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Duelo y stress postraumatico

Pesadillas, irritabilidad, miedo a salir a la calle, dificultad para concentrarse:
son algunos de los síntomas más frecuentes que presentaron las 110 personas que consultaron al Servicio de Estrés Postraumático del Hospital Alvear en las primeras dos semanas posteriores a la tragedia de Cromañón. Pero casi 45 dias después en quienes no tuvieron síntomas , les aparecieron repentinamente , incluso en jovenes que salieron del boliche nada mas que con un pequeño susto .. Como heridas que no cierran recuerdan su dolor en diversos momentos no solo La mayoría son sobrevivientes, también médicos del SAME y empleados de la Morgue.

PSICOLOGIA

Los duelos de la vida: dónde van las etapas “perdidas” que no volverán

El tiempo pasa, inexorablemente. Más de uno oculta la edad, olvida su cumpleaños y guarda el documento bajo siete llaves. ¿Cómo hacer para capitalizar esto como experiencia y no como un duelo inevitable?

“Los cambios de década siempre impactan en la persona porque se pierde algo. A los 30 se pierde el rol de hijo, a los 40 la juventud, a los 50 el sentido de la vida y a los 60, se es viejo”, dijo sin anestesia el psiquiatra Juan Ipar, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA). Aunque no es necesario vivir la vida como el tango “Cuesta abajo”, resulta evidente que ver el paso del tiempo desde las ventajas de la madurez o la experiencia no siempre es sencillo. Y mucho menos, si cada año que pasa se lo analiza como un pequeño duelo a transitar.

Dejando de lado las llamadas crisis accidentales, que van desde una mudanza hasta la muerte de alguien cercano, Ipar enfatiza el perfil doloroso de las crisis vitales, que se corresponden con las etapas de la vida. El drama empezaría a los 30 para coronarse recién a los 60. Federico Urman, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba) coincide en que existen ciclos pero ensaya una opinión más amplia: “Por el simple hecho de estar vivos, todo el tiempo enfrentamos duelos, los cuales se hacen más ostensibles en ciertos momentos como la pubertad o el tránsito a la tercera edad porque se experimentan cambios físicos, psicológicos y también de fuerte presión social”.

Entonces, ¿el duelo se nutre de pérdidas pero también de cambios? Para Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), la respuesta es no. “Tenemos la infancia y la perdemos, tenemos la pubertad y la perdemos, tenemos la juventud y la perdemos... Estas son pérdidas pero no siempre significan un duelo, no en todos aparece la añoranza por lo perdido. Es decir, no siempre aparece el aspecto doloroso del duelo”, detalla el profesional.

Pero de qué hablamos cuando hablamos de duelos. Para estos casos nada mejor que ir a las fuentes. En “Duelo y melancolía”, Sigmund Freud lo definió como la "reacción frente a la perdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como patria, la libertad, un ideal...” Entonces, ¿el balance está condenado a ser negativo? Aunque el panorama cada vez parece más negro, lo cierto es que los profesionales coinciden en que no siempre el debe es más amplio, depende de cada uno. “Mientras uno encuentre un modo de satisfacerse, no va a aparecer un duelo. Uno está en una situación de duelo si se queda fijado en lo perdido, fijado en la añoranza y en el dolor”, especificó Novelli

Como era de esperar, los especialistas aseguran que el duelo es una respuesta normal y lo más sano es traducirla en palabras cuando aparecen los primeros síntomas. El cuadro clínico está caracterizado por el bajo estado de ánimo, un fuerte sentimiento de culpa, recurrente idea de muerte, pérdida de peso, insomnio y abandono de sus actividades sociales y laborales. En pocas palabras, se manifiesta un creciente desinterés por todo lo no relacionado al objeto o situación perdida. A esta altura y teniendo en cuenta que la vida misma implica duelos (más o menos dolorosos), la duda es: ¿se sale? Y la respuesta está plagada de optimismo.

