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Naturismo

Como se curan las enfermedades por el Naturismo

 Conceptos que ayudan a entender

El hombre de todos los tiempos, en pos de su felicidad, ha buscado la forma de evitar la enfermedad, y cuando ésta se ha producido, de curarla.

Muchos son los métodos terapéuticos que han surgido en distintas épocas y países, pero nos limitaremos a pasar revista a los tres principales: la alopatía, la homeopatía y el naturismo.

La medicina alopática es la que se enseña oficialmente en las universidades y practican la mayoría de los médicos.

Su objeto es combatir el síntoma que presenta el enfermo a través de remedios contrarios a su naturaleza (contraria contrariis curantur). Considera a los microbios y virus como causantes de casi todas las enfermedades.

La medicina homeopática, creada por el médico alemán Cristóbal Federico Hahneman (1755-1843), fue una reacción contra la medicina alopática u oficial. Su sistema consiste en aplicar en dosis mínimas (infinitesimales) las mismas sustancias que, en mayores cantidades, producirían en el hombre sano síntomas parecidos a los que se trata de combatir (similia similibus curantur: los semejantes se curan por los semejantes).

A pesar del adelanto que significaba para la época, la homeopatía no llenó las aspiraciones de su creador y menos aún las de la humanidad sufriente.

La importancia de la homeopatía es haber sido la primera valla contra los desbordes de la alopatía y haber preparado el terreno para el resurgimiento de la medicina natural.

EL NATURISMO MEDICO

Tenemos en fin la medicina naturista o natural, o sea el naturismo médico. Su antigüedad se pierde en la noche del tiempo. El primer hombre, en estado salvaje, andaba desnudo por el mundo y obedecía únicamente la voz que le dictaba su instinto, aún no pervertido por la civilización; gozaba de una salud que podemos llamar perfecta y sólo comparable a la que presentan actualmente los animales salvajes.

Como éstos, el hombre prehistórico no conoce más enfermedades que las heridas que recibe en sus luchas. Es dable presumir lo que hacía el habitante de las cavernas para curarse en esos casos. No había antisépticos, ni vendas, ni médicos, ni farmacias.

¿Se encontraría por eso desamparado? De ninguna manera. Estaba la Naturaleza toda para prestarle ayuda. Tenía a su alcance el agua fresca de los manantiales y arroyos para lavar su herida. Después la recubría con el barro de las orillas y finalmente se acostaba, exponiéndose a los rayos del sol.

Y lo que es más importante:
dejaba de comer, apenas si tomaba unos sorbos de agua. Dejaba transcurrir los días en esa forma y la virtud del ayuno, unida a las virtudes del sol, del agua y de la madre tierra, hacían el milagro de curar sus heridas graves, mejor aún de lo que haría hoy un cirujano de fama con todo su arsenal de instrumentos y drogas.

¿Que sistema terapéutico es ese que empleaba el hombre prehistórico? El natural. ¡Naturismo puro! El mismo sistema que tienen hoy los animales que pueblan las selvas, lejos de asilos, hospitales, manicomios y clínicas. Solo así se explica su salud envidiable.

Desde ya, estamos viendo cuán antiguo es el naturismo.

Sus orígenes no se remontan a Kuhne o Kneipp como creen algunos. Tampoco a Hipócrates, como creen otros. Nació con el primer hombre y lo acompañó mientras éste obedeció la voz de su instinto. Pero en cuanto el ser humano empezó a agruparse en tribus y se vieron los primeros albores de la civilización, la inteligencia fue poco a poco desplazando el instinto.

El hombre deja de obedecer a la voz de la Naturaleza que siempre le ha guiado y se deja llevar por los conocimientos que él y sus semejantes han adquirido; la razón suplanta al instinto y todo pasa por el tamiz de su cerebro. Entran en escena supersticiones, prejuicios y otras fuerzas negativas que anulan la gran fuerza del instinto, oscura pero sabia. Así es como el hombre se aparta de la Naturaleza y por ende, del naturismo.

En toda época hubo hombres sabios que comprendieron los problemas y buscaron soluciones. Antiguamente la sabiduría estaba monopolizada por los sacerdotes y es precisamente en los santuarios chinos, hindúes, caldeos y egipcios, donde se practicaba naturismo médico.

