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Thérèse Bertherat,: Creadora de la "pedagogía corporal"

¿Quién es Thérèse Bertherat?

Thérèse Bertherat, creadora de la anti-gimnasia®, nació en Lyon en 1931. Después de una infancia difícil, a los treinta y seis años de edad y con dos hijos de cuatro y seis años, enviudó. A la edad de treinta y cinco años, su marido, un hombre inteligente, brillante, con un prometedor futuro profesional en el mundo de la psiquiatría, había sido asesinado en el hospital por uno de sus enfermos.

“Situaciones como ésta desencadenan una terrible descarga de adrenalina. Uno tiene que decidir si morirse o continuar viviendo”, cuenta Thérèse Bertherat. Ella decidió vivir. Muy pronto conoció a una mujer, Suze L., que hacía un tipo de gimnasia en la que utilizaba pequeñas pelotas. Los movimientos eran suaves, sencillos y novedosos. Entusiasmada con este hallazgo, decide emprender la carrera de fisioterapia, pero lo limitado de la enseñanza le decepciona. “Se estudiaba el cuerpo músculo a músculo, hueso por hueso, pero nunca en su conjunto: siempre por partes, y lo mismo ocurría con los tratamientos”. Fue entonces cuando conoció a Françoise Mézières, una fisioterapeuta que había elaborado un enfoque revolucionario de la anatomía. Una visión de conjunto, que mira el cuerpo como un todo en el que cada elemento depende de los demás.

Thérèse Bertherat se formó en su método, pero no se detuvo ahí; siguió adelante con su propia investigación. Estudió y analizó otras terapias corporales: la bioenergética, la eutonía, el rolfing, la gestalt, la acupuntura y las teorías de la medicina china, que vinieron a completar su conocimiento de los grandes psicoanalistas, de Freud a Jung, pasando por los trabajos de Wilhelm Reich. Pero, sobre todo, trabaja con sus pacientes y pone a punto, poco a poco, su propio método, la anti-gimnasia®. Hoy en día, Thérèse Bertherat se dedica a formar nuevos profesionales de anti-gimnasia® por todo el mundo.
 
ANTIGIMNASIA: UNA FORMA DE "RE-CONOCER" EL CUERPO PARA MANTENERLO   SANO

Quienes lo practican son los más entusiastas divulgadores de este método. Afirman que se sienten más relajados y flexibles y que han aprendido a usar todos y cada uno de sus músculos -incluso aquellos de los que desconocían hasta el nombre- haciendo que recuperen su movilidad y se liberen de la tensión. De esta forma sencilla, aseguran, han superado numerosas y diversas dolencias. Hemos hablado con Thérèse Bertherat, la creadora de esta "pedagogía corporal" alejada de la gimnasia clásica que cada vez cuenta con más adeptos en el mundo.

"La persona necesita conocerse a sí misma, ser dueña de su cuerpo. En caso contrario buscará siempre la autoridad en otra parte: un médico, una droga, un tratamiento, etc."
Françoise Mézières

De verbo fácil, sonrisa amplia y gesto cálido. Así podría definirse en pocas palabras a Thérèse Bertherat, una mujer inconformista que lleva casi treinta años enseñando lo que denominaría Antigimnasia, método de autocuración nada sedentario que ella misma ideó y cuenta con miles de adeptos en todo el mundo incluyendo fisioterapeutas, comadronas, profesores de educación física, entrenadores deportivos, psicólogos, educadores, etc.
De hecho, ellos mismos son sus mejores divulgadores y muchos acaban convirtiéndose en profesionales, tan convencidos están de su utilidad.
Y si la calificamos de inconformista es porque ése era el espíritu que la animaba cuando, ya en su época de estudiante de Fisioterapia, empezó a cuestionar un programa de estudios que, según afirma, "sólo hablaba de enfermedades y deformaciones, nunca de la elegancia o de la belleza de las formas". Ya en aquel tiempo, como luego recogería en el primero de sus libros -El cuerpo tiene sus razones (Paidós, 1976)-, Bertherat estaba convencida de que "es más importante respetar al cuerpo humano que al cuerpo médico".

