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Los Remedios de la Abuela

Una Farmacia en la cocina

Acodado a la barandilla, el hombre contempla tristemente las pequeñas olas que chapotean al pie del estrave. De tanto en tanto, levanta los ojos hacia las velas que cuelgan fláccidas al extremo de sus vergas. Hace ya días y días que la nave se halla en plena calma chicha, prisionera de una mar de aceite.

Y el hombre sueña en su país, que tal vez no vuelva a ver. En Ámsterdam la hermosa, en La Haya la industriosa donde le aguardan su esposa y sus hijos. En esa Holanda donde el viento que viene del mar hace girar los molinos y ondular los campos de tulipanes.

Es mejor esto, de todos modos, que pensar en su estómago que le tortura, en el hambre que va corroyendo sus fuerzas, y sobre todo en el escorbuto que le acecha como a todos sus camaradas. Dos marinos han sido alcanzados ya, y uno no puede hacer más que compadecerse por ellos, ya que todavía no existe ningún remedio contra esta terrible enfermedad que ataca a los navegantes.

Dentro de poco, como la víspera, deberá contentarse con un trozo de galleta rancia, ya que el pañol está vacío y el capitán ha racionado los víveres.

Entonces el hombre se revuelve. Aprovechándose de que nadie lo mira, se desliza en la bodega con la esperanza de tener la suerte de capturar una rata. Sin hacer ruido, se desliza por entre los fardos de tubérculos que la nave trae del Nuevo Mundo para mayor alegría de los horticultores de la Frisia o del Brabante. Son la debilidad de los roedores.

Lo sabe, y se pone al acecho. Y, mientras aguarda, una idea se abre camino en su mente. Puesto que a las ratas les gusta esta cosa extraña, que no se utiliza todavía más que para producir unas flores muy decorativas, esto quiere decir que es comestible. Así pues, ¿por qué no roer una para engañar un poco al hambre?

Entonces el hombre saca su gran cuchillo de marinero, revienta uno de los fardos, elige un tubérculo bien firme y corta con un gesto rápido la nacarada carne. Cuando va a llevarse a los labios el pedazo tiene un momento de duda. ¿Y si aquello va a envenenarle, puesto que todo el mundo sabe muy bien que la propia planta es venenosa? Pero se tranquiliza. Si esta raíz no fuera comestible, las mismas ratas estarían todas muertas.

Durante algunos minutos, mastica la jugosa carne, y finalmente se decide a engullirla. El primer trozo cuesta que pase, pero el resto desciende mejor. Cuando vuelve al puente, se ha comido una papa entera.

Durante la noche siguiente no puede dormir. Crispado en su coy, aguarda los primeros síntomas del envenenamiento. Cuando llega su turno de trabajo, todavía no se ha producido nada. Se tranquiliza. Durante los siguientes días, realiza frecuentes visitas a la bodega, en compañía de sus mejores amigos, a los cuales ha revelado su secreto. Cuando finalmente llega el viento, sólo los que han hecho como él se hallan en condiciones de maniobrar la nave. Todo el resto de la tripulación está abatida por el escorbuto.

Al capitán, que quiere saber lo ocurrido, le explican su latrocinio. Toma buena nota y, de regreso a su puerto de amarre, comunica el fruto de sus observaciones a las autoridades. Naturalmente, aún se ignora que es la vitamina C contenida en la Solanum tuberosum -más vulgarmente conocida como papa- lo que ha protegido a esos hombres, pero en esos tiempos se confía más en el valor de la experiencia, de modo que se aprovisiona ampliamente con este tubérculo a todas las tripulaciones que efectúan trayectos largos.

¿Aventura romántica, relato puramente imaginario? Evidentemente.
La historia no ha retenido el nombre del primero que se dio cuenta de que la papa cruda era un potente antiescorbútico, ni las circunstancias de su descubrimiento. Sin embargo, fue preciso que un día un hombre, un holandés, lo descubriera, dando así a su país el medio de asegurarse la supremacía marítima de los viajes largos. Como fue necesario también, casi un siglo más tarde, que un británico observara que la lima, una variedad de linón de las Indias, poseía efectos aún más radicales, al tiempo que se conservaba de una forma mucho más cómoda.

Este descubrimiento fue considerado incluso tan importante que fue clasificado inmediatamente como "secreto militar" por el Almirantazgo. Lo que le valió a la Navy destronar a la flota holandesa.

