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Alimentos Tradicionales

Comprendiendo nuestro pasado, podemos comprender quiénes somos hoy. Todos necesitamos saber sobre nuestros orígenes, quiénes fueron nuestros antepasados, dónde vivieron, qué hacían y cuáles eran sus virtudes y defectos. Nuestra identidad y dignidad como seres humanos depende en gran parte de saber de dónde provenimos.

El pasado es fundamental. También es importante el futuro, hacia dónde vamos y qué esperamos lograr en la vida. Nuestro presente es el resultado del encuentro entre esos dos mundos. El gran desarrollo de la humanidad actual en gran medida depende de las experiencias acumuladas durante cientos de generaciones. Todos esos esfuerzos, aciertos y errores han permitido el actual avance del conocimiento y de la cultura.

Los usos tradicionales no responden a un capricho o son simple consecuencia de la costumbre. El ser humano ha aprendido luego de una larga lucha qué es lo que más le conviene. La capacidad formidable del conocimiento científico ha deslumbrado al hombre moderno llevándolo a menospreciar lo antiguo o lo tradicional como obsoleto o "atrasado".

Sin embargo durante miles de años los seres humanos se han aferrado a ciertas tradiciones porque la experiencia le ha indicado que es lo más adecuado.
Existe una tradición en lo que tiene que ver con alimentos. Cada cultura tiene su tradición y parte de esa tradición se refleja en sus hábitos alimenticios. Los alimentos básicos de las grandes culturas han permitido, de alguna manera el gran desarrollo de las mismas.

La creencia tradicional lleva a la convicción de que de alguna manera la peculiaridad y fortaleza de un pueblo se sustenta en gran parte en la vitalidad que brota de sus comidas típicas. La civilización egipcia y judeo-cristiana ha hecho del trigo y sus derivados (especialmente el pan) la base de su dieta. El pan es la base, el alimento fundamental, a tal punto que se le ha dado un valor religioso. En el extremo oriente ocurre un hecho similar con el arroz. Las culturas inca y maya han hecho del maíz su alimento divino. Ello es tradición.

La experiencia acumulada durante miles de años, ha llevado a un pueblo a perpetuar las costumbres alimentarias, entendiendo que de estas, depende la fuerza y grandeza que los ha caracterizado. Pienso que los cereales como arroz, trigo, cebada y maíz (integrales, como se los consumía antes de que se generalizaran las máquinas pulidoras en el siglo XVIII) son los alimentos principales que las grandes civilizaciones nos muestran como correctos para la humanidad. Deberíamos tomar en serio la enseñanza de los antiguos.

Cuando un pueblo olvida su cocina tradicional, comienza a declinar. Entra en plena confusión y las enfermedades físicas y mentales se difunden con gran rapidez. El espíritu tradicional está vivo en el corazón de los simples granos de trigo o arroz. Una fuerza mágica se oculta en los modestos granos. Durante milenios el hombre ha tomado directamente esta vitalidad mágica y ha sobrevivido con gran coraje y espíritu de superación. Actualmente refinamos los granos y al hacerlo estos pierden un 50% de su gran potencia vital.

En trecientos años, hemos perdido el gusto por los platos antiguos y nos nutrimos con productos creados por la industria que sólo busca vender grandes volúmenes de sus inventos "nutritivos".
Nutrir no es solo aportar calorías y vitaminas. Hay una fuerza vital sutil, ancestral, poderosa en los alimentos originales.

Nuestra gran capacidad sólo funciona optimamente si respetamos este orden tradicional. Cuando el hombre retorna a una alimentación basada en granos y platos tradicionales, encuentra todo su potencial físico y mental. La grandeza de la humanidad depende en gran parte de estas simples tradiciones. Nuestro ADN es el resultado de miles de años de evolución, al igual que el ADN de los cereales naturales.

Si los olvidamos, olvidamos nuestros orígenes.
Nuestra fuerza como humanos declina y somos presa fácil de los virus y bacterias. Nuestros sistemas inmunológicos sólo funcionarán con gran capacidad si cada célula está sustentada por la vitalidad formidable cristalizada en los alimentos correctos para el hombre.