Se administraba a los enfermos baños de sol, de aire, de agua, arena, barro y muy especialmente regímenes dietéticos cuya importancia ya se conocía en aquellos tiempos remotos.

El naturismo siguió los vaivenes que los acontecimientos históricos imprimieron a los pueblos, alcanzando su máximo esplendor en la Grecia y Roma antiguas. Aún hoy quedamos admirados contemplando las ruinas de las grandiosas termas y casas de baños, que ya funcionaban hace algunos milenios.

Con el advenimiento de la religión cristiana, el naturismo inicia una era de retroceso. La Iglesia declara a las termas lugares de corrupción y son clausuradas. En la noche de la Edad Media, los médicos se apartan de los sanos preceptos hipocráticos y se entregan a una terapéutica absurda, sin base científica, llena de supercherías y prejuicios.

Esta aberración se explica fácilmente, pues la enseñanza de la medicina se asociaba a la filosofía; ambas disciplinas se hicieron puramente especulativas y dogmáticas, como todo lo perteneciente a la escolástica.

Pasando rápidamente encima de los siglos, llegamos al resurgimiento de la medicina natural, que se inicia en el siglo XVIII para continuar en el XIX. Es necesario destacar aquí que no son precisamente los académicos ni los médicos los que tomaron parte en ese movimiento renovador.

No podían serlo porque lo aprendido en las universidades bastaba para cerrar su inteligencia a toda idea nueva, manteniéndolos fosilizados en el error.

Los precursores del naturismo contemporáneo han sido en su mayoría personas humildes, a veces sin instrucción, simples artesanos o campesinos.

Tenían en cambio grandes dotes de observación, cosa esencial en la medicina. Como su mente no estaba oscurecida por los prejuicios de la escolástica, podían discurrir libremente en presencia de los fenómenos naturales. Exceptuando al médico alemán Hufeland -que llegó a ser profesor de la Universidad de Berlín- casi todos los demás eran empíricos.

Citemos a Hahn, Priessnitz (creador de la hidroterapia), Kuhne, Rikli (creador de la aeroterapia y la helioterapia), el abate Kneipp, etc. Muchos de ellos han publicado obras en que dejaron sentadas las bases del naturismo científico; son páginas que se leen con emoción y respeto, porque en su sencillez -a veces en su rusticidad- se siente palpitar la fibra del genio.

SALUD Y ENFERMEDAD

Antes de exponer como cura el naturismo, debemos fijar los conceptos de salud y enfermedad, ya que los criterios alópatas y naturistas son bastante diferentes.

El hombre es una verdadera trinidad, compuesta de cuerpo, mente y espíritu. El desarrollo y funcionamiento integral de cada elemento, así como la armonía necesaria que debe reinar entre ellos, nos da el hombre integral, el hombre sano. No puede hablarse de salud integral si existen desproporciones entre esos elementos. Tan anormal es el sabio con cuerpo enclenque como el atleta de mente oscura y alma extraviada.

Para alcanzar ese estado de salud integral, son varias las condiciones necesarias. En primer lugar el factor hereditario. Luego están los factores adquiridos por el mismo individuo durante su existencia: medio ambiente, profesión, forma de vida y muy especialmente el régimen alimenticio. No es el caso detenerse en estos aspectos, cuya importancia ha sido más que suficientemente demostrada.

Hablando en términos muy sencillos, podemos decir que una persona está sana cuando esta limpia. Pero no nos referimos solo a la limpieza exterior de la piel, sino muy especialmente a la interior, que se refiere a todos los tejidos y en último término a la sangre. En pocas palabras, un hombre está sano cuando tiene la sangre pura y limpia.

Ahora bien, si la sangre se impurifica, ya comienza el estado de enfermedad. Las sustancias que intoxican la sangre podemos denominarlas “sustancias morbosas”, es decir sustancias que enferman. ¿De dónde vienen esas sustancias que pasan a la sangre? Muchas causas las originan, pero todas se sintetizan en una: la vida antinatural, es decir contraria a las leyes naturales que rigen la existencia humana.

