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La Telepatía y el Vehículo Etérico

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

PRIMERA PARTE

CAPITULO I

 EL CAMPO DEL INTERCAMBIO TELEPÁTICO

Me propongo escribir sobre intercambio telepático, explicar su razón de ser y también dar algunas reglas sencillas que pue­dan ser seguidas por los discípulos, en su afán de establecer un intercambio de pensamientos entre los miembros de un grupo de­terminado.

Una de las características que distingue al grupo de servidores y conocedores del mundo es que no poseen un organismo externo que los integre. Están ligados por una estructura interna mental y por un medio telepático de interrelación. Los Grandes Seres, a Quienes tratamos de servir, están vinculados de esta manera, y pueden --en caso de necesidad y con el mínimo desgaste de fuerzas‑- ponerse en contacto entre sí, sintonizándose a una determi­nada vibración.

   

   Las personas que componen actualmente los nuevos grupos son de distinta naturaleza, de diferentes nacionalidades y productos del medio ambiente, pertenecen a distintos rayos y poseen dife­rentes atavismos. Además de estos factores evidentes, que atraen inmediatamente la atención, hay un análoga diversidad en las experiencias que adquirieron en la vida las almas implicadas. La complejidad del problema aumenta enormemente si recordamos el largo camino que cada una de ellas ha recorrido y los numerosos factores surgidos de un pasado vago y distante –que han contribuido a hacer que cada persona sea lo que actualmente es. Si nos detenemos a pensar en las barreras y dificultades que se pre­sentan en las condiciones más variadas, surge inmediatamente la pregunta: ¿Dónde se produce el común encuentro y qué es lo que posibilita el establecimiento de un intercambio entre las mentes involucradas? La respuesta a estas preguntas es de suprema im­portancia y requiere clara comprensión.

 En las palabras bíblicas: "En Él vivimos, nos movemos y tene­mos nuestro ser", tenemos la declaración de una ley fundamental de la naturaleza y la base del hecho descrito en la palabra ambigua:  Omnipresencia, la cual deriva de la sustancia del universo y de lo que los científicos llaman éter; esta palabra es un término genérico que abarca el cúmulo de energías interrelacionadas, cons­tituyendo el cuerpo sintético de energía de nuestro planeta.

Al considerar el tema de la telepatía debe tenerse en cuenta que el cuerpo etérico de todas las formas de la naturaleza es parte integrante de la forma sustancial de Dios Mismo ‑-no la forma física densa sino aquello que los esotéricos consideran la sustancia de la cual está hecha la forma. Empleamos la palabra Dios para significar la expresión de la Vida Una que anima a todas las formas en el plano objetivo externo. El cuerpo etérico o de energía de todo ser humano es parte integrante del cuerpo etérico del planeta mismo y, en consecuencia, del sistema solar. Por este medio, el ser huma­no se relaciona con toda expresión de Vida divina, grande o di­minuta. La función del cuerpo etérico consiste en recibir impulsos de energía o corrientes de fuerza que lo ponen en actividad. Y emanan de alguna fuente originaria. El cuerpo etérico, en realidad, sólo es energía. Está compuesto de miríadas de filamentos de fuer­za o diminutas corrientes de energía, mantenidas en relación, por su efecto coordinador, con los cuerpos emocional y mental y el alma. Estas corrientes de energía a su vez producen un efecto sobre el cuerpo físico, induciéndolo a emprender alguna actividad, según la naturaleza y poder del tipo de energía que rige al cuerpo etérico en determinado momento.

 A través del cuerpo etérico circula energía que emana de al­guna mente. La masa humana responde inconscientemente a las decisiones de la Mente universal; esto en la actualidad se complica por la creciente respuesta al conjunto de ideas ‑-denominado opi­nión pública‑- que proviene de la mentalidad humana, la cual evoluciona rápidamente. En la familia humana se encuentran tam­bién quienes responden a ese grupo interno de Pensadores que trabajan con materia mental, controlando, desde el aspecto subje­tivo de la vida, el surgimiento del gran Plan y la manifestación del Propósito divino.

Estos Pensadores se agrupan en siete divisiones principales, siendo presididos por tres grandes Vidas o Entidades supercons­cientes: el Manu, el Cristo y el Mahachohan, que trabajan em­pleando principalmente el método de influir las mentes de los adeptos y de los iniciados. Éstos a su vez influyen a los discípulos del mundo, los cuales, cada uno en su lugar y bajo su propia responsabilidad, elaboran su propio concepto del plan, tratando de expresarlo de acuerdo a sus posibilidades.

