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Cuando el silencio no es salud

¿Como hacemos para parar el avance silencioso de las enfermedades, en esta narco época?

Hay tanto ruido, tanta mala información que se ha logrado instalar en la sociedad una notable desinformación respecto a como el consumo de diversos químicos avanza inexorablemente sobre las capas infantiles, de adolescentes, jóvenes y adultos que reiteran sucesos sangrientos y de dolor en la vida de todos los días.

Difícilmente alguien permanezca sin saber de  los estragos que este cruel flagelo produce en todos los estratos sociales.

Si sentimos salud física, emocional y mental… es señal clara que estamos y vivimos con sana alegría. En todo lugar cada vez hay más información sobre las drogas, sus efectos, el narco comercio o sea sobre la enfermedad y es muy poco lo que se difunde acerca de la recuperación, de las claras alternativas para restaurar vidas y reconstruir hogares.

Darío Salas ha escrito diversos libros sobre la evolución humana y también se ha referido a algunas enfermedades. Sobre la drogadicción ha escrito:

El consumo de las drogas representa la más violenta y destructiva forma de evitar el enfrentamiento con la realidad, para fugarse a un mundo de sueños, alucinaciones y percepciones alteradas, donde el sujeto se destruye lentamente a sí mismo, mientras niega el efecto pernicioso de su adicción.

Constituye a la vez que un vicio, una falta moral grave, cual es la de atentar contra la propia integridad física y psicológica, rechazando la oportunidad de realizarse a sí mismo como auténtico ser humano.

 El drogadicto es un enfermo, pero también un vicioso y lo primero no justifica lo último.

La dependencia es una condición psicológica y a veces física caracterizada por la compulsión a tomar una droga para experimentar sus efectos enervantes. La adicción es una forma severa de dependencia, caracterizada por una supeditación física.

Esta última condición se presenta cuando la droga ha provocado cambios físicos en el cuerpo, evidenciándose un desarrollo de tolerancia, con la necesidad de aumentar la dosificación para experimentar sus efectos y con un síndrome de molestias como náuseas, diarrea o dolor, que se presenta cuando desaparecen los efectos del tóxico.

Las drogas de las que más frecuentemente se abusa son: los opiáceos, como la morfina y la heroína; los sedantes-hipnóticos, tales como barbitúricos y tranquilizantes; los estimulantes, entre los que se cuentan la cocaína y las anfetaminas; los alucinógenos (ácido lisérgico, mescalina y peyote); cannabis (marihuana), e inhalantes como el neoprene, gasolina y aerosoles diversos.

Debido al gran impacto que tiene en la juventud, me referiré a los daños provocados por la marihuana, para que jóvenes y adultos sepan cuál es el precio que deben pagar por el humo aspirado.

Un antiguo y discutido aforismo decía que “la letra con sangre entra”, para referirse, seguramente, a la severidad necesaria para poder enseñar algo que las personas se niegan a aprender.

Es posible que las reglas morales sean más fáciles de cumplir cuando dejan de constituir simples y bien intencionadas recomendaciones, lográndose visualizar concretamente la magnitud del perjuicio y autodestrucción que genera su incumplimiento.

En lo que se refiere al consumo de la marihuana, esto es más que claro, por mucho que los fumadores argumenten que “es más inofensiva que el tabaco”.

La planta cannabis sativa es la fuente de la marihuana y el hachís. Las hojas, las flores y las ramas son molidas para producir marihuana mientras que el hachís es su resina concentrada.

La marihuana produce un estado de relajación, aceleración de los latidos del corazón, lentificación en la percepción del tiempo y una intensificación de la audición, el olfato, el tacto y el gusto. Sus efectos negativos preceptúales incluyen confusión, reacciones de pánico, ataques de ansiedad, miedo, sensación de desamparo y pérdida de autocontrol.

La substancia activa es el tetrahydrocannabinol, conocido como THC.

