planeta.

Horario de vibración: De 23:00 a 23:05 horas TODOS LOS DÍAS

 "La Tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a ella. Eso lo sabemos. Todas las cosas están interrelacionadas, como los lazos que unen a una familia. Lo que sucede. Lo que suceda a la Tierra, sucederá con nosotros. El hombre no tejió la tela de la vida, él es un hilo de ella. Lo que se le hace a la Tierra se lo está haciendo a sí mismo."

 P.D.: Si quiere y puede, mande este mensaje al mayor número de personas posible.


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