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Chopra: La Curación Cuántica

Deepak Chopra

4. MENSAJEROS DEL ESPACIO INTERIOR

Ascender hasta Machu Picchu, la ciudad fortificada de los incas, es toda una proeza. Primero hay que caminar por un pasadizo de 2 km en medio de los Andes; el oxígeno es escaso; te puedes marear. Pero por fin aparece la ciudad, entre nubes, majestuosa.

Pero antes de llegar hasta sus paredes habrás de subir por una escalinata de 3.000 peldaños. Ése fue el último baluarte que no llegara a conquistar Pizarro en Perú en 1532.

Es asombroso pensar que unos corredores a pie conectaban el Machu Picchu con cualquier otro pueblo del Imperio, algunos a más de 3.000 km. Eran mensajeros veloces con una capacidad de resistencia, por así decirlo, inhumana.

Corrían descalzos, cubriendo a diario distancias impresionantes; a veces el equivalente de dos o tres maratones olímpicos. Algunas de sus pistas partían de unas cumbres tan altas como el pico más elevado de las Montañas Rocosas, camino arriba durante unos kilómetros más.

Estos mensajeros debieron de ser la vista y el oído del emperador Atahualpa, que pudo de este modo informar y preparar a su gente ante la inminente invasión española. Pero Pizarro se salió con la suya y cobró una fortuna por el rescate de Atahualpa (luego lo mató).

Es de esperar que las leyendas fueran ciertas y que los incas lograran poner a salvo su oro. (Pizarro, un hombre extraordinariamente codicioso, además de conquistador, fue a su vez asesinado por unos rivales envidiosos en 1541.)

Si establecemos una comparación entre el cerebro humano y la fortaleza del Machu Picchu, tendremos que suponer que dispone igualmente de mensajeros que comuniquen sus órdenes a los puestos fronterizos de su imperio, en este caso, por ejemplo, el dedo gordo del pie izquierdo.

De hecho las rutas físicas son visibles. El sistema nervioso central recorre la columna vertebral, ramificándose de nuevo a ambos lados de cada vértebra. Estos nervios mayores se ramifican a su vez en millones de senderos diminutos que comunican con cada paradero del cuerpo.

En el siglo XVI, los primeros anatomistas vieron y analizaron estos nervios mayores, pero el sistema nervioso seguía guardando sus secretos.

¿Quiénes eran los mensajeros que llevaban mensajes desde y hacia el cerebro?

Se ha venido difundiendo una hipótesis, equivocada, según la cual los nervios operan eléctricamente, como un sistema telegráfico; hasta hace quince años ésa era la visión que nos ofrecía la bibliografía médica. En los años sesenta, se realizaron unos descubrimientos fundamentales centrados en una nueva clase de sustancias químicas infinitesimales llamadas neurotransmisores.

El término hace hincapié en que son, ante todo, unas sustancias químicas que transmiten impulsos nerviosos; actúan en el cuerpo como «moléculas comunicadoras» permitiendo así a las neuronas del cerebro
comunicarse con el resto del cuerpo.

Los neurotransmisores son mensajeros que parten del cerebro y regresan hacia él, comunicando a cada órgano del interior del cuerpo cuáles son nuestras emociones, nuestros deseos, memorias, intuiciones y sueños.

Ninguno de estos acontecimientos queda confinado en el universo cerebral. Asimismo, ninguno es estrictamente mental, ya que pueden codificarse en mensajes químicos. Los neurotransmisores influyen en la vida de cualquier célula. Cuando un pensamiento desea partir, estas sustancias químicas han de ponerse en movimiento, pues si no fuera por ellas no existirían tales pensamientos.

Pensar supone desencadenar nuevas reacciones químicas cerebrales que provocan una cascada de respuestas en el organismo. Ya vimos anteriormente que la inteligencia, o sea la «destreza», controla la fisiología; los neurotransmisores le proporcionan la base material que le es necesaria.

El presente capítulo va de neurotransmisores. Tema primordial. De hecho, ningún acontecimiento de la biomedicina reciente ha sido tan revolucionario como este descubrimiento.

La presencia de los neurotransmisores en la escena del cuerpo hace que la interacción entre la mente y la materia sea mucho más fluida y móvil de lo que era; el cuerpo vuelve a parecerse más a un río y menos a una escultura.

Además, estos mensajeros permiten llenar el vacío que separa la mente y el cuerpo, y acabar así con uno de los misterios más enigmáticos del ser humano desde que éste se plantea y considera seriamente su propia existencia...

