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Psicología positivista

Cómo estimular la confianza de los chicos

Es clave el afecto incondicional

Promover la confianza, reconocer las fortalezas y diseñar estrategias para superar las adversidades son los pilares de una tendencia que empapa a buena parte de la psicología actual. Qué hace que una persona confíe en sus recursos para enfrentar situaciones futuras es una de las preguntas que estimularon numerosas investigaciones, entre ellas, una encarada por el fundador de la psicología positiva.

"Martín Seligman estudió el papel de las experiencias negativas en el desarrollo de la depresión; en una experiencia con perros descubrió que cuando eran expuestos a una situación desagradable de la que no podían escapar dejaban de ladrar, de intentar salir, y pasaban a exhibir una conducta pasiva. En experiencias posteriores, tenían dificultades para reconocer las conductas que les permitirían escapar de los mismos estímulos desagradables", explica Eduardo Keegan, titular de Clínica Psicológica y Psicoterapias, de la Universidad de Buenos Aires.

"La experiencia negativa incontrolable había modificado su modo de ver esas situaciones y, por ende, su conducta futura -continúa Keegan-. En los seres humanos se observó algo similar. Si una persona se consideraba desvalida frente a una situación, entonces no intentaba modificarla. Las personas deprimidas se veían a sí mismas como indefensas y eso interfería en su capacidad para detectar las conductas necesarias para salir de un atolladero."

Dificultades existenciales

"Pero las dificultades existenciales no son patrimonio de unos pocos y, en definitiva, todo ser humano debe aprender a superar experiencias negativas, adquiriendo habilidades para afrontarlas. Como se ve, no se trata de un rasgo innato, sino que es más bien producto de un aprendizaje exitoso -analiza Keegan, actual presidente de la Asociación Argentina de Terapia Cognitiva-. Tanto el optimismo como el pesimismo son aprendidos; por ende, sería posible modificar este aprendizaje en la vida adulta."

Sin embargo, ¿por qué esperar? Mejor que desaprender conductas pesimistas es aprender el desarrollo de comportamientos optimistas y hacerlo desde la infancia. "En su libro Niños optimistas (Ed. Grijalbo), Seligman demostró que los chicos expuestos al abandono y la negligencia en el cuidado, a la privación emocional, el abuso sexual o el maltrato, desarrollan una visión negativa de sí mismos y de las otras personas", comenta Keegan.

"Estas experiencias moldean sus expectativas futuras. Fenómenos menos extremos, como la crítica constante y exagerada o la exposición constante a una visión negativa o fatalista de la realidad pueden hacer que el chico se crea incompetente y vea el mundo como un lugar altamente incontrolable en el que tarde o temprano habrá de fracasar estrepitosamente".

Aislar a los chicos de los problemas y construirles un mundo ficticio tampoco es un buen camino en el largo plazo: "La protección completa es tan nociva como la desprotección completa". La forma de ayudarlos a sentirse seguros de sí mismos y capaces de enfrentar las hostilidades de la realidad es la exposición gradual a los problemas, que les permita ir desarrollando estrategias para resolverlos.

"Los padres pueden favorecer el proceso asegurando que los aprendizajes sean graduales, de modo que el chico no enfrente situaciones negativas hasta contar con recursos proporcionados al nivel del desafío planteado", concluye el licenciado Eduardo Keegan y propone acentuar las emociones y los rasgos positivos que dan lugar a una espiral ascendente de sentimientos positivos, mientras amplían y desarrollan los recursos que los hijos dispondrán en la vida adulta.

El proceso continúa en la adolescencia, período de fortalecimiento de la confianza y de construcción consciente de la resiliencia, definida como "la capacidad de soportar la adversidad y construir creativamente a partir de ella", según Mabel Munist, subdirectora del Centro Internacional de Estudios de Resiliencia, de la Universidad Nacional de Lanús, y coautora de un capítulo dedicado a los adolescentes dentro del libro Resiliencia y subjetividad (Ed. Paidós).

Las claves son el reconocimiento de las fortalezas y el diseño de estrategias para adquirir nuevas, así como la promoción de las propias capacidades. "Si el adolescente no tiene éxito en lo que hace se siente inferior y se vuelve extremadamente susceptible a sus limitaciones. Si los demás significativos le demuestran que es incapaz se siente inseguro y comenzará a dudar sobre sus posibilidades de éxito, ya que la sobrevaloración de los fracasos afecta la autoestima y detiene el impulso por avanzar. La propuesta, entonces, implica analizar cómo y por qué se produjeron esos fracasos para generar alternativas de solución."

En este proceso, los padres tienen una función central, cuyas herramientas son la tolerancia, la afirmación de lo positivo y el afecto incondicional. Los chicos tienen que tener una figura que los apoye incondicionalmente en lo que son y no sólo en lo que hacen, y esta figura no necesariamente es la de los padres.

Los maestros y profesores también pueden participar en la construcción de la resiliencia, "si establecen un vínculo afectivo con sus alumnos y los ayudan a fortalecer sus vínculos con las redes de apoyo, si respetan sus derechos y protagonismo y les enseñan a manejar las emociones y afirmarse como personas, realizando un análisis reflexivo frente a situaciones adversas, identificando los errores y diseñando cómo enfrentar las dificultades".

Por Tesy De Biase
Para LA NACION

Los pilares de la resiliencia

La doctora Mabel Munist describe las características de los adolescentes que han construido una sólida capacidad de vencer las adversidades:

* Confianza: el adolescente resiliente confía en sí mismo, en sus habilidades y en su actuar, así como en las personas de su entorno inmediato.

 * Autonomía: se percibe como una persona distinta del resto de la gente.

 * Independencia: tiene un sentido suficientemente fuerte de sí mismo que le permite tomar decisiones sin depender excesivamente de los otros.

 * Identidad: tiene un sentido coherente de quién soy, que no cambia en forma significativa de un contexto a otro.

 * Iniciativa: manifiesta creciente interés por comenzar nuevas cosas, estar envuelto en muchas actividades y ser parte de las actividades de los otros.

 * Laboriosidad: se centra en dos áreas del desarrollo, la escolaridad y la socialización. A partir del conocimiento de sus capacidades y limitaciones, analiza las oportunidades de realización personal.

 Fuente: www.lanacion.com.ar/717421


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