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Karma y Reencarnación

¿Quienes Somos, de Donde Venimos y Hacia Donde Vamos?

Miles de personas en el mundo se plantean este interrogante, porque no le conforman las versiones religiosas que dan las iglesias, ya que al incipiente intelecto no le satisfacen las respuestas dogmáticas.

Lo expuesto aquí es solo una teoría acerca de la Verdad que cada uno debe captar en su interior, después de haber reflexionado y meditado.

Muy ligeramente muchas personas afirman que no creen en la reencarnación, pero esto solo confirma la poca elasticidad mental que poseen para reflexionar; ya que si bien no se ha demostrado aún científicamente la existencia del alma, tampoco se ha demostrado lo contrario.

Al observar la maravillosa anatomía humana, compleja, perfecta e inteligente, nos damos cuenta que es una comunidad de vidas menores que se interrelacionan, y que cada cual hace su trabajo dependiendo unas de otras.

Basándonos en esa premisa y de que “como es arriba es abajo”, podemos decir que nuestro planeta y el sistema solar son un gran organismo, siendo la tierra una parte de él, así como nosotros somos parte del planeta, y como nuestro dedo meñique es parte de nuestro cuerpo que sin duda cumple una misión específica; de no ser así ¿porqué existe? El no saber algo o el ignorarlo no es motivo para la negación, sino más bien para la investigación.

Así llegamos a la conclusión de que nosotros existimos por algo, para algo específico, formamos parte de un Organismo o Ser Mayor que nosotros; que nos contiene para manifestarnos y respondemos a su Plan.

A ese Ser que nos da la vida lo llamamos Dios, Arquitecto del Universo, Logos Planetario o Logos Solar, pero no importa el nombre, igual formamos parte de él y estamos sujetos a su Plan, el cual es de Amor y de Luz, tal como lo revelan las filosofías y religiones del mundo. Por eso, todo lo que en Él se manifiesta tiende a evolucionar, incluyéndonos a nosotros el reino humano..

La existencia física es como una escuela a la que asistimos todos los reinos de la naturaleza, pero no todos “al mismo grado”, la humanidad lleva más años de estudio, pero a pesar de que va a un curso “más adelantado”, no es lo más elevado del planeta, sino sólo una parte de Él, por lo que debe seguir aprendiendo en la “Escuela en de la Vida” para seguir adelante en grados más avanzados, como lo es el reino inmediato superior, el Reino de las Almas. Así eternamente, sin principio ni fin es la Vida, en la cual todos los Universos se manifiestan y van detrás de un Luz Mayor que los liberará de las luces menores.

El reino humano está buscando una Luz Mayor, por eso comienza a investigar, las cosas de la vida diaria no le satisfacen internamente y comienza a percibir que “hay algo más” detrás de tantas formas; que no es razonable que todo lo que ven sus ojos, exista solamente para crecer, trabajar, tener hijos, y luego morir.

Somos un organismo viviente que evoluciona dentro de otro Organismo Mayor, adquiriendo experiencia en el reino humano, mediante los experimentos que hacemos en la vida diaria, logrando así una mejor expresión, poco a poco, sin prisa y sin pausa, de los dos aspectos de la Divinidad mencionados anteriormente: Amor y Luz.

¿que es la reencarnación? ¿quien reencarna y para que?

La reencarnación es una Ley Universal, por lo que nos guste o no, creamos o no reencarnamos igual, porque no es una elección nuestra, sino que es la Voluntad de un Organismo superlativamente mayor que nosotros. Por eso es una ley que debemos cumplir.

La reencarnación significa la “acción de volver a la carne”. Alguien lo hace, ese alguien no es la persona ya que ella es justamente carne, por lo tanto vamos a definir lo que somos, para reconocer que parte de nosotros reencarna:

Vida, Conciencia, Forma

Vida es la energía esencial que produce todo lo que existe. Fuente y causa sustentadora y originadora de toda manifestación.

Conciencia es la entidad psíquica que puede poner en función activa una cualidad que existe en todas las formas humanas, Amor-Sabiduría, denominada Alma.