¿Qué tipos de mensajes intercambian las células nerviosas?

No es fácil contestar esta pregunta, pues si bien es cierto que algunos segmentos de nuestro vocabulario químico parecen ser tan específicos y claros como lo es nuestro propio vocabulario, otros en cambio son sumamente ambiguos.

Nuestra resistencia ante el dolor, al igual que la del camello, depende de unas sustancias bioquímicas descubiertas en los años setenta, las endorfinas y enquefalinas, que actúan como analgésicos naturales del cuerpo. La palabra endorfina significa «morfina interior» y enquefalina significa  «dentro del cerebro». Y esto es lo que son: versiones de la morfina producidas en el interior de la cabeza.

Esta capacidad hasta entonces desconocida del cuerpo para producir narcóticos internos ha sido un nuevo y entusiasmante aliciente para la investigación. Ya sospechábamos antes que el cuerpo había de ser capaz de regular la sensación de dolor.

Aunque fuera insistente, el dolor no sólo es registrado por nuestro entendimiento; las emociones fuertes pueden provocar señales de dolor en el cuerpo, por ejemplo, en el caso de una madre que se precipita en una casa en llamas para salvar a su niño, o cuando un soldado herido sigue luchando, olvidándose de las heridas. Incluso en circunstancias normales, todos nosotros, hasta cierto punto, podemos apartar la atención de un dolor menor; no notamos una garganta dolorida si estamos hablando con alguien poniendo mucho interés en ello.

Ningún mecanismo conocido justifica esa vivencia tan natural que consiste en desplazar el umbral del dolor. Hoy, la medicina podría explicarlo a través del empleo de analgésicos interiores, es decir, endorfina y enquefalina, sustancias que cada neurona del cuerpo es capaz de producir a su antojo.

Con suma rapidez se supo y difundió que el cerebro genera narcóticos hasta doscientas veces más potentes que cualquier producto vendido en la farmacia, con una ventaja añadida: nuestros analgésicos interiores no generan adicción. Puede que algún día los médicos sepan anestesiar a sus pacientes estimulando alguna región de sus cerebros, dándole así a la medicina occidental algún rasgo de acupuntura china.

Tanto la morfina como la endorfina son capaces de bloquear el dolor, llenando algún receptor de la neurona, e impidiendo que otras sustancias químicas lleven el mensaje de dolor hacia la zona afectada. Estando presentes estas sustancias químicas, no puede haber sensación de dolor, sea cual sea la provocación física.

Empleando este modelo, una molécula de endorfina es como una palabra específica de nuestro vocabulario, en este caso la palabra «analgésico». No es mucho suponer que en el momento en que el término «dolor» llega a la mente, ésta puede mandar un analgésico a modo de respuesta. Por desgracia, este panorama brillante y esperanzador se ha ido nublando al publicarse los resultados de investigaciones más recientes.

Hemos descubierto que los niveles de endorfina del cuerpo no corresponden necesariamente a la cantidad de dolor que pueda sentir el cuerpo. Este fenómenose demuestra por la mera existencia de los placebos o drogas neutras. Un paciente en fase de sufrimiento físico puede sentirse aliviado al recibir un placebo, por ejemplo, una pildora cubierta de azúcar que le ha sido administrada diciéndole que se trataba de un poderoso analgésico.

No todos los pacientes responden a este tipo de procedimiento, pero por lo general, entre el 30 y el 60% reconoce que su dolor ha desaparecido. Este resultado, el llamado efecto placebo....

ÍNDICE
UNA INTRODUCCIÓN PERSONAL.................................................        
Primera parte LA FISIOLOGÍA OCULTA
1.    Después del milagro..................................................      
2.    El cuerpo tiene una mente propia...........................      
3.    ¿Una escultura o un río?...........................................     
4.    Mensajeros del espacio interior...............................      
5.    Fantasmas de la memoria.........................................      
6.    Mecánica cuántica del cuerpo..................................    
7.    En todas partes y en ninguna..................................    
8.    Testigo silencioso.......................................................    
9.    El misterio del intervalo vacío.................................    
Segunda parte UN CUERPO FELIZ
10.    En el mundo de los rishis.........................................    
11.    Nacimiento de una enfermedad...............................    
12.    «Nos convertimos en lo que vemos».......................    
13.    Un cuerpo feliz..........................................................    
14.    El fin de la guerra.....................................................    


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