Los limones y las papas es algo que todas las amas de casa conservan hoy en día en su heladera o en su despensa. Como almacenan también un cierto número de verduras de las que tan sólo conocen sus cualidades alimenticias, sin sospechar en lo más mínimo que puedan poseer, además, virtudes curativas. Así es, sin embargo, y vamos a examinarlas metódicamente, por orden alfabético, antes de pasar a las propiedades de las plantas aromáticas, para terminar con las de las frutas.

VERDURAS

ACEDERA: Atención, esta verdura es peligrosa. En efecto, el ácido oxálico que contiene puede conducir, si se abusa de él, a la formación de cálculos de oxalato de calcio, o dicho de otro modo a la formación de arenilla. A evitar pues si uno padece de cólicos nefríticos e incluso de reumatismos.
Su consumo sin embargo, en infusión por ejemplo, favorece la eliminación de residuos.

ALCAUCIL (ALCACHOFA): Este descendiente del cardo es reputado con toda justicia como un medio eficaz para combatir las enfermedades del hígado. Lo que se sabe menos es que era utilizada en el siglo XVII para "calentar y excitar a Venus y para engendrar el maslo", una vez cocida en vino.

Nuestros deplorables hábitos alimentarios hacen que hoy en día no se consuman más que las cabezuelas y el fondo, mientras que sus principios más activos se hallan en el leñoso tallo y en las hojas, que pueden ser utilizadas en decocción para combatir las insuficiencias hepáticas y renales, así como algunos reumatismos. Además, el agua de cocción de los alcauciles, aunque menos activa, constituye un excelente estimulante del hígado.

APIO: Su poderoso sabor no gusta a todos los paladares, y es una lástima, ya que, tomado como entrante, constituye un excelente aperitivo. Además, por sus cualidades diuréticas, puede constituir la base de un régimen adelgazante.

ARROZ: He aquí otro alimento completo cuyas propiedades bienhechoras para la sangre, propiedades que nuestros modernos especialistas en dietética acaban de descubrir de huevo, eran ya conocidas en el siglo XVIII. Actualmente, os médicos lo recomiendan en los casos de hipertensión y en algunas uremias, cuando la sangre se carga de nitrógeno y de urea.

Desde siempre, el arroz -o mejor, el agua de arroz- la sido considerado como uno de los remedios más eficaces contra la diarrea. Las personas de intestinos frágiles tienen mes la ventaja de prepararse, tres o cuatro veces por semana, un plato de arroz, ya sea para acompañar a una carne, ya sea azucarado en forma de postre.

Preparación del agua de arroz: hacer hervir durante aproximadamente una hora 30 gramos de arroz en un litro de agua. Colar a través de un paño. Consumir natural o azucarada.

BERENJENA: Su mayor mérito es, sin ninguna duda, reforzar el lastre intestinal y, por lo tanto, favorecer la eliminación natural de los residuos. Además, algunos autores le reconocen también propiedades estimulantes del hígado y del páncreas.

BERRO: Hipócrates veía en él uno de los mejores estimulantes y expectorantes; Dioscórides le prestaba virtudes afrodisíacas; Ambroise Paré lo recetaba para luchar contra a sarna de los niños; hoy en día, el profesor León Binet, tras experimentarlo con ratas, ve en él un medio de retrasar la aparición de algunos cánceres. Una vez más, pues, nos encontramos frente a lo que podríamos llamar una "verdura todo uso". Con plenos méritos.

Contiene cantidades excepcionales de vitaminas A, B 1, B 2, C, E y PP, y es además más rica en hierro que las espinacas y posee más cantidad de caroteno. En estas condiciones, se comprende que sea preferible saborearlo crudo, en ensalada o como guarnición de carnes.

Añadamos a esto que su jugo, obtenido por presión, detiene la caída del cabello, y que se pretende incluso que, mezclado con miel, constituye una pomada insuperable
contra las pecas.

Tiene, sin embargo, un defecto. Creciendo como lo hace en un medio acuático, es muy sensible a todo tipo de contaminaciones y en particular a la duela, un temible parásito transmitido por los excrementos de los animales. Es pues -una vez no hace costumbre- mucho más prudente preferir el berro cultivado que el silvestre.

CALABAZA (ZAPALLO): Esta buena y gruesa dama, así como su primo el calabacín (zapallín), forma una plácida familia que destila calma. Nada mejor, pues, para asegurarse una buena noche, que degustar un plato de ellas para cenar, gratinadas por ejemplo. Sobre todo teniendo en cuenta que ambos tienen la reputación de atenuar sensiblemente los ardores amorosos.

