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Zooterapia

Terápia con animales

Ese día, abrigada por el sol de una tarde de invierno en la caballeriza La Resolana, de Ituzaingó, Romina montó por primera vez a caballo. En sus 19 años -la mayoría vividos sobre silla de ruedas- nunca había tenido una alegría semejante: Corralito, el caballo, la transportó mientras practicaba ejercicios con sus brazos y sus piernas, debilitados por una parálisis cerebral que la afecta desde que nació.

Caballos, animales de granja, perros. Aunque ellos no lo sepan, los une una tarea en común: de la mano de especialistas en medicina y psicología humana y animal, están al servicio de chicos y adolescentes afectados por enfermedades (neurológicas, emocionales, mentales o físicas) con el objetivo de aportar nuevos estímulos que mejoren su recuperación. Parece que amar a un animal es una de las mejores medicinas.

Y todo bajo el cuidado de los profesionales de la Fundación Científica Argentina Establo Terapéutico (Facet), que hace siete años trabaja en terapia asistida por animales, en este caso caballos, o zooterapia.

Esta reunión es organizada por el Programa Cuidar Cuidando, un emprendimiento que desde hace 13 años realizan el Hospital Infanto Juvenil Tobar García y el zoológico porteño para integrar a chicos y adolescentes con problemas emocionales severos.

Allí los mayores aprenden a ser cuidadores de los animales de la mano de quienes tienen ese oficio, y la capacitación les ofrece contención emocional y una salida laboral. Los más pequeños se contactan con animales de granja.

"El congreso es avalado por las facultades de Medicina, Psicología y Veterinaria de la UBA, trípode obligatorio de la terapia asistida por animales -explicó el doctor Juan Vasen, psiquiatra y psicoanalista del hospital Tobar García y uno de los fundadores de Cuidar Cuidando-. Habrá exponentes de terapias asistidas por animales, caballos y perros básicamente; perros en función social, como los de rescate y de compañía y dispositivos de reinserción social donde intervienen animales."

Rubén Mentzel, médico veterinario a cargo del consultorio de Etología Clínica del Hospital Escuela de la Facultad de Veterinaria de la UBA y asesor de Cuidar Cuidando, puntualiza que "tanto los animales silvestres, como los de granja o de compañía, tienen el potencial para este tipo de actividades. Hasta los grandes felinos del zoo, aunque con ellos haya menos vías de interacción que las que existen con perros y caballos, adaptados al contacto con el hombre y con los que se establece otro tipo de vínculo: darles de comer en la boca, acariciarlos, jugar".

Y algo de eso ocurrió esa tarde, cuando Romina, después de su cabalgata y ya sobre la silla de ruedas, estiró su brazo -que mueve con dificultad- para darle al caballo la zanahoria más rica.

"El paciente recibe gran estimulación física gracias a los movimientos del animal -explica la doctora Graciela Bazzi, médica que dirige Facet-. Y se produce una recuperación más rápida en algunas afecciones neurológicas o traumatológicas. Pero también hay estimulación al alimentarlos, cepillarlos con las rasquetas de distinta textura y tamaño, y eso ayuda a que el paciente entienda que el caballo es un ser vivo, con necesidades como comer, dormir o ser atendido. Hay pacientes que reconocieron las facciones de su propio rostro señalándolas primero en el caballo."

Facet no tiene subvenciones y alquila la caballeriza donde funciona: "Ninguno de los profesionales cobra -dice Graciela Bazzi-. Queremos seguir. Pero haría falta al menos que la intendencia de Ituzaingó arreglara la calle, que es de barro. Muchos vienen en silla de ruedas y tienen que cargarlos dos cuadras para poder llegar a la caballeriza porque en auto no siempre se entra".

El doctor Jorge Puente, vicepresidente de Facet y profesor de Clínica Médica y Quirúrgica de Grandes Animales en Veterinaria de la UBA explica que "así como no hay un antibiótico para todas las infecciones, tampoco hay un animal para todas las patologías. Se busca personalizar el vínculo que se crea entre el paciente y el animal y vemos siempre a la persona, no solamente la enfermedad que tiene".

Puente y Santiago Buiatti, profesor nacional de educación física con especialización en discapacidad e instructor de adiestramiento equino, respectivamente, agregan que otra clave es: "Trabajar sin la urgencia del reloj, porque del caballo puede obtenerse mucho con amor y paciencia, pero nunca de otro modo".

Lo importante es, para Mentzel, elegir al animal con criterios apropiados, criarlo según esas pautas y reevaluarlo en forma permanente. "No es imprescindible que sea de una raza y ni entrenarlo desde cachorro o potrillo, aunque sea lo ideal", dice.

Puente agrega que pronto se inaugurará en la Facultad de Veterinaria de la UBA el Area de Terapias Asistidas con Animales, de la que es director.

"Es un centro que brindará el espacio físico y los animales entrenados y atendidos por veterinarios para que las instituciones firmen convenios con la facultad y realicen allí su trabajo -explicó-. Podrá ser una opción más de especialización para los veterinarios. "

Tanto Puente como Mentzel coinciden en que si bien el contacto con el animal produce efectos terapéuticos en los pacientes, "es mitológico" (según Vasen) atribuirle la capacidad de curar.

"Es la interacción que se logra, en un contexto terapéutico y con profesionales especializados, lo que facilita el tratamiento", concluyen.

Por Gabriela Navarra para LA NACION


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