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El Estudio de China, basado en los problemas alimenticios...

EL ESTUDIO DE CHINA

  T. COLIN CAMPBELL, PHD Y
  DR. THOMAS M. CAMPBELL

Los problemas que afrontamos, las soluciones que necesitamos

Quien no conoce los alimentos, ¿cómo puede comprender las enfermedades de los hombres?
HIPÓCRATES, padre de la medicina (460–357 a. de C.)

Con más de 50 millones de ejemplares vendidos en el mundo entero y una película recientemente estrenada en EEUU (Forks Over Knives ) basada en los problemas alimenticios que revela El Estudio de China, este libro revolucionario, que marcará un punto de inflexión en lo referente a la salud y la alimentación.

El Estudio de China es un revelador documento en el que el científico nutricionista Colin Campbell expone las conclusiones de más de dos décadas de estudio sobre los efectos que la alimentación, en especial el consumo de proteínas animales, tiene sobre la salud.

Más concretamente, sobre enfermedades típicamente occidentales como la diabetes, los problemas cardiovasculares, determinados cánceres, etc. El New York Times lo llamó el Gran Prix de la Epidemiología.

UN TIPO DIFERENTE DE RECETA
 
La mayoría de los autores de varios best-sellers sobre el tema de la “nutrición” afirman ser investigadores, pero no estoy demasiado seguro de que su “investigación” implique  una  experimentación  desarrollada  a  un  nivel  profesional. 

Es  decir,  no  han diseñado ni dirigido estudios supervisados posteriormente por colegas, compañeros o amigos;  han  presentado  muy  pocos  artículos,  o  ninguno,  en  publicaciones  científicas revisadas por otros científicos; carecen de formación oficial en la ciencia de la nutrición; no pertenecen a ninguna sociedad de investigación profesional y tampoco han participado en la revisión de trabajos realizados por otros investigadores.

No obstante, a menudo ponen en marcha proyectos muy lucrativos y lanzan al mercado productos que llenan sus
bolsillos, al tiempo que dejan al lector a merced de otra de esas dietas de moda inútiles y de corta vida.
   

Si estás familiarizado con los libros de “salud” que hay en la librería que está cerca de tu casa, seguramente habrás oído hablar de La nueva revolución dietética del Dr. Atkins (Dr. Atkins’ New Diet Revolution), La dieta South Beach (The South Beach Diet), La dieta anti-azúcar (Sugar Busters), La revolucionaria dieta de la zona (The Zone) o Los grupos sanguíneos y la alimentación (Eat Right for Your Type).

Estos libros han contribuido a generar más confusión en lo que respecta a la salud, además de ofrecer una información difícil de comprender y, en última instancia, de asimilar.

Es posible que al hacer alguna de estas  dietas  que  prometen  soluciones  rápidas  no  te  encuentres  cansado,  no  estés estreñido ni te sientas famélico, pero seguramente estarás algo mareado por el hecho de tener que contar calorías y pesar los gramos de carbohidratos, proteínas y grasas.

Y por otra parte, ¿cuál es el problema real?, ¿es la grasa?, ¿son los hidratos de carbono?, ¿qué proporción de nutrientes facilita la mayor pérdida de peso?, ¿son las hortalizas crucíferas buenas para mi grupo sanguíneo?, ¿estoy tomando los suplementos adecuados?, ¿qué cantidad de vitamina C necesito al día?, ¿padezco cetosis?, ¿cuántos gramos de proteínas
debo consumir diariamente?

¿Comprendes ahora la situación? Eso no es salud. Se trata sólo de dietas de moda que representan lo peor de la medicina, de la ciencia y de los medios de comunicación populares.
   

Si lo único que te interesa es una dieta que te permita perder peso en pocas semanas, este libro no es para ti.
Yo apelo a tu inteligencia y no a tu capacidad para seguir una  receta  o  una  dieta  planificada. 

Quiero  ofrecerte  una  visión  más  beneficiosa  y profunda de la salud.

Tengo una receta muy sencilla para conseguir una salud óptima, fácil de aplicar y que ofrece más beneficios que ningún medicamento o cirugía y, además, carece de efectos secundarios.

Esta receta no es una mera dieta planificada; no requiere gráficos diarios ni cómputos de calorías y, por otra parte, no la recomiendo porque sirva a mis propios intereses económicos.

Pero lo más importante es que se basa en evidencias científicas sorprendentes.

Para conseguir un estado de salud óptimo, debes cambiar tu forma de alimentarte y de vivir.
   