Refiriéndonos a los tiempos que corren, podemos decir que la vida del hombre moderno no puede ser más antinatural: come y bebe en forma irracional, distribuye mal el tiempo para el trabajo y el reposo, se hace esclavo de los vicios, etc. Llevado por un loco afán de progreso mecanicista, ha descuidado todo lo demás, olvidando la máquina más maravillosa de todas: la máquina humana.

Y ésta, como es natural, se ha resentido por tantas torpezas cometidas en su contra. Así vemos un número fantástico de enfermos que pululan en hospitales, asilos y consultorios, los cuales se llenan rápidamente, haciéndose necesario crear muchos más. Pero no es así como se resuelve el problema, como no se resuelve el problema de la delincuencia creando más cárceles.

Hemos dicho que la enfermedad se produce por la trasgresión de las leyes naturales. Pero el cuerpo humano, que es una máquina maravillosa, tiene sus propios medios de defensa que se esfuerzan por liberarlo de tantas sustancias tóxicas como la carne, el alcohol, el tabaco, las sustancias “alimenticias” industrializadas, etc. La piel, los riñones, los pulmones y los intestinos son los órganos principalmente encargados de librarnos de esas impurezas.

Hay que tener en cuenta que el hombre comete torpezas contra su salud, no una vez, sino diariamente y aún varias veces al día. Llega un momento en que los órganos mencionados se sobrecargan de trabajo y no pueden seguir funcionando con la debida eficiencia.

Es entonces cuando las sustancias morbosas, no pudiendo ser expulsadas, quedan retenidas en el organismo, depositándose en los tejidos e impurificando la sangre.Podemos decir que en ese preciso momento comienza el estado de enfermedad.

Hay que prestar mucha atención a este concepto, porque es fundamental para el naturismo. La enfermedad no se produce de repente, como cree la mayoría de las personas y aún los médicos alópatas, sino en forma progresiva y gradual. Para el naturismo la enfermedad no es una espada de Damocles que pende sobre cada persona, sino la resultante de un largo proceso de errores y torpezas cometidas contra un sistema de vida irracional.

LOS SINTOMAS Y SU SIGNIFICADO

Cuando comienza el estado de enfermedad, generalmente la persona no siente molestia alguna, porque el cuerpo tiene mecanismos compensadores que tratan de localizar y combatir el mal. Pero la persona, que dice sentirse bien, no cambia su sistema de vida y sigue intoxicándose cada vez más y más.

Entonces los mecanismos compensadores, ante el aumento creciente de trabajo, se sienten impotentes y aparecen algunas molestias, que no constituyen por sí solas la enfermedad -y esto es importante- sino que son síntomas, es decir, manifestaciones exteriores de la enfermedad asentada en la intimidad de los tejidos y en la sangre.

Así vemos a una persona que nunca se ha quejado de su salud, presentar dolores de cabeza, o bien diarrea, estreñimiento, falta de apetito, insomnio, etc. Nada de esto constituye de por sí la enfermedad. Son sólo señales de alarma, toques de atención que indican que ese organismo no funciona en debida forma. ¿Que hacer cuando un centinela nos avisa que se aproxima el peligro?

Aquí ha llegado el momento de establecer claramente la diferencia que existe entre la medicina oficial o alopática y la medicina naturista. El médico alópata, en presencia de cualquiera de las molestias enunciadas, sólo ve un mal que es necesario combatir a toda costa. Cuanto más rápido desaparezca, mayor será el éxito; así opinan médico y enfermo. Para cada síntoma prescribe una “solución”: analgésicos, astringentes, laxantes, etc.

Como es natural, esas drogas químicas no tardan en producir su efecto: desaparecen los síntomas. Librado momentáneamente del mal, el paciente cree estar curado y sigue su sistema de vida anterior. Su cuerpo continúa acumulando impurezas y no tarda en presentarse de nuevo la molestia. Recurre otra vez a las drogas y se establece un verdadero círculo vicioso en que cae el pobre enfermo y del cual es más difícil salir cuanto mayor ha sido la duración.