Un científico suizo que había inyectado THC a ratas y conejos analizó sus excrementos, descubriendo que tanto la orina como las heces quedaban radiactivas por un período mínimo de tres días.

También descubrió una duración similar de la concentración de radiactividad en las porciones disecadas del hígado, bazo, riñones y glándulas suprarrenales, tanto de las ratas como de los conejos. La importancia del bazo es que éste está implicado fuertemente en el sistema inmunológico de nuestro organismo.

Se ha realizado también la experiencia de inyectar THC en las venas de varios voluntarios. Algunos de ellos nunca habían fumado marihuana, mientras que otros habían hecho uso diario de esta sustancia por mas de diez años.

En ambos casos la radiactividad en la orina y heces fue detectada por más de una semana ya que la THC se almacena en los tejidos grasos tal como el hígado, el cerebro, médula de los huesos y las glándulas suprarrenales, excretándose lentamente en las heces y orina.

Puesto que la THC se disuelve en la grasa, permanecerá en el organismo produciendo efectos que durarán por días, semanas e incluso meses.

Algunas observaciones clínicas muestran aumento en la velocidad cardiaca, rojez en los ojos, falta de coordinación, debilidad en los músculos, aumento de la pasividad, cambios transitorios en las ondas cerebrales y pérdida de la memoria a corto plazo. Se produce también un deterioro de las habilidades motoras y lentitud del momento subjetivo.

En 1977 se estimó que un total de 43.000.000 de personas la habían probado en EE UU y que sobre un 10 % de ellas tenían entre 12 y 17 años.

Más de 12.000.000 de personas hacen uso de esta droga en forma más o menos regular.

En 1971, la radiactividad etiquetada como delta-9-THC mostró que los metabolitos activos de la marihuana son almacenados en los tejidos, incluyendo el cerebro, por lo menos por ocho días después de la entrada inicial de la droga al organismo. Esto significa que aquéllos denominados como “fumadores moderados” nunca estarán libres de los efectos de la marihuana.

Hay estudios que han establecido que tres de cada cuatro fumadores de marihuana tenían algunos linfocitos con una disminución de velocidad de la célula de división. Cuando los linfocitos fueron estudiados por tres días, mostraron una alta anormalidad en el número de ruptura de los cromosomas. Estos son los cordones de DNA que transportan las características hereditarias de nuestras células.

El doctor Akira Morishima ha observado que el 30 % de los fumadores de marihuana tenía menos cromosomas en sus linfocitos que la cantidad normal requerida.

Una comisión investigadora informó al Senado de EEUU de que “el THC, la sustancia psicoactiva más importante del cáñamo, tiene a acumularse en el cerebro, glándulas sexuales y otros tejidos grasosos del organismo de una forma muy similar a como se almacena el DDT”

Cinco científicos declararon ante un subcomité senatorial que “los productos de la marihuana impiden la multiplicación normal de linfocitos en la célula así como de otras células en cultivo. Cada uno de estos investigadores expuso sus temores de que semejante daño celular podría conducir al cáncer, al aumento de diversas enfermedades y aun posible aumento de descendencia genéticamente dañada”.

En realidad, existen evidencias de que la marihuana puede causar daños irreversibles en el cerebro cuando es utilizada durante varios años de forma regular.

El doctor William Paton, profesor de Farmacología de la Universidad de Oxford, descubrió en un grupo de jóvenes fumadores que la atrofia de sus cerebros era equivalente a la que normalmente podemos hallar en personas entre los 70 y 90 años.

Se ha encontrado evidencia de que el nivel hormonal masculino quedaba reducido al 44 % en aquellos jóvenes que habían usado marihuana al menos cuatro veces a la semana por un período mínimo de seis meses.

La cantidad de espermios en este mismo grupo había bajado en proporción a la cantidad de marihuana fumada, provocando esterilidad en los que fumaban en grandes cantidades.