Nos equivocaríamos, sin embargo, con respecto a la calabaza, fiándonos demasiado ciegamente de esta apariencia tranquila. También sabe mostrarse enérgica, sobre todo cuando se trata de expulsar a un huésped tan indeseable como la tenia. Pero se trata entonces de una pasta preparada a partir de sus semillas lo que conviene emplear, antes que tomar un purgante fuerte.

En realidad, numerosas especialidades farmacéuticas contra el parasitismo intestinal están preparadas a base de semillas de calabaza.

CARDILLO: El nombre francés de esta planta, pissenlit, dice mucho más que el español acerca de la principal de sus cualidades. Pero no es tan sólo un diurético potente: los científicos han observado que el extracto de cardillo dobla, cuadruplica incluso, el volumen de la bilis excretada en media hora.

Además, el cardillo atempera el exceso de colesterol. No hay pues ninguna razón para privarse de esta deliciosa ensalada, que puede acompañarse de huevos duros o de tocino, pero a condición de no contentarse tan sólo con la porción blanca de la planta, la que crece bajo el suelo. La mayor parte de los principios activos se hallan por el contrario en la hoja verde, un poco más dura quizás, un poco más amarga también, pero mucho más eficaz.

CEBOLLA: Posee sus adoradores que se reúnen en el mayor secreto en algún bosque de los alrededores de París, pero, y esto es mucho más serio, fue divinizada por los egipcios, que la hacían entrar en buen número de sus preparaciones medicinales. Ya que, como la col (repollo) o el berro, constituye ella sola una auténtica farmacia. Diurética, estimulante, antiescorbútica, afrodisíaca, tiene además la reputación de secundar poderosamente las curas de adelgazamiento al tiempo que favorece la longevidad.

La mejor manera de comerla es, naturalmente, cruda. Algunas personas no consiguen sin embargo soportar su poderoso aroma. Pueden sin embargo sacar provecho de todas sus cualidades regalándose con una sopa muy reconstituyente.

CEREALES: Naturalmente, es bastante raro que uno tenga en su cocina un saco de trigo o de avena. Sin embargo, quizá no resultara inútil proveerse de ellos, debido a los numerosos efectos bienhechores que puede esperarse de su utilización. A condición, por supuesto, de que las plantas hayan sido cultivadas en condiciones "biológicas", y que sus espigas no hayan sido manchadas por los insecticidas.
La avena, en primer lugar, cuya agua de maceración se revela como un poderoso diurético y depurativo.

El trigo a continuación, que, cuando está germinado, es un reconstituyente de primer orden, al mismo tiempo que estimula las funciones sexuales.

Triturados juntos en un molinillo, el trigo y la avena permiten además preparar un caldo insuperable contra la gastroenteritis de los niños de pecho y que ayuda poderosamente a los convalecientes a recuperar sus fuerzas.

COL (REPOLLO): El doctor Blanc la llamaba el "médico de los pobres", y es exacto que la col, tanto la normal como la lombarda, es una especie de panacea. Así, Alain Rollat escribe de ella que "fortifica, corta el camino a los microbios, elimina los gusanos intestinales, purifica el conjunto del organismo, regulariza el trabajo del estómago, del hígado, del intestino, equilibra el sistema nervioso, calma los dolores gástricos e intestinales, favorece la regeneración celular,
etc.".

Añadamos que es insuperable contra los dolores, los reumatismos y la artrosis, al mismo tiempo que da cuenta de las ronqueras más rebeldes.

¿Cómo aprovechar tales beneficios?

Comiendo repollo, naturalmente, y a ser posible cruda. Cortada en laminillas finas, se adapta muy bien a las sazones tipo vinagreta.

Cocida, esta preciosa verdura conserva aún una gran parte de sus cualidades, y se puede recuperar una voz clara tomando algunas tazas grandes de su caldo. La "buena sopa de repollo" no es ninguna leyenda.

Si se trata de terminar con un reumatismo rebelde, se empleará una cataplasma de la cual Vincent d'Auffray da la receta en su libro titulado Guide pratique des plantes medicinales (Productions de París): "Retirar del repollo las grandes hojas exteriores, escaldarlas y aplanarlas con una botella o un rodillo de pastelero. Colocar varias hojas una sobre otra para formar una cataplasma, tras haberlas empapado de nuevo en agua muy caliente".

ESPÁRRAGO: Sus puntas son sabrosas, y su tallo leñoso constituye, en decocción, un excelente diurético. Es conveniente sin embargo utilizarlo con moderación, sobre todo quien esté sujeto a cistitis o prostatitis. La preparación, en efecto, resulta muy irritante para el epitelio, y abusar de ella podría provocar un accidente.

