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Caminar sobre las aguas

Caminar sobre las aguas


Anthony de Mello

ÍNDICE

Presentación
El pecado
El silencio que conduce a Dios
La paz
La alegría
La vida
La libertad
El amor
La oración
Liberación
Espiritualidad
Deje su barco en la playa

Oración, amor, espiritualidad, religión, significan despren­derse de las ilusiones. Cuando la religión lleva a hacer eso, ¡óptimo!, ¡óptimo! Cuando se desvía de eso, es una enfer­medad, una plaga para evitar. Una vez que las ilusiones son abandonadas, el corazón deja de estar obstruido, se instaura el amor. Entonces hay felicidad. Entonces hay transformación. Y solamente entonces, sabes quién es Dios...

Anthony de Mello
 
PRESENTACIÓN

En 1981 tuve la oportunidad de participar de un curso dirigido por el padre Anthony de Mello, en Grand Coteau, Casa de Retiro de los Padres Jesuitas, en la provincia de Nueva Orleans, en el esta­do de Louisiana.
Desde entonces medito diariamente sobre sus libros y escritos. Descubro en ellos siempre más alimento para mi vida espiritual.

El padre de Mello es un jesuita de la India, conocido internacio­nalmente por su manera creativa de ayudar a las personas a apren­der a orar y también a vivir felices.
Él ha unido lo mejor de Oriente y de Occidente, presentando to­das las formas de rezar de una manera nueva, combinadas con ejer­cicios simples y prácticos de autorrealización.
Los ejercicios cristianos, a la manera oriental, parecen ejercer una extraordinaria atracción entre las personas del mundo occiden­tal de hoy.

La primera vez que el padre de Mello apareció en televisión, en Nueva York, la entrevistadora dijo que había recibido más llamadas telefónicas en ese programa, que durante todo el resto del año.

¿Por qué era tan excitante oírlo? Porque él hablaba a cada perso­na.
"¿Usted está perturbado? ¿Con un sentimiento de rechazo o de soledad, o se siente poco valorado? ¿No está disfrutando cada mo­mento de cada día? Si la respuesta es sí, algo está mal en usted."

El padre de Mello dedicó su vida a ayudar a las personas a cam­biar aquellos sentimientos y a vivir felices. Dio cursos, escribió libros, hizo programas de televisión, incluso un programa transmitido vía satélite, en vivo, para setenta y seis universidades de los Estados Unidos y Canadá, que involucró a 3.000 estudiantes en un diálogo abierto a través de toda América del Norte.

"Gran parte de nuestra vida", dijo, "es vivida en el pasado, la­mentando nuestros errores, viviendo de manera horrible y cargando pesados fardos de culpa. O gran parte del futuro, paralizado, con miedo de lo que ocurrirá."
Esas ideas y otras hicieron fascinantes sus libros y gratificante su lectura. Ahora, usted disfrutará esta traducción inédita en castellano.

Núbia Maciel França
San Pablo, noviembre de 1992

LA ALEGRÍA

Encontraremos la riqueza que nos torna capaces
de verter hacia fuera la riqueza

Una de las frases más frecuentemente repetidas en la literatura cristiana es la de Agustín: Nuestros corazones fueron creados para vos, Señor, y estarán sin descanso hasta que descansen en vos.
Siempre que escucho esta frase, me acuerdo de otra, que uno de nuestros mayores poetas místicos de la India, Kabir, hizo famosa. Él escribió un lindo poema que co­mienza con la siguiente frase:
Reí cuando me dijeron que un pez dentro del agua tiene sed.

Fije esa imagen: ¡un pez con sed dentro del agua! ¿Cómo puede? ¡Nosotros, seres humanos, envueltos en Dios, sin hallar descanso! Mire la Creación: árboles, pájaros, hierba, animales... ¿Sabe una cosa? Toda la Creación está llena de alegría. ¡Toda la Creación es feliz! Sé que hay sufrimiento, dolor, crecimiento, declinación, vejez y muerte. Todo eso está en la Creación, pero ¡si usted comprendiese realmente lo que significa la felicidad!

Sólo el ser humano tiene sed, sólo el corazón humano está inquieto. ¿No es eso extraño? ¿Por qué el ser humano es infeliz y qué se puede hacer para transformar esa infelicidad en alegría? ¿Por qué las personas están tristes? Por tener ideas equívocas y actitudes erróneas.