Alejada por convicción de la ortodoxia inició así una búsqueda que la llevó a quien se convertiría en su auténtica maestra, Françoise Mézières, quien en contra de la oficialidad propugnaba que "todos somos bellos y estamos bien hechos...potencialmente". De ella, confiesa Bertherat, también aprendió que, a excepción de las fracturas y de ciertas malformaciones congénitas, son los músculos los responsables de las deformaciones en los huesos y articulaciones. El estudio de las propuestas de Mézières -pero también su propia observación y experiencia- le permitieron complementar y perfeccionar la técnica que hoy se conoce como Antigimnasia y que enseña tanto en su instituto de París como en el resto del mundo.

Básicamente, la Antigimnasia consiste en que la persona aprenda por sí misma -con pequeños movimientos suaves y extremadamente precisos que responden exactamente a la fisiología de cada uno de los músculos que componen nuestro cuerpo- a despertar todas sus "zonas muertas" y así eliminar los dolores y la rigidez que, literalmente, la aplastan y bloquean. El objetivo final es conseguir un cuerpo armonioso, equilibrado y, por tanto, sano.

LOS MÚSCULOS "OYEN"

Nos reunimos con ella en la sede de la Asociación Española de Antigimnasia, situada en una céntrica calle de Madrid. Su presidenta y también profesional de esta técnica, Catherine Víctor, hizo las veces de traductora y -con un mimo e interés que le agradecemos- fue transmitiéndole a Bertherat cada una de nuestras preguntas. Quisimos, en primer lugar, conocer qué es la enfermedad para una persona que, como se desprende de la lectura de sus libros, lleva tantos años enseñando a otros una herramienta para mantenerse sanos.

Y esto es lo que nos respondió:

-La enfermedad es algo así como el "grito del cuerpo". Verá, nuestro cuerpo debe ser siempre "escuchado" al principio, cuando nos susurra, cuando nos murmura... porque es su forma de decirnos que algo no va bien. Hay que escucharle entonces porque si no lo hacemos en ese momento en lugar de susurrarnos nos empezará a "chillar", es decir, a transmitirnos claramente que algo va mal en forma de dolor, de enfermedad, de disfunción, etc. Y a veces puede ser ya tarde. Por tanto, hay que estar atento a los mensajes que nos va enviando; pero, claro, para eso hay que conocer su lenguaje.

-Es decir, que uno no enferma de repente sino que va poco a poco enfermando.

-Eso es. Uno se desliza lentamente hacia la enfermedad durante años de abuso e inconsciencia. Seguro que alguna vez ha escuchado la expresión "si las paredes oyesen". Bueno, pues en la casa que es el cuerpo las paredes que han oído y oyen todo sin olvidar nada son los músculos. Y de ahí que sabiendo esto los profesionales de la Antigimnasia nos hayamos especializado en enseñar a las personas el lenguaje del cuerpo. Las enseñamos a escucharlo -es mucho más inteligente de lo que se cree- porque para mantenerse sano uno no necesita normalmente de tratamiento externo alguno.

-Además de inteligente y sabio para usted el cuerpo humano compone una unidad.
En sus libros propone no considerarlo como -cito textualmente- "una máquina formada por piezas separadas cada una de las cuales ha de confiarse a un especialista cuya autoridad y veredicto se aceptan ciegamente" sino tomar conciencia de su unidad para así prevenir la aparición de distintas dolencias.

-Así es. Y es fundamental hacerlo. Tomar conciencia del propio cuerpo significa abrirse el acceso a la totalidad del propio ser. Tenga en cuenta que el cuerpo y el espíritu, lo psíquico y lo físico, incluso la fuerza y la debilidad, representan la unidad del ser, no su dualidad. A lo largo de los años he comprobado que muchas personas tienen una conciencia parcial, fragmentaria, de su propio cuerpo y no saben cómo actúa cada parte de él en relación con las otras ni cómo se organizan ni cuáles son sus funciones y sus verdaderas posibilidades. También separan cuerpo y mente, y eso es un error.