Es necesario entender de una vez por todas que las drogas no curan ni podrían curar las enfermedades. Solo sirven para “tapar” los síntomas, dando la falsa ilusión de haber curado. Por esto, la medicina oficial o alopática -que se aprende en las universidades- está muy lejos de ser una ciencia; se trata solamente de una pseudo-ciencia basada en el error y que no conduce más que al fracaso. Que lo digan los millones de enfermos que deambulan por el mundo, cuya curación está más lejana cuanto más “progresa” la medicina alopática.

Dedicarse a tapar síntomas es tarea tan insensata como la de un minero que al penetrar en las galerías se le ocurriera ir apagando los faroles que encuentra a su paso: pronto quedaría a oscuras. De igual modo, los síntomas son como faroles que alumbran el cuadro más o menos oscuro de la enfermedad.

El síntoma es una voz de alarma de la Naturaleza. Cuando se presenta, hay que buscar la causa que lo origina, para así extirparla de raíz: desaparecida la causa, desaparece el efecto. Eso es lo que hace el naturismo. Hacer lo contrario es hacer lo del avestruz, que entierra la cabeza creyendo así evitar la catástrofe que se avecina.

EL NATURISMO CURA LAS ENFERMEDADES

El naturismo, antes que un sistema terapéutico, es un sistema de vida. Por ello el médico naturista se ocupa de averiguar con lujo de detalles como se alimenta el paciente, cuantas comidas hace al día, como se componen, que bebidas ingiere, como mastica, investiga el tipo de trabajo que realiza, las horas que dedica al reposo, características de su vivienda y cien detalles más que sería largo enumerar.

En posesión de todos esos datos, el médico naturista se hace cargo del sistema de vida del paciente. Eso, unido al examen del enfermo, da una idea cabal de la afección que padece y así se podrá establecer un tratamiento eficaz, un tratamiento de fondo que se dirige a la raíz misma de la enfermedad. Así se explica como el naturismo logra curar todas las enfermedades.

Hemos dicho que el naturismo cura todas las enfermedades, pero no todos los enfermos. Hay pacientes que han dejado avanzar el mal hasta tal punto que su fuerza defensiva ha quedado prácticamente agotada. Es fácil comprender que en esos casos no pueda esperarse éxito alguno. Pero la curabilidad o incurabilidad no dependen de la naturaleza de la enfermedad, sino de la naturaleza del enfermo. En esto, como en muchos otros conceptos fundamentales, el naturismo difiere por completo de la pseudo-ciencia alopática.

Por ejemplo, hay enfermos de cáncer que pueden curar perfectamente, porque en su cuerpo hay aún suficiente reserva vital. En cambio hay enfermos que padecen de resfrío de nariz que no curan, porque el esfuerzo curativo espontáneo de la Naturaleza no puede hacerse por agotamiento.

Aquí llegamos al concepto unitario de las enfermedades, que es básico para el naturismo: La enfermedad es una sola y la causa que la produce es solamente una.

La pseudo-ciencia alopática se ocupa del diagnóstico exacto de las enfermedades; se ocupa de ellas como de entidades reales, bien determinadas, causadas casi siempre por microbios, que es necesario individualizar bien para asestarles un golpe mortal. Es impresionante el cúmulo de medios diagnósticos que dispone la alopatía. Existen aparatos costosísimos y complicados, únicamente al servicio del médico que quiere averiguar el nombre de la enfermedad, para así ponerle el rótulo correspondiente.

Lo notable del caso -y que muchas veces el público ignora- es que tanta sutileza de diagnóstico sólo sirve para sembrar más confusión entre los médicos. Exceptuando las enfermedades más vulgares, es difícil encontrar dos diagnósticos iguales ante un mismo caso.

Basta ver los informes de los médicos legistas en tribunales, los resultados de las juntas médicas (máxime cuando se trata de “eminencias” los que las componen) y por último las autopsias, que demuestran muchas veces que el diagnóstico que llevaba el enfermo sólo le sirvió al médico para lucirse en la cátedra o ante la sociedad científica.

LAS ENFERMEDADES AGUDAS

Veamos el mecanismo y significado de las enfermedades agudas y después de las crónicas. Volvamos a nuestro ejemplo anterior, de la persona que sufría periódicamente molestias banales y que un día presenta una gripe o una bronconeumonía.

