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CÁNCER: UN PROCESO BIOLÓGICO DE DESINTOXICACIÓN.

"ES MUY POSIBLE QUE EL CÁNCER NO SEA UNA ENFERMEDAD CAUSADA POR UN ERROR GENÉTICO SINO QUE SE TRATE DE UN PROCESO BIOLÓGICO DE DESINTOXICACIÓN"
 
Coral Mateo -presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria- postula que lo que llamamos cáncer quizás no sea una enfermedad sino un proceso biológico natural de defensa que el organismo pone en marcha cuando en un momento dado, no siendo suficientes los mecanismos habituales de desintoxicación, decide crear tejidos nuevos -gracias a los oncogenes- a fin de desarrollar tumores en cuyo interior depositar los residuos tóxicos para aislarlos encapsulándolos.

Los tumores, en suma, vendrían a ser como 'cubos de basura' en los que el cuerpo deposita los desperdicios para luego destruirlos. Y, evidentemente, si lo que postula es correcto atacar los tumores sería un inmenso error.
 
Veterinaria y homeópata.

Todo un desafío si de lo que se trata es de hablar de cáncer y conseguir hacerse oír en medio del enorme ruido que esta enfermedad produce a diario. Sin embargo, los animales también mueren de cáncer -y por cierto, ahora más que nunca- y su biología sirve hasta tal punto de campo de experimentación que el actual método científico exige desarrollar modelos animales antes de investigar con humanos.

De hecho la similitud de sus reacciones orgánicas y la capacidad de observar de una manera acelerada los mismos procesos patológicos que se dan en humanos convirtieron hace décadas -a pesar de la oposición de grupos contrarios a la experimentación con animales- a ratones, perros, monos y otras especies en objeto de seguimiento en laboratorio.

Y desde luego nadie puede negar -aunque a unos les importe más que a otros- la enorme deuda que la Medicina tiene con los millones de animales que desde entonces han muerto -y siguen muriendo- en aras de la búsqueda de soluciones terapéuticas para las llamadas enfermedades.

Así que nadie debiera tampoco extrañarse de que los veterinarios que trabajan directamente con ellos pudieran acabar hallando respuestas que, valoradas con objetividad, puedan ayudarnos a entender esa gran incógnita de nuestro tiempo que aún es el cáncer.

"He de reconocer -nos contaría Coral Mateo- que los veterinarios tenemos una ventaja respecto de los médicos al ser la vida de nuestros pacientes más corta. Pasan ante nuestros ojos a cámara rápida, al igual que su enfermedad, lo que hace más fácil el estudio. Los vemos nacer, crecer y morir. Tenemos la oportunidad de diagnosticar y tratar a varias generaciones de una misma familia. También podemos observar con más facilidad el tumor, al que vemos al natural, invadiendo un territorio que no le corresponde con el beneplácito de un organismo que sólo da facilidades. En cambio los médicos no tienen esa visión.

El paciente humano pasa por tantas manos que se pierden el proceso. Hasta que llega al oncólogo que sólo ve el tumor, el anatomopatólogo un trocito de tejido muerto y el bioquímico las moléculas. Otra de nuestras ventajas es la oportunidad de aplicar diferentes tratamientos a miembros de una misma familia con la misma patología. Incluso tenemos experiencia con pacientes que sus dueños deciden no tratar y he de reconocer que no sufren peor suerte que los tratados quirúrgicamente y con quimioterápicos. Es más, me atrevería a decir que viven más y mejor".

Coral Mateo es asturiana, se licenció en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y es Especialista Universitaria en Homeopatía por la Universidad del País Vasco. "Empecé a estudiar Homeopatía -nos diría- porque estaba un poco decepcionada de los resultados obtenidos con los medicamentos convencionales.