Entonces,  ¿cuál  es  mi  receta  para  gozar  de  buena  salud? 

En  pocas  palabras, consiste en los múltiples beneficios derivados de consumir alimentos de origen vegetal y en los peligros, mayoritariamente ignorados, que implica el consumo de alimentos de origen animal, entre los cuales se encuentran todos los tipos de carne, los productos lácteos y los huevos.

Para demostrar que merece la pena llevar una dieta vegetariana, no me basé en ideas preconcebidas, filosóficas o cualquier otra clase de ideas.

Al contrario, comencé en el extremo opuesto del espectro: como un individuo criado en una granja lechera al que le encantaba comer carne, en mi vida personal, y como un científico que trabajaba  para  instituciones  oficiales  en  mi  vida  profesional.  Y  cuando  enseñaba bioquímica nutricional a alumnos que aspiraban a ser médicos, solía lamentarme de las opiniones de los vegetarianos.
   
Mi  único  interés  actual  es  explicar  de  la  forma  más  clara  posible  las  bases científicas de mis afirmaciones.

Modificar los hábitos alimentarios sólo es posible cuando las personas creen en la evidencia y experimentan los beneficios.

La gente elige lo que come por un sinnúmero de razones; las consideraciones sobre la salud son sólo una de ellas. Mi única tarea es presentar las pruebas científicas de un modo que sea fácil de entender. El resto te corresponde a ti.
   

La base científica para mis opiniones es principalmente empírica, obtenida a través de la observación y de la medición. No es ilusoria, hipotética ni anecdótica; procede de legítimos hallazgos en las investigaciones.

Es un tipo de ciencia que Hipócrates, el padre de la medicina,ya defendía hace dos mil cuatrocientos años. afirmaba: “existen, en efecto, dos cosas: saber y creer que uno sabe. El saber es la ciencia. Creer  que uno sabe es ignorancia”.
 
El objetivo es demostrarte todo lo que he llegado a saber. 
Muchas de las pruebas en las que me baso proceden de estudios con personas realizados por mí, por mis estudiantes y por los colegas de mi grupo de investigación. Estos  estudios  fueron  diversos,  tanto  en  diseño  como  en  objetivos. 

Incluyeron  una investigación de la relación entre el cáncer de hígado de niños filipinos  y  el consumo de una toxina derivada del moho y denominada aflatoxina,  un programa nacional de centros de nutrición de autoayuda para niños preescolares malnutridos en Filipinas,  un estudio de los factores dietéticos que afectan la densidad ósea y la osteoporosis en 800 mujeres en China,  un estudio de biomarcadores que caracterizan el surgimiento del cáncer de mama  y un exhaustivo estudio a escala nacional de los factores de la dieta y del estilo de vida asociados con la mortalidad en 170 pueblos continentales de China y Taiwán (ampliamente conocido como El estudio de China). 

Estos estudios, excepcionalmente diversos en cuanto a su alcance, se ocuparon de analizar enfermedades que se consideraban vinculadas con diversas prácticas dietéticas, ofreciendo así la oportunidad de investigar la dieta y su asociación con las enfermedades de una forma muy completa.

El estudio de China, que yo mismo dirigí, se inició en 1983 y aún continúa.

  
Introducción

La sed de información que tiene el público en general sobre nutrición nunca deja de sorprenderme, incluso después de dedicar toda mi vida profesional a la investigación experimental en los campos de la nutrición y la salud. Los libros de dietas son eternos best-sellers. Casi todas las revistas populares incluyen consejos sobre nutrición, los periódicos publican con frecuencia artículos y los programas de radio y televisión debaten constantemente el tema de la salud.

Teniendo en cuenta el bombardeo de información, ¿crees que sabes lo que deberías hacer para mejorar tu salud?
¿Acaso tendrías que comprar alimentos etiquetados como orgánicos para evitar exponerte a los pesticidas?
¿Son las sustancias químicas en el medio ambiente una de las causas principales del cáncer?
¿O tu salud está “predeterminada” por los genes heredados al nacer? ¿Engordan realmente loscarbohidratos? ¿Deberías prestar más atención a las grasas que ingieres o únicamente a las grasas saturadas y a las trans? ¿Qué vitaminas deberías tomar, si fuera necesario? ¿Compras alimentos que están fortalecidos con fibra adicional? ¿Deberías comer pescado y con cuánta frecuencia? ¿Tomar alimentos que incluyan soja previene las enfermedades cardiovasculares?