Forma es la apariencia, la “carne” que utilizamos para poder manifestarnos materialmente; es nuestra parte externa animada por la Vida. Con ella podemos realizar los experimentos en la vida diaria, y la experiencia conciente o inconscientemente adquirida, se va “almacenando” en la Conciencia, o como bien lo dice la palabra, en el Alma.

Esto quedó evidenciado en la historia de Cristo, quien continuamente recordaba a su pueblo que Él no era lo que aparentaba ser, tampoco era el Padre en el Cielo. Él representó en sí mismo La cualidad del Amor.

Vida, Conciencia y Forma son una síntesis en el Universo manifestado y en el hombre encarnado. Detrás del Universo manifestado permanece Aquel que no es un individuo ni está limitado por la existencia individualizada.

El Budista tiene razón cuando acentúa la naturaleza no individualizada de la deidad y se niega a personificar a la Divinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la teología cristiana; personificando, como lo hacen las triplicidades de todas las teologías, que se convierten también en el Uno cuando ha terminado el período de manifestación. Permanecen como Uno, con la cualidad y la vida intactas e indiferenciadas, tal como son en la manifestación.

Tenemos la analogía de esto cuando desencarna un hombre. Desaparecen los tres aspectos de la personalidad o forma: mente inferior, emociones y cuerpo físico. La persona no existe; sin embargo el ser conciente, el Alma, la conciencia permanece; su cualidad, propósito y vida están unidos a su Alma inmortal. La forma externa con sus diferenciaciones ha desaparecido, nunca volverá exactamente en la misma forma o expresión, en tiempo y espacio.

Por lo tanto, quien reencarna es el aspecto Conciencia, tomando una nueva forma o personalidad con el fin de expresarse física, emocional y mentalmente, siendo el propósito adquirir experiencia en el mundo material para aprender a Ser, algún día, la expresión de los dos aspectos de la divinidad: Luz y Amor.

Nada en la naturaleza crece de un momento a otro, sino que se toma su tiempo como lo hace la semilla para dar frutos y una madre para dar a luz. De igual modo en la escuela “de la vida” no se aprende de un día para otro; hay que venir una y otra vez a aprender, a comprender, saber y Ser, a trasmutar el instinto en intelecto y éste en intuición, lo cual nos llevará a desarrollar finalmente la iluminación.

¿Existe el destino?

Para contestar es necesario reflexionar, pues el hombre tiende a librarse de responsabilidades inventando palabras que le sirven para aliviar la conciencia de la personalidad; está ocultando errores, desaprovechando la oportunidad que tiene de aprender de ellos y mejorar su accionar.

Algunos de esos ejemplos son “la suerte”, la “mala suerte”, “el destino”, o traspasa la responsabilidad a los deseos de un Dios castigador, repitiendo: “Dios así lo quiso”, “si Dios quiere” u otras afirmaciones que se dicen como si Dios fuese un vecino al que se conoce muy bien, para saber lo que quiere y lo que no quiere, siendo víctima uno mismo de esas cosas que se inventaron.

Al no tener respuestas el proceso de aprendizaje se hace lento y tortuoso, se transita completamente a ciegas. Después de tanto sufrimiento y errores, comenzamos a investigar la causa de lo que nos sucede; ocupando el lugar del Observador podríamos darnos cuenta de que los errores que cometemos, pasan desapercibidos por vivir de manera inconsciente.

Esto será hasta que logremos calmar las aguas de nuestras emociones y deseos, para ver lo que hay en el fondo y lograr serenar la mente, poco iluminada porque vivimos adormilados, en un estado de inconsciencia casi total.

Si nos ubicamos como el Observador elegiremos cuidadosamente la semilla que debemos sembrar, verificaremos que la tierra sea apta; corroboraremos que el momento sea adecuado, recién entonces haremos la siembra.

Dicha siembra tendrá su cosecha, la cual será de acuerdo a lo sembrado en tiempo pasado. A la consecuencia de lo que nosotros mismos realizamos se le llama “destino” o “suerte, pero es el resultado de nuestras propias acciones.

