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La Vida en 80 cm (Intestino)

Al conocimiento adquirido en mi larga carrera de investigador científico, en busca de la verdad, para lograr descifrar muchos padecimientos y enfermedades incurables, junto al que en determinados medios se puede acceder, lo entrego en este libro, con simples palabras, a fin de salvar y mejorar la calidad de vida de los seres humanos. Son 18 años viajando por el mundo para compartir experiencias con otros científicos que resumo en estas palabras:

"El secreto de la vida está en los 80 cm. de intestino grueso que los seres humanos poseemos".

PRÓLOGO

Las frutas y verduras crudas o cocidas que constituyen el más redituable alimento y medicina para el ser humano, han sido consideradas dañinas por los resultados salvadores en pacientes que sufren diarreas, cuando ambas purifican y normalizan la temperatura interior del cuerpo.

Si en los casos de diarrea crónica, constipación, sobrepeso o anemia, se le permitiera al paciente guardar tres o cuatro días de ayuno consumiendo únicamente media manzana roja por hora con piel y semilla y se le diera dos o tres litros de agua de a sorbos, incluida la ingesta diaria de magnesio, sería el recurso más efectivo para purificar la sangre y aliviar la inflamación intestinal que tanto daño le provoca principalmente al hígado y al corazón.

Debemos entender también que la medicina contemporánea aplica sus tratamientos con capacidad y tecnología de punta, pero esto no basta y muchas veces no se alcanzan los logros deseados porque se descuida la temperatura térmica intestinal y de ella depende todo el organismo.

Si la medicina actual aplicara para cualquier tratamiento la regulación de la descarga intestinal y se les enseñara a las personas el modelo alimenticio para proveer la fibra necesaria al organismo, los resultados de los tratamientos serían más efectivos y se eliminarían los efectos secundarios que complican aún más la situación, que muchas veces no tiene salida.

Los inconvenientes que el paciente debe soportar, como resultado de los tratamientos convencionales, aparejan en muchos casos mayores complicaciones a los intestinos que las iniciales, porque se descuida el estreñimiento que todo paciente sufre antes y después del diagnóstico. Muchos de los fármacos acrecientan la temperatura y la pereza intestinal.

A mi entender, no existe enfermedad con la temperatura térmica intestinal debida, porque de ésta depende el hígado, de ella depende el corazón y del corazón el oxígeno para todo el organismo.

Originalmente todos los alimentos contenían una dosis importante de magnesio, pero en la actualidad son muy pocos los que contienen este preciado mineral. Por esta razón, quien acompaña las cocciones con magnesio, elimina las impurezas que se adhieren en la pared de los 80 cm. de intestino grueso para que el hígado pueda trabajar con la menor cantidad de toxinas, producidas principalmente por las grasas y los conservantes.

Un síntoma favorable y que muchas veces se le da otro carácter al comienzo de mis terapias naturales, es la depresión de fuerzas que se impregna en todo paciente que libera las toxinas acumuladas, producto del exceso de medicamentos, de una mala alimentación y por la falta de magnesio en la cadena alimenticia. No falta entonces el inoportuno consejero que maneja los pensamientos y le dice que es debilitamiento, cuando el decaimiento de fuerzas sólo es producto del estímulo que le ofrecían los tóxicos acumulados en el organismo. Estos al ser eliminados, llevan al cuerpo a un reposo restaurador para recuperarse del gasto excesivo de energías al momento de la liberación de las toxinas.

Los seres humanos creemos que para cualquier dolencia, hay que consumir fármacos, cuando lo único que deberíamos hacer es armonizar y regular la temperatura térmica intestinal con la ingesta de magnesio y alimentos libres de grasas.

En estos casos, las frutas crudas (que previamente deben ser bien lavadas) son la mejor medicina natural, porque expulsan del organismo todos los residuos alojados indebidamente.

Pollo de granja: Veneno mortal.

La medicina contemporánea pretende, por medio del consumo de medicamentos, suprimir los síntomas que anuncian con mucha anticipación el mal que vendrá, mientras que las terapias naturales que al principio producirán efectos "adversos", son el único medio para que desaparezcan las dolencias y que la temperatura térmica interior vuelva a la normalidad.

No existe dolencia sin una elevada temperatura térmica interior y sólo la normalización de esta temperatura elimina la enfermedad.

Las temibles complicaciones que debe enfrentar un enfermo terminal, son producto de la toxicidad e irradiaciones que dejan en su cuerpo aquellos "medicamentos y drogas modernas", cuando lo único que puede ayudar a un enfermo, son aquellos alimentos frescos y sanos, lejos del famoso consumo de "pollo" que los

médicos aconsejan y aseguran que es para mejorar la calidad de vida del paciente. Cuando están dejando de lado el siglo en el que se escribieron esas palabras. En ese entonces, jamás se le hubiere cruzado por la mente a ningún científico, crear un
pollo basado en hormonas y que en sólo cuarenta y cinco días alcance a desarrollar tres kilos de peso.

Debemos saber que este tipo de carne que los enfermos consumen por indicación y administración médica casi a diario, es el principal acelerador cancerígeno que jamás haya existido.

