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Reportaje a Daniel Divinsky : "Quino y Yo"

Nuestro mayor humorista nacional acaba de cumplir 70 años, y casi 40 de brillante labor profesional. Su editor, Daniel Divinsky, evoca en esta nota su larga y entrañable amistad con el maestro, y la ímproba tarea que implicó seleccionar los humores que componen su último libro, una antología donde el talento de Quino prueba una vez más su inalterable actualidad.

¿Cómo es ser editor de Quino?
García Márquez comentó una vez en broma a su editora catalana ¨ lo que más me gustaría en la vida es ser agente literario y tener un autor como yo. Sin jactancia, me atrevo a decir lo mismo ¨ lo que más me gusta en la vida es ser editor y tener un autor como Quino.

¿Por amistad o profesionalmente?
Por las dos cosas. Tratamos de mantener separados lo profesional y lo amistoso, pero ambos tipos de relación, que desde luego incluyen a nuestras respectivas esposas, terminan interactuando de una manera totalmente positiva y placenteros.

¿Es tan retraído como se dice?
Cuando lo conocí en 1964, no era para nada tímido, al menos con la gente conocida, aunque mostraba una cierta retracción a vincularse con el público. Pero eso se le fue pasando; cuando en la última Feria del Libro le pedían autógrafos se ponía a charlar con la gente de una manera totalmente espontánea. Esto no impide que sea muy cortante cuando no está en una situación de trabajo; ahí puede llegar ha sentir la irrupción de su público como un asedio que lo fastidia. Hace poco fuimos ha Ecuador invitados por una librería patrocinante. En Quito trabajamos cuatro o cinco días con actos, firmas y teleconferencias. Después estaba incluida una excursión por Galápagos de cuatro días en un barco precioso. Paramos en la isla Darwin y en una estación biológica aparecieron de pronto unas chicas y le preguntaron: ¨ ¿ Usted es Quino? ¨ Y él les contestó: ¨ Cuando trabajo sí, pero ahora estoy de paseo. Y la semana pasada estábamos cenando en la parrilla Mirasol de Boedo y volvió a pasar lo mismo. Una chica se levantó de su mesa y lo encaró: ¨ Hola, ¿ usted es Quino? ¨; y él, de nuevo: ¨Sí, cuando trabajo sí, pero ahora estoy cenando ¨ y la chica le contestó: ¨ Cuando lo vea al otro dígale de parte mía que me gusta mucho lo que hace. A Quino le hizo mucha gracia la salida. Tiene facetas. Cuando le toma bronca a alguien es de no perdonar. Y cuando alguien le queda entre ceja y ceja, mejor olvidarse.
Si lo agarra una ¨arrechera¨, como dicen en Venezuela, se acabo.
En Venezuela ¨arrechera¨ quiere decir calentura, tanto referido a la sexualidad como a la bronca.

Al mismo tiempo tiene fama de ser una persona muy sincera y cabal.

Bueno, eso está demás decirlo. Quino es una persona de una lealtad absoluta, un amigo de fierro, y eso me lo ha demostrado a mí y a mi mujer como editores. Cuando ambos estuvimos presos en el 77 durante la dictadura, y después en el exilio durante seis años, la editorial tuvo que ser manejada por mi suegra, quién se hizo cargo de las riendas cuando nos tuvimos que ir. Y Quino, a pesar de ya no estar nosotros al frente directo de la editorial, siguió publicando igual con nosotros, tratando con mi suegra. Estas cosas revelan una lealtad profunda, que va mucho más allá de la conveniencia, y más en esa época, que las cosas no eran precisamente fáciles. Y gracias a eso todo siguió saliendo bien, y los libros se siguieron publicando y se siguieron cobrando los derechos. Otra prueba palpable de esa lealtad absoluta nos la dio también cuando insistió el año pasado que formáramos otra sociedad de manera de poder hacer unas agendas que él antes publicaba con otro editor, ya que las agendas no la pueden hacer una editorial de libros, porque pagan IVA. Y entonces hubo que constituir otra empresa a ese efecto, y él se banca todas esas cosas, de puro buen tipo que es.

¿Cómo trabaja Quino?

Hace anotaciones todo el tiempo, es como si siempre estuviera conectado con su creatividad, aunque no lo demuestre y no hable nunca de eso. Por ahí viajando en colectivo escucha cosas y las anota, o en medio de la noche se le ocurre algo y lo apunta con una lapicera de luz que tiene. Y luego hace decenas de bocetos que luego desecha, es de una exigencia casi maniática. Cuando tuvo serios problemas por la presión ocular empezó a dibujar con menos detalles, pero cuando puede le gusta dibujar esos fondos obsesivos que son maravillosos; por ejemplo el mostrador de una cantina en la que encada estante hay una botellita diferente y a cada botellita a lo mejor le pone el nombre de un amigo. O esos diplomas de odontólogos que hay que mirar con la lupa porque de pronto ahí se lee el nombre de su dentista particular, que además es su amiga.

El siempre parece capaz de traducir sus estados de ánimo.

A veces puede pasar largos periodos depresivos, no en el sentido clínico del término, sino en el sentido común que le da la gente: estar bajoneado o medio ¨depre¨, y eso se nota enseguida en su dibujo, se traslada a su estilo. Y hay una constante, que es la preocupación permanente por la muerte. Con esto no quiero decir que sea un hipocondríaco, pero digamos que consulta más médicos que los que yo consultaría. Entonces es que llegan esos períodos de inmersión holística en la medicina, que se reflejan también con increíble precisión en sus dibujos.

Otra virtud es la absoluta actualidad de sus temas.

En eso es imbatible. Mafalda tiene la misma vigencia hoy que hace cuarenta años, sus historias siempre parecen pertenecer al más absoluto presente, lo cual implica una enseñanza especialmente dramática, en el sentido que sus dibujos prueban, de paso, que vivimos en un mundo y en un país en estado de crisis crónica.

Su humor funciona como un auténtico espejo de la realidad.

Sin duda, y a veces pienso que Quino, como artista y como persona, padece de una sobredosis de realidad.
El otro día escuché decir a alguien una frase con la que concuerdo: ¨ Nuestra crisis es tan grave que ni la realidad misma alcanza para explicarla. Suena horrible, pero creo que es verdad. E. M.

Los dibujos incluidos en esta nota pertenecen al último libro de Quino Esto no es todo, Editorial de la flor.

Fuente : Revista Cabal


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