El psiquiatra británico John Bowlby planteó cuatro hipotéticas fases en el duelo. La primera estaría caracterizada por el aturdimiento y la protesta; la segunda por la intensa añoranza; la tercera por apatía y la cuarta por la sensación de volver a incorporarse a la vida.

Más allá de las etapas, hay consenso en que todo el llamado “trabajo de duelo” completo no debería tomarse más de un año y medio para mantenerse afuera de lo patológico. Ipar aseguró que “el duelo tiene momentos de intenso sufrimiento y culmina con la aceptación. Hay momentos en que la sabiduría es conciencia de dolor pero, si uno supera eso, es balsámico”. Le Pera tenía razón cuando escribió “sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”...

Por Carla Barbuto.
conexiones@claringlobal.com.ar

MOTY BENYAKAR, EXPERTO EN DESASTRES DE LA ASOCIACION MUNDIAL DE PSIQUIATRIA "Por cada damnificado hay 400 personas que necesitan ayuda"

Dice que la primera actitud ante la tragedia es la ira, pero que el dolor llega después.

Nada de consultorios para los damnificados por la tragedia del boliche República Cromañón, advierte el doctor Moty Benyakar, presidente de la Sección de Intervención en Desastres de la Asociación Mundial de Psiquiatría: "Son personas normales, que reaccionan normalmente ante una situación anormal."

Benyacar es profesor de la Cátedra UNESCO de Bioética para Iberoamérica, que comparte desde hace seis años con el decano de la Facultad de Derecho de la UBA, Atilio Alterini, el profesor Juan Jorge Fariña (Facultad de Psicología) y el doctor Julio Ravioli (Facultad de Medicina). Nacido en la Argentina, vivió 30 años en Israel, donde organizó el programa de intervención en salud mental que asistió a militares y civiles en cinco guerras. Participó en la atención de la población de Oklahoma, Estados Unidos, tras el atentado de 1995. De regreso al país, colaboró en ocasión de la voladura de la AMIA y las explosiones en Río Tercero. Sus últimos aportes fueron a partir del derrumbe e incendio de la mina de Río Turbio, en un programa de dos años para toda la comunidad.

Con semejante experiencia, Benyakar señala que el síndrome de estrés postraumático no alcanza para explicar y ayudar a poblaciones tan extensas. Lo define, en cambio, como síndrome de ansiedad por disrupción, "donde el mal está representado por amenazas insidiosas atribuibles a voluntades humanas difícilmente ubicables, que revierten el sentido protector de las instituciones sociales".

Por eso no habla de víctimas —"víctimas son los que murieron", aclara— sino de damnificados. "Las 'víctimas' suelen ser el producto de comunidades dañadas, que las necesitan para garantizar el recuerdo del hecho dañino —alerta—. Y los damnificados son personas que pueden recuperar su propia subjetividad."

En los damnificados por la tragedia del boliche, "la primera actitud es de bronca, de desesperación, de buscar que se responsabilice a los culpables; les parece que, de ese modo, el problema se soluciona —cuenta—. Pero el dolor de la madre cuando ve la cama vacía viene mucho después. Es ahí cuando la gente se quiebra; cuando los chicos vuelvan a la escuela, a la facultad, y los compañeros no estén más".

¿Cómo reaccionarán? Benyakar es cuidadoso y no aventura hipótesis. Apenas menciona a "un padre que estaba buscando dónde comprar un revólver —para matarse él o para matar a alguien—, pero también a otros padres que reclaman que la muerte de sus hijos no sea en vano, que se tomen las medidas no sólo para buscar a los culpables sino para que no haya más culpables de este tipo de cosas".

"Este es un momento de dolor, y no quiero referirme a cómo va a impactar en las familias —se excusa—. Sólo puedo adherirme al duelo, tener capacidad de respeto por el que está sufriendo. Habrá que esperar un tiempo para que esas cosas se elaboren. Para la persona que perdió a un hijo no hay ninguna reparación; pero si va a quedar psíquicamente más afectada que otra que estuvo internada o que logró salir ilesa, no podemos saberlo."