Evidencia también de que las células de la esperma de algunos animales expuestos a la marihuana transportaban reducidas cantidades de DNA y de que su uso regular terminaba con tantos cromosomas deshechos como tres veces más de los cromosomas que normalmente se encuentran en los no fumadores.  

También se informó de que el uso habitual acaba deteriorando el funcionamiento de la mente, produciendo estados patológicos parecidos a la paranoia, la pasividad habitual progresiva y la falta de motivación.

Nueve de los científicos que declararon ante el subcomité del Senado, algunos de ellos profesores de psiquiatría, presentaron gran cantidad de evidencias y observaciones de comportamiento aberrante y peligroso entre los fumadores de marihuana, incluso entre los que lo hacen moderadamente.

El doctor Tennant dijo que “las principales manifestaciones en la personalidad de los usuarios fueron apatía, insensibilidad y letargo, con severo deterioro del juicio, la concentración y la memoria. La apariencia física estaba estereotipada y todos los pacientes parecían estúpidos, con poca higiene y mostraban lentitud al hablar”.

Existe fundada evidencia de que la concentración y número de células acumuladas en el esperma de los fumadores se reduce notablemente, en un promedio de 50 %. La disminución en la producción del esperma está asociada generalmente con el esperma anormal, es decir, con células de reproducción de baja calidad.

El THC afecta dramáticamente a los glóbulos blancos, provocando una notable baja del sistema inmunológico de las personas.

En la conferencia de Helsinki en 1975 se reunieron tres mil farmacólogos por una semana y cientos de trabajos fueron presentados en docenas de sesiones. En el simposio sobre la marihuana se mostró una impresionante película donde aparecía un glóbulo blanco que había sido separado de la capa que rodea al pulmón.

La célula y todas sus partes se movían continuamente de forma natural, pero después de añadir una pequeña cantidad de THC la misma se paralizó completamente, como si hubiera perdido la vida.

El profesor y psiquiatra Costas Stefani y la profesora y bióloga de células Marieta Issidorides informaron de haber descubierto cambios químicos fundamentales en los glóbulos blancos y en las células de la esperma de aquéllos que usan hachís regularmente, lo que indica una anormalidad en el núcleo de la célula.

Mediante diversas diapositivas, Stefani pudo mostrar los cambios celulares fundamentales ocurridos en los glóbulos blancos y células de la esperma debido al uso de marihuana, lo que podría revelar su interferencia con la formación de los materiales químicos fundamentales de la célula.

El profesor Robert Heath, de Tulane, ha demostrado en sus experimentos con monos Rhesus que los primates expuestos al humo de la marihuana presentaban alteraciones permanentes en los patrones de las ondas cerebrales del sistema límbico, que es aquella parte del cerebro que controla el comportamiento emocional.

El doctor Gabriel Nahas sostiene que uno de los efectos más rápidos de la marihuana es la progresiva pérdida de la voluntad que puede observarse perfectamente después de seis semanas de uso moderado y que la habilidad de una placer real desaparece para ser reemplazado por una ruidosa pretensión de alegría.

Mientras que jóvenes llenos de salud participarán ansiosamente en diferentes clases de deportes y otras actividades, aquél que hace uso de la marihuana mostrará una creciente tendencia a hablar sin fin de sus altas metas, sin hacer nada para alcanzar éstas. Y en vez de sentir un afecto profundo hacia otros, el usuario de la marihuana es propenso a revolcarse en emociones sentimentales superfluas.

Las investigaciones del Nacional Institute on Drug Abuse (NIDA) del Departamento de Salud Pública de EEUU demuestran como la marihuana deprime las hormonas reproductivas en el hombre, provocando importantes cambios en los órganos sexuales, tales como el decrecimiento en el peso de los testículos, las vesículas seminales y la próstata. Todo esto, acompañado de oligospermia y anormalidades de la esperma.

Sostiene también el NIDA que el uso crónico de la marihuana provoca descensos en la función de órganos endocrinos, como la pituitaria, los testículos, el tiroides y el córtex adrenal.

