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Diario de un Vidente

DIARIO DE un VIDENTE, Por   TAM - LI


P R O L O G O

Este libro; uno más en la loca quimera de conquistar lo imponderable, pretende mostraros el día a día de un clarividente. Juan Palomo, que así se llama el protagonista no es sino el resumen de un montón de videncias experimentadas por diversos clarividentes.

Cuando decimos clarividente, no estamos hablando de personas que echan las cartas o conocen tal o cual técnica de adivinación, sino de seres que viven con la pesada carga de la activación paranormal de todos sus sentidos. Un clarividente es aquel que ve con los ojos normales, el otro lado, la dimensión astral, el lado de los muertos, el lado de los maestros, el lado de los gnomos o de las fuerzas primordiales.

Un clarividente es un desgraciado que tiene que vivir en forma paranoica en varias dimensiones a la vez, sin adaptarse a ninguna. Un ser sin patria, un individuo atemporal que sabe cuando ha de morir, cómo ha de ocurrir tal o cual suceso o que tiene que quedarse impasible al ver la Parca o el Señor de la Muerte gravitando encima de una persona.

Hemos incluido relatos cortos, que puedan ser leídos antes de dormir. Pretendemos que éste libro esté en vuestra mesilla durante un tiempo. Luego, si lo juzgáis conveniente podéis contar estas historias a vuestros propios hijos.

En las próximas generaciones nacerán cada día más clarividentes o seres que tengan desarrollado el mal llamado “tercer ojo” y estos relatos les darán un marco de referencia, que les permita saber que no están locos, que lo que a ellos les pasa, les pasó a su vez a otros que les precedieron. Y a pesar de que su entorno no les comprenda, podrán esgrimir el valor contrastado de sus videncias con lo que en estas páginas aparece.

Ni Tamara ni yo, Lice, somos clarividentes, sino investigadores de la realidad paranormal. Por tanto hemos seleccionado relatos de hechos probados y contrastados de otros tantos dotados, que han deseado dejar en el anonimato su persona.

Debéis saber que el verdadero dotado calla y no muestra sus capacidades, puesto que como antes he dicho no las goza, sino que las padece, y ha probado en sus carnes, el escarnio del ignorante que juzga todo en función de los dos ojos que tiene, sin darse cuenta que su visión no es sino la pobre percepción de un pobre ser, que en éste campo es superado por el gato, el perro o la serpiente.

Estamos en disposición de certificar que cuanto aquí se narra se ajusta perfectamente a realidades astrales vívidas por personas, pero no podemos asegurar que los acontecimientos futuros que asimismo se auguran deban cumplirse. Hemos sido asépticos en la narración pero no podemos dogmatizar su contenido. Como es nuestra norma dejamos que sea vuestro discernimiento quien seleccione lo que es más conveniente a vuestro espíritu.

Veréis que muchas de las cosas que aparecen aquí, vosotros ya lo sabíais. Y es que todo ser humano, todo ser vivo, tiene en su información inconsciente los detalles del mundo visible e invisible. Para casi todos vosotros, este relato no hará sino avivar el viejo recuerdo dormido, que puja por salir.

Veréis asimismo que la lectura del libro os situará ante la realidad que estamos todos forzados a vivir en este mundo demasiado materialista y lógicamente comenzareis a sentir la añoranza del espíritu.

Si finalmente hemos conseguido llamar a la parte más maravillosa de todos nosotros, sabremos en consecuencia, que el haberlo escrito tiene sentido. Y sí además arrancamos un compromiso silencioso de dignificar nuestra vida, pues aún mejor.
Gracias por vuestro interés.

Tamara Pavón – Lice Moreno.

UN MUERTO ME SALVO LA VIDA

Estábamos concluyendo el recorrido entre Madrid y Alicante. Habíamos estado trabajando hasta media tarde y nuestros cuerpos estaban postrados de cansancio. Llega con su familia, yo tenía que seguir todavía con el coche unos pocos kilómetros para llegar a la mía.

Los ojos se cerraban, más a nuestro destino hacia media noche. Mi compañera se quedó en su casa aunque realizaba un esfuerzo sobrehumano para mantenerlos abiertos. Contaba los segundos que faltaban para llegar a experimentar el inmenso placer del reposo sobre la cama.

Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que la cama viene a ser uno de los elementos que más íntima y frecuentemente nos acompaña en nuestro devenir vital. Es en ella donde vivimos en contacto con el alma a través de nuestros sueños. Vivimos asimismo los momentos más íntimos de las relaciones humanas a través del amor y del sexo con nuestro ser querido.

Nacemos del vientre de nuestra madre sobre unas blancas y acogedoras sábanas y en igual medida, tenemos asociada a nuestra memoria la imagen de nuestros abuelos muriendo entre la resignación y las lágrimas de su familia.

Es en la cama y mediante el mundo onírico, donde podemos liberar nuestra imaginación realizando piruetas desde la torre más alta o penetrando en un santiamén en el corazón de un volcán sin sufrir un solo rasguño. Morimos, matamos, amamos, sufrimos, reímos, renacemos.

Todo en el mundo de los sueños y dentro de la cama. No termino de entender el porqué no se hace más de un monumento a la cama, para que ocupe un lugar preferente en nuestras plazas o en los medios gráficos de nuestra cultura.

Llegó un momento preciso en el que literalmente estaba dormido. Se borró la imagen de la carretera, de las luces nocturnas y todas las referencias visuales del coche. No me era posible controlar la vigilia y tampoco tenía voluntad para abrir los ojos. Estaba como en un estado de total abandono.

Justo en ese instante apareció en el asiento contiguo al mío un hombre de unos cuarenta años, vestido con un traje elegante. Simplemente me miró y gritó diciendo:
¡Que nos matamos!

Aquel grito me dejo helado y una oleada de adrenalina recorrió mi cuerpo, activando todos los sentidos perceptivos y sensoriales. Por otro lado, aquel hombre comenzó a hablar sin parar, diciendo:
¡Estoy preocupado por que no puedo ver a mi mujer y a mis hijos! 

Y siguió disertando acaloradamente con la sana intención de mantener mi atención para que permaneciera despierto.
Casi en el instante en que aquel hombre gritara, yo grité a su vez:
! Un muerto...!

Y curiosamente mi fantasmal acompañante contestó:
¿Dónde...dónde...dónde?

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Titulo: Diario de un Vidente
Autor: ©Tamara Pavón Lice Moreno
Ilustraciones: Ricardo Herrero
Mail: helio@heliocentro.net
Registro P. Intelectual: M-002898/2003 (Texto)


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