-¿Cuáles son o pueden ser las repercusiones de esta información incompleta sobre nuestra propia anatomía?

-Indudablemente, el camino hacia la enfermedad que hemos descrito antes. Esa fragmentación de las percepciones corporales puede llevar a que la persona descuide ciertas partes de su cuerpo -ya que no existen para ella- y, por simple compensación, abuse de las otras bloqueando la libre circulación de la energía necesaria para su bienestar. Esto es lo que intenta prevenir la Antigimnasia cuyos profesionales tratan de que la persona perciba su propio cuerpo como la primera casa que habita y de que sepa organizar sus movimientos desde el interior porque sentirse bien en el cuerpo significa poder sentirse a uno mismo y poder percibir y desarrollar distintas sensaciones.

-Ya que ha mencionado a los profesionales de la Antigimnasia he de confesarle que me ha llamado la atención que los cuatro que nos acompañan durante esta conversación sean mujeres y que los casos que relata en sus libros sean protagonizados mayoritariamente también por mujeres.

¿Por qué? ¿Es que los hombres no se interesan por este método? ¿Lo consideran, digamos, "cosa de mujeres"?

-La realidad es que la Antigimnasia la practican más mujeres que hombres y, según creo, la explicación está en la diferente educación que reciben niños y niñas. Aún hoy, desde la infancia, a los futuros hombres se les educa para ser fuertes, para ser competitivos, para no llorar, para no quejarse... y mucho menos en público. Eso es lo que se les enseña desde niños y cuando llegan a adultos se les pide que se sigan comportando así. Por eso supongo que llega un punto en que no quieren o no saben actuar de otra manera.

-¿Es decir, que los hombres que se abren a la Antigimnasia han logrado aprender a actuar de manera distinta a los patrones convencionales que la sociedad les exige?

-Eso es. La verdad es que los hombres que vienen a las sesiones son más sensibles que la media. Son más capaces de reconocer su parte femenina y de dejarla aflorar y fluir. Afortunadamente, cada vez son más. Las cosas están cambiando y eso lo notamos por la afluencia cada vez mayor de hombres a las sesiones.

LA VIDA INSCRITA EN EL CUERPO

-Si le pidiera que hiciera una definición escueta de la Antigimnasia, ¿qué me diría?
-Le diría que es una manera de despertar la fisiología particular de cada uno de los 700 músculos -todos ellos interrelacionados- de que dispone nuestro cuerpo. Y añadiría que es una forma de ampliar nuestro repertorio mínimo de gestos que se compone únicamente de algunos centenares de variaciones de entre los más de 2.000 movimientos de los que es capaz el cuerpo humano.

-¿Y cómo se consigue esta, aventuramos, compleja tarea?

-Con tiempo, dedicación y constancia. Pero siempre hay un primer paso y en este caso es conseguir que la persona re-conozca su propio cuerpo. Se trata de aprender cosas nuevas sobre él. Por eso hablo de re-conocer, es decir, de volver a conocer.

-De ahí que usted defina su método como "pedagogía corporal" ya que en realidad consiste en enseñar, no en repetir hasta la extenuación series de ejercicios.

-Eso es. Mire, como comentábamos hace unos minutos, para nosotros es absolutamente necesario que la persona sepa que la historia de su vida está inscrita en su cuerpo porque sus músculos tienen memoria. Insisto en que las tensiones, contracturas, inhibiciones, etc., son la respuesta corporal a los acontecimientos que han ocurrido en la vida desde incluso antes de nacer hasta el momento presente y han dado al cuerpo la forma que tiene en la actualidad. Por tanto, es fundamental que la persona conozca su propio cuerpo y comprenda las interacciones musculares que acaban determinando su forma. Es necesario enseñar a las personas que existen cientos de músculos que forman parte de nosotros y que aunque no sepamos ni nombrarlos ni localizarlos determinan nuestra situación de salud o de enfermedad.

