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MITIGAR O INHIBIR

ERYTHROXILUM COCA

Cuando un individuo oriundo de las altiplanicies americanas, tomó por primera vez entre sus manos hace ya unos cuatro mil quinientos años, unas hojas de una planta que lo atrajo por su patente aroma y que –sin raciocinio que mediara- la colocó en su boca masticándola unos momentos para luego expelerla, estaba respondiendo a un estímulo, captado y procesado sin el acompañamiento de la consciencia material. Allí se delineaba una interacción energética entre los habitantes de aquellas serranías y el potencial oculto de aquel vegetal desconocido.

Transcurrieron algunas horas hasta que aquel montañés notara los cambios producidos. Careciendo de agitación o fatiga, aquel recorrido tan trillado junto a sus animales, había resultado diferente. También auxiliado internamente, tiempo después pudo debido a una asociación de ideas, gesticular una relación entre esos pormenores y aquellas hojas mordidas al inicio del día.
   
Postreramente, comprobaciones similares de ese individuo y otros, ya consignaban las particularidades de esa planta de forma beneficiosa y masificaban, al menos en los comienzos solo en su grupo, su uso ministerial.
   
De modo similar a este, en incontables regiones del orbe, un elemento del reino vegetal liberaba su continente vibratorio en el organismo humano, ofreciendo voltajes energéticos que delimitaban determinados procesos fisiológicos o auxiliaban purificatoriamente en regimenes donde la abultada ingesta de cadáveres animales hacia solicito sustancias con algún grado de funcionalidad restaurativa inclusive.
   
Aquellos mal postulados descubrimientos, aparentemente casuales,  -como impulsos conducentes materializados a través de mecanismos del instinto- proveían a algunos individuos o grupos de herramientas generalmente paliativas de un proceso evolutivo que estos se encontrasen transitando. Esos estímulos, puntualmente en estos casos asumidos como una interacción con algunos vegetales, se constituían con la vitalidad del ciclo en el cual la propia energía rectora de su desenvolvimiento los limitaba. Formaban parte de aquella oculta labor regencial que en los innumerables episodios evolutivos estuvo inalterablemente a disposición. Cada uno de esos pulsos emitidos desde la fuente impulsora encargada de la evolución de la humanidad y de los reinos, guardaba una finalidad precisa, perfecta.
   
Las eritroxiláceas, como lo es la coca, inducen singulares efectos que tienen específica relación con algunos estamentos de la evolución de la consciencia. Y adecuados únicamente para determinadas regiones del planeta.

Allí donde el aire es enrarecido; allí donde las labores campestres son extensas; allí donde la alimentación carnívora indigesta repercute diariamente a más de tres mil metros de altura, fue necesario que esas sustancias vegetales inundasen el circuito sanguíneo con sus propiedades. La utilización de sus principios activos de forma indiscriminada cuando su aplicación únicamente resultaría benemérita para quienes, karmicamente, guardasen correspondencia con aquella, es la evidencia de una dependencia enfermiza con elementos anticuados.
   
Después de todo, existen individuos en otras regiones del planeta, como los montañeses del Nepal que se encuentran a una altura superior a los cuatro mil metros, también agricultores de sol a sol, necrófagos como los primeros y sin embargo desconocen la coca ni la requieren.

Actuando sobre el sistema nervioso central, la coca imprime un efecto rotundamente inhibitorio aunque no obstante, por tradición popular, se hable de consecuencias mitigatorias. Pero la distancia entre ambos procesos es grande; mitigar no es inhibir. En un caso se produce la atenuación de algunos mecanismos fisiológicos, en el otro son suspendidos temporalmente.
   
Los recursos corporales del apetito, la sed, el sueño, el cansancio y la fatiga son deliberadamente inhibidos por la coca.
No vemos una atenuación del hambre, ni suavizada la sed, ni una reducción del sueño ni mitigado el cansancio durante su consumo, sino una desaparición momentánea. Una escisión perdurable por el lapso de su ingesta. Observamos adipsia, inapetencia e insomnio.

Por su incidencia neurotrópica parece estabilizar la presión arterial en alguna medida, por ello se vuelve puntual auxiliar, de forma directa en cefaleas y jaquecas que pareciera ser su efecto más sobresaliente.