Apuesto a que no estás demasiado seguro de cuáles son las respuestas adecuadas con cuánta frecuencia estas preguntas. Si este es el caso, no estás solo. A pesar de haber una infinidad de opiniones e información, muy pocas personas saben realmente qué deben hacer para mejorar su salud.

Y no se debe a que no se haya investigado el tema. Sí se ha hecho. Sabemos muchas cosas sobre los vínculos existentes entre la nutrición y la salud. Sin embargo, lo científico ha quedado enterrado debajo de un montón de información irrelevante, e incluso perniciosa –ciencia basura, dietas de moda y propaganda de la industria alimentaria–.

Mi deseo es modificar esta situación. Quiero ofrecer un nuevo contexto para comprender la nutrición y la salud, uno que elimine la confusión, prevenga y trate las enfermedades y te permita vivir una vida más satisfactoria.

He estado “en el sistema” durante casi cincuenta años, en los más altos niveles, diseñando y dirigiendo grandes proyectos de investigación, decidiendo cuáles había que financiar y traduciendo grandes cantidades de investigaciones científicas en informes destinados a paneles de expertos nacionales.

Tras una larga carrera dedicada a la investigación y a la toma de decisiones sobre las políticas que hay que aplicar, comprendo ahora por qué los estadounidenses se sienten tan confundidos. Como contribuyente que paga las investigaciones y las políticas sanitarias, mereces saber que muchas de las ideas más habituales que te han enseñado
sobre los alimentos, la salud y la enfermedad son erróneas:

Las sustancias químicas sintéticas presentes en el medio ambiente y en tus alimentos, a pesar de ser problemáticas, no son la causa principal del cáncer.

Los genes heredados de tus padres no son los factores más importantes para determinar si fallecerás por alguna de las diez enfermedades más frecuentes.

La esperanza de que la investigación genética llegue a encontrar curas para esas enfermedades a través de fármacos pasa por alto que, hoy en día, se pueden aplicar soluciones más efectivas.

El control obsesivo de la ingesta de cualquier nutriente como, por ejemplo, carbohidratos, grasas, colesterol o los ácidos grasos omega 3, no resultará en una buena salud a largo plazo.

Los suplementos vitamínicos y de nutrientes no ofrecen protección a largo plazo contra las enfermedades.

Los fármacos y la cirugía no curan las enfermedades que matan a la mayoría de los americanos.

Probablemente tu médico desconoce lo que debes hacer para estar lo más sano posible.

Lo que propongo es nada más ni nada menos que redefinir todo aquello que relacionamos con la nutrición apropiada.
Los sugestivos resultados de las cuatro décadas en las que he trabajado en investigación biomédica, incluyendo los hallazgos de un programa de laboratorio de veintisiete años de duración (financiado por agencias de las más reputadas), demuestran que comer adecuadamente puede salvarte la vida.

No voy a pedirte que confíes en mis observaciones personales, como hacen algunos autores que gozan de gran popularidad.

En este libro hay más de setecientas cincuenta referencias, en su gran mayoría fuentes primarias de información, entre ellas cientos de publicaciones científicas de otros investigadores que apuntan hacia un mundo con menos cáncer, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, obesidad, diabetes, enfermedades autoinmunes, osteoporosis, Alzheimer, piedras en los riñones y ceguera.

Algunos de esos hallazgos, publicados en las revistas científicas más reconocidas, demuestran que:

El cambio en la dieta puede conseguir que los pacientes diabéticos abandonen su medicación.

Las enfermedades coronarias pueden revertirse mediante meros cambios en la dieta.

El cáncer de mama se relaciona con los niveles de hormonas femeninas en la sangre, determinadas por los alimentos ingeridos.

Consumir productos lácteos puede aumentar el riesgo de cáncer de próstata.

Los antioxidantes presentes en frutas y hortalizas promueven un mejor rendimiento mental en la vejez.

Los cálculos en los riñones se pueden prevenir mediante una dieta sana.

La diabetes tipo 1, una de las enfermedades más devastadoras que puede sufrir un niño, está vinculada a los hábitos alimentarios infantiles.

Estos hallazgos demuestran que una buena dieta es el arma más poderosa que tenemos para combatir las enfermedades.

Comprender esta evidencia científica no solo es importante para mejorar la salud, sino que también tiene profundas implicaciones para toda nuestra sociedad.

Debemos saber por qué la información errónea domina nuestra sociedad y por qué estamos tan equivocados en la forma de investigar la relación entre nuestra dieta y las enfermedades, de promover la salud y de tratar las enfermedades.

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