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ANTROPOFÁGIA, NECROFÁGIA, FITOFÁGIA

El vegetarianismo es hoy, para quien puede asumirlo genuinamente, una necesidad de importancia global.
El hecho de consumir solamente vegetales, legumbres, cereales y frutas delinea una modificación de alcance inimaginable.
   
Existen quienes hacen de ello una ortodoxia que deambula el fanatismo al tiempo que otros, con un dejo de indiferencia, evitan el consumo de cadáveres meramente por consideraciones egoístas, que rondan la superficialidad del snobismo o el bienestar personal.
   
No obstante, subyacen en el trasfondo de ese proceso, otros motivos, aparentes o no, que forjan el desencadenamiento de una transformación de ese tenor.
   
Vegetarianismo puede ser símbolo de la búsqueda racional de una dieta sana, como representar una ampliación profunda de consciencia que, en diferentes niveles, asume connotaciones propias.

Muchos seres asumen el vegetarianismo, tras recibir el impacto por el conocimiento de la alarmante cantidad de animales asesinados diariamente en todo el mundo. Otros, tras haber descubierto que el ser humano puede continuar con su vida prescindiendo totalmente del consumo de las mal llamadas “proteínas animales” sabiendo que una dieta balanceada, equilibrada e inteligente es enteramente suficiente para obtener todos los minerales y aminoácidos necesarios; vitaminas y sustancias esenciales.
   
También están los que forman parte o adhieren a un movimiento ecologista que, asumiendo el vegetarianismo como acción, promulga en contraposición a la existencia de una industria altamente contaminante como la de mataderos y curtiembres.
   
O los que, por una egoísta búsqueda de salud, intentan acercarse a una dieta moderada de componentes animales.
Y finalmente, aquellos que se vuelven fitófagos, por régimen religioso, o sanitario.

   
Cada etapa transitada por la humanidad contiene sus propias características y, el hombre en estos momentos tan agudos en el planeta, está siendo conducido a vivir profundas mutaciones en sus estructuras materiales y sutiles. El consumo armónico de legumbres, cereales, frutas y vegetales auxilia a disipar conductas retrogradas e instintivas que impiden el desarrollo de procesos ampliatorios de la consciencia.
   
El vegetarianismo permite cooperar conscientemente con la evolución de los reinos subhumanos. Reinos que, se encuentran próximos a la individualización humana, como el animal, y requieren acompañamiento y compasión.
Le ofrece al reino vegetal la oportunidad de contactar una vibración más elevada al entrar en el aura de un reino más evolucionado que el animal. Colabora en el reequilibrio del karma humano acrecentado por el impacto energético que proviene de la constante masacre de animales. Como vemos, una alimentación vegetariana exenta incluso de derivados como huevos y lácteos no es fitosanitariamente útil tan solo.
   
Muchos seres demandan “motivos”, antes de poder realizar cambios en su alimentación. Otros inquieren pruebas, con los mismos fines. Pero, ¿Se necesitan motivos? ¿Es necesario racionalizar un porqué? ¿No alcanza simplemente confirmar necesario una transformación en si mismos? ¿No basta sentir inminente un cambio que, sin ser buscado ni analizado, urge a la consciencia realizar?

Los motivos restan, pero no son absolutamente necesarios. Cumplen su función de forma prolija. Acompañan externamente movimientos internos, íntimos, abstractos, que la mente generalmente no alcanza a desentrañar. Y que en incontables oportunidades acuden a ella como parámetros que dan contención a desenvolvimientos expansivos de la consciencia que habitualmente, por sutiles, resultan difíciles de sostener con lucidez.

Transformarse y mudar nuestra relación con el Ser Planetario ¿Necesita de motivos? ¿No es suficiente que una necesidad ineludible, de repulsar vicios enfermizos pulse en el interior del ser? ¿Es menester hacerse de complicados artilugios mentales para autoconvencerse e intentar convencer a otros de la legitimidad de una mudanza emprendida?

Los motivos sobran, pero basta con fe en la conducción interna e intención de transformase. Esas son las bases sobre las que opera la cura.
   
