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El fabuloso poder de la Gratitud

Louise L. Hay con la colaboración de sus amigos

Gratitud

Dar gracias por lo que tienes transformará tu vida
Recopilado por Jill Kramer
EDICIONES   URANO
Argentina - Chile - Colombia - España México – Venezuela

Introducción
Louise L. Hay

Me alegra muchísimo compartir este libro tan especial con mis amigos y con el mundo. Todos los beneficios que pro­duzca se destinarán a la Fundación Hay, mi organización no lucrativa que trabaja diligentemente para mejorar la calidad de vida de muchas personas, entre ellas los enfer­mos de sida y las mujeres maltratadas.
Espero que mientras leas los inspiradores y hermosos pensamientos de este libro te tomes tiempo para pensar en todas las cosas de tu vida que puedes agradecer.
Siempre insisto en dedicar una parte del día a...
... Dar las gracias al Universo

Louise L. Hay es conferenciante y profesora de metafísica y autora de 17 libros que han tenido un gran éxito, entre ellos Usted puede sanar su vida y ¡Vivir! Reflexiones sobre nuestro viaje por la vida Desde que empezó su labor como ministra de la Ciencia de la Mente en 1981, ha ayudado a miles de personas a descubrir y usar toda la capacidad de sus poderes creativos para el crecimien­to personal y la autocuración. Las obras de Louise se han traducido a 25 idiomas de 33 países de todo el mundo. Es la propietaria y fundadora de Hay House, editorial dedicada a la divulgación de libros, casetes, vídeos y otros materiales que contribuyan a sanar el planeta.

He observado que al Universo le gusta mucho la gratitud. Cuanto más agradecidos somos, más bienes obtenemos. Al decir «bienes» no me refiero sólo a cosas materiales, sino a todas las personas, lugares y experiencias que hacen la vida tan maravillosamente digna de ser vivida. Ya sabes lo bien que uno se siente cuando su vida está llena de amor, ale­gría, salud y creatividad, y cuando encuentra los semáforos en verde y sitio para aparcar. Así es como está destinada a ser nuestra vida. El Universo da con abundancia y genero­sidad, y le gusta que se le dé las gracias.

Piensa en cómo te sientes cuando le haces un regalo a un amigo. Si lo mira y pone cara de desilusión o dice: «Ay, no es de mi talla», o «Este color no me sienta bien» o « ¿Y eso es todo?», seguro que no vas a tener el menor deseo de volver a hacerle un regalo. Pero si ves que sus ojos bailan de alegría, y se muestra complacido y agradecido, entonces cada vez que veas algo que pienses que le gusta­ría, desearás regalárselo, independientemente de que lo hagas o no.

La gratitud produce más cosas por las que estar agra­decido; aumenta la abundancia.
La falta de gratitud y las quejas producen poco de qué regocijarse. A los quejicas siempre les parece que hay pocas cosas buenas en su vida, y no disfrutan de lo que tienen.

El Universo siempre nos da lo que creemos merecer. A muchos nos educaron para fijarnos en lo que no tenemos y sentir sólo carencia. Parti­mos de una creencia en la escasez y luego nos pregun­tamos por qué está tan vacía nuestra vida. Si pensamos que no tenemos una serie de cosas y que no seremos felices mientras no las tengamos, dejamos en suspenso la vida. Entonces lo que el Universo oye es: «No tengo tal o cual cosa y no soy feliz», y eso es lo que conseguimos.

Desde hace tiempo acepto todos los cumplidos dicien­do: «Lo acepto con alegría, placer y gratitud». Me he dado cuenta de que al Universo le gusta mucho esa expresión, y constantemente recibo los regalos más maravillosos.

A! despertar por la mañana, lo primero que hago antes de abrir los ojos es dar las gracias a mi cama por la buena noche de sueño que me ha proporcionado. Le agradezco el calor y la comodidad que me ha brindado. A partir de ese comienzo, es fácil pensar en las muchas, muchísimas cosas más por las que me siento agradecida. Cuando salgo de la cama, probablemente ya he expresado mi gratitud por las ochenta o cien personas, lugares, cosas y experiencias de mi vida. Esa es una forma fabulosa de empezar el día.

Por la noche, justo antes de dormirme, repaso el día, bendiciendo y agradeciendo cada experiencia. También me perdono si me parece que he cometido un error, he dicho algo inapropiado o he tomado una decisión que no era la mejor. Ese ejercicio me llena de calorcillo y me quedo dor­mida como un bebé feliz.

Nos conviene agradecer incluso las lecciones que reci­bimos. No hay que huir de las lecciones; son pequeños tesoros que se nos dan. Cuando aprendemos de ellas, nues­tra vida cambia para mejorar. Ahora me alegro cuando veo otra parte más de mi lado oscuro. Sé que eso significa que estoy preparada para abandonar algo que ha estado dificul­tando mi vida. Digo: «Gracias por enseñarme esto, para poder sanarlo y continuar adelante».

Así pues, tanto si la lección es un «problema» que ha surgido como una opor­tunidad de ver algún viejo comportamiento negativo que ya es hora de abandonar, ¡alégrate!