-Incluso algunos tan olvidados como los del dedo meñique del pie y que usted menciona a menudo en sus libros.
-Cierto. Y la razón de que lo nombre tanto es porque muchos dolores de espalda se alivian simplemente moviendo el dedo meñique del pie izquierdo, un ejercicio aparentemente nimio pero que repercute en toda la musculatura del cuerpo. También cuando movilizamos la mandíbula podemos desbloquear zonas del cuerpo que estaban creando una tensión oculta. Por eso es tan importante explicarle a la gente cómo es la fisiología de sus músculos. Hay que darles las pautas para que sean plenamente conscientes de que su cabeza está unida a la columna vertebral, lo mismo que los brazos y las piernas. Desconocer este simple detalle les impide aumentar sus capacidades intelectuales.

-¿A qué se refiere?

-Pues a que si somos conscientes de cómo nos orientamos en el espacio, de cómo organizamos los movimientos de nuestro cuerpo, si conseguimos mejorar la precisión y velocidad de las conexiones nerviosas entre el cerebro y los músculos, mejoraremos el funcionamiento del cerebro y sus capacidades intelectuales. Por otro lado, también es necesario que sepan que existe un orden preciso en su cuerpo y que los humanos estamos hechos de esta manera y no de otra por motivos específicos que se remontan miles de años.
-Es decir, que a las personas que se interesan por su método usted las enseña primero cómo están hechas... y después comienzan a hacer la Antigimnasia propiamente dicha.

-Exacto. Una vez que entendemos que han comprendido y asimilado esta información les enseñamos a poner y mantener su cuerpo en orden. Se trata de enseñar a cada uno a progresar, a cambiar las costumbres autodestructivas de sus músculos y a llevar al cuerpo hacia la perfección natural. En eso consiste la Antigimnasia. Es, ampliando la definición inicial, un método que permite a la persona encontrar la movilidad y vitalidad de los músculos que los acontecimientos de la vida han contraído, acortado o, incluso, atrofiado.

UN "TIGRE" SOBRE NOSOTROS

-Tenemos entendido que una parte importante de esas enseñanzas iniciales la compone la explicación de lo que usted llama "tigre", que es la cadena muscular posterior que une la cabeza con los dedos de los pies y que usted considera responsable de muchas de nuestras dolencias de espalda, contracturas y malestares corporales.

¿Puede explicarnos más exactamente este concepto? ¿Qué es el "tigre"?

-Con mucho gusto. Verá, como bien ha dicho, el "tigre" es la cadena muscular de la parte posterior del cuerpo. Es un concepto que aprendí de Françoise Mézières. Ella me enseñó que existe una enorme fuerza que nos manipula a todos y que se encuentra oculta en el hueco de nuestra nuca, que pasa por detrás de los omoplatos, por la espalda, los riñones y las piernas hasta llegar a los músculos de los dedos de los pies. Y aunque son distintos y están bien diferenciados, los músculos de todas estas zonas del cuerpo se comportan como una auténtica cadena, como si fueran un solo músculo. Los músculos del "tigre" son tan solidarios entre sí que jamás se sueltan. Se solapan como las escamas de un pez. De esta forma, cada vez que movemos la cabeza hacia un lado también estamos moviendo la cadera aunque no nos demos cuenta. Y cuando movemos la cadera movemos los músculos de los pies aunque no seamos conscientes de ello. Es una cadena sólida y muy poderosa que domina completamente al cuerpo. Es a esta cadena a lo que yo llamo el "tigre" o el "dictador" porque, desde luego, nos condena a una auténtica dictadura solapada.

-Y esa cadena es poderosa hasta el punto de que en sus libros afirma que, como consecuencia de la sutil "dictadura" a la que nos tiene sometidos, la otra mitad de nuestro cuerpo, la delantera, está completamente sometida, inhibida, es decir, inmóvil, lo que supone el peor de los supuestos para un músculo. Pero, siga, por favor.