Demasiado antibiótico y corticoide". Presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria Coral Mateo colabora en el curso de doctorado que sobre Homeopatía Veterinaria se imparte en la Universidad de Zaragoza, fue profesora y coordinadora del Máster Universitario en Homeopatía y Salud en la Universidad del País Vasco y en la actualidad es colaboradora de la AMHB, docente y coordinadora del grupo de Veterinaria del Máster Universitario de Homeopatía de la Universidad de Barcelona.

Es autora, junto a José Ramón Torre, del libro Homeopatía Veterinaria. Materia médica. Casos clínicos y comentarios. Ha publicado numerosos artículos en revistas científicas nacionales e internacionales. Y, sobre todo, lleva 25 años trabajando al pie del cañón en la Clínica Veterinaria La Playa de Gijón.

Una larga experiencia, pues, que le ha llevado a formular una atrevida hipótesis, La Teoría del Incinerador, que reconoce al cáncer no como un error genético sino como una solución biológica, una respuesta natural de defensa del organismo contra agresiones externas y que en su libro resume de la siguiente manera: "Soy consciente del tremendo cambio conceptual que supone pero he llegado a la conclusión de que el tumor podría formar parte de un mecanismo de defensa y no de un burdo error genético.

Los oncogenes pueden estar presentes en todos los organismos sanos y son los encargados de la formación del nuevo tejido, capaz de atraer y desintegrar sustancias mortales cuya presencia no estaba prevista y, por tanto, tampoco su eliminación; material contaminante que circula impunemente pudiendo dañar de forma irreparable algún órgano importante y con capacidad posterior para desaparecer si el plan ha tenido éxito.

La oncogénesis es demasiado perfecta para ser un  error. Tiene carta blanca para elegir el terreno, cheque en blanco al portador que no repara en gastos y a las células elegidas les concede el privilegio de la inmortalidad: vuelven a ser células madre.

Sería su último recurso, un tanto dramático y desesperado, previo fallo de los demás mecanismos de 'descontaminación', más sencillos y menos agresivos. Y sólo resultaría peligroso con el tiempo si sigue creciendo pero hasta que llegue ese momento tendrá arreglo ya que, mientras esté vivo, el organismo no tiene otra intención que mantenerse en este planeta el mayor tiempo posible".

Revolucionaria teoría, en suma, pero coherente con muchas de las cosas que hemos escrito e investigado en los últimos años en la revista. No era la primera vez que habíamos oído especular con el hecho de que el cáncer no fuera una aberración sino una respuesta natural. Muchos de los argumentos de Coral Mateo encajan por ello como piezas de rompecabezas con los de otros médicos o investigadores que han tenido eco en esta revista.

Pero nadie hasta ahora -que sepamos- la había formulado por escrito y con tanta rotundidad. Así que decidimos hablar con ella. Eso sí, aclaramos que cuando a lo largo de la charla que mantuvimos con ella Coral habla de sus pacientes se refiere siempre a animales. Habla pues desde su experiencia con ellos -perros sobre todo- pero confía en que sus palabras sirvan para que otros reflexionen en el mundo de la Medicina para humanos.

-¿De verdad puede establecerse un paralelismo biológico claro entre perros y humanos a la hora de hablar y abordar el cáncer y otras patologías?

-Tenemos genes similares, los mismos órganos, las mismas patologías, los mismos trastornos emocionales... Los gatos, por ejemplo, pueden padecer anorexia nerviosa aunque nos parezca un trastorno muy "humano" Y en lo que se refiere al cáncer se puede extrapolar perfectamente.

-Usted afirma que la incidencia del cáncer en animales ha aumentado de forma alarmante...

-Sí. Está claro que algo estamos haciendo mal porque hace 25 años, cuando yo comencé con la clínica veterinaria, la mayoría de mis pequeños pacientes estaban más sanos. Les solían traer a la clínica porque o bien se habían comido un corcho o un rival les había mordido una oreja.

Las patologías tenían un claro origen y apenas utilizábamos palabras como multifactorial o idiopático. Las alteraciones gastrointestinales solían deberse a atracones y las dermatológicas simples a hongos que desaparecían con una loción antimicótica o a ácaros y pulgas que se eliminaban con un baño antiparasitario.

