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Madre Teresa de Calcuta

La pasión de Teresa:

«Abre las puertas de tu casa
al más necesitado;
comparte tu mesa con
el hambriento;
viste al desnudo;
da de beber al sediento;
visita al enfermo;
hospeda al peregrino».
En definitiva, se trata de
vivir nuestra vida con
ese mismo espíritu que
animó a la Madre Teresa.

Agnes Gonxha Bojaxhiu nace en Skopje, capital de Macedonia, el 27 de agosto de 1910.

Una niña normal en una familia normal. Cuando tenía doce años oye una misteriosa voz que le dice que ella se convertirá en una figura religiosa cuando crezca. En 1929, Agnes entra al noviciado y cambia su nombre por el de Teresa, en honor a la hermana Teresa de Bélgica, quien llamaba su camino “el camino pequeño”. Este camino pequeño consiste en servir a Dios a través de acciones simples y comunes, lo mejor posible y con una buena disposición.
Toda su vida seguirá la filosofía de este “camino pequeño”.

El 24 de mayo de 1931, Teresa toma sus primeros votos temporales de pobreza, castidad y obediencia. Pronto parte rumbo a Calcuta, India. Esta es una gran ciudad con varios millones de habitantes y extensas áreas de barrios pobres. Teresa trabaja dando clases y luego en un hospital. Las hermanas sólo salen del convento en casos de extrema emergencia, pero en el hospital Teresa presencia una miseria y pobreza horribles por primera vez. El 14 de mayo de 1937, la hermana Teresa toma su segundo voto, este es permanente y se convierte en la directora del colegio Santa María. Más adelante enseñará fuera de las murallas del convento y visitará los barrios pobres. A esto seguirán tiempos turbulentos.

En 1943 se produce una hambruna en Bengala. Cinco millones de personas mueren de hambre y muchos huyen hacia Calcuta. Pakistán se separa de la India, y se desata una guerra entre musulmanes e hindis. Cuatro mil personas mueren. Esto conmociona a la madre Teresa también.

El 10 de septiembre de1946, la hermana Teresa parte rumbo a Darjeeling, en el Himalaya, para reflexionar durante un tiempo. En el tren recibe un llamado.
Dios quiere que ella deje el convento para trabajar entre los más pobres de los pobres. Le confía esta revelación a un cura, y, luego de una larga espera, en el mes de abril de 1948, recibe permiso para irse.

Este es un gran paso, ya que las hermanas no obtienen permiso para dejar el convento y romper sus votos tan fácilmente. Se le da un año de plazo para probar que su plan se trata de un verdadero llamado y que tiene posibilidades de éxito.
Con solo cinco rupias, la hermana Teresa deja el convento. Tiene 38 años de edad. Copia el atuendo que usan las personas de los arrabales y comienza a usar un zari blanco con bordes azules. Primero toma un corto curso de medicina en una misión médica en Patna, India. De vuelta en Calcuta, renta una cabaña en un barrio marginal y comienza a enseñar a los niños pobres. Empieza a correr rápidamente la voz, aunque ella no tenga realmente un plan. La gente le ayuda, le regala una silla y un armario. Teresa baña a los niños a los cuales enseña y luego también baña a los enfermos además de brindarles cuidados.

Teresa se encuentra muy sola durante este período, pero muy pronto sus antiguos pupilos acuden en su ayuda. Alguien le ofrece un lugar en su casa, donde ella pueda vivir junto a las hermanas que han venido a ayudarle. Más y más gente le ayuda. Luego se le entrega un sitio más grande. Abre un hogar para los moribundos, un hogar para huérfanos y talleres. Sin embargo, en ningún momento Teresa tiene un plan.

Ella vive sólo de sus principios. Teresa sigue el camino pequeño. Con entusiasmo realiza trabajos sucios que nadie quiere hacer, cura heridas inmundas, lleva una vida modesta. Cuando se le invita a una cena, pregunta si se le concede el dinero que iba a ser gastado en ella y se lo entrega a los pobres. Quizás su principio más importante sea que a sus ojos todos merecen recibir el mismo amor, sin importar su aspecto o qué religión profesen. A sus ojos, todos los hombres son como Jesús, como Dios y es de esa forma como deben ser tratados. Todo el mundo es bienvenido por ella.

El movimiento que Teresa inició, empezó a crecer. Se le permitió seguir trabajando fuera del convento e incluso se le asignó su propia orden; las hermanas de la caridad. Desde ese momento en adelante ella es la madre Teresa. Su trabajo no se limita a la India, sino que se extiende a todo el mundo. Muchos consideran un privilegio trabajar con la madre Teresa. Cómo una mujer tan pequeña puede ser tan grandiosa.

