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Una solución al crecimiento de los tumores cancerígenos

Antonio Brú: “Aquí no se valoran 13 años de estudio intenso, sino el título de oncólogo”

No es médico ni oncólogo, pero Antonio Brú, físico y profesor de Matemáticas, ha osado lanzar una solución al crecimiento de los tumores cancerígenos. La clase médica se le ha echado encima, pero el Ministerio de Sanidad permite el uso compasivo de su descubrimiento y la Universidad Complutense promueve un ensayo clínico en el que participarán 25 pacientes.

Les han llovido felicitaciones, pero algunos de sus puestos de trabajo peligran. Les llegan pacientes a miles, esperando a su puerta como en peregrinación, pero el corporativismo médico/oncológico les amenaza e insulta. Antonio Brú (Madrid, 1962), doctor en Física y profesor de Matemáticas en la Universidad Complutense, dirige desde hace 13 años un equipo de científicos que, investigando "a golpe de calcetín" (sin un duro), está 100% seguro de haber hallado la vía de curación del cáncer.

¿Cómo? Data del 98 la primera publicación en la que Brú demuestra que existe un patrón matemático en el crecimiento tumoral sólido (excluye leucemia y linfáticos), que se describe a través de una ecuación.

Le quedaba por descubrir cómo anular esta estrategia de crecimiento. Sus estudios le condujeron a un leucocito llamado neutrófilo, cuya estimulación en el cuerpo humano es cosa de niños: basta con aplicar un potenciador de las colonias de los mismos granulocitos, el G-CSF, un medicamento de uso hospitalario sin efectos colaterales observados. Después de acertados resultados in vitro, sobre tejidos y sobre animales, el pasado junio publican el primer caso de remisión de cáncer humano, un melanoma.

Un segundo caso está a punto de ser publicado y en un año se habrá rematado el primer ensayo clínico sobre 25 pacientes con hepatoma (cáncer de hígado). Pero el tiempo no corre igual para todos: cientos de personas desahuciadas prueban ya la fórmula, inocua, con la complicidad de sus médicos: basta con pedir su uso compasivo al Ministerio de Sanidad.

Antonio Brú llega esta mañana a la facultad con cierto retraso (atasco mediante) y mucho sueño. Viene del Proyecto Europeo de Modelización del Cáncer, organizado por la UE en Tenerife. Una semana de sesiones intensivas que no han impedido que su trabajo se prolongara hasta muy avanzada la madrugada. Son las nueve de la mañana y el profesor se desayuna con dos cafés compulsivos.

P.Estudiaba el comportamiento geométrico de la arcilla y, de la arcilla, llegó al cáncer. ¿Cómo se explica semejante salto?

R.Estudiaba la propagación de frentes en suelos arcillosos, las características geométricas del borde, y lo que hice fue aplicar las mismas herramientas físicas y matemáticas a los tumores para ver si podía extraerse algún tipo de tendencia o información del crecimiento tumoral, un asunto del que prácticamente no se sabía nada.

P. Creo que su interés personal por la oncología nació a raíz de la muerte de su abuela, debido al cáncer, un suceso bastante corriente. ¿Qué fue lo que tanto le impactó?

R. La medicina me ha interesado siempre y no sé por qué te surgen las preguntas, pero un día que estaba en mi despacho y me dije: ¿por qué hay una equis tan grande en todo lo referente al cáncer, cómo es posible que no se sepa nada sobre un asunto tan natural cuando los físicos estamos extrayendo información de sistemas tan complejos? Luego, se ha magnificado lo de mi abuela, que indudablemente siete años de enfermedad te hacen pensar.

P. Es decir, que no se le ocurrió probar con las defensas naturales del organismo por pura lógica matemática (quieres matarme, yo me defiendo, en qué proporción), sino que todo empezó investigando el crecimiento tumoral, ¿correcto?

R. Lo primero que descubrimos y que publicamos en el 98 fue que existía un patrón matemático de crecimiento tumoral, o sea, que los tumores sólidos se comportaban de una determinada manera que podía ser descrita con una ecuación matemática. Lo que estaba haciendo era un ejercicio de física:

  • describir un proceso natural por medio de las matemáticas.
    Esto chocaba mucho con los resultados que había hasta entonces, que consideraban que cada tipo de cáncer era distinto y se propagaba de distinta manera según el código genético de la persona.
  • El segundo planteamiento fue descubrir una estrategia para anular ese mecanismo de crecimiento, y así llegamos a la potenciación de un determinado leucocito, el neutrófilo.