-Eso es. Simplemente, cuando un músculo no se puede mover se debilita y se vuelve blando. Entonces aparece la flacidez, el vientre voluminoso y otras complicaciones que atormentan a tantas personas. La gente mira la parte delantera de su cuerpo -la única que puede ver completamente- y no le gusta lo que ve. La persona siente la rigidez del cuerpo, las restricciones que le impone, el malestar y hasta el sufrimiento. Sin embargo, la ignorancia de la anatomía y funciones de cada parte de su cuerpo le impide analizar y conocer las causas reales de ese malestar con lo que el verdadero origen del problema queda enmascarado por un detalle de la parte delantera del cuerpo -lo que hemos dicho, el vientre prominente, un hombro más alto que otro, los "michelines", etc.- que es lo retiene su atención. Es decir, que sólo si tuviéramos los ojos en la parte posterior de la cabeza veríamos la verdad y sabríamos por qué nuestro cuerpo presenta esas zonas blandas.

-Pero los ojos están donde están y ven lo que ven. Por eso las personas insatisfechas con sus partes blandas empiezan a pensar que algo de ejercicio les vendría bien para reforzarlas y se plantean practicar un deporte o acudir a un gimnasio... algo que para usted es un error.

-Así es. Esas personas acuden al gimnasio porque, como bien ha dicho, consideran que algunas partes de sus cuerpos están debilitadas... y eso no es verdad. Todo el mundo tiene fuerza. Una fuerza que se demuestra, por ejemplo, en algunos momentos de peligro, momentos en que las personas somos capaces de acciones físicas impensables. Pues bien, esa fuerza no aparece de repente. Está en nosotros... pero acaparada por el dictador, por el "tigre". Lo que la Antigimnasia propone pues es aprender a convivir con él, a "domesticarlo" y sacarle provecho. Se trata de que la persona llegue a conocer sus músculos para que así pueda independizar cada movimiento utilizando la parte del cuerpo correspondiente y ahorrando de esa manera energía y esfuerzo de forma considerable. Y eso se hace sin prisas, sin machacarse y mediante movimientos muy simples.

EL HOMBRE DE CROMAGNON

-Según usted, un problema importante es que no sabemos de la existencia del "tigre" y que en lugar de intentar conocer nuestro cuerpo dedicamos horas a hacer ejercicios que sólo sirven para desarrollar músculos ya de por sí desarrollados.

-Eso es. Ocurre que nuestra cabeza funciona al revés y cree que la debilidad está en nuestra parte de atrás cuando, en realidad, es precisamente en esta zona donde tenemos nuestra principal fuente de fuerza. Esta distribución de la fuerza es tan vieja como el planeta. Verá, los humanos procedemos de los primeros vertebrados y tenemos exactamente el mismo sistema de vértebras articuladas entre sí y de músculos muy potentes unidos a ellas. Pues bien, esos son nuestros ancestros. La cuestión es que, después de miles de años, los humanos llegamos a ponernos sobre nuestras dos piernas pero nuestra musculatura no evolucionó tan deprisa y aunque caminamos erguidos tenemos aún la musculatura de nuestros hermanos, los grandes monos. La diferencia es que ellos siguen caminando a cuatro patas -con toda la fuerza acumulada necesariamente en la musculatura trasera- y nosotros no. Esto significa que seguimos utilizando patrones musculares que ya no responden a nuestra situación de animal que se desplaza sobre dos "patas".

-Otra gran diferencia con respecto a nuestros hermanos los monos es que los humanos, al caminar erguidos, exponemos las partes más tiernas y vulnerables de nuestro cuerpo como puedan ser cara, boca, pecho, estómago, genitales, etc. Esto, suponemos, también tienen consecuencias a nivel anatómico.

-Indudablemente. Todas las zonas corporales que ha mencionado hace tiempo estaban dirigidas hacia el suelo y, por tanto, protegidas. En la actualidad, de manera inconsciente, tratamos de mantener esa protección y para hacerlo nos fabricamos pequeños escudos. Por ejemplo, apretamos la mandíbula para proteger nuestro orificio bucal o los muslos se meten hacia dentro para resguardar nuestros genitales. Como resultado de lo cual, hay cuerpos que parece que no se han erguido en mucho tiempo o que no han completado el proceso. Es como si continuaran en la época del hombre de Cromagnon.

-¡El hombre de Cromagnon! ¿Realmente cree que seguimos comportándonos como él?