Dediquemos todos los momentos posibles de cada día a agradecer todo lo bueno que hay en nuestra vida. Si es poco lo que tienes ahora, aumentará. Si tu vida ya es abundante, esa abundancia también aumentará- De este modo siempre se gana. Tú te sientes feliz y el Universo se siente feliz.

La gratitud aumenta nuestra abundancia

Comienza un diario de agradecimientos. Cada día escribe algo por lo cual estés agradecido. Diariamente di a alguien lo agradecido que te sientes por algo. Da las gracias a los dependientes de las tiendas, a los camareros, al carte­ro, a tu jefe o tus empleados, a tus amigos, a tus familiares y a perfectos desconocidos. Cuenta el secreto de la grati­tud, propágalo. Contribuyamos a hacer de este mundo un lugar de agradecimiento, por todo lo que damos a los demás y por todo lo que recibimos de ellos.
Reflexiones sobre la gratitud
Carolyn A. Bratton

Carolyn A. Bratton es la cofundadora del Lifestream Center, de Roanoke, el único centro de curación holista de Virginia; es también ministra ordenada. Graduada en dos de los Programas Intensivos de Formación de Louise Hay, lleva varios años dirigiendo talleres y seminarios en Esta­dos Unidos y en el extranjero, basados en los libros Usted puede sanar su vida, de Louise Hay, y Las nueve revelaciones, de James Redfield.

Cuando repaso mi vida y veo de qué forma increíble se ha desarrollado, con todas las enseñanzas que he aprendido de los maestros que me han ayudado a mirar los rincones oscuros de mi vida, siento una gran reverencia por esa cosa maravillosa llamada Vida.
Sí, ciertamente soy una persona agradecida, algunas veces más que otras, pero me siento invadida por una humilde gratitud por tener la oportuni­dad de realizar mi vida en esta época tan auspiciosa de la historia de nuestro planeta.

La gratitud es algo importantísimo para la calidad de nuestra vida. Por lo que a mí respecta, sé que cuando estoy agradecida tengo mis canales abiertos de par en par para todos y cada uno de los bienes que puedan encaminarse hacia mí. También es cierto lo contrario. Si no ocurre nada en mi vida, sólo tengo que mirar cómo está el barómetro de la gratitud, y ahí encuentro la respuesta. Un corazón cerrado cierra la conexión de nuestra alma con la Fuente de toda felicidad, alegría y dicha.

Me he acostumbrado a «actuar como si», es decir, actúo como si estuviera agradecida aun cuando me resulte difícil sentir esa agradable sensación que surge de un modo natural cuando estamos agradecidos. Y no pasa mucho tiempo sin que me sienta de verdad agradecida.

He descubierto un rito interesante: entonar una canción a todas las cosas por las que estoy agradecida cuando voy conduciendo mi coche. Comienzo la canción con un simple «gracias» por lo que sea, y ese «lo que sea» parece desatarse en una interminable lista de cosas por las que me siento agradecida. Esto me eleva muchísimo el ánimo cuando no me siento de humor para dar las gracias. La cancioncilla se vuelve bastante creativa, y muy pronto me sorprendo son-riéndome a mí misma, lo cual es, por cierto, una manera fabulosa de nutrir y divertir a mi mejor amiga: yo.

Otra cosa que me encanta hacer es decir: «¡Gracias!»- Y yo le añadiría la palabra «¡Sí!», como dice Louise Hay en su maravillosa afirmación: «¡Digo SÍ a la Vida, y la Vida me dice SÍ!». Cuando tenemos ese tipo de química flotando en la cabeza y el cuerpo, seguro que los éteres -los que ema­nan de uno y llegan a todos y a todo- van a volver a noso­tros, y van a volver multiplicados.

A veces olvidamos que somos seres divinos y que la intención del Creador es que disfrutemos de esta cosa lla­mada Vida. Las lecciones de la vida pueden estar llenas de alegría en lugar de tanto dolor, y cuando nuestra actitud proviene de un lugar amoroso, agradecido y apreciativo del corazón, los Maestros, Ángeles y Guías pueden ayudarnos aún más. Cuando les pedimos ayuda, podemos estar eter­namente agradecidos por esta Jerarquía Planetaria que está más que dispuesta a ayudarnos. Entonces comprendemos que jamás estamos solos en el camino.

He descubierto que cuanto más dispuesta estoy a agra­decer las pequeñas cosas de rni vida, más cosas grandes surgen de fuentes inesperadas, y empiezo con mucha ilu­sión cada día, con todas las sorpresas que están constante­mente llegándome.

Así pues, si tu vida no funciona bien en estos momen­tos, podría deberse a que tu actitud de gratitud necesita un amoroso ajuste. Declara y afirma que te dispones a ser una persona más agradecida, y observa cómo te llegan regalos de la Vida. También afirma tu buena disposición a dar. Cuanto mayor sea tu gratitud, más bienes vendrán a ti; cuanto más das, más recibes.
¡Qué buena es la Vida! Y así es. Y así sea.

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