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Ray Badbury

“La fantasía nunca envejece”

Tiene ochenta y varios años y ha publicado más de quinientas obras. El autor de Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas está cada día más recuperado de un ataque de apoplejía, aunque no tanto de la pérdida de su mujer tras cincuenta y cinco años de matrimonio.

Sin embargo, Ray Bradbury sigue imaginando proyectos: "Estoy trabajando en una ópera”, dice entusiasmado. Porque, aunque en el mundo entero es conocido como uno de los nombres máximos de la ciencia ficción, no hay prácticamente actividad literaria que no haya ejercido, incluida la poesía: Antología poética se titula el libro, el único suyo en ese género que existe en castellano, publicado en el año 2000 por Ediciones Desde la Gente del IMFC y que agotó su tirada de 12.000 ejemplares.

–¿Sabe que, aunque nunca escribió un libro en español, sus obras forman parte de la cultura general de millones de hispanoparlantes?

–Creo que eso se debe a que escribo en metáforas, porque mi literatura es semipoética y por eso es muy fácil traducirme. No me extrañaría que mis textos suenen mejor en español que en inglés.

–¿Cómo fue su visita a Argentina?

–Estuve allí diez días, hace cinco años y la gente en Buenos Aires me trató maravillosamente. Me seguían a todas partes y cuando hablé en un encuentro literario me tuvo que escoltar la policía para que pudiera salir. Fue una experiencia maravillosa.

–¿Le sorprende que lo admiren tanto?

–Sí, porque cuando comencé nadie me prestaba atención. Cuando apareció mi primer libro –yo tenía veintisiete años– fue un fracaso. Se vendieron tres mil copias durante cuatro años, o sea unos dos libros por día.

–¿Le parece que al principio nadie le hacía caso porque estaba adelantado a su tiempo?

–No más que cualquier otro escritor de ciencia ficción de mi generación como Arthur Clarke o Robert Heinlen. No creo que estuviera adelantado a mi tiempo, al menos no más que lo que podían estarlo ellos.

–¿Alguna vez imaginó que nuestras vidas iban a ser como son hoy mientras escribía sus libros en la década del 50?

–Claro que sí. Sabía que era inevitable que llegáramos a la luna. Pasó antes de lo que yo me imaginaba. Estaba seguro de que iba a ser un anciano para cuando ocurriera y sin embargo tenía cuarenta y nueve años.

–¿Cuánto tiene que saber de ciencia un buen escritor de ciencia ficción?

–Nada. Yo no sé nada de ciencia. Mis libros son básicamente fantasía, y por lo tanto no dependo del conocimiento científico.

–¿Cómo se le ocurren las historias?

–No lo sé. Me llegan. Son regalos de mi inconsciente. No pienso sobre lo que voy a escribir. Me llega y yo simplemente lo escribo.

–¿Qué edad tenía cuando se dio cuenta que tenía este talento tan particular?

–Ocho años.

–¿Se acuerda de cual fue la primera historia que escribió?

–Sí, yo tendría unos doce años y escribí la continuación de las novelas marcianas de Edgar Rice Burroughs y se la dediqué a él.

–¿La conserva?

–No, era terrible.

–¿Suele releer sus viejas novelas?

–Si, de vez en cuando me encanta sentarme a hojearlas. Especialmente cuando por la noche no puedo dormir. Entonces tomo uno de mis libros y lo hojeo, y siempre me sorprendo al descubrir lo que escribí muchos años atrás. Tengo mucha suerte de que aún me gusten mis libros.

–¿Tiene que escribir todos los días para sentirse bien?

–Sí. He escrito cada día de los últimos setenta años. Es como respirar para mí y es algo que me resulta muy fácil.

–¿Planifica que es lo que va a escribir cada día?

–No, simplemente me siento a escribir. Y lo que sale, sale.

–¿Sigue trabajando con una máquina de escribir?

–Sí, porque una computadora es básicamente una máquina de escribir. Y no necesito otra. Con la que tengo me alcanza.

–De las cosas que imaginó en sus libros y que con el tiempo se volvieron realidad, ¿cual es la que más le ha sorprendido?

–La proliferación de los televisores de pantalla gigante. Cuando escribí sobre ellos no existían, pero ahora están por todas partes y cada vez los hacen más y más grandes. No puedo dejar de sorprenderme cada vez que los veo.

–¿Cómo hace para acostumbrarse a las cosas que imaginó y que ahora forman parte de nuestra vida cotidiana?

–Simplemente las acepto. A veces han hecho que la vida sea mejor y en otros casos la han empeorado. Lo mismo pasa con los libros. Hay buenas y malas novelas. Hay novelas que uno hubiera preferido que nunca hubieran existido, pero no hay nada que se pueda hacer al respecto, simplemente rogar que la gente no las lea.

–¿Cree que los años que se pasó en su juventud vendiendo periódicos en una esquina influyeron en su literatura de alguna manera?

–Quién sabe. Yo estuve en esa esquina desde los diecinueve hasta los veintiuno y conocí a un montón de gente. Hablaba muchísimo con los que me compraban los periódicos. Estoy seguro de que debo haber aprendido mucho sobre la vida hablando con la gente en esa esquina.

–¿Le sorprende que Crónicas marcianas siga editándose después de cincuenta y tres años ininterrumpidos?

–No, porque es ciencia ficción presentada como pura fantasía, y la fantasía nunca envejece. No ocurre lo mismo con la ciencia, porque todo el tiempo está evolucionando y eso puede hacer que un libro pierda su vigencia. Eso nunca pasa con la fantasía. Mantiene su juventud eternamente.

–Si pudiera cambiar algo en uno de los libros que ha publicado, ¿qué cambiaría?

–Absolutamente nada. Uno tiene que respetarse a sí mismo cuando era más joven. Quienquiera que haya sido yo cuando escribí ese libro, tengo que respetarlo y no tocar lo que está escrito.

–¿Es de corregir una y otra vez sus escritos antes de enviarlos al editor?

–No, para nada. Si me gusta la historia, la corrijo un poco, corto algo aquí o allá y la envío. Mi experiencia es que o la historia sale bien de buenas a primeras o no queda bien nunca.

–¿Le presta más atención a los personajes o al argumento?

–Ni a lo uno ni a lo otro. Nunca pienso en un argumento. La historia me llega completa, tiene vida propia y no tiene argumento. Es algo viviente y si uno deja que los personajes se desarrollen, son ellos los que van a crear un argumento.

–¿Por qué cree que ha escrito más novelas que guiones?

–Me gustan todas las expresiones artísticas y por lo tanto no siento que tenga que concentrarme en un solo medio. A uno le puede gustar el cine, la radio, los libros. También las historietas. Yo he sido un gran coleccionista de historietas y siempre quise tener mis propias historietas, un deseo que pude satisfacer, porque hay doce libros de historietas de Ray Bradbury. Siento pasión por muchas cosas y trato de expresarme en todos esos medios.

Gabriel Lerman
Desde Los Angeles

Fuente: http://www.acciondigital.com.ar/


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