P. ¿Y cómo se formula esa ecuación maravillosa?

R. No, lo importante no es la fórmula, sino la utilidad de las matemáticas para establecer el crecimiento tumoral y la respuesta del organismo. En el fondo es un ejercicio de lógica y biología pura.

P. ¿Con qué autoridad rebate frente a los oncólogos cuando éstos afirman, por ejemplo, que el cáncer no es una enfermedad, sino un grupo de ellas? ¿Qué sabe usted de oncología?

R. Me siento bastante autorizado porque creo en mi trabajo, porque tenemos una experimentación enorme que lo avala y que lo hace consistente. Ahí radica mi autoridad para defenderlo, lo cual no significa tener razón: yo creo en la discusión científica. Nuestra descripción del proceso tumoral y de la respuesta inmunológica es muy compatible y rigurosa.

P. ¿Cuánto tiempo le ha dedicado a esto?

R. Llevo 13 años estudiando e investigando este asunto a razón de 12 a 15 horas, siete días a la semana. Necesitaba entender los mecanismos básicos de la inmunología y la oncología; es decir, la biología del proceso, y la clínica, no bastaba con desarrollar el aparato matemático. Y esto exige mucho estudio. He tenido la fortuna de poder crear un equipo pluridisciplinar, donde han intervenido biólogos moleculares, inmunólogos, anatomopatólogos, clínicos, físicos... Y para dirigirlo tengo que entender bien todas las vertientes: modelización matemática, experimentación in vitro, sobre tejido, animal, genética y clínica; y todo esto "a golpe de calcetín".

P. Se ha dicho que es un equipo formado por personas de su círculo personal, un médico de familia y un gastroenterólogo entre ellos. ¿Qué tienen en común estas especialidades con la oncología?

R. No tener dinero para pagar (calcetín) implica pedir gastroenterólogo personales, y de ahí que algunos (dos) sean gente de mi círculo, sí, que tienen la curiosidad suficiente para trabajar por amor al arte. Estos médicos son, las dos, premio extraordinario en licenciatura y doctorado, que han hecho su tesis en oncología, trabajando en hospital. Lo que ocurre es que aquí se funciona con tarjetas y no se valoran 13 años de estudio intenso de una disciplina, sino el título de oncólogo. No soy oncólogo ni clínico, pero tengo derecho a hablar como científico. Es como si hablo de las arcillas y un hidrogeólogo me dice que no tengo autoridad. Eso no es más que una paletada, típica.

P. Doctor, ¿no es un poco inconsciente publicitar un hallazgo sin haber cumplimentado toda la investigación pertinente?

R. Hemos seguido el proceso científico de cualquier terapia, el case report. El primer salto que se da de la investigación animal a la clínica no puede hacerse sobre una muestra de 500 personas, ni siquiera 25, eso sí es inconsciente. Se ensaya sobre una, dos o tres personas, y eso se publica; nosotros lo hicimos en el Journal of Clinical Research. Luego viene el ensayo clínico. Al publicar el primer resultado estás brindando tu hallazgo a la comunidad científica, cualquiera puede seguirlo y ensayarlo. Mira, llevo tres meses esperando oír una razón científica que demuestre que esto es inválido: todo lo que se aduce son descalificaciones personales, y esto es bastante indicativo para un científico; me da más seguridad en mi trabajo.

P. Están poniendo en marcha un primer ensayo clínico, ¿cuándo se conocerán los resultados? ¿Quién lo financia? ¿Sobre cuántos y qué tipo de pacientes lo harán?

R. Se hará en el Ramón y Cajal sobre 25 pacientes de hepatocarcinoma, hemos pasado el primer comité médico (mañana se someten al segundo). Lo promueve la Universidad Complutense, que se ha encargado de recolectar fondos entre diversas propuestas que han tenido. Hemos trabajado con muchísima rapidez en la presentación del protocolo, algo muy complicado sin tener un laboratorio detrás. Espero que se sepa valorar este esfuerzo, que es una respuesta a la demanda social. Aunque la terapia sólo dura ocho semanas, luego hay que esperar unos meses para ver la resolución completa de las lesiones. En menos de un año tendremos los resultados cerrados. Paralelamente estamos trabajando para poner en marcha otros ensayos.

P. Mientras, las consultas oncológicas se han desbordado con peticiones de su tratamiento, ¿qué le dice su conciencia? ¿Usted las tiene todas consigo? ¿Es lícito investigar a base de crear expectativas de vida no del todo contrastadas?

R. Las tengo conmigo al 100%. Somos un grupo científico serio con una trayectoria y publicaciones muy avaladas, que hemos hablado en foros de medio mundo. El problema de conciencia me lo hubiera causado callarme este hallazgo y que nadie pudiera aprovecharlo para ir más rápido que nosotros. Con la publicación de este resultado se ha abierto la esperanza de mucha gente.