La primera idea equívoca que las personas tienen es que la alegría significa euforia, sensación de placer, diversión. Basadas en esa idea, las personas van en busca de drogas  y estimulantes, y acaban deprimidas. La única cosa con la cual debemos intoxicarnos es con la vida. Es un tipo de droga tranquila, pero duradera. Ésa es la primera idea equívoca de la cual debemos libramos. Alegría no significa estar eufórico, no necesariamente.

La segunda idea equívoca es pensar que podemos perseguir nuestra felicidad, que podemos hacer alguna cosa para conseguirla. Estoy casi contradiciéndome aquí, porque luego diré lo que podemos hacer para alcanzar la felicidad, pero la felicidad no puede ser buscada en sí misma. La felicidad es siempre una consecuencia.

La tercera y tal vez la más determinante idea equívoca sobre la felicidad es la de que ésta se encuentra en lo exterior, en las cosas externas, en las otras personas. "Cambiando de empleo, tal vez sea feliz", o, quién sabe, "mudándome del lugar en el que vivo, casándome con otra persona, tal vez sea feliz", etc.

La felicidad nada tiene que ver con lo exterior. Dinero, poder, respetabilidad, parecen traer la felicidad. Pero no la traen. Las personas pobres pueden ser felices.

Me acuerdo de la historia de un prisionero del nazismo.

El pobre hombre era torturado todos los días. Un día lo cambiaron de celda. En la nueva celda había una claraboya, por la que podía ver un pedazo de azul durante el día, y algu­nas estrellas por la noche. El hombre quedó extasiado y escribió a los suyos sobre esa gran suerte.

Al leer esa historia, miré por mi ventana. Yo tenía toda la extensión de la naturaleza para apreciar. ¡Era libre, no un prisionero, podía ir adonde quisiese! Pienso que tuve una frac­ción de la alegría de aquel pobre prisionero.

Recuerdo que leí una novela sobre un prisio­nero en un campo de concentración soviéti­co, en Siberia. El pobre hombre era desper­tado a las cuatro de la mañana; le daban un pedazo de pan. Él pensó: "Es mejor guardar un poco de este pan, porque puedo necesi­tarlo por la noche. No puedo dormir de tan­ta hambre. Si como de noche, tal vez duer­ma.

Después de trabajar todo el día, se echó en la cama, con el cobertor que apenas lo abri­gaba y pensó: "Hoy fue .un buen día. Hoy no tuve que trabajar en el viento helado. Y esta noche, si me despierto con hambre, tengo un pedazo de pan, lo como y duermo bien."

¡Alegría, felicidad! ¿Puede creerlo?

Una vez, conocí a una mujer paralítica. To­dos preguntaban: "¿Dónde encontraste esa alegría que transparentas todo el tiempo?" "Tengo todas las cosas más encantadoras de la vida. Puedo hacer las cosas más lindas de la vida."
¡En el hospital, paralizada y llena de alegría! ¡Mujer extraordinaria!
La alegría no se encuentra en lo exterior.

Líbrese de esa noción equívoca, o nunca la encontrará.

Hay otra cosa de la cual usted debe deshacerse, si quiere hallar la felicidad y la alegría. Tenemos que cambiar algunas de nuestras actitudes. ¿Cuáles son? La primera es la actitud del niño vuelto únicamente hacia sí mismo. Ya ha oído a un niño decir: "Si no juegas conmigo, me voy a casa." Examínese.

Piense en lo que le causa infelicidad y vea si puede detectar esa frase que dice casi inconscientemente: "Si no consigo eso, o aquello, me niego a ser feliz." "Si no me dieran eso, o no sucede aquello, me niego a la felicidad. " Muchas personas no son felices porque están imponiendo condiciones para su felicidad. Investigue si esa actitud existe en su corazón y expúlsela.

Hay una excelente historia sobre un hombre que estaba siempre importunando a Dios con toda clase de pedidos. Un día, Dios lo miró y le dijo: "Ya estoy harto; tres pedidos y no más. Tres peticiones, y después de darte eso, no te daré nada más. ¡Di tus tres deseos!" El hombre quedó encantado y preguntó: "¿Puedo pedir cualquier cosa?"
Y Dios dijo: "¡Sí! ¡Tres pedidos y nada más!"

Y el hombre habló: "El Señor sabe, tengo vergüenza de hablar, pero me gustaría librar­me de mi mujer, porque es una aburrida y siempre está... el Señor sabe. ¡Es insoporta­ble! No logro vivir con ella. ¿Podrías librar­me de ella?"
"Está bien", dijo Dios, "tu deseo será satisfe­cho." Y la mujer murió.

