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Crudivoristas

El vegetarianismo border

Se alimentan sólo de comida vegetal cruda y pregonan las bondades de no cocinar o hacerlo únicamente al calor del sol. Cómo es vivir a cereales, frutas y galletitas de rúcula

El telón de fondo son las medidas impuestas por el Gobierno para intentar controlar el precio de la carne, que ocuparon las tapas de los diarios antes de que la IV Cumbre de las Américas lo absorbiera todo. Pero es probable que estas noticias no sean demasiado preocupantes para los cultores de un hábito tan antiguo como impensable (para más de un argentino): los crudivoristas.

No sólo se trata de una corriente dentro de la llamada “dieta ecológica”. Posiblemente sean la rama más extrema del vegetarianismo: comen todo lo que ofrezca el reino vegetal pero crudo.

La amplitud del abanico vegetariano va desde el semivegetariano o vegetariano parcial (consume productos vegetales y puede incluir pollo o pescado, productos lácteos y huevos) al vegetariano vegano (cuya dieta incluye sólo productos de origen vegetal y no utiliza ningún derivado de la matanza o explotación de animales como cuero, lana, seda, cosméticos). Los matices de la práctica son familiares: lacto-ovovegetarianos, lactovegetarianos, ovovegetarianos, frugívoros.

Pero el crudivorismo le aporta más radicalidad (todavía) al asunto:

“El crudívoro no cocina ni calienta las comidas. Prefiere ingerir todo en su estado natural y así se conservan los atributos más valiosos de los alimentos”, cuenta Manuel Martí, presidente de la Unión Vegetariana Argentina (UVA). “Además están comprometidos con forjar un cambio global: el regreso a lo natural”, sigue. Martí es un crudivorista esporádico: “Pero mi deseo más profundo es poder alimentarme sólo con frutas”.

Cada mañana Luciano Bonfico se levanta a las 6. Su desayuno puede incluir cereales crudos (granolas), leche de soja (se hace licuando los porotos de soja) o de arroz, jugos de naranja, 50 gramos de nueces y 50 de almendras –la exactitud de las medidas no es casual: son hidratos de carbono al fin y al cabo– o algunas rodajas de manzana pelada.

A media mañana come un durazno o una banana (“Es buena por el potasio”, dice) y al mediodía remata con una ensalada de repollo, remolacha, calabaza y zucchini rallados (¡hasta la papa rallada se puede comer cruda!), condimentada con aceite de oliva y jugo de limón.

Y a la noche, algo liviano, como una ensaladita de frutas. Luciano tiene 29 años y se hizo crudivorista hace 6. Para él, el respeto a la naturaleza es sinónimo de una mejor conexión con la vida. “Por supuesto que no es lo mismo ser crudivorista de ciudad que vivir en una ecoaldea en Centroamérica, cocinando al calor del sol. Trato de comer todo orgánico pero no es tan fácil: diría que soy un 50 por ciento orgánico”, explica.

Se sabe que una dieta vegetariana reporta múltiples beneficios siempre que sea planeada por un especialista. Al contrario de lo que se creía hasta hace poco, los vegetarianos tienen huesos flacos pero fuertes y a esta altura el consumo diario de frutas y hortalizas crudas es ampliamente avalado por los organismos de nutrición más importantes.

“Desde la ciencia de la nutrición hoy se hace hincapié en asegurar una variedad de colores dentro de este grupo de alimentos protectores porque cada color representa un antioxidante diferente que al sumar efectos potencian la prevención de enfermedades”, dice la Doctora Marcela de la Plaza, médica especialista en nutrición y Directora del Curso Anual de Nutrición Clínica de la Sociedad Argentina de Nutrición.

¿Qué tan saludable o riesgoso puede resultar el crudivorismo?

Se evita la ‘leucositosis digestiva’ producida por los alimentos cocinados, la digestión es más fácil y los nutrientes se asimilan mejor”, enumera sin pausa Manuel.

Para él, las desventajas estarían centradas más que nada en la dificultad de conseguir alimentos aptos, sobre todo en las grandes ciudades. “Sugerimos los producidos de forma orgánica, o sea, libre de residuos de herbicidas y pesticidas que son peligrosos”, dice. Aunque la nutricionista De la Plaza reconoce el beneficio de obtener la vitamina C y el ácido fólico, dos elementos que se pierden inexorablemente con el calor, define: “El crudivorismo está basado en una filosofía naturista sin ningún correlato científico.

El hombre es omnívoro, el problema es que no se preocupa por aprender a comer de todo y en forma equilibrada para conservar su salud”. Para Martí, en cambio, la historia del crudivorismo está plagada de nombres que invocan principio de autoridad: “El principal ideólogo fue Hipócrates, que curaba con los elementos de la naturaleza y sabía muy bien de los benéficos efectos del crudivorismo. También Cuvier, Flourens, Sappey y Darwin establecieron la naturaleza frugicrudívora del hombre”.

Entre los practicantes más ortodoxos y los crudívoros por épocas, están los que lo aplican como método de desintoxicación y limpieza del organismo. Según Martí, que también dirige la revista El Vegetariano, el portal de la UVA (“Uno de los referentes de toda Latinoamérica en el tema”) tuvo más de 78 mil visitas en octubre que reflejan que la práctica se populariza.

Lugares como Verde Llama (se puede escribir a solar_ba@yahoo.com), por ejemplo, hacen catering, delivery y degustaciones de platos vegetarianos, orgánicos y sin cocción. “Trabajamos con la naturaleza, es decir, de acuerdo a lo que tengan los productores orgánicos”, señala Diego Castro y cuenta que en esta época ofrecen, entre otras opciones, panqueques de lino, coco y manzanas (la masa se cuece al sol o en un horno a 37 grados), y galletitas de lino, chía y cilantro o de rúcula y levadura nutricional.