ESPINACA: Debemos las espinacas a los árabes, pero fue Popeye el Marino, el pequeño personaje norteamericano de historietas, el que las hizo célebres. Imaginar que puedan proporcionar una fuerza hercúlea, sobre todo cuando son consumidas en lata, es pura fantasía. Lo que sí es exacto, en cambio, es que son ricas en hierro y en ácido fólico, lo cual hace de ellas un excelente reconstituyente.

GIRASOL: No se trata de una verdura propiamente dicha, sino de una flor que proporciona una semilla de la que se extrae un aceite ligero, particularmente recomendado para todos aquellos que sufren del colesterol o de arteriosclerosis.

HINOJO: Egipcios, griegos y romanos lo incorporaban ya a sus preparaciones culinarias, tanto por el sabor que les proporciona como porque Purga el estómago, aumenta la vista, De la orina fácilmente provoca la salida.

Y del fondo de los intestinos hace salir los vientos, como dirán más tarde los doctos médicos de la escuela de Salerno. Sus tallos a la brasa pueden servir para confeccionar sabrosos gratinados, aunque pueden también presentarse simplemente como guarnición para un pescado, como la famosa lubina al hinojo del Mediodía francés.

Sus semillas también son preciosas. Cocidas con leche, permiten confeccionar una tisana que resuelve todos los empachos gástricos o intestinales. En decocción, eliminan las migrañas.

JUDÍA (POROTO): Verdes (chauchas), las judías secundan la acción del hígado y del páncreas; secas, no sirven en principio más que para preparar excelentes fabadas. Sin embargo, en el campo, se cuidan mucho de tirar las vainas tras haberlas desgranado. Secas y hervidas en agua, permiten obtener una bebida muy diurética que soluciona todas las dolencias de los riñones.

LECHUGA: Levin Lemnius escribía de ella que "comerla mucho y a menudo apaga el ardor de la lujuria: aquellos que son propensos a la vida fuera del matrimonio y que quieren guardar su castidad deben usarla a fin de apagar el ardor del deseo carnal".

Eso, por supuesto, puede no convenir a todo el mundo.
Es bueno sin embargo saber también que esta ensalada ayuda a combatir el insomnio pero que, para este uso, es infinitamente mucho más eficaz en decocción.

MAÍZ (CHOCLO): Demasiado a menudo se tiene tendencia a creer que no sirve más que para la alimentación del ganado. En los Estados Unidos, por ejemplo, es considerado como un dulce, y se sirve acaramelado, o frito para acompañar las famosas barbacoas (parrillas). Sin embargo, no es el grano comestible del maíz lo que contiene los principios medicinales más eficaces, sino la barba que corona la espiga. Conviene pues conservarla cuando se tiene la oportunidad de conseguir espigas enteras.

Desecada, esta barba sirve para hacer una decocción que es capaz de multiplicar por cuatro el volumen de la orina excretada en veinticuatro horas.

NABO: Víctima de una mala reputación completamente injustificada, el nabo es un fortificante. En cuanto al jugo, que por su color constituye el origen de su descrédito se obtiene ya sea vaciando el tubérculo y echando en el hueco un poco de azúcar en polvo, ya sea aplastando el nabo crudo con azúcar. Este jugo, además de constituir un jarabe de delicado sabor, calma las irritaciones pulmonares y las toses rebeldes.

ORTIGA: Podría parecer paradójico incluir la ortiga entre las verduras. Nada más lógico sin embargo, ya que, si bien no se halla corrientemente a la venta en las verdulerías, las madres de familias campesinas la utilizan aún para preparar sabrosas sopas, que presentan al mismo tiempo la ventaja de ser diuréticas y de facilitar la digestión.

Además, no hay que temer el pincharse al cogerlas, teniendo en cuenta que su jugo es hemostático y vasoconstrictor.
Finalmente, si creemos a Petronio, las sacerdotisas del culto priápico flagelaban con ellas "por encima del ombligo, en los riñones y en las nalgas a los viejos, en los cuales esta parte del cuerpo es más fría que la nieve".

Tratamiento utilizado también por otro lado por cierta dama citada por Marcel Rouet, que iba a "recoger ortigas a fin de ofrecérselas a su amante, el cual, provisto de guantes, la flagelaba con ellas..." Uno no sabe qué admirar más, si el valor de esta dama o la prudencia de su amigo, que tomaba toda clase de precauciones para no pincharse él las manos.

