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La ANOREXIA NERVIOSA,, y BULIMIA

ANOREXIA NERVIOSA, BULIMIA

¿Delgadez ó desnutrición?

La Anorexia es un fenómeno que afecta casi exclusivamente a mujeres, especialmente en edad adolescente. Aunque esta enfermedad se muestra a nivel externo, su tratamiento es esencialmente psicológico y psiquiátrico.

Síntomas de la anorexia

+ Dietas rígidas que causan pérdidas de peso excesivas.

+ Falta de menstruación. En los casos en que la anorexia aparece antes del inicio de las reglas, la menstruación se retrasa.

+ Piel seca, áreas de calvicie en la cabeza.

+ Estados de depresión, irritabilidad, hostilidad. Sentimientos de culpa.

+ Percepción falsa del cuerpo (la persona cree estar gorda cuando en realidad sucede lo contrario).

+ Rituales y manías extrañas con las comidas.

+ Ejercicio excesivo.

+ Abuso de laxantes y pastillas para adelgazar.

+ Provocación de vómitos.

+ Introversión, perfeccionismo y rechazo de las amistades y relaciones.

+ Autocontrol muy rígido, en el que la persona encuentra orden y seguridad.

+ Negación del problema de salud.

+ Miedo a la independencia, a la intimidad y a las responsabilidades adultas.

+ Sentimientos de pureza, castidad, poder y superioridad.

+ Trastornos de la sexualidad.

Síntomas de la Bulimia

+ Ganas desaforadas de comer sin que en realidad haya apetito.

+ Crisis que se repiten tras los ayunos, la toma de laxantes, o la inducción del vómito.

+ Desnutrición en las anoréxicas-bulímicas y obesidad en las bulímicas simples. Otras mujeres con bulimia pueden tener un peso correcto. Entonces es muy difícil detectar la enfermedad, que aparece bajo los síntomas de una baja valoración de sí misma y de tendencias depresivas.

+ Amígdalas hinchadas bajo la mandíbula.

+ Caries y pérdida de algunas piezas dentarias.

+ Temblores, visión borrosa, pulso irregular.

+ Problemas intestinales y estomacales variados.

+ Peso fluctuante debido a la alternancia de grandes comilonas con dietas restrictivas.

+ Deseo de que los demás aprueben sus ideas.

+ Relaciones sociales alternas (introversión-extroversión).

+ Pérdida de control y miedo a no ser capaz de parar de comer.

+ Conciencia de que la actitud frente a los alimentos no es normal.

+ Perfeccionismo y ganas de complacer a los demás. El alimento es el único producto que alivia los disgustos, que relaja y permite escapar de los problemas de la vida diaria.

Consejos prácticos

+ En tu vida diaria puedes hacer multitud de actividades y cosas que, además de ser un medio de diversión, te servirán para mejorar tu estado emocional y tísico. Trata de realizar algunas de las que te proponemos y recuerda que no engordan.

+ Escucha tu música favorita.

+ Mira una puesta de sol.

+ Toca tu instrumento preferido o aprende a tocarlo.

+ Dile a alguien como te sientes, comunícate con tus amigos.

+ Enséñale un juego a un niño. Ayudar a los demás es ayudarnos a nosotros mismos.

+ Pinta un cuadro. La creatividad es importante.

+ Toma un largo baño caliente. La bañera es un lugar ideal para meditar, y el calor relajará tus músculos y tu mente.

+ Recoge moras y cómete algunas. Tienen pocas calorías y mejoran la circulación y la tersura de la piel.

+ Abraza a alguien, sal de tu caparazón.

+ Colabora con asociaciones caritativas. Posiblemente te darás cuenta de que hay gente con problemas mucho mayores que el tuyo.

+ Acude a un concierto o al teatro. Las actividades sociales te ayudarán a olvidar tu filosofía autodestructiva.

+ Pasea tranquilamente a diario.

+ Ponte en el video tu película favorita.

+ Ves al cine. Si quieres ir sola no hay inconveniente, ya que esto estimulará tu independencia.

+ Llama a un viejo amigo.

+ Pinta con los dedos, haz garabatos.

+ Sal a pasear con tu perro, conversa con tu gato, cambia la jaula del periquito. Las mascotas en casa pueden hacernos huir un poco de la soledad, y también necesitan cariño.