Más, ¿Cuál es el precio a pagar por ingerir concentraciones energéticas vegetales que fueran por un lado, estimables en cólicos intestinales, como colutorios y eficaces contra dispepsias si, por el otro, el impacto sobre las celdas etéricas del cerebro fuese tan fuerte como para restringir las demandas vitales de alimentos, recogimiento y descanso?
   
¿Cuan paradójico sería emplear el potencial vibratorio de un espécimen capaz de armonizar gastralgias fuertes y hasta aumentar la tonicidad muscular como aseveran algunos si, paralelamente, la dinámica del pulsar de los centros energéticos superiores –que en muchos seres está despertando- se viera soterrada por la acción de sus compuestos densos?

Esta planta posee características muy concentradas, fuertes en términos energéticos. Hasta el olor de su masticación inunda la atmósfera de somnolencia. Vibratoriamente, induce al sopor. Aunque no llegando a ser alucinógena, impide mucho más de lo que libera.
   
Es de sumo interés observar cómo en ámbitos donde la coca se consume a menudo y de forma imprecisa existe, contradictoriamente, una dieta sin ajuste de al menos seis comidas diarias. Las personas son obesas de forma mayoritaria. A su vez, las bebidas consisten de modo casi exclusivo de refrescos azucarados, bebidos desmedidamente.
   
Causa de un efecto fustigante, el sistema nervioso responde a ese juego, en que el apetito es inhibido, con un apetito acentuado. Exacerbando la sed, luego de ingerir sustancias que la reprimen.
   
También sabemos que su abuso provoca anemia cerebral y descalcificación.   
   
El distanciamiento de elementos de vibración lenta como el tabaco, las drogas, el alcohol, los estimulantes vegetales e inhibidores nerviosos como la coca, permite que la asunción de nuevos impulsos evolutivos pueda instalarse efectivamente entre los hombres. Y que una rítmica interna superior descienda y opere. Ya no pueden admitirse concesiones con elementos distorsivos y narcóticos en estos tiempos de despertar.

El potencial inmanente a ellos ofrendaba una exacta concordancia con el patrón vibratorio del ciclo en el cual se enmarcaban. La dependencia actualmente con esos elementos denota claramente como la manipulación forzada de los mismos finalizado el periodo de su provecho evolutivo, los vuelve obstructivos. El uso de ciertas sustancias alucinógenas, evidencia este  género de atascamientos.
   
Cuando los sacerdotes de antaño mediaban su espiritualidad primitiva a través de la ingesta de hongos tóxicos (o ciertas trepadoras), tenían todavía un amparo, bajo ley de karma, para obrar de ese modo.    Un elemento que solo sirve para un ciclo, aletarga la liberación de luz de las fases futuras cuando prolifera su utilización por mera dependencia o costumbrismo irracional. Algunas de esas interacciones con el reino vegetal por ejemplo, aun están vigentes. Otras al contrario, caducaron hace tiempo. Y algunas más solo mantienen correspondencia vibratoria con individuos o grupos específicos y mayoritariamente aislados.

Como en un movimiento reptante, el ser se ve impedido de desarrollar interacciones más profundas cuando sin discernimiento intuitivo, da continuidad al uso de compuestos rústicos y densos de los vegetales. Con la hoja de coca, vemos repetida esa dislocación.

Proclamado milenario, el consumo de coca, como habito cultural, como panacea popular, como remedio ocasional para viajeros e incluso como codiciado elemento industrial, se ha vuelto preponderante en muchas regiones. Su uso hoy aunque no masivo, tiene connotaciones diferentes que las amparadas por las energías del ciclo anterior que le permitían definir una condición utilitaria adecuada a las instancias que estaban en desenvolvimiento otrora.

No se puede conocer ni mucho menos sostener la energía de un nuevo ciclo que se abre a la consciencia con ropajes antiguos. ¿Por qué necesitaríamos de un vegetal incompatible a la coyuntura presente?
   
El costumbrismo expone los relieves del encapsulamiento. Este es un periodo donde los “usos milenarios” solo cabrían si los filtros del discernimiento así lo promoviesen. La mecánica del costumbrismo es reproducir por irracionalidad. Reiterar hábitos con tenacidad. Resistir los impulsos que acercan renovación.
   