“Esto no es llevar una vida aislada ni seguir una moda”, afirma Luciano.

Está claro que una alternativa de alimentación tan precisa puede pasar de ser una buena idea a un desafío cotidiano porque, como sigue Luciano, “en nuestra cultura la comida cocinada es una adicción. Y admite: “Igual, yo no soy tan estricto: en reuniones sociales o de trabajo puedo hacer una excepción”, y después aclara que la excepción es aceptar comer... arroz hervido.

 Un lugar en el mundo

Aferrados al “amor a la Naturaleza y sus leyes” y entre huertas y árboles frutales, los miembros de la FincaCruda de Costa del Sol (Málaga, España) practican crudivorismo, frugivorismo, veganismo y vegetarianismo y viven en construcciones naturales (bioconstrucción). Como buenos crudivoristas, maduran los alimentos al sol pero jamás cocinan. A 17 kilómetros de Marbella, la comunidad está formada por 15 personas, más los voluntarios de WWOOF (una asociación civil inglesa cuyos miembros suelen pasar hasta 6 meses trabajando en la finca orgánica).

Bajo un clima subtropical y soleado todo el año, en los 30 mil metros cuadrados que ocupa el predio se esparcen naranjos, mandarinos, ciruelos, perales, manzanos, almendros, olivos, granados, aguacates y mangos.

La práctica del nudismo está permitida, aunque no es una obligación.
No utilizan medicamentos y apelan al ayuno como forma de desintoxicación más rápida del organismo. También se reciben a los turistas de lo natural, que por alrededor de 30 euros (dependiendo de si eligen casas de madera, habitaciones o carpas) pueden experimentar la práctica en carne propia. “Es preferible no fumar ni utilizar otro tipo de drogas. Ni medicamentos ni alcohol. No está permitido tener alimentos cocinados ni de origen animal, no admitimos animales de compañía como mascotas”, advierten desde su web.

“Todas las semanas recibimos 6 o 7 personas, pero eso va variando de acuerdo a la temporada. Ahora, como es invierno, hay mucha gente del Norte de Europa”, cuenta Balta, autodenominado “pionero en España de la dieta cruda y su difusión”, miembro de la Comunidad de Alimentación Cruda Internacional y responsable de la FincaCruda y la Revista “NaturalezaCruda”.

Balta tiene 43 y empezó a incursionar en el crudivorismo en 1990 mientras su novia estaba embarazada de Naturaleza, una nena que se alimentó exclusivamente de frutas y verduras crudas hasta los 2 años. “Todo fue genial, un embarazo muy casero sin ningún tipo de problemas. Tampoco hemos querido vacunarla debido a lo perjudiciales que son las vacunas para la salud.

Luego la madre decidió alimentarla con comida cocinada, y aunque al principio la niña la rechazaba, luego la aceptó. Hoy Naturaleza tiene 5 años y es 50 por ciento crudivorista”, cuenta Balta desde Málaga, sin molestarse por la diferencia horaria, que le interrumpió el sueño.

Por Cora Cáffaro.
De la redacción de Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar

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La Villa de Merlo en San Luis se declara "libre de cultivos transgénicos"

 PROHIBEN LOS CULTIVOS TRANSGENICOS EN LA VILLA DE MERLO.

La Villa de Merlo, se ha convertido en la tercer localidad de nuestro país en declararse como ZONA LIBRE DE TRANSGÉNICOS, así lo dispuso el Honorable Concejo Deliberante de la turística localidad cuyana.

El 28 de septiembre de 2005, en una sesión histórica, donde se percibió la grandeza de los ediles de esta ciudad, se aprobó por mayoría, el proyecto de ordenanza propuesto e impulsado por la Unión Vegetariana Argentina, declarando a la Villa de Merlo como una Zona Libre de Cultivo de Transgénicos.

Enclavada a los pies de las sierras de los Comechingones, en el valle del Conlara, esta hermosa localidad, paraíso de una flora y fauna sin igual, con imponentes paisajes naturales, a redoblado su apuesta como punto de encuentro de naturistas, vegetarianos, ecologistas y demás personas preocupadas por proteger la naturaleza, mejorar la calidad de vida y cuidar la salud.

Siguiendo los pasos de San Marcos Sierra en Córdoba primero y El Bolsón en Río Negro, después, la Villa de Merlo se ha convertido en una nueva zona protegida de cultivos de OMG, Organismos Modificados Genéticamente, lo que marca el inicio de una nueva era en la zona, la era de las producciones orgánicas de alimentos.

La creciente demanda de alimentos ecológicos, o sea, libres de contaminación, es la confirmación de que muchas personas están tomando conciencia de lo que significa alimentarse sanamente, esta demanda ha hecho que muchos productores ya estén trabajando para producir alimentos orgánicos, a nivel mundial esta tendencia está creciendo más que ninguna otra, al igual que en nuestro país, donde ya es común encontrarlos en las góndolas de los supermercados, almacenes naturales, dietéticas, restaurantes vegetarianos, etc.

Seguramente los desarrollos de eco y bio-producciones serán propuestos para concretar microempredimientos familiares, los que fortalecerán la jerarquía de los productos de la región, orientandose definitivamente hacia la ecología en toda la amplitud que el termino representa.

Envie un mail de agradecimiento al HCD y a las demas autoridades de gobierno

hcdvillademerlo@merlo-sl.com.ar


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