+ Recoge flores. La belleza de la naturaleza puede hacer crecer nuestra belleza interior.

+ Pinta un cuarto de tu casa y escoge tú misma el color. En el fondo, es un trabajo o ejercicio que no engorda, sino todo lo contrario.

+ Lee un libro. La lectura es uno de los apasionantes mundos en el que podemos meternos en los momentos de soledad, y nos ayudan a comprender como piensan los demás.

+ Tómate unas vacaciones. ¿A que siempre has deseado ir a algún sitio?

Las personas que voluntariamente se llevan a la desnutrición padecen la enfermedad llamada anorexia nerviosa (o nervosa, en términos médicos). Este problema, que usualmente afecta a chicas adolescentes, comporta una tremenda pérdida de peso por debajo de los límites saludables.

Sin embargo, muchas personas que padecen esta desnutrición grave piensan que están gordas. Y es que aunque este trastorno se manifiesta a nivel externo, su tratamiento es esencialmente psicológico y psiquiátrico.

La anorexia es un trastorno autodestructivo que se manifiesta como una extrema aversión hacia la comida, y que causa desnutrición y problemas importantes de tipo psicológico, hormonal y ginecológico, debidos básicamente a la falta de nutrientes esenciales.

Otro agravante del problema es que la persona anoréxica se niega a reconocer que tiene una enfermedad, por lo que suelen ser los familiares (de los cuales depende) los que acuden a las visitas médicas e insisten en que realice un tratamiento.

La anorexia y bulimia son problemas cada vez más frecuentes, preocupantes y ligados al estilo de vida que llevamos.

El estrés de nuestra sociedad contribuye a ello, pero sobre todo una escala de valores en los que la belleza física parece ser lo más importante y un sinónimo de éxito, contrastada con la presencia de una superabundancia de alimentos que disparan nuestras tentaciones.

La anorexia, sin embargo, puede llegar a ser un problema grave, que usualmente ha de tratarse con un apoyo psicológico profundo, destinado a reestructurar toda una escala de valores equivocados, que la misma persona manipula para autoconvencerse del error que está cometiendo.

Anorexia nerviosa

“Este trastorno autodestructivo se manifiesta como una extrema aversión hacia la comida”

El término “anorexia” significa falta de apetito, o en todo caso, rechazo al hábito de comer.

El asco que la persona anoréxica siente hacia los alimentos es de tipo psicológico (nervioso), y viene determinado por una escala de valores equivocada y por el firme deseo, muchas veces inconsciente o poco consciente, de mantener un peso que, a todas luces, es insuficiente para el mantenimiento de las constantes vitales.

La anorexia nerviosa puede llegar a ser un problema grave, y de hecho, más de una persona ha perdido la vida en el vano intento de seguir unos cánones de belleza que nunca se llegan a conseguir.

Sin embargo, no debemos alarmamos innecesariamente, porque en la mayoría de las ocasiones, la anorexia nerviosa se llega a solucionar con el paso del tiempo, gracias a la maduración de la persona, a una gran dedicación por parte de los médicos y familiares, y en la mayoría de ocasiones, con la suma de todos estos factores.

Bulimia

La bulimia es la segunda cara de este complicado problema, y significa una desmesurada tendencia a comer, incluso aunque exista una falta de apetito.

Al igual que la anorexia, la bulimia es un trastorno mediado por circunstancias nerviosas, ya que en estos casos el mecanismo de la saciedad no parece tener mucho que ver con el deseo compulsivo de comer en cantidades desaforadas (por ejemplo, tres o cuatro bolsas grandes de patatas fritas).

El efecto de la bulimia sobre muchas personas es la obesidad. Esto sucede incluso en personas que padecen de anorexia, ya que esta enfermedad suele alternar algunas fases de adelgazamiento extremo con el proceso contrario, en el cual se aumenta de peso y se llega a tener un sobrepeso considerable.

El proceso, en general, comporta una falta de autoestima que se centra en la imagen corporal, ya que el individuo se ‘castiga” adelgazando mucho, como complemento a los pequeños momentos de placer que le conducen a la obesidad.

