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¿Cómo controlar a los enemigos?

El hombre nace para sobrevivir. Aunque su final es inevitable, no hay razón por la cual su vida no pueda ser larga y placentera. Solamente hay una cosa que se interpone en su camino.

El ha aprendido a protegerse contra la naturaleza; gradualmente va ganando la batalla contra la enfermedad y el tiempo; pero todavía no ha aprendido a defenderse contra la envidia, la codicia y el egoísmo de otras personas.

¿Es pecaminoso que usted se proteja cuando es atacado?

Para los sentimentalistas, todavía imbuidos de ideales infantiles, la autodefensa parece egoísmo. Ellos quieren que usted piense que pelear para defenderse es una violación de nuestra moralidad hereditaria (la cual muchos predican, pero pocos practican).

En cambio, aquellos de nosotros que no estamos de acuerdo con este espíritu débil, creemos que uno de los más grandes deberes de cada ser viviente es actuar de tal manera que las fuerzas del mal tengan menos y menos oportunidad de destruir los buenos poderes de la vida. Si las dejamos crecer desenfrenadamente, no hay ninguna esperanza.

El problema de la enemistad va al corazón mismo de la ética moderna. Dos principios han gobernado las filosofías más antiguas. En uno, el hombre usaba medios violentos, dando rienda suelta a su ira, satisfaciendo su ansia de venganza, conquistando por medio de la furia. En el otro, el hombre permitía que le mal lo conquistara.

Gandhi practicaba un método pasivo. Dudo que tenga valor para los occidentales. Sin embargo, existe la no-resistencia constructiva, una campaña activa de vencer al enemigo por medios positivos, que es una tercera e intermedia forma de tratar con la maldad.

Deje que su antagonismo se destruya a sí mismo. Encuentre algunos medios para sobreponerse a él sin utilizar fuerza. Es una especie de judo o karate mental.

  • No pelee por el simple hecho de pelear
  • No pelee para inflar su ego.
  • No pelee para exaltar su orgullo.
  • No pelee para vencer a su adversario o para castigarlo.
  • Pelee solamente para obtener un fin mayor, y pelee sin pelear –aunque parezca incongruente.
  • Luche para obtener la fuerza positiva, el poder impulsador que será invencible en la superación de su problema.

Por ejemplo, un hombre una vez amenazó pegarme para hacer que yo cambiara de parecer. Y él hablaba en serio; pero antes que comenzara, le dije calmadamente: “Después que hayamos terminado de pelear, no cambiaré de parecer. Usted me podrá matar, pero no podrá convencerme. Se va a acordar de esto cuando esté en la cárcel”.

Mi firmeza triunfó sobre su ira. No peleamos. Con esto no quiero sugerir que toda persona puede eliminar cualquier problema por medio de la no-resistencia constructiva la primera vez que el método es aplicado. Sin embargo, si se lo practica hasta que uno se vuelve muy hábil en el manejo, logra milagros, pocas veces necesita atacar si usa su inteligencia.

Desde hace tiempo se viene diciendo que si usted le da suficiente soga a una persona, ella misma se colgará. Dele rienda suelta a su enemigo y él causará su propio fracaso. Lo hará revelando algún punto que usted puede usar como factor para derrotarlo.

Había una mujer que tenía pocos vecinos que le gustaran a su esposo, pero había muchos con quienes ella simpatizaba. El tampoco aceptaba que tuvieran un sirviente aunque muy bien podían pagarlo. Ella encontraba que el trabajo en la casa era bastante duro. Su apuro la entristecía hasta que se le ocurrió que un mal podría curar otro mal.
“¿No es maravilloso?”, comentaba con regularidad. “No tengo que mantener la casa como otras mujeres lo hacen porque no tenemos nadie que nos visite, así que no importa”. Sorprendido por la condición descuidada de la casa, su esposo contrató a un ama de llaves e invitó a los vecinos para que visitaran la casa, ya que estaba decidido a no vivir en una casucha.

Tome nota de que por medio de este método usted gana al ceder.

Renuncie a las cosas no esenciales mientras lucha por obtener sus propósitos.

Mantenga sus convicciones, pero no los valores pequeños que impiden su realización. Solamente el egoísta pide un camino llano.

Franklin D. Roosevelt conocía el secreto de controlar a sus enemigos. En cierta ocasión en que un senador obstinado estaba en contra de una legislación vital, al descubrir que era un gran coleccionista de estampillas, utilizó ese conocimiento para obtener una gran ventaja. Una noche, cuando estaba trabajando en su propia colección, Roosevelt telefoneó al senador y le pidió ayuda. Este, halagado, llegó a verlo. Trabajaron juntos un rato, y al día siguiente cuando se tomó el voto sobre la ley, el senador le dio su apoyo.

La lección aquí es importante. En ningún momento, durante la sesión filatélica, ellos habían hablado de sus diferencias sobre la ley. Simplemente se habían llegado a conocer un poquito mejor _y el “enemigo” se había convertido en “amigo”.

Algunas veces el enemigo es un bravucón, y no necesita más que una demostración de fuerza para que se detenga a pensar.

Esto es tan verdadero para las personas como lo es para las naciones. El valor y la convicción son armas poderosas contra un enemigo que depende solamente de sus puños o de sus armas. Los animales saben cuando usted tiene miedo; un cobarde sabe cuando usted no lo tiene.

Por el Lic. Carlos Monte –Psicólogo y Profesor Universitario Especialista en Terapias de Comunicación y de Autoayuda.

Fuente: vidaplena.net


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