Por lo tanto, el destino existe y no existe, depende de cómo se lo interprete; si se lo interpreta que es una “cosa” que existe fuera de uno y maneja la existencia a su antojo, entonces afirmamos que el destino no existe, pero si subimos a un ómnibus con destino al sur, llegaremos al sur, no por culpa del chofer o del fabricante del transporte sino por nuestra responsabilidad, ya que nosotros elegimos el micro con esa dirección eligiendo nuestro destino, interpretado de esta manera el destino existe.

En lo cotidiano este ejemplo está lleno de matices imposibles de explicar, la intención es hacer una analogía con el fin de reflexionar, meditar y poder mejorar nuestro accionar, empezando a ser un poco más conscientes de lo que hacemos, decimos, sentimos o pensamos, sabiendo que todo tendrá una consecuencia: un destino.

¿Que es el Karma?

Por lo expuesto se deduce que debe existir una Causa originante, una Ley que, de una manera justa y precisa a modo de “Relojero”, regule las condiciones de cada encarnación o existencia.

Una Ley es la imposición, entre las cosas más insignificantes y más importantes, de la Voluntad y el Propósito de aquello que es superlativamente grandioso.

Más allá del conocimiento del hombre, la Ley de Reencarnación o Karma es una Ley inflexible que ajusta sabia y equitativamente a cada Causa, su debido Efecto; es el destino ineludible de cada individuo, pero no un destino ciego o caprichoso, sino el destino absolutamente justo y estrictamente acomodado al mérito y demérito de cada uno.

En virtud de la Ley del Karma, las buenas o malas consecuencias de todos los actos, palabras y pensamientos del hombre, reaccionan sobre él con la misma fuerza con que obraron, y así es que tarde o temprano, en la presente o en venideras existencias, cada cual recoge exactamente lo mismo que ha sembrado.

Nuestros deseos, nuestras expresiones, pensamientos y actos, son los que por virtud de dicha Ley, nos vuelven a traer repetidas veces a la existencia física, determinando la naturaleza de nuestros renacimientos, dándonos el ámbito necesario paras aprender las debidas lecciones en cada oportunidad.

Todas las desigualdades y diferencias que vemos en las condiciones de diversas personas, son hijas de las consecuencias del accionar de cada uno, lo que se considera como favores o crueldades de la suerte, son la correspondiente retribución de nuestras conductas pasadas, teniendo en cuenta que dichas actitudes y acciones las llevamos a cabo con otro equipo de manifestación o personalidad, pero la Conciencia sigue siendo la misma.

Somos nosotros mismos quienes labramos nuestro porvenir y labramos nuestro futuro, no podemos agradecer o culpar a nadie, pues somos responsables y hacedores de nuestro destino.

Lo mismo ocurre con las naciones. Las naciones actuales están cosechando lo que han sembrado, esto comprueba el hecho de que existe algún mundo iniciador de causas.

Las condiciones históricas, las relaciones entre naciones, las restricciones sociales, las convicciones religiosas y las tendencias, pueden ser atribuidas a causas originantes, algunas de ellas muy antiguas. Todo lo que acontece en el mundo de hoy y afecta a la humanidad son aspectos iniciados por seres humanos en alguna parte, en algún nivel o época, ya sea en forma individual o en masa.

Karma es lo que el hombre ha instituido, llevado a cabo, fomentado, realizado o no, en el transcurso de las épocas hasta el momento actual.

Hoy el fruto está maduro y la humanidad está cosechando lo que ha sembrado, en preparación para arar nuevamente en la primavera de la nueva era, sembrando simientes que producirán una mejor cosecha; recordemos que depende de cada uno de nosotros decidir que sembrar, por lo tanto es importante que comencemos a vivir de un modo más conciente, para que en la consecuente cosecha no nos encontremos con tanto dolor y sufrimiento.

Al sembrar no se debe tener el interés egoísta de mejorarse solamente uno mismo, ya que lo que nos hará libres es el amor expresado en servicio a la humanidad, reflejando con claridad nuestra parte divina.

Por Víctor Abba Saavedra
Enviado por Lidia.

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