“La persona con Anorexia suele provenir de una clase social media o alta y destaca la apariencia tísica en su escala de valores”

Quién la padece

Mujeres

La anorexia es un fenómeno que afecta casi exclusivamente a las mujeres, especialmente en edad adolescente, siendo muy raras a partir de los 30 años. El prototipo de mujer anoréxica es el de una chica blanca, adolescente, ansiosa, con una preocupación excesiva por la comida, que ha perdido la regla y con un concepto distorsionado de su propia imagen corporal.

Mucha gente puede pensar que se trata de un fenómeno propio de personas con un coeficiente intelectual bajo, pero sucede exactamente lo contrario.

La persona con anorexia suele provenir de una clase media o alta, con una educación elevada y con una familia usualmente perfeccionista, en la que la alimentación y la apariencia física juegan un papel importante. Curiosamente, no se conocen casos de anorexia en personas de color, por lo que se especula una condición genética.

De todos modos, no es una casualidad que la anorexia avance paralelamente al desarrollo del nivel de vida moderno, por lo que su causa fundamental parece ser de carácter social.

En la familia, los padres describen a su hija como una “chica modelo”, ya que es obediente, estudia (hasta que se presenta el problema) y no se rebela contra la sociedad.

De hecho, esta ausencia de rebelión hacia el exterior tan propia de los adolescentes, suele ser una de las causas que desencadenan la anorexia, ya que esta enfermedad es, en el fondo, una especie de lucha o rebelión autodestructiva contra una misma.

Otro de los aspectos propios de la chica anoréxica es que ésta sufre un cierto infantilismo (el deseo de ser como una niña) ya que, al igual que los niños, no desea la independencia, por lo que no suele aceptar responsabilidades.

Sin embargo, y aunque parezca paradójico, la chica anoréxica sí reivindica la independencia en el aspecto en el que la persona es más independiente en el acto de comer.

Hombres

Solamente una de cada quince personas con anorexia es varón, mientras que las 14 restantes son mujeres.  Además, la peligrosidad de la anorexia es menor en los hombres que en las mujeres, puesto que el índice de mortalidad es inferior.

En general, los trastornos psicológicos derivados de la alimentación son más raros en los hombres, aunque esto no significa que éstos coman menos.

La diferencia reside en que el hombre obeso generalmente come por placer o por estrés, y en pocas ocasiones por trastornos psicológicos. Contrariamente, los hombres delgados no suelen padecer anorexia, ya que simplemente comen menos de lo habitual, sin llegar a límites de desnutrición.

Algunos de los pacientes masculinos con anorexia nerviosa tienen rasgas de sensibilidad que se atribuyen más a las mujeres, y no es infrecuente que entre ellos haya un mayor porcentaje de homosexuales.

Se debe tener en cuenta que la anorexia es un fenómeno que aparece en la pubertad y, por lo tanto, en muchos de estos casos todavía no se ha producido de forma clara la definición de la tendencia sexual, por lo que el varón con anorexia se ve envuelto en un mar de dudas sobre su personalidad, que intenta solucionar con el control de la dieta.

Síntomas

A partir del deseo de ser aceptados por su imagen y no por su personalidad, las personas anoréxicas suelen dar inicio a su problema con una dieta que nunca acaba, porque la pérdida de peso nunca es suficiente.

Algunas de estas personas creen no merecer ser felices, asumen no ser dignas de disfrutar de la vida y simplemente se privan de aquellas situaciones placenteras, entre las que la comida ocupa el primer lugar.

Para controlar el peso y los ataques compulsivos de bulimia, estas personas recurren al ejercicio obsesivo, al cálculo de las calorías de la dieta, y a la discusión constante sobre temas de salud y comida.

Otros síntomas muy comunes son la provocación del vómito y el uso indiscriminado de laxantes, diuréticas y pastillas para perder el apetito, aun después de comer con normalidad o simplemente de no comer. A estos factores se suma la preocupación constante por la imagen que proyecta su cuerpo.

No es extraño que la persona con anorexia alterne su problema con la bulimia y el comer compulsivamente, incluso sin tener sensación de hambre. De hecho, el mismo problema y el complejo de culpabilidad que con- lleva son las causas del atracón y la purgación posterior.

En muchos casos estas personas aparentan tener hábitos alimenticios normales con algunos periodos de restricción. Los anoréxicos usualmente comen muchos dulces, toman grandes cantidades de café y fuman. 