Por lo tanto, como pue­den suponer, este proceso aminora el grado de vibración, hasta     que llega a ser tan densa que afecta la materia del plano físico, facilitando así la producción de efectos organizados en dicho plano. Hasta ahora tales discípulos han trabajado en forma aislada, excep­to cuando, debido a las relaciones kármicas, se han puesto en contacto entre sí, y la intercomunicación telepática ha sido limitada fundamentalmente a la Jerarquía de adeptos e iniciados, tanto en encarnación como fuera de ella, y al trabajo individual que realizan con Sus discípulos.

Sin embargo, se cree que es posible establecer ahora una con­dición similar y una relación telepática entre los discípulos del plano físico. Donde se encuentre este grupo de místicos y conoce­dores, oportunamente hallarán que es factible comunicarse entre sí, y en la actualidad lo hacen con frecuencia. Una idea mística fundamental o alguna nueva revelación de la verdad es súbita­mente reconocida por una mayoría, hallando expresión simul­tánea en numerosas mentes. Nadie puede pretender el derecho individual a la verdad o principio enunciado. Numerosas mentes lo han registrado.

Por lo general se afirma que dichas personas se han conectado con las corrientes mentales internas o han res­pondido a la acción de la Mente universal. Literal y técnicamente esto no es así. Un miembro de la Jerarquía planetaria extrae la idea de la Mente universal de acuerdo a Su tendencia y equipo mental, y las necesidades inmediatas son sentidas por los adeptos activos; entonces presenta la nueva idea, el nuevo descubrimiento o la nueva revelación al grupo de adeptos ‑-lógicamente en forma telepática‑- y cuando ha sido considerado por el grupo, lo presenta a Su grupo de discípulos.

Entre ellos hallará quien responda con más facilidad e inteligencia y éste, mediante su claro pensar y el poder de las formas mentales formuladas, puede entonces influir sobre otras mentes, las cuales a su vez captan el concepto como propio, se apoderan de él y lo llevan a la manifestación. Cada uno considera como privilegio especial hacerlo así y, debido a esta facultad especializada y a la responsabilidad automáticamente ge­nerada, pone en ello toda su energía; entonces trabaja y lucha en pro de sus formas mentales.

Una ilustración al respecto la tenemos en la historia de la Liga de las Naciones. Antes que el Maestro Serapis emprendiera un trabajo especial, procuró inculcar ideas constructivas para ayudar a la humanidad. Concibió una unión mundial en el campo de la política, que se pondría de manifiesto como una asociación inteli­gente de naciones para preservar la paz internacional. Presentó la idea a los adeptos reunidos en cónclave, quienes consideraron que algo se debía hacer.

El Maestro Jesús se encargó de presentar­lo a Su grupo de discípulos, pues estaba trabajando en Occidente. Uno de los discípulos de los planos internos captó la sugerencia y la trasmitió, o más bien la adaptó, hasta que fue registrada por el cerebro del coronel House, que no captó el origen ‑-del cual era completamente inconsciente‑- y a su vez la trasmitió a ese aspirante de sexto Rayo llamado Woodrow Wilson. Entonces, nu­trida con múltiples ideas análogas, provenientes de otras mentes, fue presentada al mundo.

Se ha de tener presente que la función de un discípulo consiste en enfocar una corriente de energía de cualquier tipo particular en el plano físico, donde puede conver­tirse en un centro magnético y atraer hacia sí tipos de ideas si­milares y corrientes de pensamientos que no poseen la fuerza necesaria como para tener vida propia, ni hacer un impacto sufi­cientemente fuerte sobre la conciencia humana.

En la unión está la fuerza. Ésta es la segunda ley que rige la comunicación telepática.

La primera ley es:

El poder de comunicación se halla en la naturaleza misma de la propia sustancia; reside potencialmente en el éter, y el significado de la telepatía se encontrará en la palabra omni­potencia.

La segunda ley es:

El intercambio entre muchas mentes produce una unidad de pensamientos suficientemente poderosa como para ser re­conocida por el cerebro.

Tenemos aquí una ley que rige la actividad subjetiva y otra que rige la manifestación objetiva. Explicaremos estas leyes en la forma más sencilla posible. Cuando cada miembro del grupo puede actuar en la conciencia mental, sin el entorpecimiento del cerebro o de la naturaleza emocional, descubrirá la universalidad del principio mental, el cual constituye la primera expresión exo­térica de la conciencia del alma.

