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La familia adolescente

Podemos hablar de "familia adolescente"
ya que la crisis que atraviesa el adolescente involucra a todos los miembros de la familia: padres, hermanos y el propio sujeto.

Los cambios corporales, hormonales y la irrupción pulsional, relativos a la pubertad, se entremezclan con la "denominada adolescencia" que corresponde a un tiempo lógico, y no solamente a una etapa evolutiva o cronológica, variable en cada comunidad, momento histórico y en cada sujeto: momento lógico donde la infancia se reorganiza a posteriori como pasado, encrucijada vital que solo puede ser atravesada por cada sujeto en su particularidad, uno por uno.

Tiempo de revisión, de quiebre con su lugar de niño para pasar a tomar una posición en la sociedad como adulto, pasaje que no ocurre sin avatares y tropiezos, sin pérdidas y renuncias necesarias para apropiarse de una identidad que lo represente en el espacio de los adultos, luego la infancia quedará como un lejano recuerdo, como olvidada.
De Padres e Hijos: Aprendizajes y Riesgos.

Al mismo tiempo que observamos cambios físicos u hormonales en el adolescente, también comienzan a manifestarse cambios emocionales, diferencias que expresan a través del pensamiento y sentimientos.

Es la época en que empiezan a establecerse relaciones íntimas fuera del entorno familiar con amigos de su edad. Los padres se hacen menos imprescindibles y surgen los primeros desacuerdos entre puntos de vista diferentes generalmente entre padres e hijos.

Los padres, suelen sentirse rechazados, pero hay que tener en cuenta que esta contraposición aparente, es necesaria para que el joven logre su autonomía. Aunque los enfrentamientos y discusiones sean frecuentes, los adolescentes suelen tener un alto concepto de sus padres, los conflictos no suelen tener que ver generalmente con la personalidad de los padres, sino más bien con el hecho que es de ellos, de quien tienen que independizarse, para forjar su propio camino.

Es un momento de aprendizaje, de experiencias nuevas, algunas de las cuales quizás, pueden resultar riesgosas o peligrosas.

Las primeras experiencias con la bebida, drogas o el fumar habitualmente suelen tener su lugar en grupos y las advertencias de los mayores casi siempre son ignoradas.

La situación puede llegar a un límite donde los padres sientan "que pierden el control", no sabiendo donde se encuentran sus hijos, quienes son ellos o que les está pasando.
Los padres suelen sentir que han fallado, sin embargo todavía juegan un papel crucial en la vida de sus hijos, acompañando al adolescente en su nuevo camino, al mismo tiempo que son los encargados de la transmisión de valores ya que en esta etapa se incorporan límites nuevos y se reformulan ciertas concepciones del mundo.

En ocasiones observamos una prisa, por parte de los padres en ver a su hijo independizarse, en que sea responsable de sus actos, acortando así el tiempo de crisis parental que esta etapa pone en juego o desligándose de esta manera, los adultos, de su papel de facilitación en la apropiación, por parte del joven, de las herramientas necesarias para insertarse en un mundo de adultos.

Las "reglas de juego" dentro del marco familiar, las deben establecer los padres, pero estas deben ser claras, justas y razonables. Se podrán negociar algunas cuestiones y otras no, promoviendo un lugar de escucha, no de crítica, sermoneo o avasallamiento hacia el joven.

Es decir: un lugar de escucha que permita alojar la diferencia y ofertar una base segura donde ambos padres acuerden sobre ciertas condiciones o límites por Ej.: horarios de salidas, llamados, etc.

Este espacio de diálogo y comprensión, muchas veces, se ve obstaculizado, ya que en muchos casos la adolescencia de los hijos coincide con etapas conflictivas de los padres: crisis de la mediana edad, menopausia y climaterio, vejez y pérdida de sus propios padres.

Cuestiones de época

Desde hace largo tiempo observamos una prolongación y a veces una eternización del período denominado "adolescente".

Así como esta etapa era considerada en el pasado, un período preparatorio del que había que salir, como un hombre, lo antes posible y por lo tanto el joven tomaba precipitadamente emblemas de adulto.

Hoy la cosa se invierte y comprobamos como algunos adultos intentan recuperar por medio de la multiplicidad de ofertas ofrecidas en el mercado ( dietas, tatuajes, implantes, gimnasio, etc) algo de lo inexorablemente perdido, como si la juventud o el ser joven quedara ligado al ser adolescente

Parecería que los padres al quedar retenidos en sus propias redes, coartan la posibilidad de transmitir a sus hijos el valor de las pérdidas y del crecimiento.
Observamos en la actualidad, una nueva modalidad de control hacia los adolescentes: La figura del detective.

Esto que ha muchos puede causar estupor, a otros, una supuesta seguridad.
¿ Por que la necesidad de incluir un otro que mire desde afuera una escena?

Parecería que los mismos padres no pueden involucrarse en la vida de sus hijos, en sus acciones, en transformar ese ojo que mira, en una mirada atenta y cariñosa donde la palabra y las acciones den sentido a lo vivido, lo que el joven pide a gritos con sus actos son referentes, sentidos, significados que le permitan apropiarse de lo nuevo para construir su propio lugar y sus nuevos vínculos sociales.

Es decir aprender el juego del vivir adulto con sus límites, frustraciones y apuestas.

Las pruebas o evidencias, que podrían obtener los padres vía el detective, irían en búsqueda de una verdad sobre sus hijos, verdad que aspiran atrapar a través de una imagen que plasmaría todo, allí donde el adolescente se vuelve "ajeno" .

En otras épocas, este lugar de terceridad ( que permite cierta regulación) podía ser ocupado por ej, por el brujo de quien también se esperaba algún saber, y veredicto basado en la magia o superstición.

Figuras de terceridad llamadas a intervenir, para ordenar, nombrar, dar una respuesta, encontrar una verdad...

Este lugar de terceridad, de la ley, que en el seno de la familia, debería jugarse en ella misma, pareciera haberse tercerizado como algo a contratar y no como una función netamente simbólica.

Los jóvenes denuncian a través de sus acciones contestatarias, silencios, vestimentas y accesorios, un malestar que es propio de la cultura, inherente al ser humano, junto con una corriente que se traduce como renovación y cambio gestando así lo nuevo y los avances culturales de cada época...

Y esto es lo que incomoda a los adultos, como si ellos mismos no hubiesen pasado también por este momento de crítica, adaptación y florecimiento al exclamar con orgullo: "esto en mi época no pasaba", ignorando tal vez que: Lo que no fue elaborado por los padres retornará en esta etapa de vida de los hijos, como inhibición, síntoma o angustia.

Lic. Sneider Dalia
Especialidad en niños, adolescentes, adultos.
Parejas y familias.

Dasne@sion.com

daliasne@hotmail.com


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