También utilizan asiduamente píldoras adelgazantes con el fin de controlar su apetito o laxantes para deshacerse de las calorías consumidas, lo cual no sólo es absolutamente perjudicial para la salud, sino que además es una medicación perfectamente inútil.

La víctima se niega el sentimiento de hambre, se inventa excusas para evitar la ingesta de comida (“ya he comido” o “no me siento bien”), esconde la comida que dice haber comido, o intenta purgarse provocándose el vómito o tomando laxantes.

Trastornos psicológicos

No es fácil entender a una persona que sufre anorexia nerviosa. Quien padece una alteración del comportamiento alimentario tiene, en la mayoría de los casos, una baja autoestima y un tremendo afán de controlar su entorno y sus propias emociones.

La anorexia aparece como una reacción o respuesta a la guerra interna entre influencias externas e internas, conflictos emotivos, estrés y un profundo afán de perfección. La ansiedad y la infelicidad se convierten en el móvil principal de la persona, siendo la anorexia una forma negativa de manejar estas emociones.

El hambre llena el vacío interno, que proviene de una falta de aprobación de uno mismo, y la respuesta a este sentimiento es la reducción del deseo por la comida, que surge a partir de la sensación de soledad.

La persona anoréxica se siente como si estuviera gritando en un local vacío, sin que nadie respondiera (ni siquiera la misma persona) y con la necesidad urgente de salir corriendo y desaparecer.

La persona que sufre anorexia es extremadamente sensible a las variaciones de su peso, cree estar gorda o simplemente siente pánico al imaginarse que lo es. Además, el mismo temor de perder el control sobre el impulso alimentario crea un ansia permanente que la lleva a controlar, además del apetito, cualquier tipo de emoción y reacción.

De este modo, se recurre constantemente a dietas obsesivas y ayunos, como fórmulas para controlar el peso, los sentimientos y las acciones relacionadas con las emociones que se guardan y esconden.

El complejo de culpabilidad

Dentro de todo este proceso juega un papel muy importante el complejo de culpabilidad, que no es más que un reflejo de la falta de autoestima o valoración personal. Este complejo aparece especialmente a consecuencia de las transgresiones dietéticas, ya que la persona anoréxica sigue teniendo apetito, aunque se lo reprime.

Por eso, no sólo cualquier cosa que se come provoca un sentimiento de culpa sino que, en ocasiones, se cae en el proceso de bulimia. Es entonces cuando, a escondidas, esta persona ingiere “comida-basura” (pastas, dulces, patatas fritas o chocolate) y después, se autoinduce el vómito.

A pesar de que se han expulsado todos los alimentos, el sentimiento de culpa persiste por el hecho de tener que ocultarlo a los que están a su alrededor y porque la persona cree posible el que hayan quedado restos de comida que puedan provocar un aumento de peso.

El problema es tremendamente complejo porque la culpa reside en el ego, y es precisamente el yo interior el que debe recapacitar sobre el problema para encontrar una vía de solución.

El carácter perfeccionista de muchas personas anoréxicas contribuye a agravar la situación, ya que el ser humano es, por esencia, imperfecto. No se está descontento solamente con una parte de la anatomía, sino que las molestias permanecen si la persona anoréxica adelgaza y se acentúan si engorda.

Tampoco se está a gusto con la propia anorexia como fenómeno, ya que, por ejemplo, este estado preocupa a los seres queridos.

La lista de situaciones cotidianas que provocan malestar es interminable, aunque la mayoría de ellas no tienen importancia para los demás.

Precisamente esta culpabilidad continua es la que se debe empezar a abordar para poder ver la luz al final del túnel, ya que en muchos casos éste es un problema importante en el desarrollo de la anorexia, que debe afrontarse con paciencia.

La familia y el entorno

Muchos psicólogos y científicos han estudiado el entorno familiar de las personas que padecen anorexia. Aunque es difícil establecer un patrón uniforme, hay una serie de circunstancias que se repiten. De todos modos, el modelo típico de familia no se puede aplicar a nivel general.

En la mayoría de los casos, los familiares de personas anoréxicas son amables y expresan su amor, aunque de forma bastante superficial. Esta atmósfera “amorosa” enmascara una serie de circunstancias que se ocultan de forma consciente o inconsciente.