-En cierto modo, sí. Hay muchas personas que se le parecen a él en su forma de caminar y moverse. El problema es que ya no habitamos en aquella época. Ya no tenemos que escapar de bestias salvajes o cazar para alimentarnos desplazándonos para ello largas distancias. Ahora, por lo general, todo es más fácil. Aprietas un botón y tienes muchas cosas resueltas. Sin embargo, seguimos manipulados por ese cerebro reptiliano ancestral que nos mantiene en antiguos programas pero en la vida civilizada.

-¿Y de qué forma respondemos a esos patrones anticuados? ¿Cuál o cuáles de nuestros comportamientos son propios del Hombre de Cromagnon?

-Pues verá, puede que mi respuesta sea poco popular pero muchas personas atienden a este programa inconsciente haciendo deporte con desenfreno. Corren, sudan, se machacan y así son felices. Luego, cuando notan algún dolor -que no es sino la respuesta del cuerpo a un sobreesfuerzo innecesario- piensan equivocadamente que es porque no han hecho suficiente ejercicio y vuelven a empezar una y otra vez sin salir de ese círculo vicioso. Pero, entiéndaseme bien, no digo que haya que terminar con el deporte, lo que afirmo es que antes de practicarlo, desde niños, hay que enseñar a la gente a ser consciente de su cuerpo, a conocer la interdependencia entre unos músculos y sus antagonistas, a servirse de los apropiados para hacer un esfuerzo concreto y a utilizarlos en su justa medida y conociendo su fisiología particular. Somos bellos y estamos bien hechos. Disponemos de un enorme potencial pero no estamos del todo acabados o perfeccionados. Y para conseguir acercarnos a esa perfección anatómica de la que potencialmente somos capaces yo propongo la Antigimnasia como la mejor alternativa posible ya que enseña a conocer y habitar el cuerpo para mantenernos sanos y vitales.

-Imaginamos que tiene que ser complicado sacar a la gente de esos patrones aprendidos y en los que -por ignorancia- se sienten cómodos. Además, el deporte es una práctica socialmente bien considerada y recomendada por los médicos.

¿Cómo consigue ganar tantos adeptos la Antigimnasia teniendo también tantos elementos en contra?

-Pues no resulta complicado. Nosotros somos conscientes de que informamos a la gente de cosas que seguramente no sabían y, por tanto, no le resultan fáciles de creer. Aunque le expliques a una persona cuál es la razón real por la que tiene la espalda contraída ella seguirá manteniendo lo que le ha dicho el médico: que no tiene suficiente músculo y que tiene que hacer deporte para reforzar la musculatura posterior. Simplemente, esa persona no te cree y la verdad es que no tiene por qué hacerlo. Pero si nos lo permite se lo demostramos rápidamente con un ejercicio que llega directamente a su cuerpo y no a su cerebro manipulado.

-¿En qué consiste ese ejercicio tan clarificador?

-Le pedimos que se coloque en una situación precisa en la que se es perfectamente consciente de la falta de longitud de la cadena muscular trasera. En esa posición tan exigente la persona se da cuenta de la realidad de su situación muscular. Pero lo interesante es que el hallazgo no es solamente procesado en su cerebro sino también en su cuerpo a través del sistema nervioso y muscular. Por tanto, cuando una persona viene por primera vez a una de nuestras sesiones no le hablamos tanto a su cerebro como a sus músculos que tienen una inteligencia y sensibilidad especiales. Por decirlo de alguna manera, en la primera sesión de Antigimnasia el cerebro puede seguir siendo incrédulo pero los músculos ya conocen la verdad. El cuerpo es inteligente y maleable y lo que nosotros hacemos es dirigirnos a esa inteligencia y aprovechar la maleabilidad.

ANTIGIMNASIA: ÚTIL PARA TODOS

-Y, díganos, ¿en qué consiste una sesión de Antigimnasia?