P. El tratamiento se está recetando desde centros que no controlan, ¿no le da miedo?

R. Hemos tenido muy buena respuesta de muchos hospitales en toda España. Evidentemente, la situación se ha desbordado: nosotros hemos contestado a más de 6.000 peticiones. A la gente que lo pide le estamos diciendo que este resultado es esperanzador, pero todavía incipiente, que hay que esperar. Por tanto, no se debe aplicar a quienes tengan buenas posibilidades con otras terapias, sin embargo, en el caso de los que están desahuciados, ¿quién es nadie para impedírselo?

P. ¿Contar con casos desahuciados no es jugar con ventaja?

R. Yo no le veo ninguna mala lectura. ¿Es jugar con la gente publicar los primeros resultados de un cóctel de quimioterapia, aunque luego esa terapia se cierre porque no tiene efecto? Lo que no es ético es cerrar un camino de investigación.

P. ¿Sabe usted qué efecto podría tener este tratamiento a largo plazo?

R. No hay ninguna evidencia científica que haga sospechar un efecto secundario a largo alcance. Y además, no vamos a desechar un tratamiento para pacientes desahuciados porque dentro de 40 años le pueda producir un efecto secundario. Todo tiene efectos secundarios: de la quimioterapia, directamente, se muere gente. Actualmente existen en España 150.000 pacientes de cáncer de los que anualmente mueren 100.000. ¿Estamos en condiciones de no aprovechar cualquier oportunidad para reducir ese porcentaje? En este país, uno de cada tres hombres y una de cada cinco mujeres va a desarrollar cáncer a lo largo de su vida: son datos de la Sociedad de Oncología de junio.

P. ¿Por qué el laboratorio fabricante del factor estimulante de colonias de neutrófilos no le ha apoyado?

R. Yo no entro en la política de los laboratorios. Queremos financiación pública para experimentar.

P. A los pacientes que así lo soliciten se les concede el tratamiento a modo de uso compasivo de un fármaco en principio no indicado, ¿en qué consiste este uso?, ¿por qué se le da este nombre tan elocuente?

R. Cuando hay pacientes terminales sin tratamiento convencional alternativo, se emplean mecanismos legales que permiten emplear sustancias no específicas. Es comparable a la medicina paliativa.

P. Si está plenamente convencido de que va a acabar con el peor mal endémico de nuestra sociedad y lleva la solución definitiva a dos años. ¿Cómo logra conciliar el sueño?

R. No estoy plenamente convencido de nada, sólo de que los experimentos han ido y están yendo muy bien. Se nos ha presentado como gladiadores: triunfo o muerte, ¡es la buena actitud científica en España! Nosotros avanzamos por un camino, que va ratificando nuestra teoría de crecimiento tumoral y respuesta inmunológica. Cualquier cosa que se consiga es enorme, pero hay que tener cautela: estamos esperanzados, aunque no hemos dado ni una sola muestra de exceso de confianza. Tenemos problemas con el sueño, sí, pero porque trabajamos mucho.

P. ¿Con qué soñaba cuando era niño?, ¿qué quería ser?

R. No lo recuerdo, más que soñar me gusta leer, es el camino para llegar a un sitio distinto.

La dirección electrónica de Antonio Brú: bru@mat.ucm.es

Otros que lo intentaron

Luigi di Bella: este oncólogo italiano aseguraba que la mezcla de vitaminas A, E, betacaroteno, bromocriptina, melatonina y somatostatina frenaba los tumores malignos. Un estudio con cerca de 1.000 enfermos constató que el cóctel no servía para nada.

CSIC: en 1997, científicos españoles probaron en animales un compuesto llamado “edelfosina” capaz de provocar el suicidio de las células cancerosas. Nunca se constató su eficacia en humanos.

Rafael Chacón: su “Bio-Bac”, una mezcla de proteínas con actividad enzimática, prometía curar el cáncer y el sida. Fue retirado del mercado por las autoridades sanitarias españolas.

Laetrilo (vitamina B 17): surgido en los 70, el compuesto se derivaba del hueso del albaricoque y de ciertas semillas (una forma purificada de la amigdalina). Sus fabricantes quisieron hacer ensayos clínicos que demostraran su excelencia, pero la agencia del medicamento de EEUU rechazó la petición. Por Patricia Matey

Dos casos como dos milagros

Los casos de remisión de tumores fueron presentados por la prensa como si de dos milagros se tratara. Tras la experimentación animal, recibieron muchas peticiones entre la comunidad científica para que probaran con familiares o amigos.

