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Freud, el Yo y la psique

Hay una parte tuya que es más "tú mismo" que todo lo que conoces de ti.

¿Qué te parece eso? De hecho, aquello de lo que tienes conciencia acerca de ti es sólo una partecita pequeña, "la punta del iceberg", la ventana al exterior que guarda tras de sí un mar, indescifrable, animal, oscuro, lleno de deseos abismales de vida y muerte, y un sin fin de mecanismos inconscientes trazando tus conductas y tus sueños.

Una de las versiones más agudas de esta visión fascinante y terrible de los seres humanos fue agregada a la historia de la psicología, la antropología y la filosofía por un personaje imprescindible del siglo XX: Sigmund Freud.

Freud nació el 6 de mayo de 1856 en la provincia austriaca de Freiberg, Moravia (hoy República Checa) en el seno de una familia judía. Se doctoró como médico en Viena, especializándose en anatomía cerebral y, en un ambiente en el cual las enfermedades mentales comenzaban a ser cada vez más frecuentes y difíciles de tratar, comenzó a dedicarse a esta actividad. Con una avidez científica que se interesaba más en los casos particulares que en la formulación de leyes abstractas, recorrió el arduo camino de analizar a cientos de personas, y llegó a involucrarse profundamente en el psiquismo humano.

Tomando como punto de partida la hipnosis (método que en aquel tiempo estaba provocando cierta fama a un médico francés de nombre Charcot), Freud desarrolló un sistema terapéutico nuevo, al que nombró "psicoanálisis" (análisis del alma o psique). La idea era que, durante la vigilia, los individuos no mostraban conciencia alguna de la causa de sus malestares y, no obstante, una vez analizados por el terapeuta a partir de sus sueños, actos fallidos, síntomas y en general los datos arrojados por ellos en libres asociaciones de ideas, ponían de manifiesto la existencia, en su ser más profundo, de toda una vida interior inconsciente, muy compleja, en la cual estarían fraguándose todos sus conflictos.

Freud llegó a decir que este mundo inconsciente, y no la vida consciente, constituye la esencia fundamental del alma humana. Una esencia manifestándose indirectamente en los sueños y conductas de cada hombre, con mayor o menor grado de trastorno. Y es que con Freud, todos padecemos algún grado de neurosis. Los instintos bestiales e irracionales presentes en el corazón de nuestra alma, el Complejo de Edipo, deseos sexuales y pulsiones de muerte, se encuentran todos ellos en batalla incesante con los afanes culturales individuales y de la sociedad en su conjunto; en la medida en que estos llamados no puedan ser satisfechos porque contrarían las leyes de la cultura introyectadas en nosotros, serán reprimidos o desviados, derivándose de ello toda una gama de posibles desarreglos psíquicos.

Los hallazgos freudianos significaron un llamado al autoconocimiento y una denuncia a los sistemas culturales represivos. Pero sobre todo, plantean una interrogante abierta a la capacidad humana de conciliar los deseos más irracionales de su naturaleza con sus aspiraciones culturales.

Algunas de las obras más importantes de Freud son:

La Interpretación de los Sueños, Tótem y Tabú, Lecciones de Psicoanálisis, El Porvenir de una Ilusión, Psicología de las Masas y análisis del Yo, El "Yo" y el "Ello", Más allá del Principio del Placer y El Malestar en la Cultura.

Cuando los nazis invadieron Austria, Freud se vio obligado a dejar su país, y huyó a Inglaterra, donde murió en 1939 a causa de un cáncer en el maxilar. Muchos grandes hombres han seguido sus pasos e innumerables disputas y controversias siguen generándose a su alrededor. Claro, un hombre que se involucra tanto con lo más profundo del alma humana resulta de lo más provocador.

Fuente: www.universoe.com


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