El pollo que favorece la digestión por la cantidad de minerales acumulados, es el pollo natural que tarda un año en desarrollar un kilo y medio de peso y que su carne es oscura y dura. Éste produce el original caldo de gallina que se le administraba a los enfermos, cuando la farmacología no estaba tan desarrollada, con el que los pacientes notaban una inmediata recuperación. Uno de los minerales que se concentra en elevada cantidad en este pollo original es el magnesio, fuente de energía y vitalidad, porque normaliza la temperatura térmica intestinal.

Magnesio: Maná del cielo.

Al mismo tiempo, no debemos olvidar que en el magnesio se concentran cantidades importantes y necesarias, también para el organismo, como el potasio, sodio, calcio, fósforo, nitratos, sulfatos y otros.

Ya que la salud no se conquista, sino que se debe cultivar cada día, debemos colaborar para que nuestro cuerpo reciba la dosis adecuada de cada alimento y que estos sean lo más naturales y frescos posibles.

Aquellos alimentos de difícil digestión producen una mayor toxicidad y esto contribuye a elevar el equilibrio térmico intestinal y colabora para que el hígado se vea alterado e imposibilitado de cumplir con las quinientas funciones que le han sido encomendadas.

Si llegamos a alterar las funciones del hígado, habremos alcanzado a conocer los resultados lamentables de aquellos tratamientos médicos, basados en

intervenciones, vacunas y drogas que solucionan los malestares que el hígado acusa y traen las consecuencias que esas substancias dejan en el organismo.

Cuando la sangre pierde su potencia vital como resultado de los alimentos cárnicos y de la "farmacología moderna" se altera el mecanismo de defensa en el cuerpo y todo se desploma. Entonces, lo único que podrá sacarnos del cruel y calamitoso estado en que hallamos caído será la normalización de la temperatura térmica del aparato digestivo, mediante un ayuno con magnesio y manzanas de tres o cuatro días seguidos en cada semana, por un mes como mínimo.

Principios vitales y reglas alimenticias

Según el criterio naturista y de acuerdo a un planteo del Dr. Martín G. Scola, en el libro "Alimentación y Salud" del Dr. Víctor A. Bianco, describe lo siguiente: Existen ciertos principios que son iguales para todos y que conviene tener en cuenta:

1º) Todas las personas necesitan alimentos crudos por su contenido en vitaminas, minerales, enzimas y otros elementos orgánicos vivos y vitalizantes.

2º) Todas las personas necesitan una alimentación predominantemente alcalina porque así lo exigen la normalidad de la sangre, linfa y demás humores o líquidos del organismo.

3º) Todas las personas necesitan una alimentación de tipo fermentativo y no putrefactivo, adaptada a lo largo de su intestino (9 m. o más) y a la conservación de la flora intestinal normal que fabrica vitaminas, ayuda a prevenir la anemia y a digerir parte de la celulosa, etc.

4º) Todas las personas necesitan, por los motivos expuestos en el punto 3º, una alimentación voluminosa (con abundancia de verduras y frutas, ricas en celulosa) y no concentrada (carnes, grasas, etc.).

5º) Todas las personas necesitan respirar aire puro, tomar baños de sol, aire, agua, mover sus músculos diariamente, descansar lo necesario, cultivar los buenos pensamientos, etc.

La persona que aplica estos principios fundamentales, aprende a vivir sana y no necesita estar curándose continuamente, hoy de una enfermedad y mañana de la otra, que en el fondo es siempre la misma con diferente disfraz.

El sistema naturista que es capaz de lograr la recuperación de la salud de cualquier semejante que aún conserve suficiente fuerza vital, también es capaz de conservarla sana, siendo esto último lo más deseable e importante.

Cumpliríamos así con esos sabios aforismos tan conocidos y tan poco practicados:

"Prevenir es mejor que curar".

"Quitar el humo es aliviar el síntoma.

Apagar el fuego es sanar, eliminando la causa".

"El naturismo es la ciencia más necesaria, más liberadora de males y además la más Divina".

El naturismo, más que un sistema curativo es un régimen de vida sana. Los que aprecian la salud en lo que realmente vale, siguen su alimentación con alegría durante toda la vida.

La adaptación del organismo a los alimentos naturales y sanos, como porotos de soja (no trangénica), garbanzos, lentejas, habas, etc. produce en algunas personas trastornos digestivos cuando ingieren estos alimentos (molestos gases intestinales, sensación de hinchazón en el vientre, inflamación intestinal, etc.) y atribuyen estos malestares a deficiencias del hígado. Lo que ocurre en realidad es que la flora intestinal no está preparada para la ingestión de estos alimentos, que son muy concentrados y ricos en celulosa (envoltura fibrosa, indigerible en su mayor parte).

Para adaptarse a estos alimentos, hay que comenzar con cantidades pequeñas: 1 ó 2 cucharadas soperas, masticarlas muy bien y comerlas de cuando en cuando al principio y luego en forma más frecuente en la dosis tolerable. Pasado un tiempo, puede aumentar poco a poco la cantidad, hasta llegar a lo deseado.

Por: Néstor S. Corsi.

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