El hombre se sentía culpable por el alivio que sentía, pero estaba feliz y aliviado, y pensó: "Vaya casarme con una mujer más atracti­va." Cuando los parientes y amigos fueron al funeral y comenzaron a rezar por la difunta, el hombre volvió de pronto en sí y exclamó: "Mi Dios, yo tenía esta mujer encantadora, y no la apreciaba cuando estaba viva." Enton­ces se sintió muy mal, fue corriendo al en­cuentro de Dios y le pidió: 'Tráela de vuelta a la vida, Señor."
Dios respondió: "Está bien, segundo deseo concedido."

Ahora le quedaba sólo un deseo. Pensó: "¿Qué debo pedir?" Y fue a consultar a los
amigos. Algunos dijeron: "Pide dinero; si tie­nes dinero, . puedes tener lo que quieras." Otros: "¿De qué te servirá el dinero si no tie­nes salud?"

Otro amigo dijo: "De qué te servirá la salud si un día morirás. Pide la inmortalidad."
El pobre hombre ya no sabía qué pedir, por­que otros decían: "¿De qué sirve la inmortali­dad si no tienes nadie a quien amar? Pide el amor.

Entonces pensó, pensó... y no consiguió lle­gar a ninguna conclusión, no conseguía saber lo que quería. Cinco, diez años...
Un día le dijo Dios: "¿Cuándo vas a hacer tu tercer pedido?"
y el pobre hombre dijo: "¡Señor, estoy muy confuso, no sé qué pedir. ¿Podría el Señor decirme qué pedir?"
Dios se rió cuando oyó esto y dijo: "Está bien, te digo lo que debes pedir. Pide ser fe­liz, no importa lo que te pase. ¡Ahí está el se­creto!"

La segunda actitud errada es la del apego. Si usted se apegase a emociones negativas, nunca seria feliz. No estoy diciendo que no pueda tener lo que se llama emociones negativas. ¡No seria humano! Si nunca se sintiese ansioso o deprimido, si no se entristeciese por alguna pérdida, no seria humano. Puede sentir emociones negativas. ¿Sabe qué es lo malo? Cuando se apega a ellas.

Experimente este ejercicio. Puede ser un poco difícil, pero es muy provechoso. Sus amarguras, sus celos, sus culpas, sus resentimientos. Pregúntese: "¿Qué sucedería si yo los dejase de lado?"

En Oriente, tenemos un profundo ejercicio espiritual llamado Koan. Es un cuestionamiento que el maestro presenta al discípulo y que no tiene respuesta racional. Por ejemplo, ¿cuál es el sonido de aplaudir con una sola mano? ¿Cuál era la forma de su rostro antes de que usted naciese?

Quiero darle un Koan como ejercicio. Pregúntese a sí mismo: ¿Qué sucedería si yo me desprendiese de mis emociones negativas, mi culpa, mi amargura, mis resentimientos, mis celos?

Si usted se queda con esa pregunta, con ese Koan, ¿sabe qué puede pasar? El miedo puede mostrar su cara. Continúe haciendo la pregunta. ¿Qué sucederá? Puede hacer un gran descubrimiento.

Propongo cuatro ejercicios simples como auxilio, para que pueda encontrar la alegría y la felicidad.
y no voy a describir el primer ejercicio. Descúbralo en la historia que paso a relatar:

Hubo un gran maestro zen, llamado Ryokan. Habitaba al pie de una montaña y vivía una vida muy simple. Un día, un ladrón entró en su casa, pero no encontró nada que robar. Mientras el ladrón estaba allí, el maestro vol­vió y lo descubrió.

Dijo Ryokan: "Usted viajó una gran distancia para venir a asaltarme. " No puede irse con las manos vacías." ¡Y le dio todas sus ropas y su manta!

El ladrón, completamente confundido, tomó las ropas y desapareció. Después que él salió, el maestro se sentó a la puerta de su casa, miró el deslumbrante claro de luna y pensó: "¡Qué pena! ¡Hubiese querido poder darle es­ta luna deslumbrante!"
¿Qué tipo de ejercicio recomienda esta historia?

Tiene que descubrirlo. Ese ejercicio y el Koan son excelentes para quien busca resultados a largo plazo. ¿Quiere resultados a corto plazo? ¿Quiere experimentar la alegría inmediatamente? ¿Quiere experimentar la felicidad ya? Intente estos tres ejercicios que recomiendo.

Primero, intente decir: "¡Qué suerte tengo! ¡Qué agradecido estoy! ¿Sabe una cosa? Es imposible estar agradecido y río ser feliz.