Un impulso que arriba a la consciencia, oculta un único fin: asistir la trascendencia de un estado a otro. No requiere ser racionalizado. Encontrar receptividad y expresión basta para aquel. Un estimulo ofrecido desde la luz interna no contiene explicaciones, ni argumentos; es valido por inherencia.

Pero ¿Es necesario conocer conscientemente los detalles que involucran una situación para decidirse a enfrentarla?

El hombre de hoy es necrófago. La base de su alimentación son cadáveres animales. Es innegable.

Un necrófago se alimenta con restos en descomposición de cadáveres animales, que es lo que pende de los colgaderos de una carnicería; que es lo que contienen los productos animales envasados. Solo restos de animales en proceso de putrefacción; atenuado para los fines comerciales, con conservantes artificiales y químicos; inyectados con antibióticos para mantener los cuerpos inertes en un estado de aparente vitalidad.

¿Cuántos motivos más que éste se necesitarían para dislocar los lazos que nos mantienen circunscriptos a las fuerzas materiales, si la información bastase?

Sabemos que, extrañamente, ningún necrófago actual carga arco ni flecha preparados para la caza ni recurre a una emboscada para acorralar y dar muerte a una presa de una envergadura mayor que la que sus instrumentos de corte y fuerza humana le permitiría.
   
Sabemos que hoy ya no hay cazadores. Únicamente conniventes. Pues ¿Qué motivos tendrían las “tribus” de hoy para matar animales, con miles de alimentos vegetales disponibles? Ni aun así el mero conocimiento llega a ser suficiente, cuando la cruda realidad muestra que el asesinato masivo de animales ha tomado proporciones siniestras. ¿Cuantas más evidencias necesitaríamos?
   
Descubrir, que de manera organizada el ser de la superficie terrestre colude, connive el exterminio de millones de animales diarios, sobraría como móvil de una alteración alimenticia. Y obraría, como motor impulsor del cambio. Pero eso no sucede cuando -aunque pragmáticos -, los estímulos son racionales.

Los restos de cadáveres porcinos poseen alrededor de 600.000.000 millones de bacterias por gramo, que se multiplican hasta cerca de 1.000.000.000 millones un día después. Los embutidos, con 40.000.000 millones de bacterias pasan a contar, tan solo un día después de haber sido expuestos a algunos instantes de temperatura ambiente, con 750.000.000 millones. Y estos son meros ejemplos. Está comprobado científicamente que la carne produce acido úrico. Que los riñones no alcanzan a expurgarlo totalmente. Que las cristalizaciones celulares devinientes desarrollan enfermedades como artritis, artrosis, gota, etc.… Pero ¿Basta esa información? ¿Altera el comportamiento humano?
   
La necrofagia actual da muerte a toda clase de animales: vacas, gallinas, cerdos, caballos, peces de todo tipo, delfines, ballenas, ciervos, llamas, camellos, ñandúes, burros, vizcachas, gran variedad de aves y roedores, conejos, cabras, y una interminable lista de especimenes incluidos los que oscilan el borde de la extinción.

El exterminio ha superado todos los límites. El desprecio por la vida existente en el reino animal sobrepasa el salvajismo. El desamparo e indiferencia para con estos, está por debajo de la más rudimentaria humanidad conocida.
   
Pero como vemos, ¿Alcanzan esos conocimientos para inducir transformación?
   
¿Es indispensable conocer que existen innumerables mataderos –o granjas/factorías como son denominados también- para asumir una actitud ante ello? ¿O que todavía funcionan incontables curtiembres para que se sostengan hábitos de vestimenta primitivos? ¿O que hasta los ríos son contaminados actualmente con cromo y otras sustancias a raíz de estas industrias? ¿O que millones de vacas son exigidas a producir ingentes cantidades de leche mediante hormonas, para que los seres humanos consuman el alimento que estos animales elaboran naturalmente solo para sus crías, los terneros? ¿Es indispensable conocer que miles de gansos son confinados a una alimentación extremadamente forzada cada dos horas durante unas dos semanas, lapso al cabo del cual desencarnan solo para poder procesar su hígado deformado como “paté de foie”? ¿O que las estadísticas señalan cada vez más enfermedades actualmente relacionadas al consumo de cadáveres animales?