En cambio ahora los problemas de piel no ceden tan fácilmente. Son tan rebeldes que hemos tenido que cambiar el lenguaje y ahora hablamos de Protocolo de acercamiento al manejo del paciente dermatológico en lugar de Tratamiento.

En la actualidad la mitad de nuestros pacientes padecen enfermedades inmunomediadas y, efectivamente, la incidencia del cáncer ha aumentado de forma alarmante.

Tal vez por el exceso de quimioterápicos -que utilizamos con buena intención para enmascarar los síntomas-, la socorrida y nefasta medicación sintomática -que boicotea al sufrido organismo anulando sus reacciones defensivas y dificultando la autorreparación y la desintoxicación- o, tal vez, que ponemos demasiadas vacunas o que desparasitamos mucho; sin descartar el entorno que puede estar un poco contaminado. Incluso la relación con sus dueños puede influir si es un poco neurótica. O la dieta a base de latas con conservantes. O todo junto.

-¿Y cómo llega a la conclusión de que el tumor puede ser en realidad un incinerador utilizado por el organismo para deshacerse del exceso de desechos tóxicos, creado por el organismo cuando los mecanismos habituales de desintoxicación están desbordados y no dan abasto?

-En la clínica veterinaria son frecuentes los cuerpos extraños y no es raro que el organismo los aísle formando a su alrededor un nuevo tejido. Recuerdo una vez que extirpamos un gran tumor dorsal a un Pointer y al abrirlo me encontré con una inofensiva espiga en el centro.

En otra ocasión nos encontramos con un tumor en una cirugía rutinaria de ovario -histerectomía felina- en el interior de una trompa. El tumor era pequeño y redondo, con una pequeña muesca alrededor. Lo desdoblé y resultó ser un gatito que al morirse dentro del útero y ante la imposibilidad de eliminarlo el organismo de la madre puso en marcha un programa que todos tenemos para estos casos que consiste en reducir la superficie el máximo y a continuación calcificarlo ya que de no hacerlo la infección posterior podría en peligro su vida.

Es fácil de comprender pues que la formación de un tejido nuevo, benigno, con el que el organismo encapsula un cuerpo extraño -por ejemplo, un perdigón- es algo beneficioso ya que el nuevo tejido recubre el plomo para separarlo del organismo impidiendo que interactúen pero cuando el tumor es maligno ya no tan es fácil de entender... y sin embargo es posible que se trate de lo mismo. A veces nos encontrábamos con casos muy curiosos, animales que habían vivido años con sus enormes tumores y se morían al extirparlos.

Y entonces pensabas: ¿qué "hacían" esos tumores que mantenían vivos a los pacientes? No lo sabíamos pero lo que sí estaba claro era que tras eliminar esos tumores las metástasis crecían sin freno. Así que una cosa parecía clara: mientras el tumor primario permanecía en su sitio las metástasis se mantenían dormidas. Alguna vez pensaba: ¿y si los tumores no fueran un error? Y como la idea parecía descabellada la olvidaba… Pero volvía. ¿Y si fuera un mecanismo de defensa?

Y así, poco a poco, surgió la Teoría del Incinerador que cada vez veo más acertada: la formación de un nuevo tejido capaz de atrapar, secuestrar y desintegrar todas las moléculas indeseables que circulan impunemente por nuestro organismo perturbando el buen funcionamiento del mismo.

-A su juicio, a efectos de la formación de tumores, ¿son tan importantes las sustancias tóxicas del exterior como las generadas por nuestras emociones?

-La realidad es que nuestro organismo acumula sustancias tóxicas tanto procedentes de nuestro exterior como generadas en nuestro interior. Respecto a las del exterior no debemos olvidar que estamos hechos con los elementos de la primera parte de la tabla periódica y que existen una buena lista de sustancias cancerígenas, elementos del resto de la tabla, en forma de residuos químicos, metales pesados, pesticidas, etc., que contaminan nuestras casas, nuestra ropa, el agua que bebemos, los alimentos que comemos y el aire que respiramos, y que no son naturales.