Ojos abiertos a la miseria

La madre Teresa estaba convencida del camino que debía recorrer. No fue una decisión fácil de tomar, tenía que probar la veracidad de su llamado, tener paciencia, y sobre todo trabajar muy duro. Hubiese sido sencillo cerrar sus ojos a la miseria existente fuera de los muros del convento, pero Teresa salió y la enfrentó. Se ubicó en medio de ella y vivió entre los horrores.

Fue difícil y también solitario al comienzo, pero era el camino correcto, y es precisamente la pasión con que ella hacía su trabajo la que le hizo alcanzar el éxito. La pasión la hizo mantenerse firme. Cuando se comenzó a correr la voz, una creciente cantidad de personas se unió a ella y su movimiento se volvió internacional. La gente aún sigue su ejemplo; la madre Teresa ayuda a las personas.

La pasión de una vegetariana

Muchísimos animales viven en condiciones de miseria comparables.
Sabemos de las terribles injusticias que se cometen en su contra.
Pero también se nos hace fácil no pensar demasiado en ellos.
Los animales son despedazados para nosotros, pero no presenciamos ningún tipo de espectáculo sangriento o sus indignas condiciones de vida.
La carne es cortada para nosotros y muchas veces se nos entrega en formas que no se reconocen como lo que son: una parte de un animal, por ejemplo: una barrita de pescado o una bola de carne. La industria ganadera se encuentra lejos de nosotros. Y si por casualidad llegamos a toparnos con imágenes referidas a este tema en la televisión, cambiamos rápidamente de canal, cerramos nuestros ojos ante ello.
El gato que ronronea echado sobre nuestro regazo recibirá una muestra de cariño extra. ¿Cómo podemos cerrar nuestros ojos a la miseria animal?, ¿podemos justificarla?, ¿Por qué consideramos una vaca como un producto y a un gato como la mascota más preciosa? Pienso que solamente se puede continuar comiendo carne y explotando la tierra, al tapar soberbiamente la verdad.

¿Cómo podemos admirar tanto a la madre Teresa por hacer algo que todo el mundo puede hacer? ¿Acaso no nos deja esto una sensación de intranquilidad? Después de todo, ella no cubrió la amarga realidad. Se introdujo en ella, se expuso a ella, a pesar de que esto trajera grandes consecuencias a su vida personal; pero, a pesar de esto, se mantuvo firme, renunció a todas sus posesiones, vivió entre la miseria, no cerró sus ojos ante ella. Sentía que debía llegar un cambio real y puso su dinero a disposición de su discurso. Entre los leprosos, los intocables, ella vivió su vida.

Los animales son de alguna forma comparables a los leprosos, viven totalmente aislados, muy lejos del “mundo civilizado”, hacinados en granjas de crianza donde nadie puede ver su miseria, esperando la muerte. Es difícil hablar de una vida natural, se trata más bien de sobreviviencia. ¿Cómo podemos comer un trozo de carne, sabiendo cómo se hizo este “producto”? ¿Por qué no abrimos nuestros ojos a la miseria? ¿Puedes mirarte al espejo siendo carnívoro?

Me gustaría contarles cómo vivo la palabra pasión. Para mi pasión es el amor por la vida en el sentido más amplio de la palabra. Este es el principio según el cual yo vivo. No sólo amar mi vida, mi propia vida, sino que también amar a otras personas, al reino animal y al mundo que me rodea. Creo que si te amas a ti mismo tienes que hacerte cargo del mundo que te rodea. La pasión viene del corazón. Cuando escuchas a tu corazón, no puedes equivocarte.

No estoy diciendo que todo el mundo debe convertirse en una segunda Teresa, cada uno debe encontrar su propio camino. Pero quizás pensarás acerca de lo que estás comiendo la próxima vez que comas carne. No pienses que no tiene caso, que nadie puede hacer nada al respecto, que de todas formas no tiene sentido. Cualquier cosa ayuda. No olvides que el poder está en los consumidores. No tienes que hacer ningún gran plan, comienza de a poco, como la madre Teresa, que siguió su camino pequeño. Incluso los caminos pequeños pueden traer grandes consecuencias al final.

Quizás tú eres una de esas personas que preguntaba a un vegetariano qué le había pasado y que por qué era vegetariano. Tal ves deberías comenzar por invertir las cosas, pregúntate a ti mismo: “¿Qué me ha pasado a mí, por qué como carne?” atrévete a abrir los ojos a la verdad y saca tus conclusiones. Sigue tu corazón, sigue tu propio pequeño camino.

Contribución de Gineke Wayer.

Fuente: www.animalfreedom.org/espagnol/reaccion/teresa.html

www.vidahumana.org/mteresa/mteresa_main.html


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