Se embarcaron a mediados de enero de 2004: una mujer de 34 años, cuñada de un conocido dermatólogo, que padecía un melanoma en estadio cuatro: desahuciada. “Él pidió el uso compasivo y le hicimos el seguimiento, que a su vez supervisaban otras clínicas.

En marzo acabó el tratamiento y un año después le dieron como remitida la enfermedad: los tumores han desaparecido y las lesiones se han resuelto”. Ese mismo año, un amigo les llevó un caso de hepatocarcinoma con una esperanza de vida de tres meses.
Al acabar el tratamiento, los marcadores tumorales y la calidad de vida del paciente eran realmente buenos.

por Elena Pita fotografía de Luis de las Alas

Fuente:www.elmundo.es/magazine/

Si quieres Ayudar Firmar MANIFIESTO (ver)

MANIFIESTO A FAVOR DE:

• LA COMPROBACIÓN INMEDIATA MEDIANTE ENSAYOS CLÍNICOS RIGUROSOS DE LA POSIBLE EFECTIVIDAD DE LA TERAPIA APLICADA POR EL EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DIRIGIDO POR EL DR. ANTONIO BRÚ ESPINO.

• LA AUTORIZACIÓN POR LA AGENCIA ESPAÑOLA DEL USO COMPASIVO DEL MEDICAMENTO EMPLEADO EN DICHA TERAPIA CUANDO ASÍ SE LE SOLICITE SIGUIENDO LOS TRAMITES ESTABLECIDOS LEGALMENTE.

Tras los recientes descubrimientos publicados por el equipo de investigación del Dr. Antonio Brú Espino en el mes de mayo en la revista Journal of Clinical Research (vol. 8, 2005, págs. 9 – 13) bajo el título “Regulation of neutrophilia by granulocyte colony-stimulating factor: a new cancer therapy that reversed a case of terminal hepatocellular carcinoma”, y que fueron ampliamente divulgados en una gran cantidad de medios de comunicación del país, todos los abajo firmantes queremos manifestar y solicitar a las autoridades competentes en la materia del Gobierno Español lo siguiente:

* Que se realicen cuanto antes todos los trámites legales y sanitarios necesarios para que el paso de la terapia experimental descrita al nivel de ensayo clínico se haga con todas las garantías y celeridad.

* Exigimos que los ensayos clínicos subsiguientes para que la teoría referenciada y su propuesta terapéutica puedan ser ampliamente aceptadas, se diseñen, controlen y ejecuten con todo el apoyo gubernamental posible, económicamente y en lo que a plazos de realización se refiere.

* Rechazamos de plano la controversia irracional y sin argumentos científicos, y que en un caso como éste impide recorrer caminos abiertos con cierta esperanza, sea cual sea el resultado final.

* No estamos a favor del uso masivo de la terapia referenciada en este manifiesto mientras no se haya comprobado suficientemente su eficacia, pero:

* Exigimos que la Agencia Española del Medicamento (Ministerio de Sanidad) permita a aquellos pacientes oncológicos que así lo soliciten (a través de sus médicos y directores médicos de los centros donde se tratan) el uso compasivo del medicamento empleado en la investigación llevada a cabo por el equipo del Dr. Brú (factores estimuladores de colonias para humanos G-CSF).

* Creemos que es especialmente flagrante la negativa a autorizar el uso compasivo de G-CSF (ya sea por los médicos oncólogos, por las direcciones de los centros sanitarios, o por la Agencia Española del Medicamento) a aquellos pacientes que ya han sido desahuciados por sus oncólogos para los tratamientos convencionales, pero a los que, sin embargo, se les ha predicho un tiempo de vida razonablemente largo para la aplicación del tratamiento experimentado por el equipo del Dr. Brú.

* Pedimos a todas aquellas personas de la Administración española que deben intervenir en estos procesos que traten de ponerse en el lugar del enfermo, de sus familiares y amigos (lugar en el que no deben excluir que puedan encontrarse en el futuro), y consideren si realmente puede ser ético y humano negar:

1.- el desarrollo del estudio clínico, y
2.- la aplicación compasiva de la nueva terapia en los pacientes que lo solicitan. Sobre todo teniendo en cuenta que en varios medios de comunicación se nos ha dado a conocer la total disposición a la plena colaboración de los investigadores autores de la experiencia publicada.

Si quieres informarte mejor, puedes descargarte un resumen informativo sobre las investigaciones de Antonio Brú.

Fuente: www.terapia-cancer.org/recogida-firmas.php


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