El hipotálamo es la zona mas afectada por el THC y se cree que existe alteración del input neuronal hacia esa zona.

Existe evidencia bien documentada de que los cannabinoloides alteran la función celular, produciendo cambios en la secuencia y forma en que la información genética es procesada y transcrita. Naturalmente, los efectos de estas transformaciones resultan imprevisibles.

El profesor Jerome Jaffe, profesor de psiquiatía en el Collage of Physicians and Súrgenos de Columbia University, Robert Petersen, director adjunto de la división de investigación del NIDA y el psicólogo Ray Hodgson, del Instituto de Psiquiatría de Londres, sostienen que; “Uno de los aspectos más importantes de las tareas cotidianas afectadas por la marihuana es el conducir vehículos ya que las investigaciones más cuidadosas hechas en fechas recientes indican que si el conductor de un vehículo fuma marihuana estará expuesto a efectos adversos exactamente como lo está quien ingiere alcohol y maneja un automóvil”.

Agregan que un dato especialmente importante es que algunos de los problemas visuales que origina la marihuana pueden persistir horas después de que haya cesado la estimulación subjetiva. Por ejemplo, la visión periférica no se recupera inmediatamente.

“La persona que conduce un vehículo bajo los efectos de la cannabis está expuesta irremisiblemente a diversos riesgos. La combinación de alcohol y cannabis, que es bastante común, puede ser más peligrosa que el consumo de cualquier de los dos tóxicos por separado”.

“Los científicos norteamericanos que estudian los efectos de la marihuana en la angina de pecho, esto es, el dolor retrosternal en los cardíacos, han observado que causó dolor con mayor rapidez y después de menos esfuerzo que con los cigarrillos de tabaco.

Otras personas que tal vez no deban probar la marihuana son las que sufren graves problemas emocionales; el estudio de un grupo pequeño de individuos que habían sufrido esquizofrenia

y se recuperaron indicó que la enfermedad reapareció después de consumir la hierba. Entre los estudiantes universitarios se ha apreciado que los que sienten mayores preocupaciones por su salud y que tienen menor capacidad de dominarse y regir sus vidas son los que con mayor frecuencia sufren los efectos amedrentadores y desagradables de la marihuana”.

Otras causas de preocupación por el consumo de marihuana se refieren a la posibilidad de la bronquitis.

“El matrimonio Leuchtenberger, investigadores suizos, han señalado que el tejido del pulmón humano expuesto al humo de la cannabis en un tubo de ensayo mostró alteraciones celulares mucho mas graves que las observadas en muestras titulares semejantes expuestas al humo corriente del tabaco.

Los cambios apreciados fueron semejantes a los de las células cancerosas. Cuando se colocaron extractos de humo de cannabis en la piel de los animales del estudio, surgieron tumores similares a los producidos por el alquitrán del tabaco de los cigarrillos”.

En el plano de la observación personal he podido comprobar diversas alteraciones producidas en los fumadores frecuentes de marihuana.

Todos ellos, sin excepción, desarrollan una especie de narcisismo emocional que les hace muy difícil sentir empatía por sus semejantes, tendiendo más bien a la manipulación de los sentimientos de quienes los rodean.

Pese a aparentar una gran intensidad en sus manifestaciones emocionales, éstas son mecánicas, superficiales y estereotipadas, llegando a producirse una frigidez emocional disfrazada bajo un temperamento de apariencia muy sensible.

Se hace evidente también, en muchos de ellos, que con el paso de los años la droga afecta profundamente las funciones cerebrales mas elevadas, menoscabando la discriminación superior, el criterio y el juicio interno.

También se reduce en forma dramática la capacidad de abrirse a nuevos paradigmas de pensamiento o formas de conducta más elevadas, aun cuando el afectado está convencido de lo contrario.