-Básicamente se trata de aprender a apaciguar al "tigre" y a conocer el cuerpo en profundidad durante una sola sesión semanal de 90 minutos. Mediante pequeños movimientos suaves y precisos tratamos de hacer entender al "dictador" que debe soltar su poder para así dejar a la parte delantera empezar a trabajar. Es decir, lo primero que hacemos es flexibilizar la musculatura posterior, destrabar los músculos para proporcionar al cuerpo la posibilidad de encontrar una distribución más justa de las fuerzas y así liberar la energía bloqueada. Entonces la parte delantera (muslos, vientre, etc.) se vuelve más fuerte y la forma del cuerpo cambia. Está más en orden, más bello, más estilizado, más elegante, en su formas. Pero lo mejor es que está en equilibrio.

-¿Establecen fases o momentos distintos dentro de una misma sesión?

-Digamos que hay una primera fase en la que la persona se dedica a localizar con precisión en qué lugar -de la cabeza a los pies- se siente acorazado, bloqueado, limitado. Palpándose los músculos y tomándose el tiempo necesario para darse cuenta de lo que uno siente se empieza a conocer el cuerpo de una forma más precisa que basándose únicamente en el testimonio de los ojos. En un segundo momento se intenta que cada individuo contacte con cada uno de sus nudos musculares, esos que le impiden moverse. Después, fibra a fibra, la persona empieza tranquilamente a desenredar la madeja complicada de su musculatura hasta que ésta alcance su amplitud y elegancia naturales. Progresivamente, al hilo de las sesiones y haciendo esta "musculación inteligente" que adapta los movimientos a la fisiología especial de cada músculo, el cuerpo aprende a desbaratar la red en la que estaba atrapado. Se extiende, descansa, encuentra su verdadera longitud, su belleza natural, su tranquilidad, en fin.

-Eso es. Mire, los humanos somos grandísimos imitadores desde la cuna. Primero imitamos a mamá o papá y luego a no sé qué actriz, deportista o modelo de renombre. El grado de mimetismo llega a ser tal que nada de lo que compone nuestra forma corporal parece pertenecernos, todo parece prestado. Pero como a pesar de todo seguimos estando insatisfechos con nuestro cuerpo o con nosotros mismos en lugar de profundizar en su conocimiento y en tratar de percibirlo desde el interior añadimos elementos a su superficie; ropa, sobre todo, con la que intentamos disimular lo que percibimos como defectos.

Es decir, que antes de hacer una elección juiciosa invirtiendo en nuestro cuerpo... invertimos en ropa. De lo que no nos damos cuenta es de que los demás no ven en nuestra actitud más que la necesidad de llevar una máscara, de mostrarnos distintos de lo que somos. Y cuando nos lo hacen ver comienzan a aparecer perturbaciones psíquicas de todo tipo. Frente a esto, lo que los profesionales de la Antigimnasia hacemos es devolverle a las personas su poder, el control sobre su cuerpo, para que lo vean bello y perfecto como es de forma natural.

Nosotros no curamos. No somos terapeutas sino pedagogos. Aconsejamos y enseñamos un camino que consideramos útil: la toma de conciencia del propio cuerpo. Pero es la propia persona la que, tras la enseñanza, encuentra su propio cuerpo, su propio equilibrio y belleza, y se ayuda a sí misma a sanar. Así se libra de insomnio, estreñimiento, problemas digestivos, ansiedad y, por supuesto, dolores musculares, entre otras dolencias. Además se despiertan los sentidos y se agudizan las percepciones. Y, obviamente, la gente se siente muy satisfecha por ser capaz de hacer algo por sí misma.

-¿Hay alguna edad ideal para empezar a practicar la Antigimnasia?

-No. Nuestro cuerpo es maleable siempre, sea cual sea la edad. Yo he tenido alumnos incluso octogenarios con los que se han obtenido excelentes resultados. Por tanto, todos nosotros, tengamos la edad que tengamos, somos bellos y perfectos en potencia ya que nuestra forma es modificable, nuestras tensiones pueden ceder, nuestras malformaciones pueden desaparecer y nuestro equilibrio puede restablecerse.
-Pues con esa idea nos quedamos. Gracias a ambas por su paciencia.
-A ustedes.

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MAS INFO:

Fuente: http://www.dsalud.com/numero62_1.htm

http://www.antigymnastique.com/sp/quien_es_therese_bertherat

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=827405



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