Cada especie tiene un alimento correcto. Si lo toma su fuerza natural es prácticamente ilimitada. La naturaleza utiliza los alimentos como canales para conectarnos con las inmensas fuerzas del universo.

Si no comemos, morimos. Si nos apartamos del orden y comemos "de todo" recibiremos fuerza vital pero con cierta distorción. Si tomamos el alimento justo, nos ajustamos a los ritmos universales y proyectaremos la vitalidad ilimitada que es nuestro destino manifestar. Los grandes hombres y mujeres de la antigüedad lo han hecho. ¿Por qué no nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI ?

EL MISTERIOSO PODER DEL ALIMENTO SUPERIOR

El alimento produce la vitalidad .
La vitalidad solo puede surgir del alimento.

Por lo tanto es importante buscar seriamente la fuente de la vitalidad; quien la busca ardientemente, termina por encontrarla. Y quien encuentra la fuente de la vitalidad, encuentra el mayor de los tesoros, pues ha encontrado el origen de la vida; y quien encuentra la vida, encuentra a Dios mismo y quien encuentra a Dios ya lo tiene todo.

Cuando encontramos la fuente de la vida, tenemos la mayor felicidad. Sin embargo mucha gente busca cosas equivocadas. Y así debe ser, porque es errando angustiosamente mil veces que hallaremos la verdad.

El origen de la vitalidad es el alimento. Así de simple.
El alimento del hombre es el cereal: arroz, maíz o trigo; elija el que usted prefiera.

El cereal es el alimento más importante, el más vital.
Debe ocupar el privilegio en nuestra casa. Los otros platos son de menor importancia; por eso los llamamos platos secundarios ( verduras, carnes, frutas, porotos, entre otros ).

El cereal es el alimento SUPREMO y según antiguas leyendas fueron traídos por seres más evolucionados desde otros mundos. Todas las grandes civilizaciones, deificaron los cereales. Todos los grandes hombres y mujeres de la historia los consumieron.
A mi parecer donde no se consume cereales, no hay orden ni sensatez.

Nuestra potencia inmunológica solo puede desarrollarse si damos al arroz o al pan, la importancia que merecen. Cuando confirmamos el valor del grano en la vida humana, nuestra fuerza vital se desarrolla indefinidamente.

No se trata de comer arroz integral mecánicamente y masticar rutinariamente como un buey, se trata de comprender claramente que el cereal fue creado para el hombre y el hombre solo es hombre cuando se nutre sabiamente con cereales.

Comprendiendo su valor y tomando respetuosamente el alimento supremo, el hombre se eleva a la altura de Dios.
La fuerza curativa despierta de un largo sueño y comienza una nueva vida... feliz, apasionada, fantástica. Hay que experimentar esto para comprenderlo cabalmente.

Nuestros cereales han sido rociados con insecticidas y los suelos han sido fertilizados químicamente. Al refinarlos se los mutila y pierden toda su potencia.

Cuando se mastica el arroz o el pan a fondo ( cuanto más, mejor ) se multiplica la potencia curativa. Por favor no me crean. Experiméntenlo ustedes mismos y verán que no exagero ni un ápice...

El inmenso poder del cereal puede transformar al hombre y al mundo entero. Hagamos del arroz el centro de nuestra vida alimentaria y nuestras enfermedades desaparecerán muy rápidamente.

Si practicamos macrobiótica y nos sentimos débiles o cansados, es porque nuestro interés principal está en los platos secundarios o por consumir cantidades exageradas del alimento.

Es esencial masticar muy bien y evitar la sobrealimentación.
Cuanto más intensamente estudiemos el arte de la nutrición, más rápidamente llegaremos a la salud suprema.

Extractos del libro del doctor Macedo

Introducción a la cocina macrobiótica (ver recetas)

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Martha Magnin, Herbolaria,

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