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Maestro Lau, Maestro de la Medicina

Aliviar las enfermedades de las personas es un gran paso para empezar a sanar a nuestra Madre Tierra, motivo por el cual este Maestro orienta a los médicos de este planeta

El Maestro Lau es uno de los médicos universales que ahora residen en la Tierra para guiar por medio de su sabiduría a todo aquel que crea que sanar, dar curación y alivio a los necesitados es su misión en la vida.

En la Tierra se encuentran diferentes centros energéticos de gran poder, los cuales ayudan a nuestro planeta a recibir energía cósmica que le ayuda a mantener cierto equilibrio, aun cuando las condiciones sean difíciles.

Ésta es una de las razones por las que el planeta ha podido sobrevivir a tantos ataques del hombre.

En estos momentos existen 25 centros de poder que, por lo general, se localizan en lugares en apariencia inhabitados, ya que en estos sitios se encuentran Maestros de Luz que son especialistas en salud.

La razón por la cual están ahí es para realizar ceremonias que les permitan dirigir la energía del Amor a todos los médicos del planeta. De esta manera nuestros doctores podrán cumplir mejor con su misión de dar alivio a los demás.

El Maestro Lau es uno de estos expertos de la salud. Él vive en una región poco poblada de la India, en donde tiene un pequeño lugar de oración y una vivienda humilde que comparte con varios animalitos.

En este pueblo trata de recibir a quienes de corazón desean dedicar su vida a la curación de los demás.

Pero para que estas personas puedan ser guiadas por este Maestro, deben primero que haber desarrollado plenamente su capacidad de amarse a sí mismos y a los demás. "Es la única forma en que se puede curar a los demás", afirma siempre el Maestro Lau.

*Contacto mediante los sueños

Todos los médicos o personas que se dedican a la curación y que realmente cumplen con su vocación por amor a los demás, han sido contactados por estos Maestros de la salud.

El encuentro se da por lo regular en los sueños, que es la forma mas sutil y propicia, dado que nos encontramos en nuestra verdadera esencia.

Cuando se da la reunión con estos seres que han sido los grandes médicos de nuestra Tierra, se logra guiar a los profesionistas para que conozcan las formas de curación milenarias, las cuales se han perdido con el tiempo.

Después de haberse reencontrado con ese conocimiento, los doctores tienen la oportunidad de conocer a los médicos del universo, poseedores de la sabiduría universal de la salud de los seres del cosmos.

La Tierra nos llama

El Maestro Lau, mientras acariciaba a su perro me dijo: "En estos momentos esta Madre Tierra necesita de toda la ayuda de ustedes sus hijos, puesto que se encuentra muy enferma

"Traten de recordarle su amor por ella, pues lo necesita mucho, al igual que un enfermo que necesita del amor de su familia para superar su enfermedad.

"El trabajo que hemos venido realizando es el de llegar a todos aquellos que se dedican a la curación de personas, pues es importantísimo que puedan tener la certeza del valor de su misión.

"Si ellos llegan a entenderlo, y de esa forma a abrir las puertas de su corazón, que es el único que tiene la sabiduría para captar los desequilibrios de los cuerpos, entonces lo que llaman enfermedades empezarían a perder fuerza.

"Si esto se logra en gran parte se estará conquistando un poco de salud para la Tierra, puesto que no hay nada que enferme tanto a una madre que la enfermedad de sus hijos. Ésa es una de las aportaciones que podemos dar a esta hermosa Madre.

"Esperamos, y tenemos toda la fe, que así será, que se logrará entender cuál es la correcta medicina para las personas, puesto que la forma de llevarla en este momento es totalmente inadecuada.

"La mayor parte de los tratamientos están basados en sustitutos de los elementos naturales, se crean sustancias químicas que nada tienen que ver con el cuerpo y que lo único que provocan es la desviación de la enfermedad hacia otro punto.

"Lo triste es que esto es ampliamente sabido por parte de las personas que ejercen la medicina y, algunas, con tristeza aceptan la realidad, mientras que otras tantas la ignoran.

"Aun aquellos que son médicos naturales, que manejan parte de la verdadera medicina, no logran utilizarla correctamente, pues sus elementos de curación son elegidos sin la certeza del corazón.

"Es muy importante que se tome en cuenta que no sólo por medio de la medicina se llega a la curación, pues influyen diferentes cosas de manera importante.
El lugar y la forma de tratar al que padece una enfermedad es determinante para la recuperación.

"La medicina tiene muchos más significados de los que hasta hoy se manejan, pero confiamos plenamente en que esas enseñanzas puedan llegar hacia todos".

Usan el anonimato

Otra forma en que estos Maestros se ponen en contacto con los médicos, es visitándolos como si fueran pacientes que necesitan ayuda.

Por medio de estas visitas Ellos pueden conocer claramente la forma de trabajar y diagnosticar de los médicos de la Tierra.

Y todos estos Maestros coinciden en afirmar que lo que le falta a la mayoría es más amor y paciencia hacia los enfermos.

Es importante recalcar que los Maestros jamás critican o se refieren a nosotros con palabras que no sean de amor, pero también es cierto que por medio de este amor esperan que recapacitemos y reorientemos nuestras acciones por medio del corazón.

