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Atracción fatal

A la mayoría de las personas les ha pasado, aunque sea una vez, sentir que no podrán encontrar en otro la química que tenían con el anterior compañero, creando un vínculo enfermizo basado en encuentros sexuales. Parejas que no pueden sostenerse pero tampoco separarse.

A todas nos ha pasado, aunque más no sea una vez en la vida, el hecho de no poder olvidar la química que teníamos con nuestro ex. Son los resabios que quedan cuando se rompe una relación por motivos lejanos a lo sexual, y en la que la pasión y el deseo permanecen intactos.

La atracción puede ser tan fuerte que tomar la decisión de distanciarse es sumamente díficil, lo que muchas veces lleva a una ruptura lenta, de a pasos, con encuentros consoladores para mitigar el deseo intenso: es como la dosis de adrenalina para seguir latiendo.

Muchas mujeres viven del recuerdo y sobreidealizan lo que han sentido: en este vínculo, el hombre está “endiosado”, y mientras ocupe ese lugar de privilegio no habrá chances para lo nuevo. Aunque lo desconocido también represente un misterio, y seduzca el hecho de transitar nuevos caminos para conseguir el placer, he escuchado casos de mujeres que continúan los encuentros sexuales con su ex, mientras conocen e inician una relación nueva. Incluso, en algunos casos, la relación anterior hace de sostén de la nueva, y pueden vivir inmersas en esta situación durante mucho tiempo.
También sucede que no encuentran rápidamente una empatía con la nueva pareja por el hecho de la continuidad con el vínculo anterior.

Las mujeres que encuentran un hombre con el que han logrado tener una gran satisfacción sexual, pero la relación no funciona por incompatibilidad de caracteres, manifiestan en consulta la desesperación frente a la posibilidad de no encontrar en otra persona la química que tenían con su ex. Algunas se resignan a una explotación de parte del parteneire con tal de tener buen sexo y evitar el renunciamiento a la satisfacción y el placer. Felizmente, en la mayoría de los casos, el tiempo hace un buen trabajo y no se cumple esa profesía anticipada de que “no existe nadie mejor que él”.

Algunas declaran gozar sexualmente a partir de poder fantasear durante el coito con su ex pareja, y no faltan quienes, frente a la necesidad de volver a sentir la experiencia y la intensidad del deseo de antaño, se masturban imaginando a su ex amante, lo que no me parece prohibido, al contrario, suelen ser experiencias extraordinarias.

Las fantasías sobre encuentros sexuales antiguos no implican una traición para la nueva relación, sino que muchas veces sirve de condimento, ya que incrementa el deseo en esta interacción que implica siempre un riesgo: la sensación de placer y peligro.

A mi entender, esta situación simboliza una cuerda que no se quiere cortar por temor a caer al precipicio, aunque el temor a la pérdida perpetua provoca otro aditivo al vínculo, un vínculo patológico que no da cuenta de la intensidad de la enfermedad, que se vive y siente como absolutamente placentero y satisfactorio.

“Atracción fatal” es el mejor sinónimo de este tipo de relaciones, en las que no se puede precisar si este fuerte vínculo tiene que ver con el perfume de la piel, con un juego de seducción y desafío constante, con el peligro respecto a la sensación de placer -dolor, pérdida y re-encuentro. Este juego de seducción, en el que se evitan pero se buscan y frente al reencuentro no hay retorno, la atracción hace el resto: parejas que no pueden sostenerse pero tampoco separarse. Este juego de desencuentro y encuentro es la modalidad del vínculo y el mátiz que lo vuelve tentador.

Se trata de relaciones que no se superan fácilmente, y dejan secuelas importantes.
En algunos casos, el recuerdo de lo vivido sexualmente se repite en cada situación nueva a modo de película, como un afán de encontrar ese amor perdido y temido. La presencia del pasado funciona a modo de barrera, alejando toda posibilidad nueva: recuerdos vividos de pasión y de sexo descontrolado funcionan como motivadores de encuentro, con un fín de descarga libidinal además de un mero intento de poder desplazar el objeto sexual anterior.

Esta clase de vínculo se confunde con uno de tipo adictivo dependiente. La modalidad terapeútica para poder sanarse es la misma que se utiliza con personas adictas, ya que es importante poder comprender qué representa en el imaginario de ellas este "hombre".

Muchas pacientes me preguntan si pueden tomar alguna pastilla que sea mágica y las ayude a mitigar esta sensación. Lo cierto es que no hay un remedio que todo lo pueda contra la atracción sexual: la mente es el instrumento más poderoso que tenemos, de lo que carecemos es de las estrategias para ejercer el control y el dominio de nuestras pulsiones, las que muchas veces nos sumergen en un camino sin retorno.

Norberto Litvinoff -
Lic en Psicologia//Lic en Sociologia-Sexologo
Norberto.Litvinoff@gmail.com

 


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