Luego penetrará en el mundo de las ideas, llegando a ser consciente de ellas por medio de la placa sensitiva y receptora de la mente. Entonces buscará a quienes, respondan al mismo tipo de ideas y reaccionen simultáneamente al mismo impulso mental. Al unirse a ellos descubre que está en comunicación con ellos.

La comprensión de la primera ley produce su efecto en la mente o cuerpo mental; la comprensión de la segunda produce resultados en una estación receptora inferior, el cerebro, lo cual es posible mediante el fortalecimiento de la reacción mental del hombre por la reacción mental de otros, similarmente receptivos. Se observará que este proceso de comunicación, regido por ambas leyes, siempre ha actuado entre los adeptos, iniciados y discípulos avanzados que tienen cuerpos en el plano físico. Este proceso debe ser ahora divulgado y desarrollado constantemente por el grupo de místicos y servidores del mundo que emerge, y es, en potencia, el Salvador del mundo.

Sólo quienes conocen algo de lo que significa concentración y meditación, y pueden mantener la mente firme en la luz, serán capaces de comprender la primera ley y ese intercambio de ener­gías dirigidas por la mente, que tiene un punto de expresión en la mente de algún pensador inspirado y otro en la mente del atento servidor mundial, que trata de sintonizarse con esos proce­sos mentales que contienen la clave para la salvación final del mundo.

La energía que dirige el pensamiento tiene su origen en un Pensador que puede penetrar en la Mente divina, debido a que ha trascendido Sus limitaciones humanas; el receptor dirigido por el pensamiento es el hombre que, exotéricamente hablando, ha ali­neado su cerebro, su mente y su alma.

En realidad la omnipresencia, ley de la naturaleza basada en el hecho de que los cuerpos etéricos de todas las formas constitu­yen el cuerpo etérico del mundo, hace posible la omniciencia. El cuerpo etérico del Logos planetario es impelido a la actividad por Su voluntad dirigida; la energía es el resultado de Su forma men­tal que opera en Su cuerpo de energía y a través del mismo. Esta forma mental corporifica y expresa Su propósito mundial.

Todas las formas de vida subhumanas y las formas humanas, hasta la etapa del hombre avanzado, están regidas por el pensamiento divino, por intermedio de los cuerpos de energía que son parte integrante del todo. Sin embargo reaccionan inconsciente e igno­rantemente.

La humanidad evolucionada, los místicos y conoce­dores, son cada vez más conscientes de que la mente dirige el proceso evolutivo. Cuando esta conciencia sea cultivada y la mente individual establezca conscientemente contacto con la mente de Dios, a medida que se expresa por medio de la mente iluminada de la Jerarquía de adeptos, tendremos el constante desarrollo de la omniciencia.

Ésta es la descripción del verdadero sentido del intercambio telepático, pues describe el crecimiento de esa oli­garquía de almas selectas que oportunamente regirán al mundo, las cuales serán seleccionadas para gobernar y reconocidas por las masas como capacitadas para desempeñar tan alto cargo, gracias a la coordinación que han establecido entre:

La mente universal.

Su mente individual iluminada por la conciencia del alma.

El cerebro, reaccionando a la mente individual.

El grupo de aquellos cuyas mentes y cerebros están simi­larmente sintonizados y relacionados telepáticamente.

 Referente a los discípulos y aspirantes al discipulado se presu­me que sus mentes, están, en cierta medida, sintonizadas con el alma y también alineados en tal forma, que el alma, la mente y e1 cerebro se han coordinado, comenzando ya a actuar como una unidad.

Tal es la responsabilidad del individuo. Ahora viene la tarea en que se ha de aprender a responder al grupo y tratar de ponerse en contacto con esas mentes que están energetizadas por corrientes de pensamientos similares, lo cual debe cultivarse. ¿Cómo debe llevarse a cabo? Consideraremos los distintos tipos e trabajo telepático.

El ser humano no evolucionado e irreflexivo y las personas que no han desarrollado la mente, pueden ser telepáticos y a me­nudo lo son, pero trabajan a través del plexo solar. La línea de comunicación se tiende por lo tanto, de un plexo solar a otro, lo cual es telepatía instintiva e implica sensación en todos los casos. Involucra invariablemente radiaciones del plexo solar, que en el mundo animal, por lo general, sirve de cerebro instintivo.