De todos modos, Benyakar tiene presente que, cuando ocurre un desastre, se calcula que por cada damnificado habrá unas 400 personas que necesiten asistencia en salud mental. No en consultorios, insiste. "La gente no acude a un tratamiento para esto. Uno tiene que estar presente en sus lugares para intentar dar respuesta a la necesidad que emerge en ese momento."

En este caso, el psiquiatra propone buscar a los referentes locales y hablar con ellos. Destaca la importancia de las escuelas, las autoridades religiosas, los referentes comunitarios, los clubes, las bandas de música. "Son ellos los verdaderos soportes. Los psicólogos y psiquiatras deben ser capaces de articular esta ayuda —observa—. No hay que ver qué decirles a los chicos, sino cómo escucharlos y cómo transformar su mensaje en algo positivo."

equipo del Alvear también acompaña a los familiares de los sobrevivientes. "Es que con el tiempo la palabra víctima también puede alcanzar a las personas que ya no presentan síntomas físicos o ni siquiera estuvieron en el lugar", insiste Mosca. "Hay cuadros de estrés agudo que si son tratados correctamente pueden desaparecer sin llegar al trastorno por estrés postraumático."

EFECTOS DEL TRAUMA

En el caso de quienes salvaron su vida, los efectos del trauma ocasionado por el incendio no sólo incluyen el duelo por la pérdida de amigos y familiares sino también una constelación de pensamientos, recuerdos o percepciones que remiten a esa noche fatídica: estos signos son los que alertan acerca del denominado trastorno por estrés postraumático, "una patología que puede aparecer desde los 30 días posteriores a la situación crítica", según el psiquiatra Daniel Mosca, jefe del servicio.

El médico dice que uno de los síntomas más frecuentes por el que consultaron estos jóvenes es el llamado "recuerdo intrusivo", que se presenta bajo la forma de imágenes repetitivas, alucinaciones o flashbacks del incendio en República Cromañón. "En un principio, muchas personas pueden no presentar señales de alarma", explica el psiquiatra. Pero es importante consultar a un especialista para prevenir la aparición de una patología en el largo plazo. "El inicio del trastorno puede ser inmediato o tener un comienzo tardío a partir de otro hecho que lo resignifique", señala Mosca.

Sibila Camps. scamps@clarin.com

SOÑO CON LA TRAGEDIA Y SE ARROJO DE UN BALCON

Traumas de un sobreviviente Ezequiel se había salvado del incendio saltando del sector VIP. Según los expertos, su reacción es parte de los síntomas de estrés postraumático. Recomiendan no abandonar los tratamientos.

Ezequiel Denós salvó su vida en Cromañón y, sin querer, la puso en riesgo 48 días después. El trauma de la noche trágica se volvió a manifestar mientras caminaba por el misterioso terreno de los sueños: tal como había saltado de la zona VIP el boliche durante el incendio, se tiró desde el balcón de su casa creyendo que seguía en el boliche y aquel fuego aún ardía.

Ezequiel se convirtió en el primer sobreviviente que puso en peligro su vida durante un estado de inconsciencia pero, según algunos especialistas, no es el único que atentó contra sí mismo: varios de los chicos que estuvieron en el incendio caminaron hasta límites peligrosos y violentos “arrastrados por la culpa de haber sobrevivido”. Lo hicieron y lo hacen de manera consciente, lo cual muestra la “urgencia de un tratamiento psicológico efectivo” y de la correcta “elaboración del duelo”, según el consejo del psicólogo Alfredo Moffatt.

