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¿Sirven los libros de autoayuda?

Calidad de vida

La crítica literaria los destroza o los ignora. Algunos psiquiatras, sociólogos y filósofos dicen ahora que son útiles, o por lo menos no hacen daño. Creen que pueden ser un estímulo para mejorar, pero advierten que no son una panacea. El debate sigue abierto.

Quererse a uno mismo. Controlar la mente. Entender los sueños. Dejar de fumar. Abandonar el alcohol. Amasar fortunas. Ser exitoso en el trabajo. Hacer el amor espléndidamente. Lograr un cuerpo perfecto. Alcanzar armonía espiritual. Los títulos abruman y los textos colman las góndolas de las librerías, los supermercados, las farmacias, las estaciones de servicio. Se ofrecen como guías de viaje, como manuales de supervivencia. A diez, veinte, treinta pesos. Sólo se trata de leer unas cuantas páginas. La tentación es fuerte, por eso son un éxito. ¿Sirven los libros de autoayuda?

En el mundo literario la opinión es casi unánime: las críticas destrozan estos textos, tratándolos, en el mejor de los casos, como un género menor. La otra opción es simplemente ignorarlos, aunque encabecen las listas de best-séllers durante meses.

Pero más allá del estilo de la narración o la riqueza del lenguaje, estos libros tienen sentido. Eso sostienen algunos psicólogos, psiquiatras, filósofos. Y otra cosa en la que todos también concuerdan: no hacen mal a nadie.

"El ser humano busca siempre un referente externo de lo que le pasa. El libro de autoayuda es una producción cultural, y si está bien escrito es de mucha utilidad, porque instruye, orienta, hace compañía", asegura el psiquiatra y psicoanalista Humberto Gobbi. Y agrega: "La lectura de estos textos en general es el paso previo de otras actividades, como seguir un curso, un taller o hacer una consulta profesional. Funcionan como estímulos o palancas para hacer otras cosas".

La filósofa Esther Díaz no los defiende ni los ataca, pero sí los justifica. "En algunos casos pueden ser muy útiles. Conozco personas que mejoraron su calidad de vida con ellos. Es cierto que la gente que los lee probablemente nunca lea algo de filosofía dura, pero esta es una buena forma de entrar al maravilloso mundo de la lectura. Por otra parte, habla bien de una persona buscar ayuda aunque sea así, porque significa que no se dio por vencida. Igual, hay que tener presente que no son mágicos y tienen sus límites".

De esto habla Abel Fainstein, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina. "La autoayuda es posible. Estos libros sirven porque dan instrumentos, orientaciones y pautas generales para solucionar los problemas de la gente. Pero hay que saber que tienen un tope de utilidad que está en el propio dinamismo del inconsciente. El ejemplo más claro se da con un masoquista cuyo límite justamente es que no va a autoayudarse. La idea de que uno puede arreglar sus cosas es muy tentadora, pero no hay que entusiasmarse demasiado, estos libros no resuelven toda la vida".

Para el psicólogo Juan Carlos Volnovich, el éxito de estos libros se debe a la necesidad de comprensión, afecto y espiritualidad en una sociedad acostumbrada al consumo de bienes materiales: "La gente busca ávidamente espiritualidad, algo con lo cual sentirse comprendida. Tiene que ver con la falta de espacios afectivos. Estos libros no aportan nada nuevo, refuerzan estereotipos, convenciones. Y provocan una mezcla de satisfacción y frustración, por eso se consume uno tras otro".

Y para eso está el mercado o los propios autores. Enrique Mariscal, por ejemplo, publicó 15 obras (300.000 ejemplares): "Mis libros son de compromiso social, de transformación personal, de ampliación perceptiva, inteligencia práctica, desarrollo emocional, autoironía, lenguaje metafórico, simbología, buen humor, inspiración y pensamiento de síntesis", dice.

Y sigue: "No escribo para entretener o eludir los problemas sino para encontrar la armonía desde una visión positiva de las dificultades. Debemos aprender a vivir en la incertidumbre y la confusión sin enloquecer. La gente busca seguridad, salvamento de emergencia, no quiere sufrir más. Mis libros convocan potencialidades de la identidad que se expresan con siete palabras esenciales: alegría, conciencia, gratitud, libertad, paz, renacimiento y servicio. ¿Existen libros de autocomplicación? ¿Hay salvavidas de plomo?".

Por: Mariana Iglesias
miglesias@clarin.com
Fuente: Clarin.com


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