Hay una historia de un hombre que, un día, fue hasta su rabino y le dijo: "¡Rabino, tiene que ayudarme! ¡Mi casa es un infierno! Vivi­mos en una habitación yo, mi mujer, mis hi­jos y mis cuñados. ¡Es un infierno! No hay espacio para todos."

El rabino sonrió y dijo: "Está bien; yo lo ayu­do, pero tiene que prometerme hacer lo que yo diga."
y el hombre: "¡Prometo! ¡Prometo de ver­dad! ¡Es una promesa solemne!"

Dijo el rabino: "¿Cuántos animales tiene?
El hombre: "Una vaca, una cabra y seis galli­nas.
El rabino dijo: "Ponga los animales dentro del cuarto, y vuelva dentro de una semana."
El hombre no podía creer lo que oía, pero había prometido. Entonces, volvió a su casa deprimido y llevó los animales dentro de la habitación. A la semana siguiente volvió des­consolado y dijo al rabino: "¡Estoy enloqueci­do! Vaya acabar con, un infarto. Usted debe hacer algo..."

'Y el rabino: "Vuelva a casa y saque los ani­males. Dentro de una semana, venga a ver­me." El hombre fue corriendo hasta su casa. y cuando volvió, a la semana siguiente, sus ojos brillaban, y dijo: "Rabino, la casa es una maravilla, ¡tan limpia! ¡Es un paraíso!"

¿Entendió? Yo no tenía zapatos y siempre estaba protestando por falta de zapatos, ¡has­ta que conocí a una ,persona que no tenía pies!

Piense en aquella extraordinaria mujer,
Relen Keller. Sorda, muda, ciega y aun así desbordante de vida. Si usted puede estar agradecido, encontrará el secreto de la felicidad. Experimente.

Póngase en lugar de aquella paralítica de la que le hablé antes. ¡Póngase en lugar de ella!
Podría echarse al suelo, para sentir mejor aquella sensación. Imagínese paralítico y diga:
"¡Puedo hacer las cosas más lindas del mundo! ¡Tengo las cosas más lindas del mundo!" Descubra las cosas más lindas.

Y encontrará el amor, el gusto, el olor, la visión, el sonido. Empezará a oír el canto de los pájaros, el viento en los árboles y la voz de sus amigos; verá el rostro de ellos. Descubrirá todas esas cosas y podrá saborear el secreto de la gratitud.
Hay un ejercicio más que se puede practicar.

Es muy simple: piense en el día anterior. Rememore todos los acontecimientos de ayer, uno después del otro, y esté agradecido por todos los acontecimientos, diga gracias. Diga: ";Gracias'" , "¡Qué suerte tuve de que eso me pasara a mí!"
Probablemente, también recordará algo desagradable. Entonces deténgase. Piense: "Eso que me pasó fue puesto ahí por mi bien. "

Piense así, diga gracias, y continúe.

El último ejercicio que presento tiene que ver con la fe. Los dos anteriores eran sobre la gratitud. Éste es sobre la fe. La fe de que todo es dado o permitido por Dios para el bien de cada uno de nosotros. Llamo a este ejercicio bendición.

Piense en los acontecimientos del pasado, agradables o no y diga: "¡Me hicieron bien, fueron buenos'" Piense en las cosas que le pasan y diga: "Está bien, está bien... " Piense en el futuro y diga: "Será bueno, será bueno... " Y vea lo que acontecerá. La fe se transformará en alegría. La fe de que todo está en las manos de Dios y de que todo redundará en felicidad para nosotros.

Hay una historia de un hombre que corre al encuentro de un monje que está pasando por la aldea: "¡Deme la piedra, la piedra precio­sa!"

Dijo el monje: "¿De qué piedra hablas?"

El hombre: "Ayer a la noche, Dios se me apareció en un sueño y me dijo: Un monje estará-pasando por la aldea mañana al me­diodía, y si él le da 'una piedra que lleva consigo, usted será el hombre más rico del país. ¡Entonces, deme la piedra!"

El monje revolvió en su hábito y sacó Un dia­mante, et mayor diamante del mundo, ¡del tamaño de la cabeza de un hombre! Y dijo: "¿Es ésta la piedra que quieres? Yo la encon­tré en el bosque ¡Tómala!"

El hombre tomó la piedra y se fue corriendo a su casa. Pero aquella noche no pudo dor­mir. A la mañana siguiente, .muy temprano, fue adonde el monje dormía, debajo de un árbol y habiendo comprendido le dijo: "Aquí tienes de vuelta el diamante. Quiero la rique­za que nos torna capaces de verter hacia afuera la riqueza;"

Eso es lo que tenemos que descubrir si queremos hallar la alegría.

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