“La saqué barata las dos veces”, dijo el joven de 24 años, desde la clínica donde está internado. Soñó que “estaba en el show y vi cuando se prendió una bandera, el humo que había, y me tiré del primer piso, según dice mi familia. Yo no recuerdo nada, para mí era todo un sueño”. Ezequiel vive en Hurlingham y perdió a un amigo durante el incendio. Después de aquello, “me agarré a trompadas tres veces en un mes, cosa que no me pasaba desde hace cinco años”. Por el salto se lesionaron sus piernas y fue internado en una clínica privada. Estaba en tratamiento psiquiátrico y padece un cuadro de estrés postraumático.

Ese tipo de estrés suele aparecer 30 días después de la situación crítica y sus cuadros sintomáticos son la irritabilidad, ansiedad, fobias, pesadillas o el insomnio “pero no saltar desde un balcón, nadie puso en riesgo su vida soñando; es el primer sobreviviente que tuvo una reacción de ese tipo”, se sorprendió ante Página/12 Daniel Mosca, jefe del Servicio de Stress Postraumático del Hospital Alvear, que atiende a unos 200 pacientes vinculados al incendio del boliche. En su criterio, un hecho como el que protagonizó Ezequiel “no se puede predecir”, por lo tanto los familiares o sobrevivientes “no tienen por qué tener miedo ni entrar en pánico, porque no van a tener síntomas de ese tipo”.

Para Alfredo Moffatt, las cosas son distintas. En una charla con este diario, el reconocido psicólogo social –que tiene contacto diario con sobrevivientes y familiares tanto en su casa como en el santuario de Once– reveló que “hay sobrevivientes que manifiestan síntomas como los del chico que saltó, pero de otras formas: peleas o ingesta peligrosa de alcohol. Lo que pasa es que hay una culpa de haber sobrevivido y desafían al riesgo del que se salvaron. Es como la actitud de volver al lugar del crimen para entender lo que pasó: ellos vuelven a desafiar a la muerte. A esto no hay que negarlo pero tampoco entrar en pánico”.

De acuerdo con el análisis de Moffatt, “cuando el trauma no se elabora sale en forma sintomática de sueño, pero no se resuelve dentro del sueño. Y una de las formas en que se puede resolver la patología de la pesadilla real es con el psicodrama, que es una vuelta al episodio traumático para resolverlo (en el marco de esa técnica). Revivir una vivencia tiene el destino terapéutico que permite relatar el trauma para sacarlo de la zona sintomática de la pesadilla.

Siempre digo: ojo con no hacer el duelo –agregó Moffatt– porque cuando uno no hace el duelo aparecen autoagresiones que conllevan la pulsión de la muerte, y si eso no se lo trabaja en terapia, puede repetirse. Lo que le pasó al chico fue mientras estaba en estado de conciencia crepuscular, que es cuando la persona no sabe si está despierta o dormida. Y tuvo suerte de vivir en un piso bajo”.

El caso desató la polémica sobre el funcionamiento de la efectividad de la contención psicológica que reciben los sobrevivientes y familiares. Según Fernando Soto, abogado de varias víctimas, hubo al menos cinco intentos de suicidio –aunque quedó descartado que el de Ezequiel lo haya sido–, por lo cual calificó de “insuficiente” al servicio de Salud Mental del gobierno porteño.

La respuesta estuvo a cargo del director general de Hospitales porteños, Arturo Faiad, quien afirmó que no hay constancias en la ciudad de esos casos y que Ezequiel y su familia hicieron “varias consultas” en el Hospital Fernández: “Queremos transmitir tranquilidad. Hubo registros de varias consultas del chico y se le dio la asistencia que corresponde”.

Informe: Adrián Figueroa Díaz. Pagina 12

ATENCION, Direcciones:

Centro de Ansiedad y Estrés Postraumático:

Hospital Alvear, Avda. Warnes 2630, de 12 a 17.

Centro de Estrés Postraumático:

Hospital Alvarez, Aranguren 2701.

Centro de Estrés Postraumático Infantil:

Hospital Tobar García, Ramón Carrillo 315.

Fuente: www.cromagnon.meti2.com.ar/


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