Sea como sea, el autor añade que este tratamiento es también muy eficaz contra la celulitis, lo que podría empujar a algunas damas melindrosas a verificar sus virtudes.

PAPA (PATATA): Muy a menudo asociada al puerro en los potajes (sopas), hemos visto que contenía una importante cantidad de vitamina C. Su fécula es además rica en potasio.

Cocidas en agua, las papas reemplazan con ventajas al pan en los regímenes adelgazantes. Es conveniente, sin embargo, no conservar más de veinticuatro horas las papas hervidas, ya que entonces resultan atacadas por un bacilo que es exactamente igual al que desencadena las putrefacciones animales.

PUERRO: Pierre Brasseur, tomando en ello ejemplo de Nerón, parece ser que realizaba con él curas regulares a fin de aclarar su voz. Pero lo cierto es que no es tan sólo éste el beneficio que debía obtener, ya que la sabiduría popular sostiene que "una cura de puerros vale lo que una cura en Vichy", debido a lo poderosas que son las cualidades diuréticas de esta verdura.

De hecho, sus propiedades se acercan sensiblemente a las de la cebolla. Como ésta, es una "planta para todo" que se puede consumir de muchas formas, con la diferencia de que tan sólo se come cocido, pero sin olvidar beber el caldo.

RÁBANO Y RÁBANO BLANCO: El primero puede ser considerado como una verdura usual, y el segundo como un condimento específico de las regiones del Este de Francia. Sus propiedades son sin embargo tan parecidas que es difícil estudiarlos separadamente.

Ambos, pues, son poderosos expectorantes y tónicos respiratorios. Así, Jean Palaiseul (Nos grand-méres sa-vaient, ediciones Robert Laffont) aconseja masticarlos varias veces al día para combatir la tos ferina. Pero añade que, comidos poco a poco por la mañana, algunos rábanos rosas alivian también a aquellos que se ven afectados de ictericia o urticaria.

CONDIMENTOS Y AROMATIZANTES

AJEDREA: Los alemanes la llaman Bohnenkraut, es decir la "hierba de las judías (porotos-chauchas)", lo cual dice mucho sobre sus cualidades digestivas. Pero los antiguos le atribuían otras virtudes muy distintas, y el hecho de que su nombre científico de Satureja halle su raíz en el latín satyrus indica bien cuáles eran.

Hoy, sin embargo, la mayor parte de los tratados de fitoterapia -excepto los de Maurice Mességué, el cual le da el sobrenombre de "hierba de la felicidad"- desprecian esta cualidad, esencial sin embargo a los ojos de algunos. Y es que la ajedrea, que estimula potentemente el estómago, apacigua los espasmos, regulariza las contracciones intestinales, al tiempo que impide las fermentaciones favoreciendo la evacuación de los gases, tiene un papel considerable en el buen desarrollo de la digestión.

El mejor modo de aprovechar sus efectos benéficos es consumirla cruda, acompañando a algunas ensaladas (judías blancas - POROTOS- a la vinagreta, espolvoreadas con ajedrea y perejil, acompañadas de algunas rodajas de cebolla, constituyen un auténtico regalo, digestivo y tonificante); o bebería en infusión para decuplicar sus efectos.

AJO: Se dice que lo primero que hizo el abuelo de Enrique IV tras el nacimiento del futuro rey de Francia, fue frotarle los labios con un diente de ajo antes de untárselos con algunas gotas de jurançon, un vino blanco de Béarn fuerte y oloroso. El viejo cumplía así con una muy vieja costumbre destinada a proteger al recién nacido contra los malos espíritus. Pero, al mismo tiempo, le hacía tomar su primer fortificante y su primer vermífugo. Ya que éstas son dos de las más importantes propiedades de esta liliáceas, que posee también muchas otras.

Si hay que creer a Robert Landry, es a los chinos a quienes corresponde el mérito de su descubrimiento, puesto que el ajo sería originario de Djungaria, en el Asia Central.

Sea como sea, su uso intensivo se ha extendido desde la más remota antigüedad por toda la cuenca mediterránea, que continúa, observémoslo de paso, consumiéndolo abundantemente.

Los egipcios lo habían elevado al rango de una divinidad. Trenzaban con él collares, que suspendían inmediatamente al cuello de sus hijos para protegerlos de las lombrices intestinales. Se dice que Keops hizo distribuir abundantes raciones de él entre los esclavos que construían su pirámide, tanto para darles fuerzas como para protegerlos de las epidemias.

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