    Aunque la razón pudiera enumerar un sinfín de interpretaciones positivas, aun así no alcanzaría.

La claridad que permite avanzar, el impulso que permite abordar una transformación, la energía que puede sostener un comportamiento renovado, están presente en el pulso que un estímulo intuitivo, -sin ningún tipo de elucubraciones- acerca a la consciencia, buscando retrotraerla de la influencia que los juegos de fuerza retrógrados ejercen en la actualidad.

Porque las informaciones podrían resultar más drásticas de lo que son y aun así, no volverse alerta de la degeneración en que incurrió más del noventa por ciento de la población humana actual. Y aunque las informaciones fuesen de tanto impacto que no dejasen lugar a dudas de la necesidad de una transformación en alguna escala de los patrones de conducta de esta raza predominante, colegiríamos que existe un único impulso, una única energía con el poder suficiente para suscitar transformación: la que proviene del corazón, en términos internos, y no de la mente.

Solo la energía de un impulso interno posee la fuerza necesaria para movilizar la consciencia.

   
Esos impulsos se ofrecen y transmiten de forma, no obstante, generalizada. Para que un porcentaje de la humanidad asuma comportamientos renovados, maduros, elevados como nunca pudo expresarlos, y de ese modo auxilie la instalación de una nueva vida sobre la superficie de la tierra.

Aunque observemos, a medida que esta situación avance en el planeta, más y más motivos por los cuales modificar nuestros hábitos alimenticios, recordemos que solo un auspicio interno nos ofrecerá garantías.
Que no existen garantías en aquello que puede ser estimulante pero no sostenible.
Que las únicas garantías son lo que pulsa en el interior, que solicita expresarse,  y no se sostiene por argumentación ninguna.

El único motivo que basta para transformarnos, es la necesidad, insoslayable, de abrirnos a que ello inexorablemente acontezca.    

Si el progreso humano solo se mide en términos tecnológicos y científicos y no en términos filosóficos y espirituales, es difícil tarea intentar conducir a los conjuntos humanos a encuadrarse en aquellos parámetros evolutivos que en los momentos presentes deberían desenvolverse.

Por ello, un mensaje como éste encuentra resonancia únicamente en los seres receptivos a la transformación.
En quienes con disponibilidad al cambio, pueden ser depositarios de informaciones de otro tenor.

Una colaboración especial de Janik  para Buenasiembra.

 Bajar textos sobre Salud y Alimentacion

Mas info sobe alimentación y dietas

http://buenasiembra.blogspot.com/

http://portal11acuario.blogspot.com/

http://noticiasdislocadas.blogspot.com/


Alimentos:

El secreto más grande es expuesto.

Merece la pena aguantar los 15 minutos, información interesante y veraz.
http://www.youtube.com/watch?v=wpE6097WXd0&feature=player_embedded


Piensa siempre en términos de luz en tu vida cotidiana, porque el pensamiento positivo de luz
puede ayudarte mucho más de lo que crees.
La fuerza del pensamiento es el medio más potente de la creación. Así, usa tus pensamientos sabiamente.

Verte siempre dentro de un círculo de luz y esta luz será tu escudo impenetrable para las energías negativas que te rodean y que no podrán llegar a tus luminosas vibraciones. Debes parar de rebelarte, de querer explicarlo todo con el mental.

"Acepta la vida, la Alegría y el Amor"

Dios te Ama, Dios te escucha, Él todo te lo da.

 

 Mi Tribu es de los Bosques, del mar, de la montaña.

                  Mi Tribu es de las nubes, del cielo y las estrellas.

                  Mi Tribu es gente honesta con seres de otros planetas.

                  Mi Tribu es visionaria de guerreros antiguos.

                  Mi tribu no es de aquí, pertenece a los cielos.

                  Mi tribu vino de muy lejos y es angelical.

                  Mi tribu tú la conoces porque es muy famosa.

                  Mi tribu se llama… “Reino Celestial"


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