Para el naturismo, cualquiera de las enfermedades agudas es una crisis por la cual el organismo trata de desembarazarse de tantas sustancias morbosas que lentamente se han ido acumulando en el cuerpo. Como los emuntorios naturales (intestinos, riñones, piel y pulmones) no dan abasto para eliminarlas, el cuerpo decide quemar todos esos residuos. Se produce entonces un verdadero "incendio", cuya manifestación más importante es la fiebre.

Como vemos, la enfermedad aguda febril es considerada por el naturismo, no como un proceso perjudicial, sino todo lo contrario, altamente beneficioso, ya que da ocasión a que el cuerpo se depure y limpie. Rigurosamente hablando, podemos decir que la enfermedad febril no necesita ser curada, porque ella de por sí es una curación.

No hay nada más maravilloso, para el que sabe observar, que el proceso que sigue el enfermo atacado por una afección febril. Todos los órganos del cuerpo y todas las defensas de los distintos tejidos, se ponen incondicionalmente al servicio de la batalla que se está librando, no entre los microbios y el cuerpo (como creen pintorescamente los alópatas) sino entre las sustancias morbosas (es decir los desechos orgánicos acumulados) y los tejidos encargados de quemarlas.

Todo el organismo se transforma en un verdadero horno crematorio, en que se van incinerando las basuras que él mismo ha ido acumulando con la alimentación errónea y un sistema de vida antinatural

¿Cuál es el resultado de esa batalla?

Si el paciente no tiene afectado ninguno de sus órganos vitales; es decir si el hígado, el riñón, el corazón, los pulmones e intestinos no presentan lesiones importantes (ya sean hereditarias o adquiridas), el resultado es favorable. El enfermo triunfa ampliamente. Así vemos que una vez quemados todos los residuos, cae la fiebre, se normalizan la temperatura y el pulso, renace el apetito y se entra en una pronta convalecencia.

Ahora bien, si el enfermo padecía anteriormente una insuficiencia o cualquier otra falla orgánica, el resultado es dudoso. La lucha se hace desigual y no pocas veces el cuerpo sucumbe, porque la tarea era muy superior a su capacidad.

Una enfermedad abandonada a sí misma, cura en la gran mayoría de los casos. Es el esfuerzo curativo espontáneo de la Naturaleza que triunfa, siempre que no esté agotada la reserva vital. De allí la importancia de una vida higiénica y sana, que mantenga intacta esa reserva vital, que es la única y verdadera defensa con que podemos contar en los casos de enfermedad.

El naturismo insiste en la importancia básica de este punto y que la sabiduría popular ha consagrado con el aforismo: "Mas vale prevenir que curar".

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EL PAPEL DEL MEDICO NATURISTA

Hemos dicho que la enfermedad tiende a curar espontáneamente. Esto no significa que el médico esté demás, pues frente al proceso patológico hace falta una persona capacitada que ayude a la defensa, corrigiendo los desvíos y la exageración de algunos síntomas.

La fiebre, por ejemplo, síntoma útil que indica la intensidad de la quemazón que ocurre en la intimidad de los tejidos, puede elevarse demasiado y constituir un peligro para algunos órganos nobles que sufrirían lesiones orgánicas por el exceso de temperatura.

Ahí está el médico naturista que hace descender a fiebre con aplicaciones hidroterápicas: baños templados, fricciones frías, envolturas, etc. Es asombroso ver cómo baja la fiebre con una simple aplicación hidroterápica, sin necesidad de recurrir a medicamentos antifebriles, de los cuales tanto uso y abuso se hace hoy día, con gravísimo peligro para el enfermo, pues inhiben las defensas orgánicas, atentando contra la reserva vital que ya mencionamos.

No es aventurado asegurar que la gran mayoría de las defunciones que se observan entre dichos enfermos, obedecen al tratamiento equivocado a base de sueros, vacunas y químicos en general, que lejos de curar la enfermedad, la agravan, ya que agregan el lastre de su toxicidad a la pesada tarea que cumple el organismo en lucha.

El shock que busca el médico alópata con el uso de antifebriles, no es más que un efecto inhibitorio. Sería en términos populares, el garrotazo que se aplica al individuo que se está defendiendo y que lo inhabilita para seguir luchando.