No es extraño que el hombre reduzca su potencia sexual y muestre caracteres femeninos secundarios, tales como un desarrollo exagerado de las tetillas o una tendencia hacia la homosexualidad.

La revista Newsweck del 27 de octubre de 1986 publica un artículo titulado: “Un ayudante de Reagan declara: La marihuana puede convertirlo en homosexual”.

Este comentario se refería al asesor antidrogas de la Casa Blanca, Carlton E. Turner, quien está convencido de que el vicio de la marihuana podía llevar a sus adictos a la homosexualidad. Aseguraba, además, que los homosexuales, por el hecho de consumir marihuana, dañan de una forma muy peligrosa la vulnerabilidad de su sistema inmunológico en relación al sida.

Cada vez que él visitaba un centro de tratamiento antidrogas para pacientes menores de dieciocho años, podía comprobar que más del 40 % de estos menores drogadictos habían iniciado relaciones homosexuales.

Turner, que tiene un doctorado en química orgánica, estaba convencido de que la hierba es el primer paso y la homosexualidad viene inmediatamente después como segundo paso. Él defendió firmemente su opinión de que la marihuana hace a sus dependientes mucho más susceptibles al sida, por la forma en la que afecta y menoscaba el sistema inmunológico de las personas.

El consumo de marihuana, desde el punto de vista moral, no solo perjudica al individuo, como todo vicio que produce dependencia, anulando su carácter y voluntad, sino que en el caso del cannabis constituye además, como ya lo hemos visto, una agresión al propio cuerpo, que por ser portador del ser posee la chispa de la divinidad, convirtiéndose en el templo del espíritu.

Es contra este santuario que atentamos al intoxicar nuestro organismo con marihuana, cocaína u otros productos ponzoñosos y nuestra falta moral es equivalentemente grave.

Pareciera ser, en el contexto de aquello que obstaculiza nuestro comportamiento virtuoso estimulando el pasional, que esto es, más o menos, lo que ocurre con el cannabis, ya que el centro cerebral de mayor impacto es el sistema límbico, puesto que es en aquella área donde se produce la mayor acumulación de droga.

El paleoencéfalo, o cerebro antiguo, era la parte más importante del cerebro del hombre primitivo y también de los animales, mientras que millones de años de evolución desarrollan lo que se ha llamado neocórtex o cerebro nuevo, también conocido como corteza cerebral o “tejado del cerebro”, nombre dado por Charles Sherrington.

Nuestras facultades intelectuales tales como el idioma, las expresiones simbólicas, la capacidad analítica y el conocimiento de sí mismo derivan del cerebro nuevo, mientras que en el antiguo se archivan nuestras emociones e instintos, además del subconsciente.

La conducta humana resulta de la interacción entre ambos cerebros y cuando ésta es alterada, se modifica también el comportamiento.

Los doctores Pennfield y Jaspers descubrieron que la estimulación eléctrica del área límbica en pacientes despiertos causaba pérdida de identidad, miedo, paranoia, distorsiones de percepción y alteraciones en la sensación del tiempo.

Olds y Milner, de la Universidad de Mc Gill, efectuaron una experiencia que consistía en insertar diminutos electrodos en el área límbica de ratas, las que accionando una pequeña palanca podían estimular esta región.

Una vez que las ratas asociaron la estimulación con una sensación placentera, establecieron un patrón de estímulo que duró hasta que los animales estaban completamente agotados, presionando la palanca hasta tres mil veces en una hora.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que existe un área específica en el cerebro viejo que al ser estimulada provoca una forma de conducta asociada con recompensas y placer.

El profesor Robert Health, de la Universidad de Tulane, llegó a la conclusión de que la estimulación eléctrica de la parte del hipotálamo del cerebro viejo produce sensaciones de bienestar y euforia en los primates y el hombre.

Después de introducir electrodos profundamente en el área límbica de monos Rhesus, los hizo inhalar marihuana, pudiendo observar “reventones” de actividad eléctrica irregular o “pinchazos” causados por la marihuana en el área septal del cerebro, punto focal para la recompensa y el placer.

