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Talleres literarios

Fernando Pessoa: "vivir no es necesario; lo necesario es crear"

Consejos de los maestros escritores

Trabajo y más trabajo. Leer mucho y escribir más. Esa es la consigna de los literatos que conducen talleres. "Nadie puede inventar la pólvora literaria", coinciden. Pero sí recrearla.

Si los escritores fueran bailarinas, ningún aspirante a literato dejaría de pasar horas y horas ejercitando metáforas y subordinadas frente a la hoja en blanco. Si nadie se sube por primera vez a unas zapatillas de punta para protagonizar Cascanueces, tampoco se llega demasiado lejos en la escritura sin haber recorrido textos propios y ajenos: muchas, pero muchas veces.

Por eso, una de las principales tareas de los talleres de escritura y de sus responsables —los escritores que enseñan a escribir— es lograr que sus alumnos abandonen la soberbia pretensión de inventar la pólvora literaria y se acostumbren, desde el vamos, a leer mucho y escribir más.

"Muchas veces me toca trabajar como jurado en algún certamen y me encuentro con novelas escritas por alguien que, claramente, nunca terminó de leer una. Y yo no creo mucho en el salvajismo del escritor —dice Luis Chitarroni, crítico y autor de El carapálida—. Los escritores necesitan educarse y, a partir de esto, saber hacia dónde disparar".

Según Chitarroni, quien dirigió talleres desde 1986 hasta 2000, "creo que es posible enseñar a corregir, no a escribir. Se enseña a saber que quien escribe no está librando una batalla solitaria, sino que lo anteceden miles de años de narrativa. Se enseña a mirar en dirección a lecturas que puedan ayudarte. A conocer ciertas leyes del género y a intentar trasgredirlas con éxito".

Lugares de pertenencia donde encontrar pares y compartir inquietudes y búsquedas, "a los talleres llegan todo tipo de personas. Desde gente que desea que le enseñen a escribir mágicamente, como si uno fuera un gurú, hasta otros, mucho más dispuestos a trabajar —dice el escritor Alberto Laiseca—. Yo siempre le digo a mis alumnos que la literatura es un camino tan largo como querer aprender física teórica. Nadie pretendería que te la enseñen de un día para el otro. Así que muchos se desmoralizan cuando empiezan a ver que la cosa es difícil, ¡pero si la literatura es difícil!", se —casi— asombra Laiseca.

El autor de Los Soria y Poemas chinos, quien dicta talleres grupales de escritura privados y en el Centro Cultural Rojas, estimula a sus alumnos a trabajar con diversos ejercicios destinados a despertar la imaginación, "que es lo que más me interesa: más que la gramática o el estilo. Vos no te preocupes, despertá tu imaginación primero. Abierta esa puerta, las otras se abren trabajando. El otro elemento imprescindible es la humildad, sin la cual se llega a los peores desastres en la guerra, en el amor o en la literatura. Al que es poco humilde, se lo come el sapo de la hipercrítica".

Convocar a la sensibilidad o a la experimentación, a desarrollar miradas y puntos de vista inéditos, es el camino elegido por la escritora Gloria Pampillo, hoy titular de la cátedra de Expresión I de la carrera de Ciencias sociales, de la UBA. Un taller con la increíble suma de unos 900 alumnos anuales, muchos de los cuales llegan pletóricos de toda clase de estereotipos sobre cómo y qué escribir.

"A escribir se aprende y todos pueden hacerlo", asegura la autora de "Costanera sur", y de varios volúmenes sobre el trabajo literario (El taller de escritura y Con las manos en la masa —junto a Maite Alvarado—, entre otros). Para lograrlo, Pampillo propone ejercicios de escritura y lectura basados en juegos, personajes y elementos disparadores tan diferentes entre sí como un objeto, un elemento, un grupo de palabras cualquiera.

"A veces, les proponemos partir de una determinada consigna: probá con esto, vamos a explorar por este lado, sin explicarle demasiado qué tiene que hacer. Otras veces elegimos como punto de partida una frase, el título de un libro. Por ejemplo éste: 'Sombras suele vestir', de Pepe Bianco... ¿no puede ser un disparador para escribir un relato? Otro ejercicio es proponerle a una persona que describa un objeto sin decir qué es, sin nombrarlo. Y obligarla así a mirarlo, como si nunca antes lo hubiera visto: con esa 'mirada extrañada' que proponían los formalistas rusos. Eso, y mucha lectura, lectura, lectura, que es el insumo básico para todos los escritores. Porque eso que has leído es tu almacén, tu gran almacén del saber. Siempre estamos transformando lo que ya leímos", subraya.

Toda una decisión la de quienes, superados cotidianamente el miedo y la pereza, decidan zambullirse para siempre en la tarea de la palabra. Casi un cambio para siempre en la escala de valores.

Como escribió una vez Fernando Pessoa: "vivir no es necesario; lo necesario es crear"

"Un modo incomparable de construir identidad"

Si los talleres literarios han sido, a veces, considerados como una actividad para pocos, nuestro país tiene algunas experiencias francamente democratizadoras de la escritura.

La historiadora Hebe Clementi llevó adelante en 1984 un recordado Plan Nacional de Lectura, que incluyó talleres de escritura, dictados por conocidos escritores argentinos, que recorrieron todo el país. "El lugar fue, preferentemente, el de las bibliotecas populares, muchas de ellas todavía de la camada sarmientina.

También escuelas, centro educativos, bibliotecas lugareñas —relata Clementi—. El trabajo de estos talleres a los que se acudía con valija abierta, desbordante de libros, confluía en la escritura fecundada por imágenes nuevas. Hubo además experiencias —hay que decirlo— sorprendentes, que atesoraron algunas publicaciones de la Dirección del Libro.

Leer y escribir son siempre un modo incomparable de construir una identidad desde adentro para andar por este mundo cada vez más intrusivo y complejo. Y es también un aprendizaje para ser libres. Así lo sabían y lo sintieron quienes colaboraron en el Plan de Lectura".

Por: Alejandra Toronchik.

Fuente: www.clarin.com


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