El naturismo, cumpliendo con su deber moral, sigue llamando la atención del público y de los médicos responsables que quieran entenderlo, acerca del funesto uso de los antifebriles en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Cualquier persona curada por el naturismo de una afección febril ha podido observar después de la enfermedad, que se siente orgánica y funcionalmente mucho mejor que antes de enfermar.

La explicación es muy sencilla.

Durante los días que ha durado la fiebre, se han quemado todos los residuos y desechos orgánicos que trababan el libre juego de sus funciones. La depuración ha sido amplia, ya que mientras tanto no ha tomado ningún alimento -el cual sólo hubiera servido para entorpecer la marcha de la enfermedad- y no ha bebido más que agua en abundancia -o jugos de frutas, según el caso- que es un refrescante para el cuerpo y un vehículo para la pronta eliminación por los emuntorios de los restos de la lucha.

Podemos decir sin jactancia, que el naturismo cura el 100% de las enfermedades infecciosas agudas y -lo que es más interesante- sin complicaciones ni secuelas de ninguna especie. Así lo demuestran las estadísticas de sanatorios y hospitales naturistas, que los hay numerosos en Europa y Estados Unidos, y la práctica diaria de los médicos naturistas. Pero para obtener ese 100% de éxito, es necesario -como dijimos antes- que el enfermo no tenga fallas orgánicas y que su enfermedad haya sido tratada por el naturismo desde el primer momento.

A decir verdad, las enfermedades agudas han disminuido notablemente en los últimos tiempos. Ya no se ven aquellas grandes epidemias que asolaban países enteros. Este logro no podemos atribuirlo al uso de sueros, vacunas o drogas químicas, sino a los progresos de la ingeniería sanitaria y a las condiciones de vida más llevaderas de las clases pobres.

Un ejemplo son las ciudades de Río de Janeiro, Guayaquil o Panamá, en que la fiebre amarilla reinaba en forma endémica hasta hace relativamente poco. Y han logrado desterrarla, no con sueros ni vacunas, sino poniendo la región en debidas condiciones sanitarias (desecando pantanos, canalizando terrenos bajos, eliminando basurales, construyendo redes cloacales y de agua corriente, homos crematorios, etc.).

LAS ENFERMEDADES CRONICAS

Pero esta disminución de las epidemias viene a coincidir con un hecho muy alarmante: el enorme aumento de las enfermedades crónicas y degenerativas (cáncer, diabetes, arteriosclerosis, etc.).

Las causas de tal fenómeno deben buscarse en la vida irracional que hoy lleva la humanidad, apartándose cada vez más de la naturaleza. Sería interesante extenderse sobre este punto tan interesante, pero debemos definir qué es la enfermedad crónica y cómo se cura por el naturismo.

Cuando el organismo fracasa en su lucha contra una enfermedad aguda, ésta pasa al estado crónico, si no sobreviene antes la muerte. Este fracaso puede deberse a una mala constitución orgánica (hereditaria o adquirida), o bien a la intensidad de la afección aguda, que ha vencido las defensas orgánicas, o -más frecuentemente aún- al tratamiento equivocado, a base de drogas químicas, sueros y vacunas que sólo consiguen tapar los síntomas, dejando subsistir las causas del mal.

Hablando gráficamente podemos decir que toda enfermedad crónica indica un estado de derrota del organismo, que no ha podido expulsar al enemigo. Este, por lo tanto se encuentra alojado en el cuerpo, donde lleva una vida latente, dando de vez en cuando señales de existencia.

¿Qué debe hacer el médico naturista ante una enfermedad crónica?

La misma naturaleza se lo indica. Hay que ayudar a ese organismo agotado que lucha inútilmente por librarse de la enfermedad. Y la ayuda más efectiva es permitir que el cuadro crónico se transforme en agudo, es decir, reactivar el proceso.

Esas son las crisis curativas que se presentan en casi todos los casos.

El enfermo sometido a un tratamiento naturista se ve sorprendido por la aparición de síntomas muy diversos: dolores de cabeza, neuralgias, tos, expectoración, diarreas, fiebre, etc. Si no ha sido prevenido, podría creer que esas nuevas molestias significan un empeoramiento de su estado general y es por ello que muchos abandonan el tratamiento justamente en el momento en que se nota el despertar de sus defensas orgánicas.