Otras procederían de nuestro interior, las elaboramos nosotros mismos debido al estrés, las alteraciones hormonales, la hiperactividad del sistema inmunitario, el sufrimiento prolongado, etc.

Todo ello puede llevarnos a producir potentes sustancias químicas que dañen los tejidos. La oncogénesis sería en tal caso un plan a seguir por parte del organismo, previo fallo de intentos anteriores más sencillos, más económicos y menos peligrosos como son las eliminaciones corporales fisiológicas como la sudoración corrosiva que daña la piel, las lágrimas que irritan los ojos, la orina fuerte que quema la uretra o la salivación que llaga la boca... pero también las eliminaciones patológicas.

No es de extrañar que el organismo se beneficie de la actuación de ciertos microorganismos dejándoles reproducirse en situaciones especiales ya que le servirían para metabolizar las peligrosas moléculas tóxicas dando un resto de cadena más corta, menos tóxica y más fácil de eliminar. En la actualidad son muchas las multinacionales que utilizan microorganismos para deshacerse del material contaminante. Incluso algunas patologías comienza a ser tratadas con bacterias.

-Entonces usted estará en contra del tratamiento sintomático.

-Pienso que intentar anular los síntomas por sistema no es correcto. Los síntomas no son la enfermedad sino la respuesta. No debemos suprimir sin más un vómito o una diarrea porque es obvio que cuando eso ocurre es porque el cuerpo está intentado eliminar con rapidez algo que le hace daño, quizás un contenido intestinal cáustico que está quemado la mucosa intestinal. Ni empeñarnos en anular rápidamente cualquier fiebre con antipiréticos ya que con ello se impide que el organismo elabore naturalmente interferón, molécula básica del sistema de defensa. Hay que ir más allá y preguntarse: ¿por qué tiene ese síntoma?

Ir al origen y no anularlo sin más porque si lo hacemos estamos boicoteando las defensas naturales. Y eso es lo que hacemos con nosotros mismos a diario. Ni siquiera permitimos a nuestro organismo sudar. Nos ponemos antitranspirantes aun cuando el sudor es una sustancia corrosiva y peligrosa que puede hasta quemar la ropa y el zapato; preferimos, absurdamente, que no salga y se quede dentro.

La consecuencia de todo ello -junto a otras muchas causas de intoxicación- es una saturación de la capacidad normal de desintoxicación del cuerpo que puede verse obligado a recurrir a la oncogénesis.

Ahora bien, a mi juicio el hecho de desarrollar un cáncer sin que existan enfermedades previas podría en todo caso deberse más a la naturaleza del paciente que a la del material contaminante ya que el hecho de no estar nunca enfermo no significa necesariamente estar sano. Puede, por el contrario, ser síntoma de falta de energía, de capacidad de reacción por parte del organismo.
...
-De forma resumida y en pocas palabras: según su planteamiento el cáncer no sería una enfermedad causada por un error genético sino un mecanismo natural de defensa que el organismo pone en marcha para poder desintoxicarse cuando está saturado y los mecanismos habituales no son suficientes.

Y los tumores no serían pues algo negativo que hay que combatir como sea sino algo enormemente positivo porque están ayudando al organismo a sanar... salvo que la intoxicación del cuerpo continúe y alguno llegue a ser tan grande que su crecimiento pueda afectar al funcionamiento de algún órgano adyacente.

-Exacto. Y por eso pienso que incluso eliminar los oncogenes sería un error ya que otros menos especializados harían alianzas para sustituirlos haciendo igualmente el tumor pero de manera defectuosa y más peligrosa para el organismo.
 
Antonio Muro - http://www.dsalud.com/numero101_1.htm
http://www.homeopatiaveterinaria.es/cancer.html

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