Este tipo de comunicación telepática es una característica definida del cuerpo animal del hombre, y uno de los mejores ejemplos de esta relación telepática es la que existe entre la madre y su hijo. Este tipo de telepatía predomina en las sesiones espíritas, donde el médium establece inconscientemente conexión telepática con las personas reunidas. Sus sentimientos, preocupaciones, penas y de­seos son evidentes y forman parte de los llamados mensajes.

Tanto los asistentes como el médium actúan a través del mismo centro; con dichos médium y tal tipo de sesiones nada aprenderán las personas muy inteligentes y mentalmente polarizadas y, probab­lemente, no recibirán mensajes a no ser, que sean falsos. De ahí que cuando se trata de investigaciones científicas realizadas por mentes entrenadas, siempre han predominado los fenómenos físi­cos y no las formas más sutiles del psiquismo.

Allí donde  las formas más sutiles de percepción super o extrasensorias han estado invo­lucradas, el médium ha sido un adolescente o ha alcanzado ya la mayoría de edad, estando principal y correctamente enfocado en e1 cuerpo emocional sensible. Esto sucede aunque se trate de per­sonas muy intelectuales.

Por lo tanto, esta forma de comunicación telepática es de dos tipos, pero siempre involucra al plexo solar:

a.    Entre dos personas comunes va de un plexo solar a otro, cuando son emotivas, gobernadas por el deseo y centralizadas principalmente en los cuerpos astral y animal.

b.    Entre una persona que emplea el “plexo solar”, si se puede denominar así, y otra más evolucionada, cuyo plexo solar funciona activamente y también está activo el centro laríngeo. Este tipo de persona registra en dos lugares ‑‑siem­pre que el pensamiento captado y enviado por la persona que emplea sólo el “plexo solar” tenga algo de sustancia mental o energía. El sentimiento puro y las emanaciones totalmente emotivas entre las personas, sólo requieren el contacto del plexo solar.

Más adelante, cuando se emprenda el trabajo de telepatía en forma grupal, los centros de transmisión donde estén implicados los sentimientos elevados y consagrados, la devoción, la aspiración y el amor, y donde los grupos trabajen con amor puro, la comunica­ción será de un corazón a otro y del corazón de un grupo al cora­zón de otro. A la frase “hablar de corazón a corazón” usada tan a menudo, no se le da por lo general su verdadero significado, pero algún día se le dará. Actualmente, constituye una conversación entre plexos solares.

La segunda forma de trabajar telepáticamente es de mente a mente, y esta forma de comunicación hoy está siendo investigada intensamente. Sólo lo hacen ciertos tipos de mente, y cuanto más puedan ser eliminados la emoción, el sentimiento  y los deseos, más exacto será el trabajo realizado.

El intenso deseo de triunfar en el trabajo telepático y el temor al fracaso, son los medios más seguros para contrarrestar el esfuerzo fructífero. En todo trabajo de esta índole, una actitud de desapego y un espíritu de “indife­rencia" son de verdadera ayuda.

Los experimentadores necesitan dedicar más tiempo y reflexión a los distintos tipos de fuerza; deben comprender que la emoción y el deseo de algo, por parte del agente receptor, crea emanantes corrientes de energía que rechazan o repelen aquello que trata de hacer contacto, como por ejemplo, los pensamientos dirigidos de alguien que desea ponerse en comunicación. Cuando estas corrientes son bastante fuertes, actúan como un “boomerang” y vuelven al punto de partida, atraídas por el poder de la vibración que las proyectó. Este con­cepto encierra la causa del fracaso de:

a.    El agente transmisor. El intenso deseo de realizar una im­presión satisfactoria hará retornar el pensamiento proyecta­do a quien lo trasmitió.

b.    El agente receptor, el cual lanza una corriente tan fuerte de energía, debido al intenso deseo de lograr buenos resul­tados, que al encontrarse con la otra corriente de energía que se aproxima, la bloquea y rechaza, haciéndola retroce­der al punto de partida; si el receptor es consciente de ello y trata de reprimir el cúmulo de sus deseos, con frecuencia se rodea de un muro de deseos inhibidos, a través del cual nada puede penetrar.

CAPITULO II

El TRABAJO TELEPÁTICO

 La telepatía y los poderes afines únicamente se comprenderán cuando la naturaleza de las fuerzas, las emanaciones, radiaciones y corrientes de energía sean mejor captados. Esto se está obtenien­do con mayor rapidez, a medida que la ciencia penetra más profundamente en lo arcano de las energías y comienza a trabajar ‑‑como lo hace el esotérico‑‑ en el mundo de las fuerzas.

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