La Ilex paraguariensis,
otra hierba con efectos similares pero atenuados, y consumida mayoritariamente por costumbrismo, es una explicita comprobación del estancamiento en que puede verse anquilosada una cultura. Los compuestos de este otro espécimen también reprimen el cansancio, alteran el sistema nervioso impidiendo la fatiga e inhiben el hambre, pero el romanticismo que envuelve su consumo es más embotante todavía.

Algunas plantas desarrollan estos compuestos porque son estructuras vibratorias propias de su desarrollo evolutivo.
Las plantas pueden tener diferentes tipos de principios activos; los alcaloides son unos; los flavonoides son otros; los taninos, los ácidos, las resinas, los aceites volátiles, etc... Cada una de estas substancias incide sobre diferentes campos energéticos del cuerpo. Los alcaloides actúan pujantemente sobre el sistema nervioso, evitando su sutilización.

Confinándolo vibratoriamente a las reacciones continuas del mecanismo inferior de la mente. Son compuestos que impiden la liberación de luz de las células de ese nivel. La cocaína, como alcaloide de la coca; la cafeína, como alcaloide del café; la nicotina, como alcaloide del tabaco; la morfina, como alcaloide del opio; la atropina; la quinina; la estricnina; la coniína, por mencionar algunos de los tres mil alcaloides conocidos, son ejemplos nada más.

El papel que juegan los alcaloides actualmente, en la farmacopea, es preponderante. Prácticamente todos los antibióticos los contienen. Por el uso intensivo que tienen los fármacos mayoritariamente, estos compuestos circulan por la sangre de más del 90 % de la humanidad, acostumbrada a ingerir píldoras de todo tipo que los poseen, en mayor o en menor medida. Siendo derivados de una u otra planta. Y teniendo uno u otro efecto sobre el organismo.
   
Los alcaloides  entonces, confirman a la humanidad en un estado de materialidad puntual, relacionada directamente a los estratos más densos del campo mental, al raciocinio embrutecido, al pensamiento horizontal. Se podría decir incluso, que este tipo de estructuras vibratorias (sean sintetizadas químicamente u obtenidas por métodos  tradicionales directamente desde las plantas) son la manifestación en el plano de lo concreto, del pulso energético de la mente  inferior, rustificándola.

 Por ser estructuras conectadas de modo puntual con estratos psíquicos, servían en épocas donde la interacción con esos rellanos todavía formaba parte del desenvolvimiento pertinente en razas o subrazas anteriores. Hoy, el uso de estos compuestos se encargaría de confirmar un estado que ya debería ser completamente superado por los seres espiritualmente despiertos. Estas son plantas íntimamente ligadas a patrones terrestres ya caducos; renitentes a vibraciones solares, más profundas.
   
 El campo etérico cerebral se ve grandemente dañado por la cafeína, por la morfina, por la atropina, por la cocaína y otros. Si bien muchos de los defensores de esta eritroxilácea reclaman que “la coca no es cocaína”, indistintamente, las estructuras vibratorias de ambas guardan un emparentamiento energético, de orden intangible, aunque sus usos y sus efectos difieran.
   
Y por si fuera poco, no nos olvidemos además que por su industrialización han sido arrasados 7.000 km² de bosque amazónico peruano para su siembra. Es decir, hasta la vitalidad de los nichos más apreciables del planeta resulta agredida por su monocultivo.
   
Notemos por ejemplo, que un extracto de la semilla de la erythroxilum coca es la base de una bebida gaseosa desarrollada en 1886, hoy poderosa multinacional. Y aunque algunos aseveran que aquel extracto está, desde 1902 “descocainizado”, a los ojos de la intuición, sabemos que no “tan higiénicamente descocainizado”. Quien haya bebido alguna vez este refresco y mascado la hoja de coca, sabrá que los efectos son similares; la única diferencia es que, en uno de los casos, un enorme volumen de azúcar industrial lo acompaña en su preparación.

 ¿Necesitamos todo esto?

 Esta pregunta debe ser hecha en el silencio del ser. Para que su respuesta no emerja del raciocinio, sino desde donde las verdaderas respuestas surgen: es decir, desde donde las verdaderas preguntas, en forma de impulsos, nos  alcanzan.
Luz y gratitud

Envio especial para BS de: Janik


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