Quizás el problema más importante es la excesiva intromisión de algunos miembros de la familia en los problemas de los demás, dando lugar a una dependencia importante, que crea una estructura mental de tipo infantil.

Aparentemente los conflictos familiares no se resuelven, sino que tienden a esquivarse y a aplazarse, o simplemente se niega que éstos existan.

El resultado es que estos problemas no quedan resueltos y son sustituidos por otros (banales para la mayoría de personas) que, a su vez, adquieren una mayor importancia.

En el fondo, los problemas no dejan de existir, sino que son sustituidos por “sucedáneos” de problemas.

Esto puede explicar el porqué la imagen física resulta tan importante para una persona anoréxica, cuando el problema fundamental reside en la  imagen psicológica que uno tiene de sí mismo.

Esta actitud de ocultar los problemas se traslada desde la parte psíquica a la parte física, por lo que los problemas vitales y trascendentales no existen. Así, la preocupación se reduce a unos “kilos de más” que, en realidad, nunca se pierden al gusto porque el problema fundamental (que no es físico) no se resuelve sino que empeora conforme la persona va adelgazando.

Tratamiento

Aproximación psicológica:

Al menor indicio o sospecha de que una persona cercana padece anorexia, deberemos tomar algunas medidas caseras, pero si consideramos que la enfermedad está entrando en una fase mayor o si ya existe un diagnóstico confirmado, es necesario contar con la ayuda de un psiquiatra, médico y/o psicólogo, que son quienes podrán orientarnos sobre las pautas a seguir.

En sus fases más agudas, la anorexia exige necesariamente el ingreso en un hospital, ya que la vida del enfermo puede correr peligro. De todos modos, estas fases críticas representan solamente cortos lapsos de tiempo, ya que el problema reside en el qué hacer cuando se vuelve a casa.

La preparación psíquica de los familiares es muy importante, y no se descarta que alguno o varios de ellos reciban también apoyo psicoterapéutico, si se cree que una de las causas de la anorexia radica en la actitud del padre o la madre.

En estos casos puede ser necesario cambiar el ambiente familiar por algún lugar donde, bajo control pero insistiendo en la independencia de la anoréxica, ésta se pueda encontrar a sí misma y empezar a valorarse como independiente.

De todos modos, si bien las enfermedades pueden tener un mismo nombre, las personas son muy diferentes entre sí, y los consejos generales son, como indica su nombre, difíciles de individualizar.

Además, suele suceder que la persona o personas más cercanas al anoréxico son los últimos que pueden ayudar, puesto que la persona afectada rechaza cualquier apoyo de los seres más queridos.

Ante la actitud de la persona anoréxica, muy perfeccionista y estricta consigo misma, el tratamiento se habrá de adaptar a las circunstancias personales, por lo que deberán aprovecharse estos rasgos psicológicos a favor de la mejoría de la enfermedad.

Por ello, recomiendo una serie de pautas de actuación:

1-     Tener en cuenta que los alimentos son sagrados, porque formarán parte de nosotros mismos. Si la persona es religiosa, conviene que bendiga los alimentos y si no lo es (lo cual es más frecuente entre los adolescentes), durante la comida se intentarán valorar positivamente las virtudes que éstos tienen.

2-     Es importante escribir un diario, donde se apunten los alimentos ingeridos. Este diario lo ha de llevar la persona anoréxica, y la finalidad de los padres no será la de “fiscalizar” si ha comido o no, sino el hacer comprender a la persona anoréxica el porqué oculta en su diario algunas de las comidas que ha ingerido, o por ejemplo, el porqué apunta los alimentos que después ha vomitado.

3-     Se ha de comer sentado en la mesa con la familia, compartiendo con los demás no sólo la comida, sino los acontecimientos del día.

4-     El buen humor psicológico estimula el buen humor fisiológico. El buen humor en la mesa abre el apetito y desdramatiza el acto de comer para la persona anoréxica.

5-     No es posible hacer ningún tratamiento psicológico sin la aceptación de la persona que lo ha de recibir. Por lo tanto, es importante hablar del tema, pero sin dramatizar excesivamente.

6-     Las clases de nutrición no sirven de gran cosa, ya que sólo se oye lo que se quiere oír. De todos modos, nunca está de más que se haga entender que la nutrición es algo más que las calorías que tiene un alimento. Si no se come de todo, la salud se resiente.