Después de un tiempo sacrificó algunos ejemplares para examinar el cerebro viejo, descubriendo daños en las sinapsis de los tejidos límbicos.

El fumar marihuana estimula el sistema límbico y no es aventurado suponer que desata las pasiones, impidiendo el dominio de si mismo, dificultando la racionalidad superior y alterando la conducta emocional.

Como en todo vicio solitario, el uso del cannabis significa una recompensa fácil mediante el estímulo de los centros del placer, eludiendo así el proceso natural donde lo placentero suele ser el premio final de un largo y esforzado proceso por ganar esta retribución.

Este es uno de los motivos por los cuales daña el carácter y erosiona la voluntad, puesto que el concepto de la recompensa fácil se convierte en un hábito que impide el verdadero esfuerzo personal, tan necesario para templar la voluntad y lograr un correcto autocontrol.

El adicto espera todo sin hacer nada, a través de alguna clase de milagro o casualidad afortunada, desarrollando horror al esfuerzo penoso.

Esto se hace evidente no solo en el área laboral, sino también en la relación interpersonal, puesto que ésta requiere de un continuo esmero para ponerse en el lugar de otras personas y poder comprenderlas mejor.

El marihuanero se quejará habitualmente de que “no lo comprenden”, “no lo apoyan” o “no lo quieren”, negándose a reconocer que aquello que percibe es su propio reflejo.

Creo que la doga desarrolla una clase de narcisismo patológico más grave que el provocado por otras causas, porque aísla al sujeto en un mundo de fantasía al que sus semejantes no tienen acceso, colocándolo al borde de la conducta antisocial.

El adicto al cannabis cosifica a las personas dentro de su mente, las que pasan a existir solo en calidad de objetos útiles y no como individuos que poseen necesidades y sentimientos propios.

De este modo, sus amistades representan solo compañeros en el vicio o sujetos útiles para sus propios fines.

Para un alto porcentaje de los adictos el concepto de amistad o amor no representa un intercambio equivalente, sino solamente un “recibir”. La alteración emocional que resulta de su vicio les hace muy difícil mantener una relación interpersonal que signifique verdadero amor y preocupación por los demás.

El temor hacia el sexo opuesto hace que, una vez derribadas o atenuadas las barreras corticales superiores, el sujeto busque la relación homosexual como la más cómoda o menos exigente en lo que atañe al dar.

Para un hombre, el relacionarse con una mujer implica aprender a dar de muchas y variadas formas e involucra también el quedar al descubierto en lo que a su verdadera condición se refiere, renunciando a la imagen que acostumbraba proyectar.

Significa, también, tomarse el trabajo de comprender a su compañera, lo que exige decodificar adecuadamente una conducta que para el hombre se traduce en complejos o incomprensibles mensajes.

Ante esta disyuntiva, algunos caracteres reblandecidos por la droga prefieren una relación sexual-narcisista con un sujeto del mismo sexo ya que ambos, en ese caso, hablan el mismo lenguaje.

De este modo, muchos hombres permanecen aislados en su propio egoísmo, privándose de conocer “la otra cara de la verdad”, vale decir, la versión femenina de la realidad, necesaria para conocer ambos lados de la existencia.

Para la mujer, el relacionarse con un hombre significa entregarse emocionalmente y aceptar la penetración, lo cual representa una confrontación de su femineidad con la virilidad del hombre, sintiendo que su propia naturaleza femenina es puesta a prueba en este trance, lo que le produce mucho temor, impulsándola con frecuencia a elegir compañeros débiles y poco inteligentes, que no representen un desafío.

En esta circunstancia, no es extraño que mujeres consumidoras de marihuana inicien alguna clase de relación con una persona del mismo sexo.

