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¿Por qué se asocia el amor con el sufrimiento?

El psicólogo y escritor Walter Riso, autor de “Ama y no sufras”, da algunas claves para que una relación no se transforme en una tragedia griega.

Occidente, a diferencia de otras culturas, privilegió una concepción amorosa estrechamente relacionada con el sufrimiento. Esa correlación está presente en los mitos griegos: el amor es considerado irracional confundiéndolo con la pasión y reduciéndolo sólo al enamoramiento y no al amor sano y compañero que se acerca más a la felicidad.

El psicólogo y escritor Walter Riso,es uno de los autores latinoamericanos de temas de crecimiento personal más leídos, con más de un millón de ejemplares vendidos. Trabaja como psicólogo clínico desde hace 26 años y ha volcado su experiencia en toda su obra. Su última edición es Ama y no sufras (Editorial Norma), adonde analiza la relación entre el amor y el sufrimiento, y explica cómo canalizar saludablemente el sentimiento. En esta entrevista da algunos consejos para vivir plenamente la pareja.

¿Por qué se asocia al amor con el sufrimiento?

Es una mala herencia platónica. Hemos asociado el amor al afecto puro, la emoción y el sentimiento. Amar es sentir, decimos. Y hemos dejado afuera al componente racional del amor. Lo que es irracional es el enamoramiento, no el amor. La cultura, al aceptar esta asociación, esgrimió un imaginario que se manifiesta en el arte, las canciones, los ideales de realización, etc. El amor mal concebido y estructurado es el que hace sufrir, el amor completo (que no es una quimera): pasión, amistad y ternura, no hace sufrir. Es motivo de placer y autorrealización.

¿Por qué se sufre cuando estamos enamorados?

No tenemos un concepto claro de lo que es el amor. Nos dejamos llevar por los mitos idealistas y románticos y pensamos que el amor debe ser un “placer retenido en el tiempo”. Amar es más que sentir, con el afecto no basta, se necesita pensar el amor, reubicarlo, racionalizarlo, sin que pierda esa pizca de locura simpática. Y digo simpática, no maníaca. Cuando se trata de Eros, amamos con apego, con la incapacidad de renunciar cuando debemos hacerlo. Sufrimos cuando estamos bien, por si se acaba, o si estamos mal, por si no se acaba. Elegimos mal la pareja porque solo la elegimos con el corazón y no con el pensamiento.

El amor, al igual que cualquier actividad humana responsable, debe ser razonada y razonable. Sufres si solo estas parado en Eros y aspiras a más, pero si le agregas Philia (amistad) y Ágape (compasión/ternura), el amor se completa en un todo dinámico. No te invadirá la sensación de estar incompleto, origen de la mayoría de los sufrimientos afectivos.

¿Existen personas predispuestas a vivir el amor como sufrimiento?

Hay personas que muestran una personalidad emocionalmente inmadura, aunque no es un término muy usado: personas egocéntricas, con bajos umbrales para el dolor y baja tolerancia a la frustración. Historias afectivas donde la persona ha salido lastimada y crea una especie de “escepticismo afectivo”, la inseguridad que caracteriza a un yo fragmentado o mal estructurado, la baja autoestima (no puedo amar de manera recíproca si no me siento merecedor), el miedo a la soledad, en fin, cada quien construye su esquema negativo, su vulnerabilidad o su predisposición.

¿Cómo se puede evitar el sufrir por amor?

Ser realista en el amor. Cambiar los mitos, por una idea verdadera y asentada en lo que es la vida. El amor no es una panacea, sino un trabajo de acople. No se trata de comunión de almas, sino de solidaridad; no se trata de generosidad compulsiva, sino de reciprocidad: ni de tolerancia, sino de respeto; y menos de obligación contraída, sino de compromiso voluntario. Hay que cambiar la semántica del amor y dejar de considerarlo como un intercambio donde el otro merece más que uno.

Hay que inclinar el péndulo hacia uno, equilibrar la cosa: pasar “del otro”, “al nosotros”. “Soy tan importante como vos”, que en el amor significa decir que vamos andar juntos por los terrenos de Eros, Philia y Ágape ¿Para toda la vida?: no tengo idea, quizás si, todo va bien, no sé… Entonces para no sufrir en el amor hay que tener los tres componentes, pero sin negociar la dignidad personal: auto respeto. Amor digno, sino, no es amor.

¿El sufrimiento se experimenta sólo en los casos de amores no correspondidos?

No necesariamente, aunque es lo más común. Hay amores correspondidos que son un desastre porque existe una incompatibilidad esencial. O de pronto te embarga el miedo a perder lo bueno. El sufrimiento nace cuando se idealiza al amor y se lo pretende eterno. Depende de uno mismo sufrir o no sufrir. Si mi vida depende de qué tanto me quieres, voy por mal camino. Tu mente puede crear todos los fantasmas que quieras, y creerse en cuento.

¿Cómo disfrutar plenamente de la vida en pareja?

Eros, Philia y ágape. Te deseo y me deseas, nos indignan las mismas cosas y somos compinches, y tu dolor me duele tanto, tanto como mi dolor te duele. Lo que más pesa es la Philia, porque es en lo que más estamos. El Eros es menos frecuente y el Ágape, si no eres codependiente, también. Lo que define una buena relación es una “amistad erótica”: hacer el amor con la mejor o el mejor amigo. Es la alegría que el otro exista, la pasión amistosa, la pasión cuidadora. Si falta uno de los tres el amor se consume.

¿Qué conductas nos unen o nos separan del ser amado?

Nos une el respeto, la ternura, la diversión, los ideales, la ética, el deseo, el placer, en fin, la aproximación sobre lo fundamental.

Nos separa el maltrato, la violación de los derechos personales (humanos), la indiferencia, la descalificación, el silencio obligado, el engaño, el egoísmo rampante, en fin, el desacuerdo sobre lo fundamental.

Por eso, hay que ver el amor como un acuerdo entre dos proyectos de vida que se juntan y corresponden, no uno a uno, sino en lo esencial.

¿Cómo volver a creer en el amor?

Es que el amor no es una cuestión de fe. No es una religión, sino una experiencia afectiva terrenal. Cuando llego a comprender que yo soy el que construye el amor, que yo tengo un punto de control interno con el cual defino los códigos del amor, de mi amor, de mi propuesta afectiva, ya no hablaríamos de “creer en el amor” sino de creer o no en mí. Si te fue mal en el amor, hay que intentarlo de nuevo y no hacer como aquel gato que se sentó sobre un fogón prendido y se quemó la cola, y entonces decidió quedarse de pie para toda la vida.

Fuente: www.ciudad.com.ar 09-02-06
Norberto Litvinoff
Lic en Psicologia//Lic en Sociologia-Sexologo
www.sexologicamente.com.ar


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