7-     El hacer comer demasiado a la persona que tiene anorexia tan sólo consigue estimular más el reflejo de la inducción del vómito y esto crea un trauma adicional. Las personas anoréxicas suelen ser obedientes y es posible que consigan que coman, aunque esto no soluciona el problema psicológico.

8-     Si la persona anoréxica tiene pareja, debe hablar con ella del problema. En ocasiones, el amor es una herramienta más potente que todas las demás.

9-     Fuera de las fases agudas, la anorexia y la bulimia responden bien a un programa en el que se incluye la educación dietética, la exclusión del medio ambiente habitual, la hidroterapia y terapias físicas, el ejercicio, el reposo y el apoyo psicológico y médico.

La finalidad del programa ha de ser el educar en salud y desterrar los mitos patológicos que se tienen para justificar una actitud negativa y autodestructiva tan difícil de tratar a domicilio o en consulta ambulatoria.

En todos los casos, el tratamiento debe estar bajo el control de un grupo de psicólogos y médicos especializados.

Uno de los principales inconvenientes de la desnutrición anoréxica es el gran desequilibrio entre electrolitos y oligoelementos que se produce en el organismo, por lo que siempre se recomienda tomar alimentos fáciles de ingerir, que no reduzcan excesivamente el apetito, y también que la persona que los toma tenga conciencia de que no son excesivamente calóricos.

Entre ellos tenemos los jugos de frutas y de verduras y los caldos ligeros, todos ellos recién elaborados para que tengan una máxima vitalidad.

Cuando la persona acepta el comer un poco más, introduciremos alimentos más energéticos como cereales, germen de trigo, alguna legumbre, pan integral, soja y aguacates.

Los aceites ingeridos deberán ser de primera presión en frío (oliva, girasol o sésamo, por este orden), ya que otro de los problemas de la persona anoréxica es el desequilibrio hormonal (especialmente de las hormonas sexuales).

En las fases de menor actividad anoréxica, recomendaremos además la toma de frutos secos. Todos estos alimentos se habrán de combinar armónicamente para conseguir una dieta correcta, variada y con las cantidades suficientes.

También se deben tener en cuenta las “manías alimentarias” de la persona anoréxica, para evitar un rechazo mayor a todo tipo de alimentos, aunque se debe plantear, con argumentos médicos y sanitarios, con amor y con paciencia, de que aquellas aseveraciones y manías son precisamente el engendro de su propia enfermedad.

Hibisco (Hibiscus sabdariffa)

Las flores del hibisco también tienen una acción similar a la anterior, y dan un bello color a la infusión, recordemos que la belleza del color y el sabor de la infusión también es importante en personas que usualmente tienen manías alimentarias.                                                                                                                                     

Espino amarillo (Hipoppae rhamnoides)

Esta planta centroeuropea es la más rica en vitamina C de las que se conocen. Se puede tomar en forma de infusión, pero en el mercado existen diversos productos a base de su jugo, que es muy poco calórico. En estos casos, se tomarán unas dos cucharadas soperas al día y, si se desea, se podrán acompañar, por ejemplo, de un yogur natural.

Verdolaga (Portulaca oleracea)

Se denomina también vinagrera en razón a su gusto y es preferible tomarla en ensaladas. Las infusiones o tisanas se harán en infusión breve, de dos a tres minutos, para que conserve la mayor parte de la vitamina C que contiene.

Hipérico (Hypericum perforatum)

La acción del hipérico o hierba de San Juan es de tipo antidepresivo. Para conservar su efecto, debería tomarse en dosis relativamente elevadas, a razón de dos o tres cucharaditas por taza y tomando dos o tres tazas al día. También es posible tomarlo en forma de aceite (de dos a cuatro perlas diarias) o en forma de cápsulas o comprimidos del polvo o extracto seco de la planta, con igual dosificación.

Berro (Nasturtiuni officinale)

El berro i el equivalente a la verdolaga en su utilidad y propiedades. Tiene algo más de azufre que la anterior y puede tomarse en las ensaladas, a las cuales confiere su característico sabor. Aliñado con un poco de aceite, es un excelente complemento para la ensalada.