Los fumadores habituales sostienen, para justificar su hábito, que la hierba, al revés del alcohol, disminuye la agresividad, lo que parece ser una opinión unánime entre ellos. Me parece, no obstante, que su efecto en esta área es absolutamente diferente y que en vez de reducir la agresividad provoca una acentuada pasividad, lo que en forma natural desalienta la agresión.

Es obvio que un sujeto dormido o en estado de inmovilidad forzada no atacará a nadie, pero esto no constituye una muestra de autocontrol.

Creo que uno de los aspectos más relevantes de la conducta de los fumadores habituales se refiere a la dificultad de valorizar adecuadamente aquellos momentos de su vida en los cuales no están bajo el estímulo reciente o directo de la droga.

La hiper valoración de sus vivencias bajo el efecto del THC les lleva a desvalorizar las sensaciones normales, sintiendo que al no estar drogados la vida se vuelve plana, monótona y aburrida. Esto les impulsa, por cierto, a una obsesiva preocupación por volver a experimentar el estímulo tan deseado.

La depresión, la angustia y la auto desvalorización acechan continuamente al afectado, puesto que nace una tendencia interna a considerar que el mundo verdadero, el que vale realmente la pena, es el de las vivencias fantasiosas provocadas por la droga, y el otro, el de la existencia cotidiana normal, en el que las personas comunes luchan por la supervivencia, se esfuerzan, sufren, gozan, triunfan o fracasan, aparece como falso y ajeno.

No extraña entonces que muchos fumadores se conviertan en sujetos cínicos, materialistas y escépticos, puesto que consideran que la vida no vale la pena, careciendo de significado y propósito.

La rehabilitación de los adictos reside en la recuperación o encuentro de la real alegría de vivir y la comprensión y aceptación interior de que todas las cosas valiosas tienen un precio equivalente.

Deben llegar a percatarse de que una de las leyes máximas de la vida humana consiste en el premio al propio mérito y que podemos lograr metas muy valiosas si es que nos esforzamos lo suficiente para ello.

Los que dependen de la droga no logran tampoco concebir el hecho de que no necesitan del tóxico para sentirse estimulados y que los deportes y la preocupación por sus semejantes pueden darles nuevos y mayores alicientes para liberarse de su mal hábito.

Asimismo, al descubrir el significado de la existencia mediante el desarrollo y cultivo de los valores espirituales puede transformar por completo la vida de una persona.

El verdadero trabajo de perfeccionamiento espiritual, es técnico y místico a la vez, permite vivenciar estados superiores de conciencia que ninguna droga podría emular.

No existe ninguna clase de droga que pueda crear conciencia; solo producen una clase de euforia pasajera mediante la estimulación de las fantasías del individuo.

Solo es posible acceder a la conciencia trascendental mediante un largo, perseverante y disciplinado cultivo de las propias facultades latentes, proceso que debe estar exento de toda expectativa fantasiosa.

Sin duda que las palabras “largo”, “perseverante” y “disciplinado” provocarán pavor o desprecio en aquellos cerebros lavados por los mensajes publicitarios que hacen creer que existe la ganancia fácil o que, por un precio, todo lo importante se puede tener aquí y ahora, en este mismo instante.

Lo cierto, no obstante, es que la auténtica y perdurable felicidad no puede ser otra cosa que la recompensa que nos aguarda al final de un largo y penoso trayecto. No cometamos el error de seguir caminos engañosos fáciles que al final pueden llevarnos a imprevistos despeñaderos.

Es preferible el legítimo esfuerzo personal aplicado a lo no ilusorio, que conduce el paulatino éxito y felicidad a través del tiempo, debido a que interactúa correctamente con la realidad.

Una de las taras más en boga en los últimos tiempos, producto de la publicidad indiscriminada, es el hecho de sentir que los problemas, el deber, el esfuerzo y el mérito representan carencias que nos roban algo, mientras que lo placentero o lo bueno es considerado, inconcientemente, como un fruto silvestre gratuito, producto de la suerte o el azar, por el que no es necesario pagar ningún precio.