Todo enfermo que inicia un tratamiento naturista debe saber lo que es una crisis curativa y esperarla sin temor; antes bien, con alegría, ya que es la primera señal indicadora del triunfo más o menos próximo.

Los recursos que dispone el naturismo para luchar contra las enfermedades crónicas y degenerativas son numerosos. Es imposible detallarlos aquí porque cada enfermedad es un caso complejamente particular que debe ser tratado como tal. No hay tratamiento aplicable a todos los afectados por un mismo mal, por la sencilla razón que todos los organismos no son iguales y no reaccionan del mismo modo ante el tratamiento.

Decía anteriormente que el naturismo puede curar toda clase de enfermedad, pero no a todos los enfermos. Quiero decir con esto que cualquier mal, por grave que sea su pronóstico, puede curar perfectamente por el sistema natural, siempre que la reserva vital del enfermo no se haya agotado.

Cuanto antes se acuda a la medicina natural, más pronta y segura es la curación. Desgraciadamente la mayoría que lo hace, son enfermos que han recorrido infinidad de consultorios y hospitales, donde han seguido tratamientos aberrantes a base de drogas químicas, que no han hecho más que intoxicar su sangre y empeorar su estado general Así y todo, el naturismo logra éxitos frecuentes y resonantes.

LA TERAPEUTICA NATURISTA

El puesto de honor en la terapéutica naturista lo ocupa el régimen alimenticio. Ya lo dice el aforismo de Hipócrates: "Que tu alimento sea tu medicina". Son grandes las ventajas que se obtienen con una dieta apropiada a cada caso individual. Cuando se busca una desintoxicación rápida y compleja, se acude al ayuno, arma muy eficaz pero de doble filo, que debe ser prescrita y fiscalizada por el médico.

Menos riguroso es el régimen desintoxicante a base de frutas y ensaladas crudas. Hay menús especiales para cada tipo de afección, pero en todos se excluye por completo la carne de cualquier clase que sea, así como fiambres, conservas y todo otro producto cadavérico. Demás esta decir que se prohíbe el alcohol y la cafeína. Se permiten en cambio los jugos de frutas y las infusiones. La dietética naturista es muy vasta e interesante, pero eso es tema para otra ocasión.

Además del régimen alimenticio, la terapéutica naturista cuenta con el recurso de los elementos naturales: sol (helioterapia), aire (aeroterapia), agua (hidroterapia), barro (lutoterapia), etc.

El sol es el más importante de estos elementos.

El médico debe determinar quién puede tomar baños de sol y de que modo. Hay enfermos -felizmente una minoría- que no pueden ni deben tomar baños de sol, otros que deben seguir una técnica muy especial. La mayoría -sin embargo- puede beneficiarse de los rayos solares, sin más cuidado que el elemental: aumento progresivo, proteger ojos y cabeza, etc.

En segundo lugar esta el aire.

Es evidente que el hombre moderno ha llegado a atrofiar la piel, dificultando su normal funcionamiento, a causa de sus vestidos poco permeables al aire. La piel del hombre moderno respira mal y transpira insuficientemente, lo cual provoca una retención de sustancias tóxicas en la sangre y un recargo en el trabajo eliminador del riñón y los pulmones. Los baños atmosféricos también tienen una técnica especial y pueden ser prescritos a casi todos los enfermos, con muy pocas excepciones.

La hidroterapia, o sea la aplicación del agua, ocupa el tercer lugar en la terapéutica naturista.

Los empíricos del siglo pasado han abusado un poco del agua como agente curativo. Contra tal exceso ya se han levantado voces autorizadas previniendo a los inexpertos. Hay que recordar que el hombre es una criatura del aire más que del agua. Sin embargo, aplicada prudentemente, el agua no ha dejado de ser un elemento importantísimo y de reconocida eficacia. Hay cien formas distintas de emplearla: duchas, baños de vapor, envolturas, fricciones, compresas, fomentos, irrigaciones, etc.