Flora Rocha-Fundación Sabiduría del Corazón
florarocha@sabiduriadelcorazon.org

Fuente:www.sabiduriadelcorazon.org/espanol/Lau

LA OTRA CARA DE LA ENFERMEDAD

Su diagnóstico -aterrador, por cierto- fue el de esclerodermia. Poco se pudo decir sobre su etiología, es decir, sobre la causa. Un poco más, tal vez, sobre el oscuro pronóstico y el tratamiento. Sólo que ella no es un diagnóstico. Y su nombre no es Esclerodermia ni "enfermedad autoinmune". Como su apellido tampoco es colagenosis.

Vive con su familia y se siente parte de un pueblo y una cultura. Olvidémonos pues por un momento de la enfermedad -de su "entidad nosológica"- y sintamos que, con sus anticuerpos y sus miedos, en ella viven historias vivas, esperanzas, frustraciones y sueños. Vive cerca de la zona de Armero... sólo que hoy Armero no es un lugar: es la historia triste de un pueblo que una vez fue borrado entero del mapa.

Y en ella, aún vivo, el drama de la avalancha parece grabado en el alma. Emociones reprimidas, ahora desbordadas como una avalancha en su cuerpo, los anticuerpos parecen lejanos ecos de Armero. Y sentí como si aún alguien en ella quisiera partir con los habitantes de Armero. Como si en ella alguien quisiera gritar desde el cuerpo que no vale la pena vivir. Sentí como si se estuviera lentamente muriendo.

La radiación, la desvalorización, el desarraigo, la depresión, el miedo... No sabría decirlo, pero, ¿cuántos valores perdidos, cuántas cosas más allá de las moléculas y la inmunidad parecieran gritar que lo que se refleja en el cuerpo son también sentimientos y pensamientos? Con los que un día partieron, algunos de los que sobreviven no viven sino que van, lentamente, muriendo.

¡Dios mío! ¡Cuánto dolor congelado en ese cuerpo que aún parece llorar la tragedia de Armero¡ No sé lo que va a pasar pero cuando se puede auscultar el corazón con el estetoscopio del alma y dejar que rueden las lágrimas se llenan de sentido los silencios y las palabras. En esa tierra del alma, donde la relación terapéutica es de veras humana, Armero, los anticuerpos, la vida o las avalanchas son los caminos del aprendiz para aprender a vivir.

El aprendiz es aquel que en nosotros puede vivir la vida como un proceso de aprendizaje, aquel que sabe que el ser habita este cuerpo para aprender. Y siente, así, que el ser vive para aprender y aprende para vivir. Y así sí tiene sentido vivir. Muchas veces aquello que nombramos con el nombre de una enfermedad es también una crisis de sentido.

Hoy me dice que se siente mejor. Y yo la veo mejor. Parece que la pesada avalancha de los recuerdos pasó y, en su lugar, florece leve una lección... de amor.
Es la lección aprendida lo que nos permite cambiar para mejorar la salud y, con ella, la calidad de vida. Cuando cambiamos el código de lectura de la historia cambiamos el significado del pasado. Y con ello transformamos también nuestro presente. Así sanamos la vida pues el aprender revela el ser y en ese territorio del ser nunca seremos ya víctimas.

Las enfermedades no nos vienen tanto por lo que nos pasa como por lo que hacemos de lo que nos pasa. Y cuando no dejamos pasar lo que pasa nos quedamos congelados en el pasado y somos refractarios al cambio. Las dificultades pueden tanto fortalecernos como destruirnos, lo cual depende de nuestro modo de ser, que es una consecuencia de nuestra manera de ver.

Tal vez no podamos cambiar el mundo afuera pero lo más importante del mundo, nuestra participación en él, se renueva si vemos el mundo de otra manera.

La salud es, como la vida, un proceso constante de cambio pues, paradójicamente, la integridad del ser sólo es posible en su permanente transformación. Ser, es ser en evolución. ¿Y qué cambiamos para sanarnos? Si una buena parte de lo que llamamos enfermedades son producto de nuestros hábitos podemos intentar al menos desarrollar hábitos de vida sanos.

Uno de los hábitos más arraigados del ser humano es verse a sí mismo como una víctima de las circunstancias. Cuando cambiamos esa manera de mirarnos se produce el más grande de los milagros: el de aceptarnos.
Y la aceptación abre un espacio al amor por uno mismo; y ese amor es la verdadera medida de todo amor.

Cuando vemos las estadísticas podemos apreciar que el principal agente preventivo para todo tipo de enfermedades es el soporte afectivo. Y ese soporte relacional está contenido de un modo sencillo en la ley universal del amor: "...y al prójimo como a ti mismo".

Desde la perspectiva del amor -lo saben todos los adolescentes- el mundo se ve diferente.
En el amor, todo lo vivido se llena de sentido. El simple hecho de sentirse querido -lo corroboran multitud de estudios- mejora de tal modo el pronóstico y la evolución de cualquier enfermedad que estamos en mora de hacer de nuestra medicina una genuina expresión de servicio, un movimiento de reverencia y amor a la vida.

Hipócrates decía: "Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento". Pues bien, parodiándole, hoy podríamos también decir:
"Que en toda condición sea tu alimento el amor".

Por: Jorge Carvajal Posada

www.dsalud.com/salud_armonia.htm

 


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