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Solo la verdad trae la libertad

La verdad es lo único que realmente nos libera, ni las especulaciones, ni las conclusiones, sino únicamente la percepción de lo que es verdadero.

Lo verdadero es lo "factual"; y somos incapaces de atender a lo "factual" cuando lo encaramos con las conclusiones, prejuicios y experiencias de cada uno.

Durante estas disertaciones, si es que puedo sugerirlo, deberíamos tratar de oír no sólo lo que se dice verbalmente, sino su contenido profundo; deberíamos tratar de descubrir por nosotros mismos la verdad de las cosas.

Ahora bien, la verdad sólo puede descubrirse cuando no perseguimos forma alguna de distracción; y casi todos nosotros queremos que se nos distraiga.

Como la vida con todas sus luchas, problemas, guerras, crisis económicas y querellas de familia, resulta un poco excesiva para nosotros queremos en esta conferencia un poco como distracción.

Mas la distracción externa o interna, no nos ayudará a comprendernos a nosotros mismos.
La distracción, ya sea con la política, la religión, el saber, las diversiones, o persiguiendo lo que llamamos la "verdad" por estimulante que sea el momento, al final embota la mente, la encierra la circunscribe y la limita.

Las distracciones son tanto internas como externas. Las externas las conocemos bastante bien; por poco que seamos reflexivos, a medida que envejecemos empezamos a reconocerlas. Pero aunque descartemos las distracciones obvias, es mucho más difícil comprender las del fuero íntimo.

Y si de estas reuniones hacemos simplemente una nueva forma de distracción, un nuevo estímulo, temo que ellas tengan muy poco valor para la comprensión de uno mismo, que es de primordial importancia.

Es por eso que uno debe comprender todo el proceso de la distracción; porque, mientras la mente esté distraída, busque un resultado, procure evadirse mediante el estímulo o la así llamada inspiración, ella es incapaz de comprender su propio proceso. Y si es que hemos de pensar a fondo cualquiera de los innumerables problemas a los que hace frente cada uno de nosotros, resulta esencial conocer en su totalidad el proceso de nuestro pensamiento. ¿ No es así? El conocimiento propio no puede en modo alguno ser el resultado, una consecuencia del estímulo o la distracción.

Por el contrario, la distracción, el estímulo y la así llamada inspiración, no hace más que alejar a uno del problema central. Por cierto, sin conocerse uno a sí mismo fundamentalmente, radical y profundamente, sin conocer todas las capas de la conciencia, tanto las superficiales como las profundas, no existe base alguna para pensar.

¿No es así? Si no me conozco a mi mismo ¿qué bases tengo para pensar?
Y, para conocerse a uno mismo, ninguna forma de distracción es útil.

Sin embargo, a la mayoría de nosotros nos interesan las distracciones.

Nuestras actividades religiosas, políticas, sociales y económicas, nuestra búsqueda de instructores, cada cual con su idiosincrasia, nuestra persecución de lo que llamamos saber, todo eso es evasión; esas cosas evidentemente son distracciones que a uno lo alejan del problema central: conocerse a sí mismo.

Aunque a menudo se haya dicho que es esencial conocerse a sí mismo, en realidad dedicamos muy poco tiempo o pensamiento al asunto; y sin conocerse uno a sí mismo, cualquier cosa que pensemos o hagamos tiene inevitablemente que conducir a mayor confusión o desdicha.

Fuente: J. Krishnamurti - Ed. Kier


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