Las personas muy exitosas pasan a ser favorecidas por la suerte y los que tienen muchos problemas, victimas de algo.

Es así como la fantasía de lo gratuito domina la mente de un alto porcentaje de los que habitan en países subdesarrollados y esto último no es más que la consecuencia natural de lo primero.
 
El primer requisito para el éxito de las personas y los pueblos se basa en la genuina aceptación y convencimiento interior de que todo tiene un precio, que éste es equivalente al valor de lo deseado y que es preciso pagar alegremente y en forma anticipada, puesto que dicha retribución es la que permitirá la posesión de aquello que se anhela, vale decir, el logro de lo deseado.

El uso de la marihuana y otras drogas que prometen recompensa fácil y placer inmediato conduce a la pereza, la pasividad y la descalificación del esfuerzo personal como elemento necesario para alcanzar el bienestar, el éxito y la felicidad.

UNA OPINION SOBRE LO PUBLICADO:
Cordial Saludo gente Comprometida con la Buena Siembra,

Tengo 25 años, estudiante de antropología de la Universidad de Antioquia
en Colombia(algo que puede no significar mucho en el actual mundo).
Desde hace algunos años me intereso por crear  conciencia a través de la
pedagogía, la información que no se ha revelado al común y los ultimos
meses desentrañando los misterios de la Antropología gnostica
desarrollada en Mexico.

No recuerdo en ke tópico me encontré con un articulo que titulaba
"Cuando el silencio no es Salud", donde se habla crudamente sobre la
marihuana y de su componente principal el THC, através de  analisis
cientificos, estadisticos y sociales (a mi manera es contradictorio con la
realidad en Colombia, con otros estudios cientificos y con otros contenidos
de esta pagina)

Soy consumidor de Marihuana ( en un principio bajo la satanización y los
prejuicios de esta sociedad, donde a diario se discriminan a los
consumidores de THC por parte de la familia, las instituciones, la
represión policial y estatal), debido a esto y al contenido del
parentesis tuve la oportunidad de  preokuparme por hacer una
investigación sobre la planta, la cual contó con rastreos biliograficos
de caracter cientifico y social; sumandole a esto la observación
participante con datos etnograficos y la colaboración de  algunos
profesionales de la salud entre otros.

En este sentido no puedo decir que los resultados fueron totalmente
satisfactorios para los consumidores, pero  la conclusión apunta a un
analisís más cultural, socioeconómico y medicamente debe ser tomado
mucho màs en serio; no bajo las criticas y satanización de los sistemas
capitalistas donde el consumidor de marihuana se perfila constantemente en
las bajas esferas sociales, sobre todo en paises como Venezuela,
Colombia,Ecuador, Perú y Centroamerica  es decir un marihuanero es una
persona con bajos recursos el cual puede acceder a tal sustancia por poco
dinero o lo MEJOR cultivandola en su propia casa.

Me extendería mucho en estas lineas; por esto los invito a que me den la
oportunidad de compartir parte de la investigación realizada en esta
pagina y formar un debate de la manera  màs respetuosa posible.

Agradezco la información de su pagina y la atención prestada.

René Montoya P
Aspirante a Titulo de pregrado en  Antropología
Web: www.galeon.com/ayahuascaenelmuro

MAS INFO: http://buenasiembra.com.ar/salud/articulos/chakras-adicciones-843.html

http://buenasiembra.com.ar/salud/psicologia/drogadependencia-333.html

http://www.muevamueva.com/social/adicciones/marihuana.htm

http://www.danielcasado.com/web/contenido/flor%20venenosa/Flor%20venenosa.htm
 
http://www.publico.es/ciencias/42452

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http://buenasiembra.blogspot.com/2011/10/la-marihuana-reduce-los-tumores.html

 


MaríaJuana ¿La CURA contra El CANCER? - La historia de Rick Sipmson from robertobenitez.com on Vimeo.


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