Fonogreco (Trigonella foenum graecum)

De esta planta se consume la harina de sus semillas, utilizada desde tiempos inmemoriales como estimulante del metabolismo. Se puede tomar la harina, en pequeñas cantidades (dos o tres cucharaditas diarias), o en forma de cápsulas si la persona no tolera su peculiar sabor.

Cebollino

El cebollino es una especia o condimento muy utilizado en cocina. Puede utilizarse en múltiples platos de verduras, hortalizas, caldos, etc.. Las hojas finamente picadas con un poco de mantequilla, aceite o nata, dan lugar a una salsa exquisita, propia de los más selectos paladares.

Además, se puede hacer una infusión con dos cucharadas soperas de cebollino finamente picado en una taza de agua hirviendo y dejando reposar el contenido unos diez a doce minutos. Se puede añadir un poquito de aceite y una pizca de sal, y si se desea, un poco de pimienta blanca.

Este “caldo” o infusión es un excelente remedio porque tiene muy pocas calorías, por lo que la persona anoréxica lo ingiere, segura de que no interferirá con las dietas de adelgazamiento que permanentemente realiza. El secreto está en que, en realidad, el cebollino también estimula algo el apetito, ayudando a aliviar el problema.

Oligoelementos

Algunos oligoelementos son de utilidad para tratar la anorexia:

CU-AU-Ag (Cobre-oro-Plata)

Esta asociación tiene una función tónica general y estimulante del apetito. Su función principal, sin embargo, reside en el control del proceso depresivo. Se tomará a razón de dos o tres dosis diarias disueltas en un poco de agua.

Li (Litio)

Utilizado como tratamiento antifatiga y antidepresivo y a dosis pequeñas, el litio es otro de los remedios que pueden ayudar a complementar el tratamiento psicoterapéutico.

Cu (Cobre)

El cobre tiene una función estimulante inmunitaria y preventiva de los procesos infecciosos. Se utiliza también de forma esporádica como complemento, puesto que al estimular la inmunidad, se da una compleja acción que se traduce en la mejoría de la salud psíquica y en un optimismo acrecentado.

Dos casos reales:

Mercedes L., 17 años.

Estudiante, hija de familia muy rica, nunca le ha faltado nada. Ha sido educada en los mejores colegios de la ciudad, acude a clases suplementarias de música y arte dramático. Quiere ser modelo o actriz, pero tiene las caderas anchas como su madre y sus hermanas. Ha adelgazado hasta límites extremos y ha llegado a pesar 35 kilos. La ingresaron en el hospital por una hemorragia causada por la ingestión de laxantes.

Su madre es tremendamente dominante y la riñe constantemente por su actitud, aunque no quiere comprender que su hija tiene un problema que necesita de su participación, porque en realidad está demasiado ocupada con otras cosas.

Mercedes dice: Las emociones me controlan.., me obligan a esconderme en un lugar seguro. Mi mente está distante de lo que mi corazón siente. Las únicas palabras que conozco son las de destrucción, por eso prefiero permanecer callada. No puedo acercarme ellos; si lo hiciera me enredaría en mí misma y me derrumbaría. Tal vez tenga un corazón de piedra pero realmente sólo es de tiza, y me produce un profundo miedo la posibilidad de convertirme fácilmente en polvo.

Rebeca L., 12 años.

Es hija única, su familia no es de clase alta, pero sus padres la han cuidado y ha recibido todos los mimos de su tía y tío, ambos solteros. Nunca le ha faltado nada. Si quería, comer lo hacía, pero si no, en la familia había una gran preocupación. El abuelo confesaba que se ponía a bailar y hacer el tonto mientras la niña comía para distraerla. A cambio de comer, le regalaban cualquier cosa, y Rebeca aprendió bien su oficio.

En su habitación hay más de ochenta muñecas y muchos juguetes. La colección de disfraces de carnaval de los últimos diez años está en su armario, pero evidentemente no los utiliza. Hace un año que dejó de comer, los bailes del abuelo ya no le interesaban, y descubrió que si comía poco, al volver a comer recibía más regalos. De todos modos, ahora está extremadamente delgada y triste.

Rebeca asegura: El reflejo me observa desde atrás, no es el mismo que tu ves, mi culpa acelera el ansia de destruir mi constancia.
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