Hay otros recursos terapéuticos que no deben ser despreciados ni relegados al olvido. Me refiero a la electroterapia, la gimnasia, los masajes, las aplicaciones de arcilla, la fitoterapia (el uso medicinal de las plantas), la psicoterapia, la sugestión, la musicoterapia, la osteopatía, el magnetismo, la cromoterapia (curación por los colores), etc.

PARA QUIENES SE ACERCAN AL NATURISMO

Algunas personas, al sentirse enfermas, no consultan al médico y se conforman con leer en algún libro de medicina naturista sobre el tratamiento que corresponde a su mal. A veces logran algún éxito, pero con frecuencia fracasan.

Siempre las indicaciones de los libros se hacen en forma general, sin tomar en cuenta las condiciones individuales. Es indispensable entonces consultar a una persona autorizada.

Desgraciadamente en nuestro país son escasísimos los médicos diplomados que se dedican a la medicina naturista. A falta de ellos, hay muchos que se dedican al arte de curar sin poseer formación habilitante. Algunos pocos pueden ser considerados competentes por su capacitación y la práctica en contacto diario con el enfermo.

Pero la mayoría son empíricos, no tienen noción de lo que es el cuerpo humano y se creen capaces de curar por el solo hecho de haber leído libros de medicina natural. Esto individuos inescrupulosos -que han encontrado en el naturismo un medio cómodo para ganar dinero fácilmente- causan verdaderos desastres entre los incautos enfermos que caen en sus manos. Así es como desprestigian al movimiento, restándole seriedad

El enfermo que se pone bajo la dirección del médico naturista, debe depositar en él su entera confianza. Debe seguir fielmente sus instrucciones, no dejándose influenciar por consejos de familiares o amigos, que ignorando en absoluto lo que es el naturismo, generan una alarma perjudicial. En la mayoría de los casos, el enfermo sometido al tratamiento natural baja de peso. Esto hace pensar a quienes lo rodean, que está desmejorando o empeorando. La realidad es muy distinta.

El enfermo pierde peso al principio porque su organismo se libra de una gran cantidad de sustancias tóxicas y morbosas que se han acumulado en su cuerpo a través de los años. Esas sustancias nocivas se remueven y son expulsadas del organismo gracias a la acción depuradora del sistema natural. Esa pérdida de peso, lejos de alarmar, debe alegrar al enfermo, ya que es el primer paso hacia la curación.

La prueba está que al mismo tiempo que pierde peso, el enfermo suele notar mayor agilidad, vigor y alegría de vivir, índice de la renovación vital que experimenta. Además, esa pérdida de peso no es definitiva. A medida que adelanta el tratamiento, el enfermo va normalizando su estado; así se observa que los que antes eran delgados, engordan, y los obesos adelgazan.

Otra cosa a tener en cuenta son las crisis curativas. Los que inician un tratamiento naturista suelen experimentar al principio un empeoramiento aparente: cansancio, malestar, congestión, diarrea, escalofríos, erupciones de piel, etc. Estas perturbaciones traducen el esfuerzo del organismo por librarse del mal.

De ahí su nombre: crisis curativas. Quienes no están prevenidos creen que empeoran y a veces abandonan el tratamiento. Grave error, porque justamente la aparición de la crisis curativa es la primera señal de la lucha que libra el cuerpo para desalojar el mal. El enfermo debe alegrarse de su llegada.

El sistema de curación natural, más que ningún otro, requiere estrecha colaboración entre médico y enfermo. Por lo tanto es necesario que este último adquiera cultura naturista, para tener un concepto claro del tratamiento que está llevando a cabo y poder así interpretar sus alternativas y ver reaparecer poco a poco la salud perdida.

Plazo fijo de curación no puede dársele a nadie. Las enfermedades agudas se curan rápidamente, pero las crónicas requieren un plazo de semanas, meses y a veces años, según la gravedad y la cantidad de drogas que haya recibido el cuerpo. De lo que sí se puede estar seguro el enfermo es que: lo que el naturismo no cura, nada lo cura.

Conferencia pronunciada por el Dr. Jaime Scolnik, conocido médico naturista cordobés.

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Martha Magnin * FITOTERAPEUTA *

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